Capítulo 13
El acercamiento entre Ron y Charlie había sido lento, así mismo que con Bill, quien ya había sido informado, por medio de Charlie, de que el menor estaba con vida y nada podía hacerlo más feliz a pesar de tener su... "problema casero". Charlie, aparándose un poco de los problemas que acosaban a su hermano mayor, trataba de pasar todo el tiempo posible con Ron. De aprender de él, de conocerlo porque después de tantos años de haberlo creído muerto, simplemente, tenía que volver a conocer a quien una vez fue su hermano pequeño.
Fue así como sucedió lo que le llevó a esa extraña situación en la que ahora se encontraba. Muchas veces sintió extrañas caricias fantasmales en su cabello rojo pero, cuando se volteaba a mirar, no había nada ni nadie. Algunas veces, estaba seguro de que alguien lo observaba pero, a pesar de ser un buen soldado entrenado, cuando buscaba tampoco veía nada fuera de lo normal. Por lo que se convenció a sí mismo de que su imaginación le jugaba malas pasadas cuando visitaba a Ronald en la casa del general Malfoy. Ese día, estaba jugando con Scorpius ya que Ron debía ir con Lucius a una cena importante. Se había ofrecido a cuidar del chico para que no se quedara sólo con los sirvientes dado que Ron, como Charlie habría aprendido con rapidez, podía ser todo un mamá gallina en lo referentes a Scorpius. Su sobrino sonrió al ver a alguien y se escapó al jardín corriendo, lejos e Charlie.
—Scorpius vuelve aquí. Nada de correr del tío Charlie—. Le persiguió el pelirrojo. Si algo le pasaba al rubito menor, Ron le destriparía lentamente y sin piedad.
—Jijiji —rió Scorpius hasta que llegó a la orilla del gran jardín donde, de fondo se escuchaba el sonido del agua al caer de la caña de bambú.
—Comadreja mayor —saludó un hermoso chico de cabello rubio, no parecía mayor de trece años, con los ojos acerados y una sonrisa burlona, llevaba un elegante Yukata de colores oscuros. Charlie le vio y sonrió; era fácil adivinar que era un Malfoy gracias al pálido cabello.
—Charlie, niño malcriado —le corrigió amigablemente—. ¿Y tú eres... ? —Esperó a que le diera su nombre.
—Me llamo Draco... —dijo, sentándose bajo un árbol de sakuras mientras Scorpius jugaba a su alrededor.
—Eres familia de Lucius, eso es más que obvio. Te pareces mucho a Scorpius. ¿Por qué no te había visto antes?—le preguntó sentándose a su lado.
—No salgo mucho de mi habitación... además, ¿cómo que Lucius? ¿Acaso no es el Capitán de las huestes de su majestad, el Emperador? —dijo, alzando una fina y dorada ceja.
—Qué carácter... Sí, lo es. Es el General Malfoy—se corrigió el pelirrojo divertido para apaciguar al rubio.
—Así que ya es General. Cómo pasa el tiempo— rió el rubio, recostando su cabeza contra el árbol—. ¿Eres algo de a comadreja menor?
—Ronald. Usar los nombres de las personas no hace daño y se le llama tener modales. Y sí, soy su hermano mayor, bonito. ¿Qué edad tienes?—le preguntó Charlie
—Es una comadreja y él se burla de mí y de mi nombre. Tengo todo el derecho de burlarme de él —. Luego del miedo inicial, Ronald podía mantener una conversación civilizada con "Draco" sin que nadie más que Scorpius lo supiera porque, de lo contrario, creerían demente a la "señora"—. Trece… creo, ¿y usted?
—Varios más que tú—. Sonrió Charlie, divertido—. Veintiocho—le confesó, con una sonrisa divertida al ver su cara.
—Oh, eres anciano —le dijo—. ¿Estás casado como el General? Digo con un chico que pretende ser una chica.
Charlie casi soltó una carcajada.
—Pero qué lengua afilada tienes. Soy más joven que Lucius —rió, vigilando con el rabillo del ojo a Scorpius, dado que estaban cerca del lago de peces Koi de la casa. —No, no estoy casado. ¿Interesado en cambiar mi status?—le pregunto con picardía.
—Oh, no. No me gustan los pelos de zanahoria. Además eres muy viejo para mí. Seguro que mi padre no querrá casarme con alguien que me dobla la edad.
—¿Por qué no? Nada mejor para un jovencito que alguien mayor y calmado que sabe lo que quiere y puede dirigirle. Por ejemplo, el general le dobla... casi triplica la edad a mi hermanito—le recordó amablemente—. Además, soy guapo—le dijo, guiñándole un ojo.
