09 La molestia del emperador

A base de pactos y acuerdos con los habitantes de distintos planetas, en su mayoría de guerreros o científicos avanzados, el número de soldados y tecnología incrementó en pocos años en el imperio del Gran Freezer.

Los viajes por el universo eran largos. Llegar de una galaxia a otra tomaba poco más de un año, por lo que Su Majestad tenía, a cierta medida, su tiempo sumamente administrado. No podía llegar a un planeta ya conquistado o pactado sin antes anunciar su presencia en dicho lugar. A lo mucho, se avisaba con un mes de anticipación aunque a veces, podían existir excepciones, como era el caso de ataques de guerrilleros a algunas de las estaciones espaciales o directamente a Freezer, pues le seguían el rastro por el universo para encontrar el momento exacto para atacarlo sin darse cuenta que sólo encorarían la muerte sin que aquel se tomara siquiera la molestia de saber quienes o cuantos eran.

Habían pasado cerca de dos años desde su última visita a la Galaxia del Sur. Todo parecía indicar que no había motivos –al menos graves- para volver, dado que los soldados cumplían exactamente con las órdenes indicadas sin necesidad de recordarles su deber.

Recibía detallados informes que sus guardaespaldas se encargaban de recibir y resumir para él. No es que le pareciera tedioso a Su Majestad estar al frente de una pantalla y leer uno por uno los detalles, pero su tiempo era valioso. Un imperio no se detendría por unas cifras o dialectos incomprensibles. Sus demandas eran sentenciantes; un si o un no le bastaba para mandar a sus hombres y terminar el trabajo que fue encargado por él y de paso exterminar a la raza incompetente. Sus filas no necesitaban a esa gente amedrentada y débil que no cumplía con su palabra. Su gobierno se basaba en hechos. Una promesa al Gran Freezer representaba una mortal condena de no cumplirse.

Pero el temor hacia su persona era incomprensible a la par que misterioso. Sus soldados eran sus pies y manos ciegas que cumplían su entera voluntad. Morir en manos de Freezer era algo pocas veces visto. Nadie en su juicio iría a atacar a un ser cuyo nivel de pelea no era alcanzado por los rastreadores todavía. La máquina estallaba cuando se sobrepasaba más allá de las veinte mil unidades.

Si era aproximado ese poder, muy pocos seres causaban tal efecto sobre los aparatos, como Zarbon, Dodoria…

Le era difícil admitirlo, pero al propio Rey Vegeta le costaba creer que los rastreadores pudieran leer perfectamente su nivel de pelea, cuando a Freezer y sus hombres de confianza, resultaba un misterio. Pero permanecía tranquilo. El poder del Oozaru superaba por creces a todos los soldados y, según sus cálculos, también a Freezer. Pero hasta ahí llegaba su ciencia: Freezer, su único adversario a vencer.

Todos los planetas aliados, sin excepción, tenían el deber de hacerle llegar noticias al Gran Freezer, Y he ahí un error que comúnmente se cometía entre los soldados, sobre todo con los líderes y tal pensamiento era creencia en el Rey Vegeta. Como máxima autoridad en su planeta, tenía el derecho de administrar a su gente a como le conviniera sin tener que dar explicaciones sobre ese punto a nadie. O al menos, eso era lo que él y los otros planetas aliados y en la actualidad desaparecidos creían.

O-O

Los informes que eran entregados al Gran Freezer se hacían de manera semestral. Consistía básicamente en una transmisión directa hecha por el líder del planeta aliado de manera escrita y didáctica, reproducida en la computadora principal de la nave de Su Majestad o donde sea que estuviera el Gran Freezer. Cada informe estaba resguardado con contraseñas. Era indiferente el idioma en el que fuese escrito, la traducción exacta era inmediata. Aunque a fin de cuentas, escribir en el lenguaje madre de cada planeta poco a poco se fue volviendo inadmisible, pues el idioma del imperio era el predominante.

Cuando se entregaba el tercer o cuarto informe, el Gran Freezer solía visitar a los aliados. Tal visita, significaba que el trabajo aumentaría y por consiguiente, la especie se beneficiaría con mejor tecnología a su disposición.

Había planetas que llevaban años al servicio del Gran Freezer, pero no conocían siquiera el funcionamiento de los rastreadores ni usaban armaduras. Ello era el ejemplo de la deshonra entre los demás aliados y no se equivocaban, pues en cuanto otro planeta -con tan sólo meses de antigüedad-, lograba progresar, la anterior raza, pese a su lealtad y años, era destruida.

O-O

Luego de estar en la Galaxia del Éste por bastante tiempo, el Gran Freezer, que se encontraba en la sala de mandos de su nave, recibió por fin algo que atrajo su interés.

