Capítulo 14

Aunque ahora, y sólo por ahora, las cosas en el reino estaban tranquilas, eso no quería decir que en casa del capitán William Prewett se respirara esa misma paz que precede a la tormenta. No, en esta casa la tormenta ya habitaba, porque para William Prewett (más conocido como Bill), nada era fácil con sus tres hijos recién encontrados. Sobre todo, cuando más de una vez había visto a Percy, su hijo mayor, de una manera que francamente se alejaba de la paternidad, de los lazos convenientes de padre e hijo. Momentos como ahora, cuando Percy conversaba con el mozo de cuadras, aquel chiquillo que cuidaba los caballos de la mansión, no se podía contener. Percy tenía las suaves maneras de hablar de su madre, de una prostituta, de una hermosa prostituta.

—Percy —–llamó su atención Bill, acercándose —. ¿Qué haces aquí? Tienes clase de etiqueta. Si ya te sientes mejor para salir, debes sentirte mejor para ir a clase —le advirtió. Desde el incidente, mientras se recuperaba, Percy había aprovechado la excusa de que no se encontraba bien para saltarse un par de clases.

El pelirrojo menor contuvo las ganas de rodar los ojos ante Bill, así que, volviéndose, se despidió del chico que sonrió medio idiota por el hijo del patrón.

— Ya estoy bien, pero me aburro mirando las paredes de mi habitación.

—Bien, entonces empieza a tomar tus clases y verás cómo se te quita el aburrimiento. Pregúntale a Fred —le dijo Bill, escoltándolo de vuelta a dentro.

—Fred es un genio, yo no —le dijo serio, suspirando. Odiaba las clases de etiqueta… y de casi cualquier cosa.

—Tú no te esfuerzas y él sí. Esa es la diferencia.

—Sí me esfuerzo —dijo mirándole y tropezando al entrar. Hubiera caído de no ser porque Bill le agarró de las caderas con sus dos fuertes manos.

—¿Estás bien? —le preguntó el mayor sosteniéndolo, agradecido de sus rápidos reflejos que habían impedido que su hijo se comiera el suelo.

—Bueno, al parecer sí. Odio los zapatos de madera —se quejó con un suspiro.

Bill sonrió, negando con la cabeza.

—Practica un poco más y aprenderás a manejaros bien. No es tan difícil.

—¿Por qué no lo intenta usted? —le dijo hablándole un mal. Desde su "ataque" los estados de ánimo de Percy eran cada vez más volubles.

—De hecho, sé manejarlos perfectamente. Tengo que usarlos en las ceremonias formales—. Le recordó Bill, arqueando una ceja con diversión.

—Ah, le gustan cosas de mujeres... con razón me trasviste —–dijo, caminando y alzando un poco el kimono para que no le estorbara.

—Y vuelve la mula al trigo. No te trasvisto—. Bill, cansado de esa acusación, entornó los ojos. Los hombres también tenían que usar zapatos de madera. No entendía que le pasaba a Percy. —Pero debería, cambias de humor peor que una mujer —aseguró.

— ¡Jódete! —le gritó enojado, saliendo furioso en dirección contraria .

—Ese vocabulario, Percy Prewett—fue detrás de él no le permitiría le hablara como un vulgar callejero, él era el patriarca de esa casa y Percy le debía un respeto le gustara o no.

—No me jodas... —dijo enojado. Él no era ninguna mujer y se lo iba a demostrar. Así que empezó a quitarse el largo kimono con ese horroroso obi. Era un militar, era un hombre, un soldado que fue encerrado en una habitación de una mansión por un hombre que primero se lo había follado y que luego le había salido con que era su padre.

—¿Se puede saber qué te pasa? —le reclamó, entrando detrás de Percy y viendo el destrozo que estaba haciendo el pelirrojo más joven a sus ropas.

—Que no soy una maldita chica. No soy una mujer. No debe cuidarme como tal. ¿Cree que no se que sale a vigilarme cuando hablo con Tabauso solo porque piensa que le abriré las piernas en el establo?

—Ahora estas inventando cosas. Yo no te he dicho nada.

—Claro, por eso cada vez que voy a ver los caballos me sigue, ¿verdad?— dijo enojado, peleando con el obi. No podía quitarse esa maldita cosa, era peor que unas cuerdas bien ajustadas.

—Quieres estarte quiero. Te vas a lastimar —. Bill detuvo sus manos al ver que Percy trataba inútilmente de romper la tela del obi para quitárselo, mientras ignoraba las acusaciones de su hijo.

—Pues no me estoy quieto. Quítame esta maldita cosa —exigió enojado—. Y, ¿sabes qué? Soy un chico que puede hacer lo que se le da la gana y si eso significa acostarse con Tabauso lo haré.