—No te lo creas tanto. Seguramente, con ese mismo discurso puede llevarse a muchas doncellas tontas a la cama. Y yo no soy una de ellas.
—Eres hijo de Lucius ¿verdad? —le preguntó Charlie, mirándole fijamente. De lento no tenía nada, a pesar de que el genio siempre había sido Bill, él no era idiota. Aunque bien pensado, desde lo de Percy, había empezado a creer que su hermano había perdido neuronas por no notar que el chico era su hijo, en realidad, a pesar de las palabras de la… madre.
—Sí, el General es mi padre.—le dijo con orgullo—. Cuando pueda, seré militar como él, para servirle con alma y devoción a mi señor, el Emperador.
—¿Eres un bastardo o algo así? No es que me importe si lo fueras, me daría igual—. Se apresuro a asegurarle. Lo decía porque Lucius nunca sacaba a su hijo. Era como si lo tuviera oculto del mundo; por ejemplo, el no había sabido nada de Draco hasta hoy. Si las miradas mataran, seguramente el pelirrojo hubiera caído fulminado al suelo con la que le echó Draco.
—Soy un hijo de matrimonio, soy un sangre pura. No un bastardo.
—Bueno entonces ¿por qué Lucius te esconde? Yo, con un hijo tan bonito como tú, lo presumiría por toda la corte—aseguró Charlie, alzando las manos en son de paz.
—Porque sí—dijo de forma misteriosa, encogiéndose de hombros. En ese momento, Scorpius lanzó un pequeño chillido que alertó a ambos.
—¡Vienen los shirveintes! —dijo el pequeño y Draco se levantó, escapando entre los arboles del jardín.
—¡Espera! ¿A dónde vas? —Charli saltó, pero Scorpius le agarró la mano por lo que no pudo seguir a Draco .—¿A donde fue? ¿Por que salió huyendo así? —le preguntó al pequeño rubito, se preguntaba que habría hecho Draco para merecer que Lucius lo tuviera oculto. Nada, fuera lo que fuera, lo justificaba.
—Porque los shirvientes no deben verle —dijo el pequeño, hablando mejor gracias a terapias del nuevo mundo—. A Draco no le gusta.
—¿Por qué no le gusta que lo vean? —le preguntó, alzando a Scorpius en sus brazos para llevarlo dentro, ya que empezaba a refrescar.
—Porque no —dijo el rubito, colocándose el pulgar en la boca y chupándolo.
—Tú también vas a tener tu carácter cuando crezcas ¿eh? —Sonrió Charlie, llevando al niño a su habitación—. Venga, ya es tarde. Es hora de ir a la cama. Le prometí a tu mami que no te dejaría acostarte muy tarde.
—Estha bien—rio y se acostó en el tatami con un yukata blanco, cerrando los ojos rápidamente y cansado.
Charlie se aseguró de que estuviera abrigado y bien dormido antes de salir. Seguramente aún quedaba tiempo hasta que llegaran Ronald y Lucius y se pudiera marchar, lo que le daba un buen rato para tratar de averiguar dónde se había metido el angelical rubio con lengua de serpiente.
Estuvo moviéndose por todas partes y no había nada del pequeño rubio. Nada hasta que encontró una habitación al fondo. La abrió lentamente y cuál no sería su sorpresa, al encontrar en una cama a un pequeño delgado y pálido rubio con cables en sus venas, donde pasaban algún líquido raro. Aquella habitación olía a medicina y enfermedad.
—¿Draco? —Charlie estaba impresionado, confundido y algo asustado. Lo había visto de pie, riendo, hablando con él y jugando con Scorpius. ¿Cómo ese chico tan delicado en la cama, hermoso pero sumamente delgado y frágil, como una muñeca, podía ser la misma persona?
—Usted no debe estar aquí —chilló una de las matronas de la casa—. No puede entrar a la habitación del señorito Draco —le riñó la vieja.
Charlie la miró y luego de nuevo a Draco. La ignoró, acercándose a él y acariciando la mano pinchada por las intravenosas: eran frías y muy suaves, casi como si fueran de porcelana y no de carne y hueso.
—¿Qué le pasó? —preguntó.
—No lo toque. Al amo Lucius no le gusta que se acerque nadie al señorito Draco —dijo, apartándole de su pequeño señor.
Charlie miró a la mujer con dureza, tomándola de los hombros y sacudiéndola para que se centrara.
—¿Qué demonios le pasó, mujer? Habla de una vez —le ordenó—. No acabes con mi paciencia —le advirtió. Le había sentado muy mal que la mujer le apartara del pequeño rubio.
