11 Muerte a los justos
Era extraño para el Gran Freezer tener restricciones sobre algo tan común como lo era unos simples datos y por supuesto que se sintió ofendido. No había nacido un ser en el Universo que lo detuviera.
Solamente a pocos asuntos no le prestaba atención, y eso por diversión, para saber hasta dónde llegaba el temor de sus soldados ante su ira. En algunas ocasiones, sus hombres se llegaban a matar entre ellos por una simple contradicción. Cosa que siempre a Su Majestad le parecía divertido. Además de, como el caso del Rey Vegeta, así también había humillado a miles de seres que se creían superiores a su soberana presencia. Pero el caso de los saiyajin era un tanto más "especial".
Sin embargo, los asuntos serios, los que demandaban su interés, personalmente y con cautela hacía cumplir sus órdenes. Cualquiera de sus soldados podía ser a quien le encargara hacer algo sólo para él. Y Zarbon y Dodoria, eran los ojos que caían sobre el elegido infortunado para cumplir con lo que el Gran Freezer le dijera.
O-O
Todo comenzó un día en el que en el Planeta Vejita se recibió una orden entre los hombres del Gran Freezer.
Al parecer, y sin algún motivo en especial, Zarbon anunciaba su visita a ese planeta por algunos días. Evidentemente no pedía la autorización del Rey.
Había pasado cerca de un año y medio desde la última visita del Gran Freezer y ante la extrañeza de todos, uno de los guardaespaldas del tirano estaría en el planeta en menos de tres días. El Gran Freezer aun se encontraba en la Galaxia del Sur, por lo que los viajes eran relativamente cortos entre la Base Espacial y el planeta Vejita.
El Rey fue informado de este hecho y una vez más, su furia acrecentó. Sin embargo, no impidió que tal visita fuera evitada.
Los días pasaron y Zarbon aterrizó en la base principal del planeta. No demandó hacer una visita al Palacio Real y simplemente, se alejó a otra de las Bases más apartadas. Sólo ordenó que nadie lo siguiera y que él se reuniría con el Rey Vegeta cuando fuera el momento adecuado.
Iba acompañado por Appule, un soldado que desempeñaba el papel de médico entre la tripulación del Gran Freezer. En pocos minutos, llegaron a la Base.
En esos momentos las instalaciones estaban vacías. Era una de las pocas temporadas en las que la totalidad de los guerreros se encontraban fuera del planeta y los pocos que se quedaban eran la guardia, además de quienes servían en los comedores y en la Unidad Médica, que era donde se dirigían. También, Zarbon estaba enterado de que el General al mando de la Base estaba ausente.
Entraron a la Base y sin dilación también a la Unidad Médica, dónde dos soldados revisaban datos atentamente en las computadoras del lugar.
-El Gran Freezer –dijo en voz alta Zarbon, atrayendo la mirada de los dos médicos- ha dicho que ya es tiempo. Su plazo ha concluido. Me mandó para dar la clave que enviará los datos directamente a él.
-¿Y-ya? ¿Tan pronto? –le respondió uno de los médicos nerviosamente.
-¿Creyeron que no se llegaría el día? Estoy autorizado a matarlos si han cumplido mal la orden del Gran Freezer.
-Le aseguro que cumplimos bien nuestra labor. El Gran Freezer quedará complacido –dijo presuroso Oggers. Su compañero Malaka le secundó.
-Toda la información está reunida en esta computadora en la que sólo nosotros dos tenemos acceso.
-Bien. Appule, ve a revisar los datos. Si está todo en orden, mándalos de inmediato a la Base donde se encuentra el Gran Freezer.
-¡Si, señor!
Mientras Appule manipulaba las máquinas, Zarbon pudo hablar con más libertad con los médicos. Oficialmente no estaba autorizado a hablar más de la cuenta con ellos, pero la curiosidad le pudo más y como no estaba su jefe para prohibirle nada –y sabía de antemano que los asustados hombres no se negarían a hablar-, comenzó a cuestionarlos sobre los resultados de sus investigaciones.
-¿Y bien? ¿Qué es lo que traman los monos? ¿Aun no mandan al espacio a los chiquillos de clase baja?
-No –respondió Malaka-. El Rey Vegeta ordenó que los niños saiyajin de clase baja se quedaran. Cuando alcancen el nivel superior a 20 unidades, serán enviados a sus misiones.
-¡Vaya que es terco! Esta vez, el Gran Freezer no lo perdonará.
-Dicen que le preocupa que haya más bajas. En los últimos meses han muerto varios saiyajin de clase baja porque los Generales no saben asignar las misiones. Mandan a la gente equivocada a los planetas inexplorados y los Tenientes no tienen otra opción que cumplir con las misiones, tomándoles más tiempo del necesario.
-De todas maneras, él dio su palabra. Por cierto, ¿ya hay más escuadrones al mando de los de clase baja?
-Si. En esta base ya hay quince.
