10 Guerra en guerra
"Se le llama punto de llegada a la zona con índices medios-altos de población. Lugar de aterrizaje y donde el escuadrón dará su primer asalto…"
"La línea de batalla es cuando la ofensiva de los nativos es numerosa, pero no amenazante…"
"La trayectoria es el ataque masivo de ciudades con la transformación a Oozaru. Usada cuando la población es superior en número y fuerza. Se tiene de antemano estudiado el movimiento lunar…"
"La hecatombe total-parcial es la orden que acompaña a la misión y que sólo puede ser aprobada por los generales..."
Tales son los preceptos básicos que un saiyajin debe aprender para formarse como guerrero.
O-O
Planeta Bale. Conquista en cuatro días. Hecatombe: Parcial. Menos de 2,000 unidades. Reporte de conquista inmediata.
El capitán terminó la lectura del documento. Sin mostrar la menor expresión, se retiró de la sala ante la mirada de los demás soldados que también iban recibiendo sus propias indicaciones, pero a diferencia del guerrero, se quejaban molestos o celebraban dicha oportunidad para llenar de sangre sus manos.
Con paso firme, el capitán se dirigió al comedor, donde se encontraba el resto de sus compañeros. Y sin más, les anunció:
-Tenemos una misión. Partiremos en una hora. El viaje durará cuarenta días.
-¿Y ahora que rareza encontró el Gran Freezer por el universo? –preguntó Tooma, con media sonrisa.
-Esta vez no quiere un planeta. Quiere más soldados… – le respondió Bardock.
O-O
El capitán y su equipo despertaron media hora antes del aterrizaje y cuando por fin tocaron tierra, ya sin rastro en sus sentidos del largo letargo, sus ojos no vieron más que fuego y obscuridad.
-¡Ah, maldición! ¿Por qué venimos a un planeta ya conquistado! –reclamó Panpukin.
-Si. ¡Aquí ya no queda nada! –le secundó Seripa. Ambos soldados miraban a los alrededores con una expresión de decepción.
-¡Es que acaso les tienen que decir todo! ¡Busquen con sus malditos rastreadores! –dijo Tooma, callando a los quejumbrosos soldados. Bardock por su parte, ya había localizado lo que buscaba.
-Hay una población numerosa hacia esa dirección –dijo a sus compañeros-, Toteppo y Seripa irán a ese lugar. Limpien la zona de inmediato.
-¿Aunque haya un tipo con 1,800? –señaló Toteppo.
-La orden fue arriba de los 2,000. A partir de ahí, ustedes se harán cargo de las poblaciones del sur y del éste. Mismas indicaciones en todos los poblados. Vayan.
Los soldados volaron en cuanto Bardock terminó de hablar. Cuando los perdieron de vista, el guerrero continuó:
-Nosotros iremos al norte y al oeste. Ahí están los objetivos.
Despegaron del suelo y mientras ganaban altura, Tooma apreció mejor el panorama del planeta. La devastación era absoluta en las ciudades y parcial en zonas abiertas.
El rastreador detectó vida hasta cuando se adentraron en una de las ciudades, donde algunos edificios aun se alzaban. Los soldados aterrizaron.
La obscuridad no era tan profunda en ese paraje, pudiendo hacer el recorrido a pie. Con despreocupación, Bardock se dejaba guiar por la señal de la máquina, al igual que sus compañeros, la cual iba directamente dentro de uno de los edificios.
-Podemos echarlo abajo y ahorrarnos la molestia… -comenzó a decir Panpukin, rompiendo el silencio.
-No. No hay porque precipitarse. El poder de 2,100 está debajo de ese lugar, debe haber una cámara subterránea. Además, tenemos tres días por delante –respondió Tooma, seguro de que Bardock pensaba igual.
-No son una amenaza –dijo aquel, sin detenerse-. Una vez que matemos al resto, no tendrá otra salida que escucharnos.
