Shaka estaba demasiado cansado, tanto que no se dio cuenta de cuándo, cómo o donde había llegado lo único que pedía a Athena era y a todos los dioses una cama donde poder dormir hasta el fin de semana. Afrodita se encontraba sentado sobre una de las maletas observando muy divertido como el ex caballero de virgo intentaba a toda costa no quedarse dormido o por lo menos no caer al suelo sin mucho éxito mientras Shura hacía sonar el timbre que se encontraba al lado de un gran portón de madera.

- ¡Joven! que milagro que vino usted para acá su abuela se va a poner rete contenta – Dijo un hombre de estatura media y tez morena clara sorprendido de ver al español.

Al escuchar la palabra abuela de los labios de aquel chico el sueco y el hindú clavaron la mirada en el hombre que salió al encuentro de Shura, todos los caballeros dorados eran huérfanos y no tenían otro hogar que el santuario pero venir a enterarse que el ex caballero de capricornio tenía un familiar y un verdadero hogar les sorprendió muchísimo y los hizo cuestionarse por qué Shura permaneció en la orden ateniense.

- A mí también me da gusto volver a verte tranquilino, mis amigos y yo nos quedaremos aquí por una temporada. ¿Está mi viejita en la casa? – Inquirió el español mientras que con un ademan les dijo que pasaran a sus compañeros.

- Ayer se fue a Ameca a ver a los peones y checar que todo estuviera listo para el día 14, Manuel se fue con ella pero regresan ahora si Dios les da licencia. Los llevares a sus cuartos para que descansen y ya que este la cena les hecho un grito – Dijo tranquilino mientras caminaban por aquella enorme casa construida desde antes de 1735.

Al cruzar el gran portón de madera tallada se encontraron con un pequeño recibidor de piso adoquinado más parecido a un amplio pasillo que conectaba con un hermoso patio central al fondo del recibidor a través de una hermosa puerta de hierro forjado, el pequeño patio tenía una hermosa fuente el centro y varios rosales, varios arcos conformaban los amplios y frescos portales que cercaban el pequeño patio en los cuales se encontraban varios pasillos y habitaciones; Virgo y Piscis no dejaba de contemplar anonadados la vieja casona colonial y su espectacular belleza sin prestar atención al camino, pasaron por algunos pasillos y patios, subieron algunas escaleras, caminaron por amplios balcones y terrazas rumbo a las que serían sus habitaciones absortos.

Uno a uno fueron llegando a sus habitaciones, Shura y tranquilinos les dijeron que esta era su casa también y que se sintieran cómodos además les prometieron enséñales la casa después. Afrodita tan pronto como se quedó solo en su dormitorio aprovecho para tomar un relajante baño caliente mientras que Shaka tan pronto como cayo en la cama quedo dormido y Shura bajo directo a la sala de estar a seguir charlando con Tranquilino. Las horas pasaron rápido y pronto la cena estuvo lista pero los tres caballeros de Athena estaban muertos de cansancio por lo que no bajaron a cenar esa noche.

El aroma a mantequilla y especias despertó a Afrodita quien como rayo bajo descalzo por las escaleras de cantera siguiendo el rastro del aroma hasta llegar al comedor de la casa donde Shura y dos personas más charlaban amenamente mientras esperaba que la comida estuviera lista. En la cabecera de la mesa se encontraba una anciana de entre 50 y 55 con un curioso mandil sonriéndole, Shura se encontraba del lado derecho de la abuela jugando con los cubiertos mientras un joven de piel trigueña clara y cabello negro dejo de lado el vaso del que bebía leche aparentemente para verlo e invitarlo a sentarse a la mesa con ellos.

- ¿Cómo dormiste hijita? – Le pregunto la abuelita mientras se levantaba de su lugar.

- ¿Tienes hambre?, ¿Gustas un vaso de agua fresca? –Pregunto el aquel joven piel dora como el trigo.

- ¿Hijita? – Dijo entre dientes el sueco.

-Les presento a mi amigo y compañero de armas en el santuario – Dijo Shura señalándolo con la palma de la mano.

El joven de cabello negro escupió de inmediato el líquido que estaba bebiendo al escuchar las palabras de Shura algo que no paso desapercibido para la abuela quien no perdió la oportunidad de regañarlo enfrente de todos, mientras afrodita estaba por demás avergonzado y no sabía qué hacer ni que decir Shura estallo en carcajadas al saber lo que vendría después del regaño de la abuela.

- ¡Con un demonio!, ¡Pudiste ahogarte atarantado, además eso no se hace! – Dijo la abuela al mismo tiempo que le daba un coscorrón al menor.

-¡Hay, Hay abuela me lástima! – Decía el pelinegro mientras la abuela lo llevaba jalando de la oreja hasta dejarlo frente al sueco.

- ¡Pídele disculpas cabezón y preséntate como dios manda! – Decía la abuela enojada sin soltar al pobre chico.

La abuela era más pequeña que sus nietos y aun así lograba someterlos. Shura seguía con sus contagiosas carcajadas que se podían escuchar por toda la casa, la abuela seguía regañando al pelinegro quien sospechaba que se quedaría sin oído y Afrodita está asustado ante la curiosa escena que se desarrollaba frente a sus ojos; todo esto bajo la atenta y sorprendida mirada del ex guardián de virgo que recientemente había entrado al comedor por la puerta principal.

- ¡Ya voy viejita pero suélteme que me va a dejar sin oreja! – Decía el joven retorciéndose.

- ¡A quien le dices viejita! – Dijo la anciana soltando el agarre - ¡y tú de que te ríes tarugo! - Dijo la anciana mientras callaba a Shura de un coscorrón.