-¿Quince? ¿Cuáles son sus niveles de poder de pelea?
-Ninguno sobrepasa las 7.000 unidades. Los de clase alta, por otro lado, se han mantenido. Sus niveles siguen sobre las 12.000 unidades.
-¿Y los de élite?
-Cerca de los 15.000. Pero son muy pocos.
-¿Y qué hay de esa técnica que usan de la Luna Artificial? ¿Ya la saben más saiyajin?
-No. Sólo unos cuantos de clase alta saben usarla. Son muy celosos con esa técnica.
Zarbon caminó hasta tomar asiento cerca del médico. Continuó.
-Entonces… supongo que ustedes ya tienen un número real de soldados saiyajin… Creo recordar que ese fue el objetivo de su misión.
-Lo tenemos, pero…
-¿Pero?
-Hay algo que nos inquietó hace tiempo y que hasta el momento sigue pasando.
Intrigado por la grave expresión del médico, Zarbon le dijo que continuara.
-Bien, pues no sé si el Gran Freezer esté enterado, pero debe hacer algo al respecto. Hace tiempo, Fangus, el General a cargo de esta Base, tomó el control de la población, sabiendo que eso nos compete a nosotros. Según él, quería darle él mismo los informes al Gran Freezer. Sin embargo, decía que iba al corriente cuando descubrí que estaba reteniendo los datos.
-Pero al final, el Gran Freezer recibió todo en orden, según entiendo…
-Así es, pero me temo que era una excusa…
-¿Una excusa? ¿Para qué?
El médico, al notar el interés del soldado, usó un tono de voz más grave. Lo que iba a decir después, era precisamente el encargo que el Gran Freezer le había asignado. No consideró peligroso decirlo a uno de los más leales de los hombres del tirano.
-Poder oculto. Esa es la razón.
-¿Qué?
-Cuando Fangus hizo esa petición, casualmente había cuatro hembras saiyajin a punto de dar a luz y que cuyos padres nos fue negado anunciar.
-¿Y por qué querría Fangus ocultar algo así?
-Quizás porque esos padres tienen esa facultad. En la Base hay siete soldados que pueden incrementar su nivel de pelea de golpe, pero regresan a la normalidad. Cuatro de esos candidatos ya son padres, pero ninguno de sus hijos presentó una verdadero aumento de poder.
-Jajaja, ya lo creo. De todas maneras, aunque los de clase baja estén presentando ese "poder oculto", no son una amenaza.
-Discúlpeme por lo que le voy a decir, pero… ¿y si los de clase alta también tienen esa facultad?
Zarbon quedó pensativo y en silencio.
-Nadie nos asegura que el Rey no tenga esa habilidad, o incluso la madre del Príncipe, que según tengo entendido por los médicos del Palacio, es de clase baja…
-¡Eso es ridículo!
-Yo no lo creo así, señor Zarbon… ese niño nació con un considerable poder. Imagínese esto: pasan los años, el Príncipe crece… y quizás su hijo nazca aun más fuerte que el padre.
-¿Con cuánto poder nació ese chiquillo?
-Con más de 500 unidades.
-Eso… es terrible-dijo con un tono algo preocupado.
-Y será terrorífico si la descendencia nace con más de 1,000 unidades. Añadiendo que los de clase baja están empezando a subir su poder… tal parece que el organismo de los saiyajin demanda ese incremento de fuerza con el paso del tiempo.
-¡El Gran Freezer debe saber esto cuanto antes y deshacerse de estos monos!
-Debería, aunque no todo está perdido.
La tranquilidad del médico exasperó al soldado.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Pues… simplemente, que mis investigaciones han sido más profundas, y créame, he descubierto cosas que ni los mismos saiyajin saben de sí mismos.
O-O
Los otros dos médicos ya habían terminado de descifrar los datos e incluso enviárselos al Gran Freezer directamente. Zarbon sabía que Su Majestad no le permitiría ver el contenido una vez que regresara. Su oportunidad de saberlo todo era ese momento, en boca del investigador.
-¿Qué tipo de estudios haz hecho a los saiyajin?
-De todo. Son tan ignorantes que no se dan cuenta de nada. Sólo quieren salir de aquí caminando para poder pelear de nuevo. Pero estoy seguro que el Gran Freezer se alegrará al saber esto: cuando un saiyajin incrementa su poder, ya no tiene necesidad de la cola.
-¿Cómo? –el soldado no pudo ocultar su sorpresa.
-Los saiyajin tienen la capacidad de incrementar su poder cuando están al borde de la muerte y luego se recuperan. Creo que fue por eso que ganaron la guerra contra los tsufurus. Usando el líquido curativo, les debió haber tomado sólo un par de años o menos ocupar un planeta como este. Suponiendo, claro, que sólo pelearan los de clase alta.
-¡Pero la transformación de Oozaru es la más poderosa! ¿Por qué su organismo querría deshacerse de ella?