Caminaron dentro del edificio por fin, en medio de la oscuridad. Sus pies se topaban con la misma situación que el exterior: cadáveres, escombros, municiones…
-¿Cuánto creen que lleven en guerra los individuos de este planeta? –preguntó Tooma, haciendo que su voz retumbara por el lugar.
-Pues parece ser que bastante tiempo, un par de años quizás… el planeta no es muy grande, pero aun así, parece como si esta ciudad estuviera recién atacada… -contestó Panpukin.
-¿Eso crees? ¡Yo podría apostar más tiempo! ¡Este lugar aparenta un ataque de un mes! ¿Por qué demonios no hizo más destrucción ese individuo de 2,100 unidades?
-Precisamente, Tooma –respondió ahora Bardock-. Ese sujeto sabe que puede hacer más daño si se lo propone. Tiene este territorio asegurado y está confiado. Ahora sólo se dedicará a esperar al enemigo… Lo que no sabe es que nosotros llegamos primero…
Una risotada salió de la boca de sus compañeros.
-Bien –retomó el capitán al llegar al fondo del pasillo-. Justo debajo de nosotros está el sujeto que buscamos. Panpukin y yo nos iremos por el resto. Tooma, tú irás con el objetivo. Luego nos reuniremos.
-Bien –respondió el último.
Levantando la mano derecha, el guerrero creó la energía suficiente para destruir el piso y crear un hueco, donde los tres pasaron a un amplio sótano iluminado por una fogata, rodeada por al menos un centenar de personas, la mayoría hombres, al parecer soldados, pero en esa pequeña población también había civiles. Hombres, mujeres, niños y ancianos, todos refugiados y con la mirada llena de pánico al ver que una parte del techo había volado en pedazos.
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Los soldados se pusieron en guardia, vigilando las penumbras de la habitación ante el menor ruido. Los murmullos y llantos de algunos civiles se fueron acrecentando.
-¡Silencio! –ordenaban los soldados.
El resto de los hombres habían subido para capturar a los responsables de la explosión, pero no regresaron ni reportaron por sus comunicadores lo que habían descubierto.
Cuando el silencio y el tiempo avanzaron, todos esperando ver a los atacantes, una lluvia de rocas cayó del techo, acompañada también de carios cadáveres. Ante aquel espectáculo, los gritos comenzaron de nuevo y al fondo sur del sótano, sonó otra explosión. De inmediato surgió otra igual de fuerte al otro extremo.
Los disparos de energía de parte de los soldados también comenzaron, pero apuntaban a algo que no podían ver, haciendo más difícil su puntería entre sus compañeros y la gente inocente.
-¡Capitán Arle! ¡Sus órdenes! –repetían los confundidos hombres en sus comunicadores dentro de sus cascos.
No recibían respuesta, hasta que el circuito de comunicación fue pasado al segundo al mando, hablándoles a todos.
-¡Se lo llevaron! ¡Uno de los desgraciados lo acaba de secuestrar! ¡Un grupo y yo los seguiremos!
-¡¿Qué?!
-¡Un grupo y yo seguiremos al capitán! ¡Son tres individuos! ¡Repito, tres! ¡Dos de ellos están todavía dentro! ¡Disparen a matar!
-¿De quién se trata? ¿Son de los Blast?
-Probablemente. Llevan otro uniforme muy extraño, pero seguro son ellos.
-¿Y los civiles?
-¡Que un grupo los guíe fuera! ¡El edificio no resistirá mucho!
-¡Si!
En cuanto terminó la comunicación entre los soldados, una fuerte explosión surgió desde el centro del sótano. Los cadáveres comenzaban a incrementarse. El contacto con el segundo desapareció.
La gente comenzó a correr a las escaleras y demás salidas pero cuando se aproximaban, un hombre los detuvo. Levantando una mano, una luz resplandeció de su palma. Con expresión amenazante, lentamente se acercó a las asustadas personas.
-¡Alto! ¡¿Quién demonios eres?! –dijo uno de los soldados apuntándole directo a la cabeza.
