08 Libre
El calor del desierto obligó a Rihdak a quedarse bajo la sombra de unas rocas gigantes. Estaba cansada. Usualmente ignoraba algo tan insignificante como era el clima de los planetas a conquistar, pero ya no podía más.
-Mejor volveré a la nave… de todos modos ya casi terminamos la misión…
Se puso de pie lentamente y trató de volar. El agotamiento no le permitió elevarse más de unos cuantos metros. Luego. Cuando ya se había alejado unos cuantos metros más, escuchó una voz lejana que la obligó a detenerse.
-¡Rihdak!
La guerrera se giró. Reconoció a quien le llamaba.
-¿Qué demonios haces aquí, Cirley? ¡Regresa a terminar con la misión!
-Estoy a punto de girarme y dejarte aquí varada en medio de la nada, pero no lo haré.
-¡No quiero tu lástima! ¡Déjame sola!
-Dukumber me mandó a que te ayudara a llegar a tu nave.
-¡Es un entrometido! ¡Ninguno de ustedes tiene derecho a meterse en mis asuntos!
-No es que tengamos derecho o no. Somos un equipo; lo que le ocurra a uno, afecta a todos. ¿Me vas a dejar que te ayude para que Dukumber me deje en paz?
-¿Y consideras eso "ayuda"?
-No. Nunca ha habido ayuda entre nosotras, pero independientemente a que me lo manden, sé reconocer cuando alguien lo necesita.
-¡No mereces ser llamada una saiyajin! ¡Con esos pensamientos lo único que mereces es la muerte!
-Jajaja… ya déjate de tanto drama y dame tu brazo…
-¡Suéltame, malnacida!
-¿Sabes? Ya me había acostumbrado a los gritos y las peleas espontaneas, pero esta vez, Dukumber y tu ya son más odiosos e insoportables; tu por tu engendro, aquel porque está celoso… Realmente me dan ganas de matarlos a ambos mientras duermen.
-La salida más cobarde… ¿y qué te importa lo que nos ocurra? ¡Ocúpate de tus asuntos! ¡Piérdete con Paragus y déjame en paz!
-Pues si eso pasara y salgo encinta poco después, por lo menos todos sabrán que él es el padre de nuestro hijo… a menos claro que sea de algún General o alguien importante o incluso de otra raza, porque en ese caso, estaría calladita, siempre de malas y fastidiando a todo el mundo…
-¡Cierra la boca!
-Jajaja… estoy acertando, ¿eh? De todas formas, en cuanto nazca tu engendro se sabrá quién es el padre por muy bien que quieras guardar el secreto…
-¡Lárgate de aquí inmediatamente!
-Mmm, que tal… no. Me quedaré aquí hasta que subas por ti misma a la nave. Descansaré viendo cómo te deshidratas y te debilitas. Hasta entonces, si caes inconsciente, te llevaré a tu nave. Así, tu traicionado amante creerá que obedecí sus órdenes. Que suerte que no llevas tu rastreador y yo lo tenga apagado. Bueno, buena suerte… y date prisa para que me delates.
-¡Maldita estúpida!
Cirley voló hasta las rocas donde había estado descansado antes Rihdak. Tomó asiento en una de ellas entre la sombra y sonriente, pensó:
-Me matará en cuanto le extirpen al engendro… ¡pero es tan divertida la venganza!
O-O
Comenzó de madrugada. El dolor era constante pero soportable. Rihdak se encontraba en su dormitorio, de donde salió caminando lentamente.
Había tenido la prudencia de haber vuelto al Planeta Vejita desde tiempo antes. Dejó las ulmimas misiones pendientes, dejando a cargo a Dukumber. No todo lo que le había dicho Cirley era mentira. Desde que aquel supo de su embarazo y la negativa de decirle quién era el padre, la confianza que ambos compañeros tenían fue remplazada por un muro y tam solo le hablaba a la guerrera con estrictos códigos militares, como recordándole que eso eran y debieron ser desde el principio. Por otra parte, si bien había habido una amistad de años, ninguno de los dos había demostrado algo más allá de la camaradería que se fue dando con el tiempo. Entonces Rihdak pensaba que era absurdo que él se sintiera de alguna forma "ofendido". Ella no era propiedad de nadie. Si luego de que naciera la criatura, Dukumber sabia el nombre del padre, haría el ridículo si se le ocurría enfrentarlo y aquel por responder al duelo.