-Cuando un saiyajin tiene un poder más elevado que la media, es decir, que su fuerza está más allá que los de clase alta, ya no tiene necesidad de la cola. Al parecer, su organismo o su instinto, digamos, sabe que ya no la necesita. Si el saiyajin alcanza esa fuerza sin necesidad de ser un mono gigante, es mucho más cómodo y práctico en una batalla. Es decir, el Oozaru es obsoleto para una raza que sólo piensa en pelear.
-Pero… si hasta al mismo Rey Vegeta seguramente le costaría deshacerse de ella…
-Así es, porque ya no le volvería a crecer. Sin embargo, dependería de él incrementar su poder más todavía. Lo cual, me hace pensar que simplemente tiene miedo. Ni él ni el resto sabe que en realidad la cola es un impedimento. Todos le tienen una fe ciega a ese apéndice.
-¿Y tu haz visto saiyajines sin cola?
-Sólo a quienes la pierden accidentalmente durante las peleas. Casi siempre son de clase baja, pero a los pocos días, les vuelve a crecer. O sea, que su organismo es todavía débil y el instinto les demanda esa "protección". Todo eso me lleva a la conclusión que, sabiendo esa técnica de la Luna Artificial, la conquista de este planeta sólo estuvo a cargo de un número menor de saiyajines, y que les debió tomar menos de dos años. Cada ocho sale la Luna en este lugar y tan sólo han pasado cuatro desde la última. Y por entonces, el Gran Freezer ya sabía que este planeta era de los saiyajin.
-Por supuesto… Todo encaja… Los miserables no nos entregan los datos precisos de esa guerra y le dan vueltas al asunto, diciendo que ni siquiera se dieron tiempo de organizarse ni nada por ser una guerra tan larga.
-Dicen que les tomó ocho años… Yo más bien diría que menos de tres. Concuerdo en eso de que los saiyajin no entienden de razones y son muy desorganizados, pero dígame: ¿entonces por qué tienen un Rey? Y eso nos lleva de nuevo a ese General Fangus ¿Por qué él precisamente controla todos esos datos? Fangus es un soldado de clase alta y supe que fue mano derecha del Rey durante la guerra…
-¡Pero ya no confía en él! ¡Lo sacó del palacio!
-Nadie asegura que ya no tenga un papel importante en la Corte, señor Zarbon…Quizás eso de ocultar datos fue orden del Rey… Además, los otros Generales hacen lo mismo: piden los datos y cifras con la misma justificación.
-¡Maldición! ¡Malditos saiyajin!
-Además, señor… eso no es todo.
Para alegría de Zarbon, el médico también quería contarlo todo.
-¿Qué otra cosa ocultan esos infelices?
-A parte de la guerra, su llegada a este planeta y una leyenda… ¿Qué le gustaría saber primero?
-Primero con su llegada a este lugar, luego la guerra y finalmente la leyenda.
El médico tomó asiento también. Durante todo ese tiempo la había pasado de pie. Una vez que se acomodó, continuó.
-Antes de continuar, debo advertirle que fue un saiyajin quien me contó todo esto. No pertenece a la élite, pero por su nivel de pelea, está a punto de serlo, aun saltándose el grado de General.
Se hizo un silencio en la habitación. Tanto Zarbon como los otros dos hombres estaban atentos a todo lo que decía el viejo médico.
Afuera de la Unidad Médica, también otro saiyajin estaba presto a escucharlo todo.
El General de la Base había vuelto más pronto que su tropa.
Festejaba mentalmente que a través de las planchas metálicas, el ruido del interior no fuese totalmente desvanecido.
O-O
Se sentía un poco humillado al observarse a distancia: el General de la Base espiando como un miserable soldado más, como un cobarde. Pero no tenía opción.
-Trataré de ser breve, señor Zarbon, porque la historia es bastante extensa:
Hace mucho tiempo, hubo un planeta lejano en donde vivieron los saiyajin. Era el planeta perfecto para esa raza, ya que la gravedad aumentada y conla salida de la luna llena muy frecuente, los saiyajin destruían a su voluntad por ser unos guerreros por naturaleza. Sin embargo, esa destrucción hizo que acabaran con su propio planeta, sin contar que el entonces guerrero legendario causó un verdadero caos mientras vivió en aquel lugar. Además de que los saiyajin mismos perdían el control al hacerse Oozarus.
Sin embargo, los saiyajin también creaban tecnología, quizás un poco menor a la de los tsufurus, pero era lo suficiente como para hacer naves espaciales. Hasta cuando su propio planeta terminó por colapsar, los pocos sobrevivientes lograron huir de la explosión, sin embargo, fue esa explosión la que terminó por dañar a la nave y vagaron sin rumbo por el espacio. Hasta que un día, y luego de que casi morían por inanición, la nave cayó al planeta Plant, habitado por los tsufurujin.
