Capítulo 6

Harry estaba contento y se notaba en su sonrisa. Su majestad le llamaba todas las noches a su cama para envidia de sus compañeras de harén, para él era una buena señal, sin duda alguna el rey le estaba perdonando, si se dejaba llevar por los regalos y los detalles que Severus estaba volviendo a tener con él, pensaba acariciando con sus manos el fino kimono que el rey le había mandado al harén ese día para que lo usara esa noche, pues le había vuelto a llamar. No solo lo llamaba cada noche, si no que lo hacía en sus propias habitaciones, no en la habitación que usaba en el harén.

Hablando de habitaciones, Harry amaba las suyas, como el favorito del emperador, lo habían movido a unas nuevas y lujosas habitaciones más privadas y grandes solo para él. Si, sin duda, Severus lo estaba perdonando, estaba convencido.

Una chica de cabellos negros y ojos rasgados bastantes acentuados le miro de arriba abajo en la entrada de su habitación.

- No veo porque la felicidad... Solo eres la mitad de un hombre, por eso es que al emperador le gustas, nada mas eres un objeto - dijo con voz cizañosa la mujer.

-Puede que sea la mitad de un hombre como tú dices, pero soy su favorito, ninguna de ustedes se compara conmigo Chang- le dijo Harry fríamente, no se dejaría humillar por una ardida que solo estaba celosa de las atenciones del rey para con el- Es a mí a quien llama todas las noches a su cama... a ti ni te mira- le pico dándole la espalda a la mujer.

-Hay menso yo si puedo darle a nuestro señor algo más que un culo prieto- dijo la mujer herida en su orgullo de mujer - Un hijo, algo que jamás tendrás, en apariencia eres una mujer, solo una mujer, pero realmente no eres una... Solo eres una mitad de hombre que no sirve para nada.

-Mira Chang, mejor lárgate de mis habitaciones o te arrancare los ojos- le advirtió Harry entornando los ojos aburridos de la envidia de la morena.

Cho Chang, concubina del emperador, sonrió malamente y luego se fue a sus propias habitaciones mucho más pequeñas que las del favorito. Ese maldito se las pagaría... Claro cuando Harry fue a bañarse en esencias y rosas, el kimono, regalo del emperador, desapareció de su cama.

-Minerva-sama le juro que el kimono estaba en mi cama- le dijo Harry agitado, el emperador quería verlo con el kimono esa noche, se lo había regalado para que lo luciera para él. Minerva Mcgonagall era una de las encargadas del harén.- Alguien lo tomo- aseguró sin asomo de duda.

La estricta mujer miro a Harry

-¿Seguro lo dejaste aquí Harry? El emperador se enojara si no vas con el kimono nuevo que mandó de regalo- le dijo la mujer mayor lo que él ya sabía.

-Sí, se lo juro Minerva, alguna de estas brujas lo tomo, sabe que están celosas por que el emperador me llama todas las noches, ayúdame nana usted sabe todo lo que he trabajado por esto, el emperador no se puede enfadar conmigo- suplico

-Hay muchacho- dijo suspirando y mandando a revisar todo el harén. Pero una hora después no había nada.

-Se va a enojar conmigo- se dejó caer sentado Harry revolviéndose su largo cabello agotado.- No es justo nana, todo estaba tan bien entre nosotros.

-Mi pequeño muchacho, te mandaré con un kimono parecido... y que Dios espere que el emperador tenga tantas ganas de quitártelo que no lo note- le animó la vieja mujer.

Harry suspiró esperando tener suerte, aunque sin muchas esperanzas, el emperador nunca lo desnudaba por completo. Se dejó arreglar por sus sirvientas del harén, claro que ninguna lo maquilló, el emperador odiaba que le maquillaran, aun así se esmeraron en tener su piel suave y limpia y su pelo pulcramente arreglado... tarea nada fácil esta última.

-Vamos muchacho- dijo Minerva conduciéndolo hasta la habitación de su majestad.

Harry la siguió con su mirada fija en el suelo y sus manos juntas frente a el hasta las habitaciones del emperador, donde esta llamó esperando la autorización del rey para entrar.