-Es solo un niño –llegó a la conclusión la guerrera-. En cuanto nazca, recuperaré mi libertad y mi vida…
Pero no podía pensar en otra cosa que no fuera el dolor, que iba en aumento.
Apoyando su mano en las paredes, seguía avanzando. A esas horas, todos los pasillos estaban desiertos. Cada vez faltaba menos para poder llegar a la Unidad Médica, pero las punzadas que sentía tanto en la espalda como en el bajo vientre la hacían detenerse un momento, tomar aire y continuar.
En el acceso de la Unidad, había guardias del Gran Freezer, vigilando las 24 horas del día. SE pusieron alertas cuando vieron una sombra agachada en una de las paredes. Rápidamente, se hacercaron, apuntando con sus armas.
-¡Alto! ¡Identifícate!–preguntó un guardia.
Como no recibían contestación de ese ser desprovisto de una armadura y que portaba un traje de tela blanco y holgado y una sábana para cubrirse completamente, el otro guardia se acercó, descubriéndole el rostro.
-Es una saiyajin. Al parecer, está muy enferma.
-Entonces hay que llevársela a los médicos… aunque me parece extraño que vaya vestida de esa forma.
Mientras levantaban a la seminconsciente guerrera, uno de los soldados divisó el cuerpo de la joven a la altura del estómago.
-¡Ah, ya sé de qué se trata! Es que no haz visto a estos seres cuando van a tener hijos. ¿Ves como tiene el vientre hinchado? Ahí dentro está una criatura saiyajin. En unas horas, los médicos se lo sacarán.
-Qué raras son estas cosas.
O-O
-Rihdak. Rihdak, ¿me escuchas?
Las luces del quirófano cegaban a la guerrera.
-¿Ehh…?
-Rihdak, las contracciones comenzaron desde hace un par de horas. Aun estas en labor. Debido a que no viniste de inmediato, ahora tendremos que proceder sin dolor. Cuando despiertes, podrás irte. Dentro de dos días vendrá tu escuadrón y podrás continuar con tus misiones.
Una mascarilla fue puesta en el rostro de la joven. Minutos después, un llanto infantil se escuchó.
-Vaya que fue difícil, perdió mucha sangre.
-Si. De no ser por es líquido curativo que poseían, las mujeres saiyajin no habrían vivido más allá del primer alumbramiento. Es decir, como si fuera su límite tener tan solo una criatura el resto de su vida. Son una raza resistente, pero en este caso, la hembra se lleva la peor parte.
-Lleven al niño a la cápsula. Avisen al General Fangus lo ocurrido, llévenle el registro y díganle que estamos a su disposición. A ella llévenla a la cámara de recuperación.
Todo se efectuó al momento.
Cuando el General tuvo en sus manos el informe, algo en él se tranquilizó.
-Raditz. Nacido con un nivel de pelea de 3…Bueno, ahora, a darle la noticia a los de élite, al Gran Freezer y al afortunado padre.
O-O
Bardock y su escuadrón aterrizaron en el Planeta Vejita luego de una jornada muy provechosa, en la que su equipo y él habían logrado por fin sobrellevar un poco más sus diferencias. Cuando el guerrero bajaba de su nave, un soldado de Freezer lo interceptó.
-Necesitan verte en la Unidad Médica.
-¿Qué? ¿Por qué?
El resto de los soldados saiyajin también hicieron un alto, desconcertados.
-Ustedes sigan con sus asuntos. Bardock, ve inmediatamente.
-Debo ir primero con Kale, a dar mi reporte.
-Que otro se haga cargo de eso.
-No te preocupes, Bardok, yo iré. Luego nos veremos en el comedor –se adelantó a decir Tooma.
El guerrero miró a su compañero con seriedad y con paso firme, se adentró en la Base, tomando dirección a la Unidad Médica.
Pasó casi quince minutos. Tooma y Seripa aun permanecían juntos en el lugar que habían acordado de verse con su capitán mientras el resto se retiró a sus respectivos dormitorios. Ya habían terminado de comer desde hacía mucho tiempo, pero la curiosidad hacía que no se levantaran de sus lugares.