Los tsufurus, que eran numerosos e inteligentes, examinaron la nave dañada y acogieron a los saiyajin en su planeta. Pero los mantenían aislados, totalmente marginados, obligándolos a vivir en las zonas desérticas, pues se percataron de la gran fuerza que los saiyajin poseían.
No les importó que hubieran unos cuantos saiyajin con inteligencia superior al resto, simplemente los tsufurus decidieron no relacionarse con la raza guerrera. Los saiyajin sintieron ese resentimiento, transformándolo en odio. Rencor que les hacía ser violentos y tener como objetivo destruir lo que les rodeaba aun peor que su propio planeta y con los años, se olvidaron definitivamente el conocimiento que alguna vez tuvieron sobre sí mismos, remplazándolo con su orgullo y apatía hacia cualquier otra especie y aun entre ellos.
Los tsufurus descubrieron que los saiyajin sufrían una metamorfosis monstruosa cada ocho años, que era cuando la Luna Llena aparecía sobre el Planeta Plant y he ahí que surgió otro problema para ambas especies:
Los saiyajin que empezaban a revelarse, atacaban las ciudades tsufuru sin mucho éxito, ya que eran muy pocos los que iniciaban un intento de invasión por falta de organización.
Los tsufuru, que se suponía, eran pacíficos, comenzaron a desarrollar armas más potentes para prevenir las posibles rebeliones, valiéndose además de rastreadores, que medían los niveles de poder de los saiyajin con precisión y en base a eso, usaban armas potentes. Pero nada de eso servía a la hora de enfrentar a uno o varios Oozarus. Lo único que podían hacer en ese caso era esperar el amanecer.
Además, los tsufuru se quedaban con los saiyajin heridos para analizarlos y gracias a eso, hicieron un gran descubrimiento: al cortarles la cola, antes de que la Luna apareciera, la transformación no se efectuaba. Sin embargo, pasados algunos días, les volvía a crecer.
La raza de genios también supo que si se les sujetaba de la cola a los más débiles –como a los prisioneros de guerra-, perdían su fuerza. En base a esas dos prevenciones, los tsufuru comenzaron a plantearse si la utilidad de los saiyajin en el planeta sería más ventajosa para ellos. En otras palabras, usar a los saiyajin como esclavos era una teoría cada vez más cercana y posible.
Por su parte, los saiyajin más astutos e inteligentes mezclaron su sangre con los más fuertes de su raza, pasando ese conocimiento sobre su propia especie sólo a una pequeña élite de descendencia, quienes se dieron a la tarea de crear una técnica capaz de suplir a la Luna Llena, además de crear estrategias de ataque y de no perder el control cuando fueran Oozarus. Fue una gran ventaja que la gravedad del planeta Plant no les afectara y conforme pasaron los años, el resultado fue como esperaban.
Varios años después, una vez que la organización fue concluida y guiados por quien se autonombró Rey –por tener más fuerza e inteligencia que el resto- iniciaron el ataque.
Zarbon escuchó todo atentamente. Luego de un rato de silencio, preguntó:
-¿Eso quiere decir que ellos ya sabían todo sobre los tsufuru?
-Absolutamente todo, señor Zarbon. Quizás lo que les tomó más tiempo fue viajar de una ciudad a otra y el hecho de que las ciudades estaban muy pobladas. Los tsufuru ganaban en población, pero los saiyajin los superaba en fuerza. Eso se comprueba al ver los paisajes de este lugar: aun no se repone la flora y la fauna por la destrucción de las armas usadas por los tusufus al verse desesperados.
-En cuanto a la guerra… ¿entonces pelearon todos los saiyajin?
-Es probable, señor.
-Bueno, como ya me haz contado lo de la guerra, cuéntame sobre esa leyenda. Acabas de decir algo de un "guerrero legendario" ¿de ese ser se refiere el mito?
-En realidad, la leyenda es muy simple, señor Zarbon: cada mil años, un saiyajin nace para destruir y matar a todos sin que nadie lo pueda detener. Se dice que es extremadamente poderoso. No pude averiguar más, pues nadie sabe cómo es ese guerrero físicamente. Quizás por eso se reúsan a deshacerse de su cola… Aunque como ya le dije, quitárselas incrementaría más su fuerza.
De pronto, Zarbon se sorprendió al envolverse en sus propias cavilaciones.
-¡¿Y no sabes si ya es tiempo de que nazca un nuevo "guerrero legendario"?!
-No lo sé, pero por otra parte, no creo que nazca en mucho tiempo.
-¿Por qué? ¿En qué te basas para decir eso?
-Señor… sólo le diré: cuando usted o el Gran Freezer vean a un saiyajin sin cola que tenga un poder igual o mayor que el de un clase alta, mátenlo inmediatamente. Y para que eso suceda, pasarán muchísimos años.
-¿Estás seguro de lo que dices?