La puerta se abrió y el emperador miro a Harry de arriba abajo con sus ojos negros profundos.

-¿Y el kimono que le mandé?- cuestionó el rey.

Minerva sudo frio, no habían tenido suerte.

-Su majestad, le mandamos con otro kimono para conservar su regalo para otra ocasión especial- dijo la estoica mujer con su mejor cara de poker.

Harry sufrió un pequeño temblor cuando el rey preguntó por el kimono perdido, aun así levantó su cabeza para encarar al rey. Iba a decir la verdad, que se lo habían robado, cuando MInerva hablo así que solo se quedo callado y volvió a bajar su cabeza en silencio, al menos la mujer sabía mentir.

El emperador miro seriamente a Minerva.

- Mande a que le vistieran con esas galas hoy- dijo serio – Tsk, mañana quiero verle vestido de esa forma ¿entendido Minerva? o serás azotada en vez de él- su voz era fría y penetrante y jaloneo a Harry dentro de la habitación.

-Su majestad-susurro-Por favor no castigue a Minerva por mi culpa-le pidió en un susurro bajo.

-Tú no te metas, no tienes voz, ni voto, ni opinión- le dijo serio empujándolo en la habitación cerrándole la puerta en las narices a Minerva.

-Lo siento su majestad- se disculpó de inmediato.

-Grgrgr- le gruño – Anda, sírveme sake.-le ordeno.

-Si su majestad- se apresuró a hacerlo arrodillándose a su lado para servirle cuando él se sentó-¿Por qué de tan mal humor? ¿Un día pesado mi rey?- preguntó con suavidad.

-Bastante, las huestes del norte viene con ganas de arrasar todo y Reg... alguien que aprecio esta allá- le explico.

-¿Quiere un masaje? Puede platicarme sobre el asunto, no puedo hacer nada pero tal vez hablar de eso le ayude a quitarse algo de peso de encima- le dijo con suavidad.

-Un masaje no estaría mal- le dijo cerrando los ojos y lanzando su cabeza hacia atrás, dejando que los mechones negros se fundieran con las almohadas de colores oscuros.

-¿Así está bien su majestad?- sonrió Harry masajeando la tensión en su espalda y sus hombros.

-Sí, así está bien Harry- dijo calmándose bajo las manos mágicas y pequeñas del maldito chico.

-Su placer es el mío mi rey- sonrió sinceramente al sentirlo relajarse bajo su toque, para él significaba un mundo, sentía que el rey volvía a confiar en él- Me gustaría poderlo ayudar-suspiro-pero no hay nada que pueda hacer.

-No, no hay nada más que hacer, solo eres una chica- dijo alejándose del contacto de Harry, que le producía de nuevo ese vacío en el estomago - A la cama - le ordenó para que su remordimiento bajara o aumentara, según se viera.

-Si su majestad-obedeció de inmediato sin ofenderse, el emperador era así, pero él sabia que poquito a poquito estaba haciéndose su lugarcito en el corazón del emperador de nuevo, sabía que le iba a perdonar; lo sabía, lo sentía flaquear con cada regalo.

Severus se quito el cinto y alzó el kimono, buscando el pequeño agujero de su Hosoka. Claro, y aun a pesar de tantas veces juntos, Severus se negaba a mirar las consecuencias de sus actos, se negaba a ver como había dejado a Harry y se negaría siempre mil vidas.

-¿Su majestad?- preguntó ladeando la cabeza al sentirlo dudar sin penetrarle, en la entrada de su culo.

-Cállate-le ordeno sosteniendo su erección que simplemente fue bajando con la rapidez con la que baja una nube de agua -¡Demonios!

Harry guardo silencio extrañado por la actitud del rey. ¿Sería por lo del kimono?

-Largarte- le ordeno Severus enojado, no quería verle allí, no quería sentirse culpable de sus actos, de que había rebajado a un chico digno de un guerrero a ser una chica, y no una chica cualquiera, si no una chica del harén que por obligación debía abrirle las piernas - ¡Largo ahora!