—No me provoques Percy Prewett —le advirtió Bill con un tono serio, sin permitirse perder la calma a pesar de que su hijo se estaba ganando un pescozón a pulso.

—¿Qué no te provoques? Hago lo que se me ordena, pero me cansé. Estoy cansado de ti y de todas tus estúpidas reglas —dijo tratando de salir de los brazos de su "padre" con todo y el kimono mal acomodado.

—Estate quieto —le ordenó Bill fuertemente, agarrándolo con firmeza sin permitirle soltarse. No mientras estuviera en ese plan— ¿De qué estas cansado Percy? ¿De tener una jodida vida mejor? ¿De eso es de lo que estás agotado?

—De estar encerrado y aparentar que debo aceptarlo como padre, luego que me jodió la vida y a mí, literalmente —dijo empujándolo.

—Te he pedido perdón mil veces. Piensas torturarme toda la eternidad con eso —le dijo molesto, soltándolo cuando lo empujó, dejándolo caer sabiendo que lo haría sobre la cama sin peligro de lastimarse su malcriado culo.

Cuando Percy cayó a la cama, el kimono quedó sobre sus rodillas dejando ver la piel blanca descubierta.

—Claro que le perdono.—le dijo en tono irónico— Le perdono haberme dejado tirado en una jauría cuando era un niño. Le perdono haberme jodido en los cuarteles también. Entonces usted me debe perdonar si quiero joder con el chico lindo de las cuadrillas —dijo enojado, no sabía qué le pasaba. Últimamente reaccionaba mal a todo, peleaba o gritaba y se sentía constantemente deprimido. Lo peor es que tenia sueños húmedos con un hombre grande que jamás se presentaba salvo en sueños y al cual aun no le había dado rostro.

—No sabía que eras mi hijo. ¿Por qué no vas y le reclamas a tu madre que me mintió y me aseguro por su alma que tu no eras mío? Yo jamás habría abandonado mi sangre —se defendió molesto de la misma acusación una y otra vez. Vale, fue estúpido: el cabello rojo de Percy debió dejarle ver la verdad pero era joven, estaba enamorado de Fleur y ésta le mintió. A Bill no le había costado mucho creer su mentira y lo peor de ella. No importaba cuánto le pesara ahora, no podía cambiar lo que había hecho y lo que había sucedido. Pero estaba tratando de enmendarlo, estaba tratando duro de corregir los errores con sus hijos, pero Percy solo parecía querer hacerle el camino difícil a cada minuto.

—Claro, vamos y me acompaña reclamarle a su tumba —le dijo, levantándose de nuevo de la cama.

—¿Sabes? En realidad, debería revisarte porque creo que eres una jodida mujer. Al menos, sé que estas tan loco como una —le aseguró Bill, masajeándose las sienes ante el dolor de cabeza que le estaba empezando a dar Percy. Era un experto en provocarle jaquecas, era hasta mejor que George en ese menester y eso era mucho decir. Dado que tenía los ojos cerrados, armándose de paciencia mientras trataba de apaciguar su inminente dolor de cabeza, no vio venir la mano de Percy hasta que ésta hubo conectado con su mejilla en una solida cachetada.

—No soy una jodida mujer. —–Cogió la mano de su padre y la puso sobre sus genitales—. Si ve, soy un hombre.

—Sí, lo veo —le dijo, apretando los dientes molesto—–Entonces, deja de comportarte tan irrazonable como una mujer—le dijo a su hijo, tratando de recuperar la mano que le había puesto contra sus genitales cuando le escuchó soltar un gemido largo y ahogado. Bill parpadeó asombrado al sentir el pene de su hijo llenarse rápidamente contra su mano. Percy, por su parte, solo cerró los ojos de nuevo al sentir esa mano caliente. ¿Qué demonios le pasaba? Pero es que lo necesitaba y gimió de nuevo moviendo sus caderas involuntariamente contra la mano de su padre, sintiendo sus piernas temblar por el placer.

—Percy —susurró Bill, antes de reaccionar y apartar su mano. No, Percy era su hijo, no podía… simplemente, no debía.

—Oh, no. —Casi lloriqueó Percy, cayendo al suelo ante la pérdida del contacto, en un nudo de tela y cabellos salidos de su antes impoluta coleta. El menor metió su mano dentro del kimono. No sabía que tenía, que pasaba. Jamás había disfrutado del sexo, solo había sido un trabajo que les daba de comer a sus hermanos y a él. Jamás había gozado de un orgasmo y ahora se masturbaba a los pies de su padre.

—Percy, santo cielos. ¿Qué te pasa? —se inclinó Bill en shock a sostenerle—. Percy mírame, ¿qué te sucede, hijo? Detente.

Percy abrió los ojos y negó avergonzado.

— No... no sé—dijo, apretando sus piernas y tratando de sacar sus manos, no sabía que tenia.