-Totalmente, señor. En cuanto a los que poseen poder oculto, también es recomendable matarlos, pues podrían mezclar su sangre con los primeros y su eso continúa, pronto nacerá…
-El guerrero legendario… ¿y quien fue el que te contó todo esto, Malaka?
-El Teniente Kale.
O-O
Un ruido al otro lado de las puertas de la Unidad Médica hizo girar la cabeza de Zarbon. De inmediato se levantó y caminó directo a las planchas metálicas, exclamando:
-¡Con un demonio, alguien lo escuchó todo! ¿Quién anda ahí?
Appule, aunque fuese médico como especialidad, también era un guerrero, así que lanzó un ataque de energía, lo que desató una nube de humo al derribar las planchas metálicas. Oportunidad que usó Fangus para alejarse. Cuando estuvo a una distancia prudente, levantó el vuelo, alejándose de la Base.
-¡Appule, eres un imbécil! ¡Vamos tras él! –exclamó Zarbon, totalmente furioso.
O-O
La desesperada carrera al Palacio Real había empezado.
Fangus se arrepintió de haber reportado su presencia en el registro de la Base. Como aun seguía sola, no esperó encontrarse ahí con Zarbon. Ni siquiera sabía que aquel había llegado al planeta Vejita momentos antes que él.
-¿De qué diablos sirve que sea aliado de Vegeta si no me advierte sobre esto? –pensó con enojo.
Si bien era cierto que le ocultaba información al Rey en algunas ocasiones, al menos podía decir que sus motivos no eran provechosos para sí mismo, sino colectivos.
Pero ya era tarde para hacer algo. Ahora Freezer lo sabía todo eso. Todo lo que Malaka había dicho, él mismo se lo había contado al único guerrero que creyó tener de él su lealtad al saber que pronto ocuparía un puesto en el Palacio Real.
-¡Maldito Kale! ¡Te mataré yo mismo en cuanto te tenga delante! –gruño interiormente.
Aumentó la velocidad, pero su rastreador le hizo saber que dos presencias lo seguían y que uno de ellos se había desviado, tomando un atajo al Palacio.
Se quitó el rastreador para destruirlo. Luego, tocó tierra un momento, para perder al persecutor. Aun faltaba bastante distancia para llegar al Palacio.
-Esperaré sólo un poco a que se vaya ese infeliz. Quizás crea que regresé a la Base. Este no es el único camino para llegar con Vegeta.
Un par de minutos pasaron. Mientras esperaba ver a Zarbon alejarse, se había refugiado en unas ruinas y avanzaba velozmente por en medio de estas, no dejaba de pensar.
-Sólo era cuestión de tiempo para que lo supieran. Además, a sugerencia mía, Vegeta no le dijo a Freezer cuántos soldados éramos ni cómo se realizaron los ataques. Aun así, Kale no sabe que en la guerra no participamos todos los saiyajin y que en realidad, hubo muy pocas bajas de nuestro lado.
"Sin embargo, es seguro que todo esto nos llevará a que los saiyajin desaparezcan; Freezer no correrá riesgos. Vegeta debe entender que es más importante mantenernos unidos y atacar a Freezer de una buena vez. Pero su ambición no le deja ver más allá de ocupar el puesto de ese demonio."
"Nunca entendió eso; nunca se ocupó siquiera en sacar de la ignorancia a toda la raza, prefirió que sólo los saiyajin aprendiéramos a pelear sin sentido cuando nuestro potencial puede ir más allá. Prueba de ello es él mismo, con años de conocimiento en las peleas que fueron pasadas de generación a generación y compartir el conocimiento conmigo y a otros tantos, logramos vencer a los tsufuru sin problemas"
Y esa reflexión, le trajo a la memoria una charla que mantuvo con el Rey años atrás; el macabro día de la alianza entre los saiyajin y el tirano espacial y crearon el pacto.
-Vegeta, piénsalo bien. No debes tomar esto a la ligera. No sabemos las verdaderas intenciones de ese tipo…
-Freezer nos dará lo que necesitamos para expandir el dominio de los saiyajin. Seremos un ejército mayor en poco tiempo: en número y fuerza.
-Escucha, traté de investigar más de Freezer, pero todos sus hombres viven presa del miedo, además de que esos dos, Zarbon y Dodoria, no dejan de vigilarnos. Dime, si a todos esos soldados que están a su servicio les hizo la misma promesa, ¿por qué están tan sobresaltados? ¿Qué debemos temer de Freezer? Y nosotros, si se supone que tu eres nuestro Rey ¿en qué papel quedarías si trabajamos para él? ¿A quién debemos obedecer?
-Todas esas preguntas son estúpidas ¿tu crees que permitiré que eso suceda, Fangus? Ya te lo dije, nosotros los saiyajin no somos esclavos de nadie.
-Pero lo seremos si aceptas. ¡Abre los ojos, Vegeta! Además, si sólo te han propuesto la unión de nuestros soldados, ¿te ha dicho el canalla qué pasará si te niegas?