-¿Su majestad?- se levantó completamente desconcertado- ¿Que hice su majestad?- preguntó realmente asustado de haber metido la pata.

-¡Largo ahora!- le jaló empujándolo -¡Llévenlo al harén! - le ordenó a sus dos Hogoshas de guardias empujando a Harry hacia ellos.

Harry se dejo llevar al harén completamente confundido, era la primera vez que el emperador le enviaba de vuelta sin haberlo usado. Una vez en sus habitaciones privadas no pudo contener el vomito que le subió por la garganta.

Chang sonrió cuando le vio entrar asustado, sin siquiera notarla, mientras iba a sus habitaciones del harén, sabía que el emperador no podía fijarse en una poquita cosa como era Harry Potter... que en si verdaderamente, ya no era nada más que solo un castrado impotente.

-Oh cielos, esto no puede estar pasando- dijo Harry sintiéndose fatal, no podía perderlo todo cuando había estado tan cerca.

Mas la noche paso con el pobre Harry lamentándose contra la almohada por la extraña experiencia con su emperador. A la mañana cuando al fin logro quedarse dormido Harry tenía algo de fiebre por lo que su eunuco se apresuro a avisarle a Minerva, asustado de que le pasara algo a Harry, sabía que si algo le pasaba al de ojos verdes por culpa de alguno de ellos el emperador los destriparía.

Apenas se escuchaba el zapatear de los zapatos de madera de Minerva contra la madera fría de los pasillos del harén, para cuando llegó tomó la temperatura del chico.

-Llama ahora a Remus Lupin- le ordenó al eunuco.

Harry abrió sus ojitos afiebrado cuando sintió la mano fría de Minerva en su frente mientras el eunuco corría por el doctor Lupin.

–Me odia nana, me odia, no sé que hice- susurro roncamente afiebrado, Minerva había sido la encargada de entrenarlo en el suave arte del actuar de una dama.

-Shh ya pequeño, no fue tu culpa...- dijo la mujer comenzando a colocar paños húmedos en la carita roja y afiebrada del pequeño.

-¿Qué sucede?- preguntó Remu al entrar acercándose a la mujer mayor y a Harry con su maletín en la mano, el eunuco le había advertido que lo llevara.

-Está demasiado afiebrado doctor- dijo la mujer.

-Déjame revisarlo- le pidió Remus espacio y estuvo un buen rato atendiendo a Harry palpándolo, incluso le quito las mantas y el kimono cada vez más serio.- Minerva, ¿con que habéis tratado a Harry desde que llego a este harén?- preguntó muy serio.

-¿Tratado de qué?- le pregunto, pero recordó las hiervas - El emperador lo ordenó doctor Lupin, debía ser como una mujer, nosotros solo cumplimos ordenes lo mejor que pudimos.

-¿Le disteis eso verdad?- pregunto serio mirando a la mujer mayor a los ojos y ella sabía de lo que hablaba, Remus y Sirius también habían considerado los antiguos brebajes para cuando les tocara, lo que no se ponían de acuerdo era en quien de los dos los tomaría.

-El emperador lo ordenó y el boticario Dumbledore dio su aprobación- se levantó Minerva paseando por el cuarto.

-Bien, entonces anúnciale al emperador y a la corte que está embarazado Minerva- le dijo Remus frunciendo el entrecejo, tenia la leve impresión de que Harry no sabía nada de lo que le había dado, ni Harry ni Sirius, y no le parecía bien que le hubiesen administrado los antiguos brebajes sin al menos informarle al chico lo que le daban y lo que podía pasar.

-¿Ahora? El emperador esta como serpiente enjaulada en un terrario desde ayer.

-No le dijiste nada ¿verdad? Harry ni siquiera tiene idea de lo que le habéis hecho sin su permiso ¿verdad?- le preguntó Remus desaprobatoriamente.

-No- se levanto la institutriz – Seguimos ordenes, no más Remus, como todos. Como tales debemos obediencia al emperador y si eso deseaba crear en Harry, que así fuera- se negó a sentir remordimientos la dama.