Sin que ni padre ni hijo lo supieran el vial estaba haciendo efecto. Grayback miraba desde una abertura pequeña en la puerta corrediza. Al chico le faltaba poco por caer, lástima que no buscara un hombre como él, sino que buscaba al padre.

—Mírame Percy, cálmate. Todo está bien —le aseguró, logrando que su hijo le mirara—. Eso es, dile a papá que sientes —le pidió desconcertado. Sí sabía que su hijo había sido puto, pero nunca lo consideró desvergonzado y, al juzgar por la carita confundida de su hijo, por su comportamiento; o era el mejor actor del mundo o realmente no era un desvergonzado y no sabía qué le pasaba.

—¡No sé! —gimió fuerte, cuando le tocó—. Nunca me había pasado… quiero tocarme…no me gusta pero ¡lo deseo! —sollozó.

—Está bien, está bien, seguro es solo algo de la edad, no te sientas mal. Hazlo si lo necesitas —le tranquilizó. Él también se había tocado un par de veces y satisfecho a sí mismo en sus años de mocedad, pero no recordaba ni una vez en que la urgencia por acariciarse le hubiese golpeado como a su hijo.

—No me gusta el sexo — dijo bajito—, lo odio desde los once años ¿Qué me pasa?— Estaba frustrado, pero no pudo evitarlo y metió sus manos de nuevo. Una de ellas se deslizó a sus prietas nalgas todo el calor y el dolor se apaciguaba cuando se tocaba a sí mismo.

—Estás bien, te estoy sosteniendo Percy. No pasa nada, vas a estar bien —le calmaba, dejándolo masturbarse. Trataba de no sentirse como un pervertido por el hecho de que estaba más duro que una piedra ante el espectáculo que daba SU HIJO.

Se echó para atrás contra el pecho de su padre, pero el toque no sirvió por mucho tiempo. Su piel, su cuerpo pedía a gritos más de lo que le estaba dando. Cerró los ojos metiendo un poco más sus dedos en su entrada pero era inútil.

—Eso es Percy, tu cuerpo se va a liberar y vas a estar bien —le susurraba al oído paternalmente.

—No puedo, no puedo correrme —lloró Percy frustrado y desesperado.

—Shhh es solo que no sabes cómo hacerlo—le tranquilizó, tratando de no perder el juicio cuando sustituyó su mano por la de su hijo. Percy gimió fuerte, quería quitarlo pero solo empezó a gemir en brazos de Bill, sintiendo como extrañamente su ano se mojaba mientras movía sus caderas contra la mano de Bill. Era tan placentero.

—Es raro…—trató de decir, pero era difícil pensar algo—. ¡Ahh, ahh! Estoy húmedo... adentro.

Bill tardó un momento en entender que decía su hijo entre gemidos, pero cuando lo hizo, revisó con dos de sus dedos su ano y comprobó que era cierto. Su hijo estaba… lubricado. Cuando metió los largos y gruesos dedos, Percy casi ronroneó notando lo que necesitaba lo que su cuerpo quería… eso era lo que necesitaba.

—Percy —susurró casi jadeó cuando lo escuchó gemir de una forma tan sexual. Pero Percy le ignoro, moviendo las caderas contra los dedos con más fuerza. Cuando en su auto—penetración los dedos de Bill dieron con su próstata, allí en el suelo no podía hacer nada más que gemir deseoso, ansioso. Bill estaba alucinado pero estaba a punto de correrse en sus pantalones solo con oír los gemidos que pegaba el pelirrojo menor. Una de las manos de Percy se fue al pantalón de entrenamiento de Bill y le acarició por encima, no sabía ni que hacía. Era puro instinto y calentura. Con algo de rudeza sacó el pene ajeno de su prisión mientras empezaba a masturbarlo. Lo deseaba dentro y no sabía el porqué de su repentino deseo.

—Oh, Percy. No soy de piedra —gimió Bill—. Eres mi hijo, demonios —–dijo, sin apartarlo con sus dedos quietos dentro del culito de Percy. Lo deseaba, deseaba a su hijo—. Para Percy, para o voy a poseerte hasta que no puedas caminar.

Las piernas del pelirrojo más pequeño se cerraban con ganas apretando los dedos de Bill en su interior. Estaba ido, lo necesitaba era como si hubiera algo que hubiera despertado en él, así que movió sus caderas auto—penetrándose, mientras sus manos acariciaban el pene de Bill como si este fuera un tesoro.