-Gran Freezer, majestad.

-Adelante Zarbon –contestó el tirano espacial, mientras el soldado se ponía de pie luego de la reverencia.

-Los saiyajin ya han enviado su informe, Señor.

-¡Ah, vaya! Así que los monos quieren más misiones, ¿y puede saberse por qué no esperaron mi ilustre presencia en su miserable planeta?

Una pregunta bacía. Hasta él sabía la respuesta, pero no perdía la oportunidad de insultar a cualquier raza inferior.

-N…no dijeron nada en lo absoluto, Señor.

La voz del soldado temblaba. Una mirada desaprobatoria de parte del emperador bastaba para reducirlo a polvo.

Su Majestad permaneció por un momento en silencio, meditativo. Luego, ordenó.

-¡Qué reproduzcan los datos en la computadora principal!

-¡En seguida, Señor!

En el teclado metálico, un soldado insertó una clave. De inmediato, la lectura comenzó. La pantalla presentaba a modo de diapositivas todos y cada uno de los lugares que los saiyajin habían vencido bajo el nombre del imperio.

Nada fuera de lo común se registró al parecer, hasta que la vista del Gran Freezer se detuvo en algunos datos.

-Reporte Planeta N° 873. A cargo del Escuadrón Beannet. Conquista completa en tres días. Cero bajas…

La lectura de Freezer fue lenta y con tono amenazante, haciendo que algunos de sus soldados se estremecieran de miedo. Continuó.

-Planeta N° 874. A cargo del Escuadrón Kassaby. Conquista completa en cuatro días. Una baja… Y por último… Planeta N° 879. A cargo del Escuadrón Rihdak. Conquista completa en tres días. Cero bajas… Vaya, vaya… parece que tenemos algo interesante por aquí…

Dodoria y Zarbon se miraron dubitativos. ¿Qué había de raro ante los ojos de su alteza?

-Creo que esos monos son muy eficientes, después de todo… -dijo Freezer, sin quitar la mirada de la pantalla.

-No tanto como el resto de su ejército, Señor –se apresuró a decir Zarbon, quien temía ser remplazado.

Freezer le dirigió una mirada molesta. Sin quererlo, el soldado había interrumpido a Su Majestad. Zarbon se inclinó de inmediato con expresión apurada.

-Discúlpeme, señor.

Dodoria miraba la escena estático. Esperaba que su compañero fuera evaporizado. El resto de los soldados de la cabina de mando aguardaban algo similar. Todos temblaban.

Freezer sonrió. Con una voz más tranquila pero aun molesta, tomó la palabra.

-Como decía, esos saiyajin han demostrado su ímpetu de pelea favorablemente… Iré a su planeta, para saber de la boca de su líder más detalles.

Todos asintieron, incluidos sus guardaespaldas, quienes hicieron una majestuosa reverencia. Freezer salió en su silla robótica de la cabina de mando. Antes de retirarse tras él, Dodoria les gritó al resto de los soldados:

-¡Ya oyeron, inútiles! ¡Pongan curso al planeta Vejita, de inmediato!

O-O

Mientras tanto, varios días después, en el Palacio Real del Planeta Vejita.

-¿Qué? ¿El Gran Freezer viene para acá?

-Así es, señor. Llegará en dos meses.

-¡¿Qué acaso no recibió los informes?!

-Si, Señor, los recibió. Justo como usted dispuso y el Gran Freezer indicó.

El Rey Vegeta permaneció un momento en silencio.

-¿De qué se tratará todo esto? Él mismo dijo que no tenía tiempo de hacer viajes tan largos… -pensó. Luego, añadió en voz alta –Pues si quiere venir, que lo haga. Ese Freezer no es nuestro amo. En cuanto tengamos lo que queremos, jamás se oirá su nombre en mi planeta de nuevo.

El soldado se retiro. El Rey quedó solo en la sala. Como permanecía de pie, dio un par de pasos sin quitar su expresión meditativa.

-¿A qué se debe esta visita, Freezer? –dijo para sus adentros.

Y de pronto, a su mente llagaron las imágenes de su hijo, quien apenas contaba con un año y medio de vida. El Principe demostraba su potencial de pelea, además de prometer poseer un alto nivel destructivo, y que dentro de poco, se encargaría él mismo de manipular. Una sonrisa feroz cruzó su rostro.

O-O

El tiempo pasó y el Gran Freezer llegó por fin al Planeta Vejita.

El Rey Vegeta decidió que no iría a recibirlo. Tal resolución fue tomada cuando llegó a la conclusión de que, si Freezer hacía lo que quería, él también podía hacer lo mismo como autoridad que también era. El Rey no demandó su presencia, así que no tenía obligación de tratar como a un superior a un simple aliado.

