Vampiresas de Konoha
El tiempo pasa, si que pasa, tanto que ya estamos con el anteúltimo episodio de la serie. No puedo dejar de agradecer a todos aquellos que la siguen hasta hoy, simplemente gracias. Que lo disfruten XDD. Naruto y sus personajes no me pertenecen, esta obra es sin ánimo de lucro.
Capítulo 11:
-Parece que vuelve a llover-musitó Naruto.
La tormenta había amainado por casi una hora, pero poco a poco empezaba a reanudar su lamento.
El shinobi se tambaleó por la habitación hasta desplomarse de espaldas a la pared. La botella tintineo al tocar la madera del piso y el rubio se asustó al pensar que la había roto, pero no; la superficie de vidrio estaba intacta.
Era extraño, muy raro. Era extraño no tener hambre, no sentir deseos de devorar un buey o deleitarse con un plato de ramen. Era extraño no sufrir ese quejido interno que indicaba la necesidad de comida. No, ya no había lugar para el hambre.
Ahora, todo era sed. Una sed roja, que lo atrapaba y lo consumía desde el interior de su cuerpo.
-Maldición, Ino, ¿Cuándo vas a volver?
Bebió otro trago. El alcohol no era lo mismo, no calmaba la sed, no producía ese fabuloso éxtasis que había experimentado al morder a Sakura, pero por lo menos le adormecía el ansia.
Mint entró de repente en el cuarto y se sentó a su lado. Naruto podía percibir su sed, tan fuerte como la suya. Le dio lo que quedaba en la botella, rogando porque la Yamanaka se diese prisa.
…
-Dile a los Inuzuka que emprenderemos la misión de rescate del pergamino del lobo en tres días. Actualmente no disponemos de suficientes ninjas en la Aldea con el nivel para emprender una misión de esa clase. A menos, claro, que los cabecillas de su clan quieran buscarlo ellos mismos.
Tsunade caminó hacia la ventana a través de la cuál veía a la Aldea de la Hoja en su extensión. Kin se removió, incómoda:
-señora, ¿No podríamos enviar a Kakashi-sensei junto con algunos chunnins para, aunque sea, averiguar el paradero del pergamino?
La Hokage sacó una pequeña botella de vino de los pliegues de túnica y se puso a sorberla distraídamente:
-envié a Kakashi y a Sakura a una misión de reconocimiento de la frontera con Kumokagure hace unos días. Ahora que lo pienso, Kakashi se está retrasando con el primer reporte.
Un trueno dejó escapar su quejido en la lejanía.
-Pero bueno, es Kakashi de quién hablamos, no creo que haya motivos para preocuparme. Ahora ve y redacta el mensaje para los Inuzuka.
La joven obedeció. Mientras atravesaba el pasillo acomodándose su fino cabello castaño, reflexionó acerca de lo difícil y estresante que se había vuelto su trabajo desde que la habían ascendido. Con lo feliz que se había sentido cuando le dijeron que la ascenderían a segunda secretaria de la Hokage, solo por detrás de Shizune. Pero la aprendiz de Tsunade había sido enviada como parte de una misión de paz a la Aldea de la Roca para curar una plaga que estaba causando estragos severos en las tierras del Tsuchikage, por lo que ahora lidiaba con casi el triple de trabajo de al que estaba acostumbrada.
Malhumorada, abrió la puerta de su oficina e ingreso pensando en cómo haría para terminar los interminables mensajes encargados por Tsunade. Un agradable fresco ingresaba por la ventana cargado de un delicioso aroma a flores; al captar el olor, Kin miró en dirección hacia su escritorio envuelto en penumbra.
-No debería venir aquí, tonta-dijo la joven de cabello castaño. Encendió la luz y dejó al descubierto la figura de Zakuro. La pelinegra se hallaba sentada sobre el escritorio, con las piernas abiertas de par en par, en una pose que habría excitado a cualquier hombre.
-Tranquila Kin. Si te ofrezco ayuda para terminar todas esas cartas, ¿Me perdonarás?
La recién llegada la miro furiosa y se dirigió a una mesa de roble sobre la cual se encontraba un abultado manojo de papeles en blanco y una pluma para escribir. Zakuro se paró y la detuvo tomándola por el brazo.
-Solo fue una broma-sonrió la pelinegra.
-No me hizo gracias.
-Tendrías que aprender a reír más.