Como aquel hombre seguía su camino sin inmutarse, la gente comenzó a correr en dirección opuesta, pero otro hombre, más bajo y ancho que el primero, también venía hacia ellos.
-Sólo faltan ellos, Bardock. ¿Los elimino yo o te encargas tú? –dijo Panpukin al otro por el rastreador.
-Haste cargo. Ya no se moverán. Me voy con Tooma.
Un grito de celebración fue escuchado por la aterrada gente mientras veían como uno de los desconocidos despegaba del suelo, desapareciendo en la oscuridad.
-¡Ahora, bastardos infelices –gritó el hombre que se había quedado, atrayendo la atención de todos-, todos morirán! ¡Sabrán que una raza como ustedes no se compara con nosotros los saiyajin!
-¿Saiya–qué? –se escuchó decir entre la gente.
-Jaja, no me extraña que no nos conozcan… ¡Lástima que será la última vez que hayan oído hablar de nosotros!
O-O
-¿Y bien? ¿Aun conserva ese poder?
-Si. No me costó nada mantenerla tranquila…
-¿Es una mujer?
-Así es. Es muy terca y no paró de insultarme y soltar golpes, así que no tuve más remedio que ponerla a dormir golpeándole la cabeza.
-Bueno. No nos concierne si el Gran Freezer la considera útil o no. En lo que a nosotros respecta, hemos cumplido.
-¿Dónde está Panpukin?
-Lo dejé hacerse cargo de los últimos. Cuando venía para acá, detecté otro poder igual al de esta mujer. Ninguna de esta gente es amenazante. Pueden manipular su energía, pero no hacen gran daño.
-Me pregunto, ¿para qué querrá el Gran Freezer a estos debiluchos?
-Déja de preguntarte eso y ponme atención: iré a revisar esa energía que vi. Espera a Panpukin y que uno de los dos se quede a vigilar a esta mujer. Cuando hayan decidido, que ese se vaya a otra parte y haga lo mismo que yo. Ya les dije a Seripa y Toteppo que así será en adelante y que deben traer aquí a los que capturen.
-¿Ya lograron atrapar a alguien?
-No –respondió el capitán sin volver la vista y despegando el vuelo-. La imbécil de Seripa mató a quien debían capturar. Y por supuesto que se descontará de su paga. Eso también va para ti, si acaso mataste a esa tipa con tu "gran método" para que se quedara quieta.
-¡Y hasta ahora me lo dices!
o-o
A la mañana siguiente, el grupo de guerreros se reunió.
Tenían en custodia a treinta soldados capturados, todos ellos ocupando altos rangos de su estatus militar, pero ninguno superior a las 2,300 unidades. Pero como habían pronosticado, no les pareció un problema controlar a los prisioneros.
Por entonces, el miembro más débil del escuadrón era Seripa, con 2,800 unidades. El capitán, por otro lado, rondaba cerca de las 7,000.
-Mañana llegará una nave del Gran Freezer por estos mediocres soldados que capturamos, hasta entonces, tendremos que vigilarlos –anunció Bardock a sus compañeros.
-Una vez más me muero de la intriga ¿para qué demonios quiere a estos debiluchos?
-No nos incumbe. Nosotros ya cumplimos con la primera parte. Nos toca esperar.
Las horas pasaron. Los guerreros se mantenían en la destruida ciudad, vigilantes. Nada hasta el medio día había pasado algo de interés, hasta que un ruido llamó su atención.
Uno de los capturados había empleado su energía para matarse. Al parecer, intuyó su destino final como futuro servidor de sus captores.
-Ja. Cobarde –dijo Tooma, mirando el cadáver con desprecio.
-¡No tardaremos en seguirlo si no aclaran nuestra situación! –dijo un soldado con furia.
-¡Alégrense porque seguirán con vida, viajando por en universo, conquistando planetas para luego venderlos! ¡Sentir la emoción de acabar con millones de habitantes de planetas insignificantes! –añadió el saiyajin, emocionado con sus palabras.