—El niño Draco sufrió una enfermedad hace un par de años, cuando tenía trece —dijo asustada—. El médico no pudo hacer nada por él, sólo traer esos raros aparatos de occidente. que mantienen con vida a mi niño Draco... pero no se sabe nada más.
—Bien, entonces sal de aquí —le ordenó, volviendo su atención a Draco—. ¿Qué tienes mi ángel con lengua de serpiente? ¿Quién te hizo esto? ¿Por qué estás postrado así? —le preguntaba con suavidad, volviendo a acariciar la delicada manita del rubio.
La mujer tembló, saliendo de allí. ¡Oh! Al señor Lucius no le gustaría ni poquito todo esto.
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—Que silencio —comentó Ronald, aceptando la mano de Lucius para bajar del carruaje—. Creo que mi hermano logró dormir a Scorpius —. Sonrió—. No aguanto los pies —se quejó. La fiesta había sido larga.
—Sí, seguramente —dijo el rubio mayor serio, ayudándole a bajar del carruaje—. Eso ya es una faena —dijo, observando a la anciana matrona llorando—. ¿Qué sucede?
—Oh, señor. Lo siento mucho, pero el bárbaro hermano de su esposa entró a la habitación del niño Draco.
—Mi hermano no es un bárbaro—. Fue la primera reacción de Ronald, luego registró lo demás—. Draco—susurró, apresurándose por los pasillos. Entró con Lucius a la habitación del joven y se quedó impresionado al ver a su hermano, al lado del futan de Draco, sentado con la mano del rubio entre sus dedos, mientras le decía cosas en voz baja. Cosas que pararon cuando vio la puerta abrirse y se volteó a ver a su general y a su hermano.
—¿Qué le sucedió? ¿Por qué esta así? —interrogó Charlie directamente a Lucius.
Ron sabía que Lucius, por aquel niño que estaba allí, era capaz de asesinar.
— Charlie, por el respeto que te tengo, sal de aquí —dijo apretando los dientes—. Aléjate de mi hijo, ahora—. Era una orden.
—Lo siento, general, pero no lo haré. No hasta saber que tiene. Yo… necesito saberlo. Siento que enloqueceré si no lo sé —le dijo Charlie.
—Lucius, por favor —le pidió Ron, agarrando el brazo de su esposo para asegurarse de mantenerlo alejado de Charlie.
—Si deseas saberlo… Aquí no, acompáñame —le ordenó, mientras apretaba los dientes y lo único que evitaba que se le fuera encima era Ron y sus manos sobre su brazo.
Charlie miró una última vez a Draco, antes de acomodarle al rubio la delicada mano sobre la sábana. Asintió, levantándose del tatami para seguir a su general mientras Ronald respiraba con alivio siguiéndoles. Lucius caminaba a paso rígido y fuerte. Cuando llegaron a su despacho, lo primero que recibió Charlie fue un golpe en el rostro.
—Nunca más entres a esa habitación.
Charlie se las arregló para no caer redondo al piso. Su general tenía un fuerte derechazo pero no cedería, ni miró a Ron cuando éste, que les había seguido, exclamó indignado por el golpe que le dio Lucius. Sólo sacó su pañuelo, se limpió la sangre y miró fijamente a su general.
—¿Que le sucede al Dragón?—preguntó de nuevo.
Lucius se sentó detrás de su escritorio, observándolo.
— Draco es hijo de una de las Black —dijo, viendo que Charlie abría los ojos—. Su madre es Narcisa. Sabes, como yo, que las Black no están muy bien de salud, y menos emocionalmente. La enfermedad es muy rara y aún no saben que es. Supongo que una maldición. Entregué a Narcisa a Sirius y traté de ayudar a mi hijo, pero la enfermedad se había adueñado de su cuerpo en muchos menos años, y con mucha más fuerza, de lo que lo hizo con el de Narcisa. No tuvo facultad para moverse y finalmente no despertó del sueño profundo.
—¿Y los médicos? —preguntó Charlie.
—Los médicos no pueden hacer nada, porque Draco no está enfermo. Está maldito —aseguró Ronald. Claro que Lucius no le creía. La primera vez que lo dijo, terminó durmiendo solo dos días, así que por la paz de su matrimonio había dejado el tema.
—Ronald deja de decir estupideces que repiten las viejas —dijo serio el rubio mayor—. Según ellas, todos los Black están malditos.
—Sí, fueron maldecidos, es cierto. Pero hay una forma de romper la maldición, siempre la hay —le aseguró Ron. Charlie miró a su hermano y luego a Lucius.