-No sin su permiso, cuando nuestros antepasados crearon eso, cuando nos dejaron los pergaminos con las formulas para permitir a un hombre crear vida en su interior, para que dos hombres pudieran amarse libremente no lo hicieron para esto-dijo señalando a Harry, quien afiebrado ni le entendía, estaba más adormilado que nada- No lo hicieron para que se las dieran a alguien sin su conocimiento.

-¡Era orden de su majestad!- le dijo indignada- Era una orden directa, no podíamos negarlo. Él ordeno que Harry fuera "Harriet" y así lo hicimos- se defendió.

-Tengo la leve impresión Minerva de que el emperador no se refería completamente a esto- suspiró Remus aunque no podía culpar a la mujer, ella no había hecho más que su trabajo.

-Pues es la orden del emperador y así fue ejecutada, y si Harry ahora puede concebir será perfecto, ya que ese es su cometido, es una de las concubinas del emperador-le recordó la mujer.

-¿En realidad crees que el esta psicológicamente preparado para afrontar el estar embarazado por medios que seguramente ni conocía?- le preguntó Remus acariciando la cabeza del ojiverde que se había quedado dormido a causa de la fiebre.

-No- admitió Minerva -¿pero ya no hay nada que hacer verdad?

-No, supongo que ya no, solo explicarle la situación a el... y al emperador-suspiró Remus rezando internamente porque todo saliera bien, temía la reacción de Harry pero aun más la de Severus

-El emperador estará contentó-miro a Remus - Creo… ¿verdad?

-Esperemos que si, Minerva, esperemos que si- dijo Remus levantándose- Dale estas hiervas con su té, son para la fiebre y no le harán daño al feto- le entregó a la mujer- Iré a hablar con Sirius, él es el más indicado para darle la noticia al rey.

-Está bien, yo cuidare de él -miró su vientre- y si es varón el bebe que espera, del heredero de su majestad- debido a que las demás mujeres solo le habían dado niñas, en efecto, el reino carecía aun de un heredero.

-Si es varón entonces este reino tendrá un heredero- le dijo Remus levantándose y saliendo.

Minerva solo vio la puerta cerrarse y suspiró, esperaba que en efecto esta nueva situación no acabara con el pequeño Hogosha. Acaricio sus cabellos y suspiro, pensando que tal vez, solo tal vez, ella y Albus se habían equivocado al tergiversar las ordenes del emperador, era consciente que en sus gritos y dolor el emperador no pensaba ni razonaba, pero Albus había insistido en que tal vez Harry era la única opción de un hijo varón para el reino y esperó que en efecto, el anciano herbario no se equivocara.

-o-o-o-

-¿Su majestad, podemos hablar?- le pregunto Sirius serio entrando a su despacho, para que Sirius le llamara su majestad en lugar de Severus, el emperador sabia que se trataba de algo muy serio e importante.

Severus alzo una elegante ceja, dejando los papeles sobre la mesa de trabajo y se dedicó a mirar los ojos grises de Sirius unos segundos antes de responderle.

-¿Su majestad?-

-Tenemos que hablar- le dijo Sirius-¿Puedo sentarme?-preguntó. A ver cómo le decía el encargo de Remus a Severus.

-Si...- dijo viéndole - pero por lo general no estás tan serio, ¿Problemas en la frontera?

-Preferiría que fuera eso- susurró- Tenemos que hablar... de Harry Potter-le dijo directamente,

Sirius no tenía mucho tacto para decir las cosas, aun no entendía porque Remus se lo había pedido, seguramente el mismo Remas lo haría de una forma más diplomática que él.

-Oh no, vienes a decirme que no lo joda- dijo de manera brusca levantándose - Ya hemos hablado del castigo de Harry, ya hemos hablado hasta la saciedad que no se irá contigo ni abandonara palacio, que su labor actual es servirme sexualmente, así que de Harry Potter no tenemos que hablar.