-¡Si! –gritó Panpukin después, contagiado por el mismo ímpetu-, ¡Matar para ser más fuertes! ¡Exterminar para ser invencibles!
Los capturados permanecieron en silencio. Eran seres de piel blanca y ojos negros, con orejas pequeñas y puntiagudas. A parte de saber lanzar energía de sus manos, poseían una fuerza física muy resistente para los de su especie. También habían diseñado armas, pero su tecnología aun no era la suficiente como para salir del planeta. Se sintieron muy sorprendidos al saber que los guerreros invasores eran alienígenas. Por su propia guerra, no se percataron de la rápida llegada de los saiyajin.
El repentino silencio fue interrumpido por un soldado, que se mantenía sentado, al igual que el resto de los prisioneros.
-Miserables… ¡Eso es inconcebible! ¡El honor de un guerrero no se basa en fortalecer su orgullo, sino en pelear por una causa, que es de todos!
-Jajaja, ¡Mira, estúpido! –dijo Seripa ahora, respondiéndole-, ¡Nosotros somos los mejores soldados al mando del Gran Freezer! ¡Y además, esas idioteces no te sirvieron de nada en el campo de batalla!
-¿Y se supone que por eso son mejores? –se escuchó la voz de una mujer, en medio de los detenidos- ¡Me niego a ser como ustedes! ¡Me niego a servir a ese "Gran No-sé-qué"!
Seguidamente, la detenida cayó muerta al colocar su mano al lado de su cabeza y despedir una gran energía, causándole la muerte instantánea cuando su cráneo y sangre amarilla se esparció al tocar el suelo.
-¡Otro cobarde! –se burló Panpukin.
Sin embargo, y en todo ese tiempo, Bardock y Toteppo se habían mantenido en silencio. Si bien el joven capitán ignoraba todo lo que decían, el guerrero de mayor edad y altura del equipo comenzó a cavilar sobre las palabras que los soldados iban diciendo a modo de protesta.
¿Qué habría pasado si en medio de la guerra de los saiyajin contra los tsufuru hubiesen llegado los hombres del Gran freezer?
Un pensamiento similar pasó por su mente. El guerrero silencioso pensó entonces que quizás, en el fondo, algunos saiyajin habrían hecho lo mismo que los prisioneros, pues en general, no eran más que esclavos. Si por alguna razón desobedecían o cumplían mal con su misión, les esperaba la muerte y el dinero que recibían a cambio, no era más que una fachada de su limitada vida. Condición que cualquiera podría perder por una simple estupidez. Sin embargo, los saiyajin estaban acostumbrados a eso: dar y recibir órdenes si eso les garantizaba una vida repleta de peleas y combates.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por el capitán. Había lanzado un grito al resto de su escuadrón, pues otros cuatro soldados habían terminado con su vida.
-¡Ya cállense todos! ¡Limítense a vigilar que no se escapen! ¡Les advierto que si muere otro más por su culpa, no recibirán su parte!
La noche llegó y con ella la madrugada. En todo ese tiempo, el escuadrón se había quedado en silencio, al igual que los prisioneros. No apartaron ni dejaron apartar los cadáveres de entre el grupo, además de que el número se incrementó un par más.
La vista de todos fue atraída al cielo cuando una nave de mayor tamaño bajaba a tierra. Munutos después, Kuwi, un soldado destacable y que estaba muy próximo de estar al mando de una de las estaciones espaciales del Gran Freezer.
-¿Y bien, soldado Bardock? –le dijo a aquel cuando le reportaron los hombres que lo acompañaban el total de los soldados capturados-, ¿Qué excusa me das al notar que las cifras son equivocadas? Por medio del rastreador registraste exactamente treinta y cinco seres y me reportan menos de esa cantidad?
-Los cobardes terminaron con sus vidas –dijo Tooma, que se encontraba al lado de Bardock.