-¡No hay nada que temer! Además, Freezer me aseguró que si no aceptamos, se irá y nos dejará en nuestro planeta. ¡No debemos desaprovechar esta oportunidad! ¡No voy a detener mis planes por tus preguntas absurdas!
-Está bien, haz lo que quieras. Después de todo, tú eres el Rey. En otras palabras, el entero responsable de lo que le suceda a nuestra raza y al planeta. Recuerda que yo jamás estuve de acuerdo con todo esto y que Freezer no tardará en tratarte como un gusano más de su ejército, pero para entonces será tarde, porque le temerás a su ira. Una ira que jamás te molestaste en descubrir los límites.
-Eras mi mano derecha, Fangus, pero veo que estas totalmente en mi contra. Fuiste muy útil para que la guerra fuera rápida y por tal, aun ocuparás un buen cargo. Pero fuera de mi palacio.
-Justo lo que esperaba escuchar. Quiero estar lejos cuando ese infeliz pise el planeta Vejita…
-Sin embargo –continuó el Rey, sin hacer caso de las palabras del soldado-, te quiero cerca para llevar el control absolutos de los soldados. Los de élite y tú serán iguales, pero a ti, que aciertas en todo menos en el destino del planeta, tendré cargos especiales. Mi confianza en tu persona no ha aminorado.
-No sé si sentirme ofendido o agradecido por tales palabras, pero no cambiaré mi postura. Me retiro, "Su Majestad".
Después de ese encuentro, Fangus no había vuelto a tocar el tema y se limitaba a obedecer, sólo que a su manera.
Y ahora tenía que intentarlo de nuevo.
O-O
Llevaba un buen tramo de camino avanzado, corriendo ahora por un bosque seco, con una expresión de preocupación en su rostro.
-¡Detente inmediatamente, Fangus!
Zarbon le había alcanzado. Ahora estaba de pie ante él. El General se detuvo, sin dejar de dirigirle una mirada tranquila, ocultando su odio.
-¡Escucha, sabandija estúpida! –continuó Zarbon, aproximándose a él- ¡Ahora tienes una valiosa información en tu cabeza y es necesario que nadie lo sepa!
-¿De qué estás hablando?
-¡No te hagas el inocente conmigo! –Zarbón levantó su mano derecha y dio un terrible golpe al estómago de Fangus-. Cuando digo que nadie debe sábelo, es que "nadie con vida" debe saberlo, ¿entendiste?
-Ahh… aaah… -se quejó Fangus como respuesta.
-¡Levántate! ¡Rata escurridiza! Tal vez te perdone la vida si me dices lo que quiero saber…
-Yo… no… sé… nada…
-Tú sabes mucho más de lo que aparentas. El Gran Freezer no se cree ese cuento de que lograron ganar la guerra a los Tsufurujin en ocho años. Sólo a los imbéciles les tomaría tanto tiempo pelear ante enemigos tan débiles. Supimos que entre Vegeta y tu organizaron al resto de los monos y extrañamente, cada vez que queremos saber el total de soldados saiyajin y tsufurus, apareces tú, como si tu llevaras la cuenta y métodos de los que se valieron. El engreído de Vegeta ha dicho que tú eres el responsable de esos datos, ya que confía mucho en ti. Así que dime: ¿ese tal Guerrero Legendario está entre ustedes? ¿Cuántos soldados hay en realidad de clase alta? ¿Qué otra tecnología de los tsufurus están ocultando?
-No… estamos… ocultando… nada… -exclamó el General, aun reponiéndose.
-¿Nos crees estúpidos? ¡Hablarás ahora o te mataré!
Cuando Fangus recuperó un poco más el aliento, habló:
-¿Sabes, Zarbon...? Antes de ser soldado de Freezer, soy un saiyajin… Los saiyajin no somos esclavos de nadie… Tal vez deslumbraron a Vegeta y al resto de nosotros con la promesa de expandir nuestro territorio… pero yo jamás me creí ese cuento… Por eso… por eso le dije a Vegeta que no les confiara esos datos a ustedes…
-Respuesta incorrecta, Fangus… -dijo Zarbón, comenzando a cargar un ataque de energía.
- Acepto morir a vivir en la esclavitud…después de todo... algún día se sabrá esto y Vegeta entrará en razón. Jamás tuve la fuerza necesaria para matarte, pero leo en tus ojos que morirás en manos de un saiyajin… al igual que Freezer…
-¡Cierra tu maldita boca!
-¡Teme a los saiyajin, Zarbon! ¡El universo jamás quedará libre de ellos!
-¡Cállate!
Zarbon alzó su mano derecha y lanzó la poderosa energía que desintegró de inmediato el cuerpo del guerrero. Pero segundos antes de quedar reducido a polvo, susurró para sí:
-Cambia el destino, Bardock… Hijo…
O-O
Con el General fuera del camino, Zarbon ya no corrió riesgos. Debía marcharse del planeta Vejita de inmediato.