Por fin, Bardock hizo acto de presencia. Su rostro seguía con la misma seriedad de siempre, pero se dibujaba algo de desconcierto en sus ojos. Tomó asiento. Permaneció en silencio y con la mirada baja. Como el mutismo se extendió por casi un minuto, Tooma dio el primer paso.
-¿Y? ¿Qué te dijeron? ¿Estás enfermo o qué?
-No… -el guerrero levantó un poco la vista. Cruzó sus brazos sobre el pecho y con una voz, en apariencia neutral, continuó-. Anoche nació mi hijo…
La sorpresa fue mayúscula en la mesa.
-¡¿Ya eres padre?! ¿Por qué no nos lo habías dicho? –dijo Tooma, casi levantándose de su asiento.
-Ni siquiera yo lo sabía…
-¿Y quién es la madre de tu hijo?
-Rihdak…
-¡¿Rihdack?! De verdad que eres una caja de sorpresas, Bardock. ¿Qué acaso no te llevabas bien con ella? Tengo entendido que hasta pelearon.
El guerrero no respondió. Tooma insistió.
-¿Y dónde están ahora?
-El niño está en la cápsula de neonatos. Estará ahí un par de días más. Rihdak ya se recuperó. No sé dónde esté… Dentro de poco le darán una nueva misión.
-¿Y ya viste a tu hijo? ¿Cómo se llama?
-No, no lo he visto aun... Su nombre es Raditz.
O-O
Caminó por los solitarios pasillos lentamente. Ya había oscurecido.
Se paró delante de una compuerta por varios segundos. Luego, tecleó el código de seguridad. La compuerta metálica se abrió, dejando ver la habitación en penumbras.
-¡Luz! –ordenó una delicada voz en medio de la oscuridad.
La habitación quedó iluminada, cegando un poco al visitante. Cuando la claridad se adaptó a sus ojos, avanzó un par de pasos, cerrando la compuerta tras él.
-¿Qué quieres? –se adelantó a decir Rihdak. Se encontraba sentada en la cama, con la armadura lista, como si esperara desde ese momento a partir.
-¿Por qué no estás en mi dormitorio, como acordamos?
-No soy de tu propiedad, Bardock…
El guerrero avanzó un par de pasos más todavía. Ambos se dirigían miradas recelosas, molestas.
-¿Y ese chiquillo? ¿Por qué no me dijiste?
-¡Ja! ¿Qué acaso tengo cara de ser tu esclava para estar detrás de ti?
-Hmm. Sólo agradezco que no será mi problema. Esa basura de clase baja merece morir.
-Quizá todos los de clase baja merezcamos morir…
-¿No me digas que tu quieres a esa escoria?
-Esa escoria, lo quieras o no, lleva tu sangre. Es tu problema si te alegras o no, de todas formas, será enviado a otro planeta dentro de poco y demostrará lo que vale. Por mi parte, me da igual. Raditz es mi primer hijo… en realidad siento lástima por él, pero nada más.
De nuevo se hizo un silencio. Luego, el guerrero se giró, yendo hacia la salida.
-¿Mañana te irás? –preguntó de pronto.
-Si. Será un viaje muy largo.
-¿Cuándo estarás aquí de nuevo?
-¿Qué sé yo? En siete u ocho meses, quizás… con eso de que el Gran Freezer nos puede necesitar en cualquier momento…
El guerrero salió de la habitación en silencio. Cuando quedó sola, Rihdak cerró sus ojos, disponiéndose a dormir un poco.
"Aunque estuviera ciego, te encontraría…"
-¡Luz fuera!
O-O
-Bien, su fuerza va incrementándose cada día. No por nada es mi hijo, una raza saiyajin superior.
-Así es, Su Majestad. Rosicheena está haciendo una buena labor al educarlo desde ahora. Fue una sabia decisión de su parte al encomendarle esa tarea, Señor.
-Sólo será momentáneo. En cuanto el Príncipe incremente todavía más su fuerza, me haré cargo personalmente de su entrenamiento. Ahora no es posible para él aprender las técnicas básicas de los saiyajin de élite. De todas maneras, no es bueno que pase demasiado tiempo con una guerrera de clase baja.
Esta vez un poco más corto el capítulo, pero a partir de aquí planeo que avance más.
Gracias por leer y hasta la próxima.