-¿Cómo te atreves a contestar por tu capitán y dirigirte a mí de ese modo, miserable mono? –dijo Kuwi, lanzándole una mirada feroz al guerrero.
-Así fue –repuso Bardock ahora rápidamente, al notar la furia de su compañero-. Ellos se suicidaron.
-Bueno, fue lo mejor que pudieron hacer. No hay que exigirles demasiado a unos saiyajin de clase baja –notando la molestia general del escuadrón, Kuwi continuó, complacido por las reacciones, y aun faltaba decirles "lo mejor"-. En fin, el Gran Freezer ya fue notificado de su misión. Y me dejó a cargo de gratificarlos a mi criterio. Así que, considero que fue muy mediocre pese a haberlo hecho en dos días de los tres otorgados. Recibirán menos de la mitad de su paga.
Y como lo había previsto, vio como los saiyajin luchaban por contenerse, mientras detrás de Kuwi, más soldados del Gran Freezer comenzaban a burlarse, atentos a cualquier movimiento de los cinco furiosos guerreros.
Consiente de que no era el momento ni el lugar para contestar la afrenta como el bribón lo merecía por tal insulto, Bardock dio un paso al frente.
-Nos vamos –le dijo a Kuwi con voz firme.
-Será lo mejor, monos inútiles. Y por cierto, no están autorizados para volver a su estúpido planeta hasta que el Gran Freezer lo decida. Vayan a la Estación espacial N°22 ¿Entendieron?
El escuadrón se apartó y despegó del suelo para ir en busca de sus naves mientras escuchaban estruendosas carcajadas de Kuwi y sus hombres.
-Ese maldito… –se dijo el guerrero mentalmente.- ¡No debe subestimar a los saiyajin o le costará caro!
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En otro planeta alejado de la galaxia, Rihdak y su escuadrón también cumplían misiones de manera formidable. Salvo que ahora, el equipo ya era de tres miembros, pues uno de sus elementos se había ido al Planeta Vejita para pasar a ser un soldado de la Guardia Real.
En el último planeta que cumplieron una misión de exterminio, no encontraron gran dificultad, salvo que un sorpresivo ataque de los últimos supervivientes que terminó por derribar a la guerrera. Se defendió bien, matando a su adversario con violentos y agudos golpes, pero aquel había conseguido debilitarla y en su ataque, que consistía en impactos basados en el sonido y el viento, provocaba un daño interno que hacían debilitar a su adversario, logró concentrar una gran energía que cayó en el cuerpo de la guerrera.
Despertó en una de las estaciones espaciales de Freezer. Un par de días después le entregaron otra misión desde ese lugar, cosa que le sorprendió, pero no cuestionó y se alegró de encontrarse bien nuevamente.
Sintió un par de mareos cuando abordaba su nave, pero no le dio importancia. Al pasar de los días, era la misma de antes.
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Ya había pasado año y medio desde la última vez que el guerrero y su equipo estuvieron en el planeta Vejita.
Ahora, a petición del Gran Freezer, las misiones se daban desde cualquier estación espacial autorizada, con una transmisión directa desde la base del planeta natal por los superiores. Ya no los generales, sino cualquiera de la élite o algún teniente. Hecho que no fue bien recibido por el resto de los generales saiyajin, pero tuvieron que acatar las nuevas reglas.
Pero también se enteraron de otras cosas. Entre ellas, que el Rey Vegeta dividiría a los escuadrones: los de clase baja reportarían al Gran Freezer sus avances y los de clase alta, con él directamente. El escuadrón se preguntó la razón de ese cambio. La respuesta les fue dicha por un soldado de la élite.
-Varias de las Bases perdieron a los generales a cargo. Como ésta, pues Fangus murió algunos meses atrás…
Entre esas pérdidas, también había una de una guerrera, que por supuesto, nadie se molestó en lamentar.
Hola:
Bueno, ahora si ya tengo un poco más de tiempo libre :D
Ya estamos en los capítulos finales :D
¡Saludos y gracias por leer!