-Appule, llama a tu nave. Despega y ve a la Base donde está el Gran Freezer –comunicó por el rastreador.
Aquel obedeció de inmediato sin hacer preguntas. Ya casi había llegado al Palacio Real en ese momento, pero comprendió que su superior había controlado la situación.
Zarbon llegó al Palacio poco tiempo después. El Rey Vegeta lo recibió desde la Cámara de Audiencia, sentado en su trono. Sin embargo, el guardaespaldas de Freezer le pidió una entrevista aun en privado, sin que nadie de los presentes pudiese oír lo que tenía que decirle.
Se trasladaron a un salón más pequeño y cuando se sintió seguro, el Rey tomó la palabra:
-¿Quién demonios te crees para darme ordenes, infeliz?
Como su interlocutor se sintió más confiado, le espetó:
-Vegeta, tú y yo sabemos la realidad de las cosas. Pero no estoy aquí para eso. Te propongo un intercambio…
-¿A qué te refieres? ¡Yo no negocio con un soldado!
-Te conviene escucharme… Hace un momento, tu "aliado" Fangus murió.
-¿Qué?
-Así es. Ese debilucho entrometido se metió en los asuntos del Gran Freezer… y por eso Su Majestad me envió, para saber exactamente lo que estaba pasando. Pero lo que descubrí iba más allá de lo que pensaba, pues Fangus me dijo prácticamente que toda la información que ocultaba era por tus órdenes. El Gran Freezer considera a eso una traición.
El asombro del Rey fue sustituido por la ira. Zarbon continuó:
-Pero descuida. Yo sé que tú no serías capaz de guardar secretos tan graves. Tu raza no estará en peligro si escuchas lo que tengo que decirte: Yo volveré con el Gran Freezer y le diré que era Fangus quien había cometido esa traición y que tú no tenías nada que ver, ya que incluso a ti te ocultaba cosas. Lo que tienes que hacer, es decir que Fangus se suicidó ante ti y que tú desintegraste su cuerpo. Eso es todo.
O-O
Humillación por partida doble. Lo peor que le podía pasar al Rey de los saiyajin era ser humillado por un esbirro de Freezer.
Ya era tiempo de tomar la situación en sus manos, de hacer que la orgullosa familia guerrera tomara el verdadero control a partir de ese momento.
A la mañana siguiente de que Zarbon se fuera, el Rey pasó el día en completa soledad en una sala del Palacio. Había tomado más de una determinación, pero antes de dar cualquier paso, debía retirar a los eslabones débiles. Por las buenas o las malas.
Hizo llamar a Rossechina, la madre del Príncipe. En pocos minutos, la guerrera se reunió con él a solas.
-¿Me llamó, Su Majestad? –dijo la joven. En su voz se notaba el marcado resentimiento y odio hacia el padre de su hijo.
Aquel, por su parte, atento a ese rencor, respondió con indiferencia.
-Tus servicios aquí han terminado. Vete de mi Palacio.
Servicios. Como si ser madre fuese un negocio. Como si el vínculo que ella y su hijo habían forjado en ese tiempo tuviese una fecha de caducidad. Alejarse de él ahora, cuando ya lo consideraba una parte de ella a pesar de prometerse no quererlo, le iba a pesar. Por primera vez en su vida, amaba y quería proteger a alguien más.
La guerrera dijo entonces rápidamente:
-No hay necesidad de eso, señor. Yo me haré cargo del Príncipe como hasta ahora. Además, él aprende de mí muchas cosas útiles…
-Eso es lo que me preocupa –interrumpió el Rey-. No es útil nada de lo que el Príncipe pueda aprender de un mediocre y despreciable soldado de clase baja. Ya asigné a un soldado de la Guardia para que esté al pendiente de él. Además, a partir de ahora, yo personalmente me encargaré del entrenamiento del Príncipe. Retírate.
Rossechina se dio la vuelta. Y antes de salir dijo lo suficientemente alto como para que el Rey la oyera:
-Es una lástima que mi hijo aprenda ahora de un cretino a ser un guerrero de verdad…
No estaba dispuesto a pasar por otra humillación. El Rey detuvo a la guerrera con un grito mientras se aproximaba a ella.
-¡¿Qué acabas de decir, maldita insolente?!
La joven se giró al Rey, con una sonrisa furiosa en su rostro.
-Lo que escuchaste. Y es la verdad.
El Rey levantó una mano para propinarle un severo golpe a la guerrera en el rostro. Debido al impacto, Rossechina cayó al suelo.
-¡No me vuelvas a hablar de esa manera, mujer estúpida! ¡Aprende a respetar a tu Rey! –dijo aquel, aproximándose a ella para luego levantarla, tomándola de los largos cabellos de ébano.
Ella recibió otro golpe en su estómago para que después, él la depositara en el suelo pesadamente.
Momentos después, Rossechina se puso de pie. La voluntad de la guerrera era más fuerte que cualquier cosa en el universo.