Pero la renuencia le duró poco. Pocos momentos después de que le comunicaran que la nave acababa de aterrizar, las puertas de la sala principal del Palacio Real se abrieron, dando paso al emperador y sus guardaespaldas.

El Rey se levantó de su trono, aun con la misma indiferencia y miró como el Gran Freezer se acercaba a él lentamente y con una sonrisa burlona en el rostro. Iba a pie, sin su silla robótica.

Cuando por fin estuvieron frente a frente, el Rey tomó la palabra.

-Freezer… ¿a qué se debe tu visita?

Aquel, sin retirar la sonrisa, pero con mirada molesta, le respondió.

-Quería discutir algunas cosas sobre las conquistas. Tu gente resultó ser muy eficiente y la verdad me ha sorprendido.

-¡Qué lástima! –dijo el Rey, ahora sonriendo - ¿venir de tan lejos sólo para eso?

-No menosprecies mis palabras, Vegeta.

El Rey se sorprendió. El Freezer acababa de hablarle exactamente igual que a cualquier miserable soldado sin darse cuenta que se encontraba delante de un monarca. Quizás por venganza al no llamarlo Majestad o Gran Freezer.

-Es sólo que me confundes, Freezer. No sé que te propones al no cumplir con tu parte. Como ya viste, hemos completado exitosamente cada encargo tuyo, pero eres tu quien no nos permite misiones más importantes. Como te diste cuenta, no somos cualquier tipo de soldados…

-Y no me cabe la menor duda, Vegeta. Pero como te decía, lo que tengo que decirte es muy importante. Haz salir a tus hombres de la sala.

El Rey iba a decirle que n su planeta, no tenían por qué obedecerlo, pero luego recapacito. Recordó que no tendría por qué tener dificultades si se llegaba el momento, así que repitió a sus hombres la orden de Freezer. Al momento, los soldados saiyajin abandonaron el recinto. Sin embargo, Zarbon y Dodoria no se movieron.

Freezer notó la molestia del Rey al descubrir ese detalle. Sonrió.

-No te preocupes. Ellos son de confianza. Es sólo que no quería que tus soldados esparcieran rumores.

-Eso jamás pasaría, Freezer. Mis soldados tienen el deber de darme su lealtad.

-Lo sé, pero créeme, jamás debes hacer o decir algo ante la persona equivocada. Por eso sólo a ellos dos les permito estar presentes en todo…

-¿Es decir, que cualquiera de ellos es como si fueran tus ojos y oídos?

-Transmiten solamente lo que para mí es invisible.

Mientras tenían esta charla, Freezer caminó hacia el Rey acompañado de sus hombres. Y luego, ante su sorpresa y desaprobatoria mirada, Freezer tomó asiento en su trono.

Se veía algo pequeño para una silla de piedra tan grande, pero desde ahí, con Zarbon y Dodoria a cada lado, Freezer dirigió una mirada de superioridad al Rey.

Aquel se sintió humillado por un momento. Por muy poderoso que dijeran que era Freezer, no pasaría por alto tal ofensa hacia él.

De pronto, Freezer comenzó a hablarle.

-¿Sabes, Vegeta? Hay dos maneras para hacerme perder la paciencia: la falta de respeto y las mentiras… Acabas de romper la primera y estás muy cerca de la segunda…

El Rey pasó de molesto a desconcertado.

- ¿Mentir? ¿A que te…?

-¡Ah! ¡Y ahí estás de nuevo! ¡Desafiando mi suprema autoridad! –le dijo Freezer, interrumpiéndolo. Luego, con furia añadió- ¡No sé en qué momento creíste que éramos iguales, mono estúpido!

Freezer extendió un brazo y levantó uno de sus dedos. Por delante de él, una energía de metros de diámetro fluyó, ante la mirada de asombro del Rey.

-Esta energía es la suficiente para destruir el planeta entero. Esto es sólo una mínima parte de mis poderes. Tú también eres capaz de hacer esto, según entiendo, pero terminarías débil, totalmente desprotegido y retorciéndote en tu miseria. Y aun siendo un Oozaru, este poder te haría añicos…

La energía desapareció. Freezer recuperó su tono de voz con el cual había comenzado a hablar sin dejar de dirigirse al Rey.

-¿Ahora lo entiendes, insecto?... reconozco que eres fuerte de los de entre tu raza, pero cualquiera de mis soldados, te aplastaría…

Zarbon y Dodoria rieron. El Rey permanecía en silencio, dirigiéndoles una mirada de desprecio.

-Bien, ahora que sabes cuál es tu lugar, tengo un par de preguntas que hacerte.

El Rey Vegeta miró a Freezer. Pese a que sus labios no se movieron, la crispación de las venas de su frente denunciaba su furia. Freezer sonrió complacido. Prosiguió.