—¿Qué se puede hacer por Draco? Él... tiene que haber una forma de que se recupere.
—Son chismes de viejas y mujeres —. Lucius miró seriamente a Ron por meter esas ideas en la cabeza de Charlie. Las maldiciones no existían: los Black, al menos la rama de la que venía Draco, sólo tenían una enfermedad congénita —. Sé más realista Ronald, no fue maldecido, sólo está enfermo.
—¿Bien entonces que se puede hacer para su enfermedad? Los médicos... hay que traer a los mejores... tal vez el médico del mismo Emperador —dijo Charlie
—Ese es un idiota, bueno para nada —aseguró Lucius.
—Yo… —Charlie se levantó—. Será mejor que me retire. —Estaba descorazonado al saber que no había nada que pudiera hacer para hacer que Draco se recuperara. Ron vio a su esposo y a su hermano salir antes de correr detrás de éste, deteniéndolo en la puerta.
—Pregúntale a Sirius-sama sobre la maldición de los Black. No es una enfermedad Charlie, es una maldición. Puedes salvar a Draco —le dijo antes de soltar su mano y dejarlo ir.
Lucius solamente cerró su despacho. No quería ver a Ron esa noche… siempre decía las mismas estupideces sin sentido: para no ser una mujer, realmente se dejaba llevar muy fácilmente por las fantasías que éstas pregonaban.
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Al día siguiente, Charli estaba muy temprano en el palacio, casi al amanecer.
—General Black. —Se apresuró hacia Sirius, aliviado de encontrarlo solo. El jefe de los Shougon, que llevaba un pergamino en su mano, se paró cuando lo llamó—. Señor —le saludo con respeto—. Necesito hablar con usted. Es urgente—le dijo.
Charlie había decidido intentarlo, después de darle vueltas toda la noche a lo que había dicho Ronald, sin poder dormir absolutamente nada. Cualquier cosa, para que su ángel con lengua de serpiente despertara. Para él, era más atrayente la idea de una maldición que se podía romper, que la de una enfermedad incurable.
—¿Charlie?
—Sí, mi señor. ¿Podríamos hablar en un lugar más privado? —le solicitó.
—Claro, vamos a mi despacho — le dijo dirigiéndose, al ala norte del palacio real.
Charlie lo siguió rápido, esperando en su interior que Ron tuviera razón. Sirius entró y le invitó a tomar asiento, mientras ordenaba a una de las sirvientas de esa área del palacio que enviara un servicio de té para ambos. Ésta no tardo en volver con la bandeja, sirviéndoles a ambos antes de retirarse.
—¿En qué te puedo ayudar, joven Prewett?
—Señor, ¿podría hablarme de la maldición de los Black? —le dijo Charlie sin ningún tacto y de forma directa.
Sirius dejo el té a mitad de camino hacia su boca de nuevo sobre la mesa y le miro seriamente
—¿Quién te habló de la maldición de mi familia?
—Hay alguien... y usted va a creer que estoy loco pero no lo estoy... creo que es víctima de la maldición —le respondió Charlie.
—Sólo los Black sabemos eso muchacho. Si quieres que te ayude, debes ser sincero.
—La esposa del general Malfoy me lo dijo —le explico al fin. Charlie no podía decirle que "Romilda" era en realidad Ronald, dado que Sirius había sido quien había entrenado a su hermano antes de la desgracia de la concubina real. No podía exponer a su hermano al peligro de que se supiera que Lucius no había cumplido precisamente el castigo que le habían ordenado imponer a Ron. —Yo... conocí a Draco, pero el general Malfoy... él ni siquiera cree en una maldición. Está tan resignado a que Draco se va a quedar así... pero yo no puedo... Lady Malfoy me mencionó la maldición. Y yo estoy dispuesto a aferrarme, incluso a un clavo ardiente… a cualquier esperanza.
—Draco, mi sobrino... —Cerró los ojos–. Es una maldición, así el cabezota de Lucius no quiera creerlo. Ese rubio idiota sólo cree en lo tangible y táctil, en nada más. —Luego miró a Charlie—. Uno de mis antepasados jugó con el amor de una antigua chaman. Una mujer, jugó con su amor y la desdeñó. Lamentablemente, ella nos maldijo, para siempre. Sólo la primera generación estaría libre y eso solo por que mi antepasado ya tenía un primogénito que no se vio afectado por la maldición, pero todo hijo que tuvo después de la maldición se vio afectado por esta... Desde entonces solo el primero hijo de los Black es decir yo en esta generación se ha librado de la maldición, las segundas y terceras líneas siempre han sido afectados por esta que consumen la vida del maldecido... la acaban, la llevan a la demencia, debilitan su cuerpo y su alma, su mente...— suspiro.