Y se lanzó contra él, pero su puño fue detenido por la mano del Rey, quien tomó la suya con gran fuerza. Ella trató de zafarse y sólo lo consiguió dando una patada con todas sus fuerzas en el estómago del Rey.
Aquel por fin la soltó. Retrocedió un poco por el dolor pero no iba a permitir que ella se diera cuenta de que le había hecho daño. Le sonrió sínicamente.
-Debo de terminar con todo esto de una buena vez- pensó el Rey-, de otro modo, esa miserable sacará ese poder oculto que tiene y complicará más las cosas…
-¡Maldito seas, Vegeta! –Rossechina estaba furiosa. No había bajado la guardia.
-Traidora…
El Rey comenzó a cargar un ataque de energía en su mano derecha mientras sus ojos estudiaban los posibles movimientos de ella.
-¿Piensas atacarme con eso? No servirá de nada…
Confiada en que lanzaría esa energía, Rossechina no esperaba que el Rey, con rápidos movimientos, llegara hasta ella y le diera un golpe en la cabeza con el puño de la mano izquierda. Aquel impacto brutal la arrojó varios metros, dejándola seminconsciente.
-Por eso siempre fuiste débil... ¡Pagarás caro esa estupidez!
El Rey, usando esa misma velocidad, se acercó a ella, aun con la fuerte energía cargando en su mano.
-Ya no correré más riesgos. ¡Muere!
Y lanzó aquel ataque. El cuerpo de la guerrera quedó pulverizado en un segundo. El Rey sonrió satisfecho.
-Y ahora, ¡que comience el entrenamiento del Príncipe!
Se giró en dirección a los aposentos de su hijo, pero una sombra detrás de uno de los pilares de la sala lo paró en seco. Era una sombra pequeña, inmóvil, silenciosa…
-¡Príncipe!
El Rey se acercó a su hijo lentamente. Aquel, retrocedió un par de pasos. En su pequeño y pálido rostro se iba dibujando lentamente el miedo. Hasta entonces, era la primera vez que veía un asesinato: el de su propia madre.
-Príncipe, acércate. Tengo que decirte algunas cosas…
El Príncipe no se movió. Sus ojos seguían fijos en el Rey.
-¡¿No piensas obedecerme?! ¡He dicho que vengas!
El trueno de su voz heló la sangre al pequeño, que se quedó como clavado en su sitio. De nuevo, el Rey caminó un par de pasos hacia él. La palidez del Príncipe fue extrema.
-¡Maldito chiquillo! –maldijo para sus adentros- ¡Pero aun no es tarde para entrenarlo correctamente!
Se giró un poco sin dejar de mirar a su hijo, el cual había caído en una especie de mutismo severo.
-¡Soldado Nappa! –llamó.
Segundos después, aquel entró.
-Ordene, Rey Vegeta.
-Lleva a mi hijo al Laboratorio Central.
-¿El que aun queda de los tsufuru?
-Si. Pero escúchame atentamente. Irás por dos doctores del Gran Freezer y les ordenarás que te acompañen y luego, harán funcionar la máquina MRS-20 en el Príncipe a penas lo suficiente como para que pueda ser como antes.
-¿Cómo antes, Señor…?
Nappa miró al Príncipe. El pequeño había caído de rodillas ya sin expresión en su rostro. Iba a preguntar lo que le había ocurrido a Rosicheena y al infante, pero de golpe, lo comprendió todo.
-Luego de que terminen, harás jurar a esos doctores que no dirán nada a nadie. Ni siquiera al Gran Freezer, pues este es un asunto muy efímero para él. Tú también deberás guardar silencio, Nappa. En cuanto a Rosicheena, simplemente desapareció.
-Como usted ordene, señor.
Nappa tomó al Príncipe y cumplió de inmediato las órdenes.
A partir de entonces, el Príncipe había olvidado la muerte de su madre en manos de su progenitor. Siempre creyó que ella se había ido al otro lado del Planeta Vejita a cumplir deberes de soldado. Tiempo después, también creyó que había muerto en la posterior explosión de su planeta natal, al igual que toda la especie…
O-O
Zarbón había llegado con el Gran Freezer.
Hizo jurar a Appule que no diría nada de lo que había visto en el planeta Vejita y al reunirse con Su Majestad, descubrió que aquel ya había leído los informes de Malaka.
Y ante su sorpresa, lejos de perturbarse, el Gran Freezer le pareció divertido.
Además, quería ver qué tan fuerte resultaba ser con el tiempo el Príncipe saiyajin. Podría conservarlo como guardaespaldas, soldado o trofeo.
También, para terminar de humillar al Rey Vegeta y hacerle ver que la autoridad única era él, le quitó la autoridad sobre los escuadrones de clase baja.
Hola.
¡Gracias por leer! :D
Se aproxima el final de esta historia, jeje.
¡Hasta luego!