—Demonios, para Percy. —Lo tomo Bill del cabello haciéndole levantar la cabeza pero en vez de detenerlo, unió los labios con los de su hijo. Percy. Cerró los ojos, dejándose llevar por el beso, gimiendo dentro de la boca ajena. Bill acostó a Percy en el futón, abriéndole con habilidad el kimono y exponiendo la blanca piel que ansiaba devorar. Percy quiso reír en alguna pequeña parte consiente de él, había luchado contra el maldito obi sin éxito y Bill se lo había quitaba con extrema facilidad, pero su cabeza no se demoró en ese pensamiento mientras Bill le arrancaba fuertes gemidos y sentía las manos y la lengua sobre su cuerpo. Alzó una de sus piernas envolviéndola en la cadera ajena gimiendo.

—¿Lo quieres, verdad? ¿Quieres mi pene? Dilo. Así nunca podrás acusarme de que te volví a violar —le exigió con suavidad, acariciando su rostro.

—Lo… lo quiero —gimió rojo y para ratificar su posición, movió sus caderas contra la pelvis ajena

—Entonces, será tuyo —le aseguró, empezando a prepararle con sus dedos mientras su boca se prendía a uno de los pezones de su hijo. Percy se revolvía debajo de él, sabía que estaba mal, pero en ese momento no le importaba. Jamás había disfrutado del sexo. Siempre era sucio, banal y corto. Los hombres que se acostaban con él solo querían correrse rápido o humillarlo, pero ahora estaba al borde del orgasmo por primera vez, mientras alguien le acariciaba y tenía sexo con él. Solo podía deshacerse en gemidos impúdicos que nunca antes habían salido de su boca. Los dedos de Bill encontraron la próstata de Percy y empezó a torturarlo con ellos mientras su boca mordisqueaba y chupaba los pezones de Percy a gusto. El más joven se contorsionaba como un gato, un jodido gato sexual. Al parecer.

Cuando Percy estuvo bien húmedo y abierto fue hora de la verdadera diversión. Esta vez le enseñaría a Percy que el sí era bueno en la cama. Retirando sus dedos, posicionó su pene en la entrada de éste. El pelirrojo más joven se arqueó cuando lo sintió y luego sintió sus ojitos bizquearse cuando Bill le penetró hasta el fondo de su ser. Bill esperó unos momentos a que Percy se sintiera cómodo antes de empezar a moverse. Demonios, Percy era incluso mejor de lo que recordaba. La extraña mezcla de su cuerpo estrecho con la humedad era una maravilla. Percy gemía cada vez más fuerte, sintiendo como le movía su "padre", como lo poseía hasta lo más hondo de su ser. Como le atravesaba con esa lanza y solo podía gemir más duro pidiendo más.

—Demonios, sí.—El mayor echó su cabeza hacia atrás gimiendo, estar dentro de Percy debía asemejarse a estar en el cielo. Percy tenía ambas piernas a cada lado de la cadera de Percy y solo pudo subirlas y moverse, quedando apoyado solo con la espalda, cuando una de sus piernas fue elevada al hombro ajeno y el mayor le ladeó un poquito.

— ¡aAhh! ¡Ahh! ¡Ah! Mucho…me… quemo... —gemía el más pequeño sin sentido, sin saber que era todo ese remolino de sensaciones.

—Vente para mí, Percy —le ordenó Bill, masturbándolo con una mano mientras la otra la utilizaba para estabilizar las caderas de Percy. El menor abrió sus ojos y no pudo más. Su primer orgasmo en toda su vida le golpeó con la fuerza de un ariete arrancándole un grito, corriéndose con fuerza, apretando mas allá de lo humano el miembro caliente dentro de sí.

—Percy —jadeó roncamente Bill, corriéndose en el culito de su hijo.

Cundo lo hizo, desde la posición en que espiaba Greyback, este no podía estar más contento, al ver al pequeño desmadejado en el suelo sobre su kimono, seguro más relleno que un cerdo para el matadero y con su padre sobre él.

Bill cayó junto a Percy, abrazándolo contra su pecho mientas luchaba por volver a normalizar su respiración. El menor más calmado dejó que le abrazara.

— Lo siento— dijo cuando ya el efecto del afrodisíaco en su sangre se había apaciguado—. ¡Oh, por dios!—Se cubrió el rostro profundamente avergonzado—. Lo siento, lo siento.

—Está bien. No pasa nada, Percy, tranquilo —le dijo Bill, acariciando su cabello rojo—. Todo está bien. Vas a estar bien —le aseguró, pensado que tal vez era alguna secuela psicológica de la vida que su hijo había tenido que llevar todos estos años.

Continuará…

Bueno aqui un nuevo capitulo, muchas gracias a Pescadora por su paciencia para betearme.

Izumi Masen vB-Jaja puedes llamarme como quieras, bueno aquí esta el nuevo capitulo espero que lo disfrutes como todos los anteriores y no te me pierdas de nuevo que si no te extra~no.

sandivivaelanime-Soy la responsable de que te guste el yaoi? mira que se me hincha el pecho *o* que bien el yaoi es lo mejor que ahi me alegro de haber ayudado a nacer a una nueva fujoshi XD