—¿Hay alguna cura? ¿Alguna posibilidad de salvar a Draco? —pregunto Charlie.
—Se dice que una planta en África única, sobria, pequeña. La llaman la cúpula de las estrellas y su crecimiento depende de la constelación de Orión.
—¿Qué más debo saber de esa maldición? Si consigo esa planta, ¿Draco estará bien?
—No es seguro. No se sabe. Nadie ha sobrevivido. Narcisa está en mi casa de campo, su cuerpo no resiste mucho. Es delicada. Regulus falleció antes de traer la planta, pero ya empezaba a dar muestras de la enfermedad, olvidaba cosas, decía que veía cosas. Bellatrix perdió la cabeza, aunque su cuerpo está sano, su mente divaga entre la oscuridad y la demencia. Una prisionera de su propia mente, de su propia locura. No sabría… si le dieras la cura… es seguro que despertara, pero no puedo asegurarte que será fuerte y saludable. Su propia madre no lo es, ni aun cuando mi tío le administró la cura, ni puedo asegurarte que estará cuerdo. La planta devolvió la salud al cuerpo de Bella, pero se quedó con toda su cordura.
—Pero hay una posibilidad de que quede bien ¿verdad? —Se aferró a eso el pelirrojo.
—Una muy pequeña. Una muy pequeña.
—Bien, África y planta cúpula de las estrellas —, anotó en su mente—. ¿Cómo cuanto tarda un viaje a África en barco desde aquí? —preguntó Charlie que, si bien había viajado de una provincia a otra dentro de Japón en diferentes ocasiones, nunca había salido de las fronteras de su país.
—¿Estás seguro de ir? Aún son territorios inexplorados en su mayoría, Charlie.
—Sí. No puedo resignarme a que Draco quede así —, negó con su cabeza—. Sólo necesito saber cuánto tiempo demoraría de aquí a África y de vuelta para pedir una baja temporal por asuntos personales. Luego compraré un barco, alquilaré una tripulación y partiré —dijo, con firmeza.
Sirius le miró. El chico era valiente sin duda pero partir a una loca expedición por un pequeño que posiblemente no sobreviviría era locura. Pero… el mundo estaba hecho de locuras.
—Te daré la baja y yo te daré el barco, pero demorarás cerca de seis meses.
—Lo haré, iré y volveré. Voy a salvar a Draco —aseguró Charlie con firmeza.
—Entonces, que la suerte y la fe te acompañen —dijo Sirius al pelirrojo.
Charlie asintió, haciendo una reverencia.
—Gracias por la información, general Black.
—De nada y espero que esta empresa tuya pueda llegar a un final... aceptable. —.No pronuncio feliz para no darle esperanzas a uno de los hermanos Prewrett.
—Lo hará, Señor. Ahora, debo ir a organizar un viaje —dijo con firmeza.
—Ven esta tarde a por los papeles de tu baja —le dijo Sirius—. Una cosa más: hay un hombre, el que acompañó a mi tío a África cuando partió a buscar la cura para mis primas —le dijo–. Tal vez te pueda ayudar… si está sobrio—. Y añadió: — Su nombre es Kinsgley, es de esas tierras, las conoce.
—Gracias, señor. —Asintió Charlie, saliendo del despacho.
Sirius lo observo marchar antes de volver la vista a sus papeles para tramitar la baja temporal de Charlie.
—Espero que se acabe esta maldición —susurró—.Y, quién sabe si el amor de un chico como Charlie, podría vencer la maldición provocada por el desamor.
Continuará…
Una disculpa mi beta se tardo una vida en devolverme este capitulo pero la pobre Pescadora a tenido mil cosas que hacer y luego yo me eche otra vida por que ando medio depre y no tenia ganas e subir nada. Bueno el otro capitulo esta listo aunque Pescadora aun no me lo envia cuando me lo envie tratare de no demorar tanto en subirlo, muchas gracias por su pasiensia espero disfrutaran la lectura y muchas gracias a pescadora por hacerle de beta ^^
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Himeno Sakura Hamasaki-Muchas gracias por leer siempre preciosa espero lo disfrutes este capi tambien ^^
Aselie-Jaja estas de suerte te tocaron leer tres de corrido entonces asi sientes que leistes mas XD
Mika-Lucid199120-Jaja eso es culpa de Fanfiction net pro que cuando pongo estrellitas y eso para separar las escenas... muchas veces me los borra -_- asi como links y otras cosas ^^U