-No vengo a hablar de nada de eso- le dijo Sirius sintiéndose irritar, Severus no se lo estaba poniendo facil- Se sintió mal esta mañana, al parecer se puso enfermo y tuvieron que llamar a Remus al harén, Severus.- le dijo Sirius incomodo

Si Severus tuvo preocupación por las palabras de Sirius, lo disimuló bastante bien.

-¿Está enfermo? Pues que lleven otra chica del harén, si ese es el caso.- se encogió de hombros.

-Esta preñado Severus, esta preñado, no enfermo- le informó impaciente Sirius, bueno ahí estaba, trato de tener tacto y diplomacia, pero Remus sabía que eso no era lo suyo, por eso era capitán de los Hogosha y no ministro.

Severus abrió los ojos y se quedo quieto, oh jodidos infiernos.

-Lo siento, no debí decírtelo así- suspiró Sirius frustrado poniéndole una mano en el hombro temiendo haber dejado al rey en shock.

Mas Severus alzo su rostro al sentir la mano de Sirius y sin más, se desmayó.

-Oh por todos los cielos Seveurs- exclamó Sirius sosteniéndolo y dejándolo en el sofá del despacho saliendo al pasillo- Hagan venir a Remus Lupin ahora- ordenó volviendo a cerrar las puertas corredizas-Severus despierta- movió al emperador.

Mas Severus, tal vez por las presiones y demás, realmente no se despertó, ni siquiera cuando era trasladado a su habitación.

-Te dije que no debía decírselo yo Remus, tu lo hubieses hecho mejor que yo- dijo Sirius mirando al rey en la cama preocupado.

Remus suspiró pero solo sonrió.

-Se lo merece- susurró Remus.

-¿Y Harry? ¿Cómo sigue? ¿Remitió la fiebre?- pregunto Sirius sentándose después de pasarse las manos por el rostro frustrado.

-Si, bastante, pero total no creo que se despierte hoy, le di un té para que pudiera descansar.- le informó el castaño.

-Un bebe-suspiro- En mi opinión era lo que menos falta les hacía a estos dos justo ahora con su precaria relación.

-¿Crees que lo perdone? Digo, puede que sea lo que sea, pero a nuestro emperador definitivamente le gustan los varones, y un chico no puede procrear… ¿Crees que lo odie mas por eso?

-Mucho descaro tendría que tener para odiarlo, cuando fueron sus propias ordenes que se le tratara con los ritos antiguos.-le dijo Sirius- Además, entre nobles el matrimonio entre dos varones no está mal visto pues tenemos el dinero para costear el lujo de los brebajes para procrear. No es muy común pero tampoco es desconocido- le recordó.

-Sí pero Sirius- tomo su mano- En primera es una técnica casi olvidada, y en segundo sabes que esa técnica hace décadas no se usaba, Albus iba a probarla de nuevo en nosotros.

-Eso es muy cierto, hace muchos años que las antiguas artes no eran usadas- suspiró.- Nosotros incluso aun no estábamos ni siquiera seguros de usarlo-suspiró- ¿Qué crees que le pueda pasar a Harry?- le preguntó preocupado por la salud de este.

-Aun no sé... en un hombre un embarazo es delicado.

-Que el cielo lo ampare, porque Severus no estará bien si el embarazo se lo quita, él está obsesionado con Harry- suspiró Sirius.

-¿Estará enamorado?- le preguntó el castaño.

-En realidad no lo sé, a veces creo que sí y a veces creo que no- suspiró Sirius.

-Espero que el cielo nos ampare- suspiró- y a ellos Sirius, y a ellos.

-Yo también lo espero- suspiró Sirius.

Cuando Harry despertó se sentía algo pesado por las fiebres, pero mucho mejor ya que estas habían remitido. Recordó lo que había sucedido antes de que la fiebre hiciera presa de él y se entristeció. No entendía que había hecho mal esta vez, solo sabía que cada día más estaba empecinado en ganar el perdón de su majestad... y lo haría. Miro por la ventana y suspiro rogando ser perdonado.

Continuara…

Himeno Sakura Hamasaki -Severus es terco pero ya sedera solo... pasiensia.

Izumi Masen v.B-Muchas gracias ^^ Espero que este tambien te agrade ^^