-Tu informe fue conciso y detallado, como pocos que he visto, sin embargo, había datos en los que no pude tener acceso… Encontré varias irregularidades, pero por suerte para ti, mis dudas se pueden reducir a unas cuantas. Así que dime, mono idiota, ¿qué es todo eso de que no haz enviado a esos chiquillos saiyajines a sus misiones, como dijiste? ¿Qué planeas?

El Rey Vegeta se limitaba a mirarlo con odio.

-Además, algunos escuadrones han subido su número y en otros han bajado, sin contar que comienza a haber soldados de clase baja al mando de éstos, siendo que me aseguraste que sólo los de clase alta serían los encargados de controlar a la población débil.

Hizo una pausa para permitir hablar a su interlocutor, pero aquel permanecía firme con su silencio.

-¿No me lo vas a decir? ¿Seguro? –insistió Freezer con una voz amenazante -. Exijo respuestas, señor Rey de los saiyajin. De pende de ti y de tus satisfactorias palabras el que todos los monos de tu raza sigan con vida…

Luego de casi un minuto, el Rey por fin respondió.

-No tengo por qué decirte cómo manejo a mi gente…

-¿Insistes entonces con tu estúpido silencio? ¿Prefieres morir a contestar unas simples preguntas?

-No tengo por qué decirle a un infeliz cómo es que manejo a mis guerreros. Yo soy el Rey de este planeta y a mí es a quien todos obedecen…

-Ah, bueno. Eso quiere decir que no me dirás nada. Pero te advierto que no te saldrás con la tuya, mono estúpido, porque así como me enteré de todos estos detalles, tu genta, a la que crees leal, es a mí a quien de verdad obedecen. Y por cierto, tu hijo tiene un extraordinario poder que no tardará con los años en superarte. En cuanto aprenda lo que le tengas que enseñar, quiero que esté con mis soldados. Quizás, con los años, tu remplazo sepa hacer mejor las cosas que el mediocre Rey actual.

Una carcajada de parte de Freezer retumbó en la sala. Se puso de pie luego y sin retirar su vista ante un colérico Rey Vegeta, le dijo, a modo de despedida.

-Vete acostumbrando a mis visitas como estas, soldado…

Escoltado aun por sus hombres, abandonó la sala y el Palacio.

Un grito de desesperación e impotencia salió de la garganta del Rey cuando se quedó solo.

-¡Maldito! ¡Maldito infeliz! ¡Jamás le perdonaré esta humillación!

Tenía ganas de ir tras Freezer y matarlo sin importarle nada, pero un recuerdo amargo de la charla pasó por su frente. Freezer había hecho esa poderosa energía sin moverse ni cansarse.

-¿Puede pues, matarnos a todos como dice? –se cuestionó aun en voz alta.

Pero los saiyajin seguían superando a Freezer, si no en fuerza, si en número. Y los soldados de clase baja, poco a poco iban siendo menos y sobre todo su hijo, que cada día, aumentaba su poder.

-No se atrevería –trató de convencerse el Rey ante la sospecha de un exterminio por parte del tirano, además de que reafirmó sus pensamientos-, estoy seguro de que no sería capaz de atreverse. Ese Freezer no sabe hasta donde podemos llegar nosotros los saiyajin. Será mejor que no nos subestime. Además, mi hijo es la prueba de que se convertirá en el Super Saiyajin. Sólo nuestra familia de guerreros está destinada a serlo. Y cuando eso suceda… Freezer deseará no haberse metido nunca con nosotros. Morirá en nuestras manos…

O-O

Después de esta entrevista y luego de marcharse, Freezer dispuso que los nuevos rastreadores, sobre todo los de capitanes, generales y tenientes, fueran de uso obligatorio en las misiones y aun en las propias Bases de todo el Planeta Vejita

Todas esas máquinas tendrían ahora un sistema de comunicación cerrada. Es decir, absolutamente todo lo que dijeran, sería escuchado, ya fuera por un superior o el mismo Freezer. Sólo bastaba localizar al soldado y activar la función.

El Rey, por su parte, recibió la noticia del nuevo mandato de Freezer. Su furia fue inmensa, pero acató la orden después de todo. Seguro de que sólo sería momentáneo -y hasta cuando a Freezer se le ovidara tan extravagante orden-, hizo que únicamente los soldados de clase baja, los tenientes y algunos generales usaran los rastreadores de modo obligatorio. Los de élite y la guardia real sólo los usarían cuando Freezer estuviera de visita, pero él, jamás se rebajaría a usar esa máquina infernal, ni aunque su vida dependiera en ello.


Una disculpa por la tardanza, pero desde ahora a actualizar.

Gracias por continuar.

¡Hasta luego!