-No tengo tiempo para risas, no ahora.
-Pero si tienes tiempo para mí.
Zakuro la besó y la empujó contra la mesa. La alzó por las caderas y la depositó encima de la dura madera, provocando que los papeles se cayesen y dispersasen por el suelo de la oficina.
-No es el lugar…apropiado-jadeó la parte racional de Kin, a pesar de que el resto de sí misma le pedía a gritos dejarse llevar.
-No, no es el lugar adecuado. Eso es lo que lo hace tan sabroso.
A medida que iba diciendo esas palabras, la pelinegra le desajustaba la chaqueta verde a su amante. Retiró la lencería con delicadez y comenzó a succionarle los pezones.
-hazlo…hazme eso que me gusta tanto-pidió Kin, bañada en sudor.
Zakuro esbozó una sonrisa peligrosa; una sonrisa que incluía un par de colmillos blancos. La pelinegra ascendió por el cuerpo de la chica hasta que sus labios estuvieron en contacto con el cuello de Kin.
De pronto, la secretaria de la hokage sintió esa sensación que tanto le gustaba. Notó el calor de su propia sangre bajando por su cuello y sonrió.
-¿Cómo hiciste para entrar aquí?-quiso saber la secretaria.
-oh, fue sencillo-aseguró Zakuro, restándole importancia con un gesto despectivo de la mano-no había muchos guardias. ¿La hokage está sola?
-si…-balbuceó Kin. Estaba demasiado feliz como para notar la sonrisa aterradora que se había dibujado en el rostro de su amante.
-muerde…muérdeme otra vez-pidió la secretaria y cerró los ojos.
De pronto sintió como si las fauces de un perro rabioso se cerrasen sobre su cuello y comenzó a forcejear, envuelta por la sorpresa y el dolor.
Mientras lamía con la lengua la sangre que le manchaba los labios, Zakuro redujo a su compañera posándose sobre ella, como había hecho en cientos de noches de amor furtivo. Kin miró suplicante a la puerta que daba al pasillo, pero este parecía tranquilo como una tumba.
-mi dulce Kin-siseó la vampiresa mientras le acariciaba el rostro-¿En verdad creíste cuando te dije que había dejado a mi novio para volver a revolcarme contigo? Jaja, siempre fuiste ingenua.
A fuera, una nube cubrió la Luna y la habitación quedó iluminada por un solo foco de luz eléctrica. En la oscuridad, Kin pudo observar la expresión de lunático sueño que cubría el rostro de su amante.
-No-murmuró Zakuro-si volví contigo fue solo porque me lo pidió mi hombre, el que me convertirá en la reina del mundo shinobi. ¿Quién querría volver con una aburrida estúpida como tú después de haber sido la amante de Sasuke Uchiha?
Kin tenía la mirada desenfocada y el cuerpo se agitaba en el mar de convulsiones que precede a la transformación.
-Sólo por lástima te transformo en vez de matarte. Ah, y por gratitud. Mi amado me pidió que te convirtiese. Sí, mi amado sabe recompensar.
Tras cerciorarse de que Kin ya no podía manejar su cuerpo, Zakuro se levantó y caminó hacia la puerta sonriendo alegremente. El plan estaba casi listo y pronto recuperaría su lugar al lado de Sasuke.
….
Naruto se removió incómodo en el sillón hasta apoyar la cabeza contra el vidrio de la ventana. El contacto con la superficie fría le alivió un poco el dolor de cabeza producto de la abstinencia.
Ino ya estaba tardando mucho, tanto que el Uzumaki comenzó a preocuparse de que le hubiese sucedido algo. La idea de salir a buscarla le cruzó por la cabeza, pero él la desestimó rápidamente: no podía, no podía salir en esas condiciones. Se había convertido en una amenaza para Konoha, en un monstruo sediento de sangre que jamás podría convertirse en Hokage. Unas lágrimas saladas le recorrieron las mejillas y se deslizaron por la ventana; lo había perdido todo, por un arrebato de lujuria.
Giró la cabeza hacia Mint. Era extraño, pero parecía que la chica sobrellevaba mejor la sed que él. Se preguntó qué tan ligado estaba el ansia de sangre con el chackra y en aquel momento hasta llegó a desear no haberse convertido en ninja; cualquier cosa por parar ese tambor que lo hacía jugar cerca de los bordes de la locura.
Y entonces la vio. Al principio pensó que era un cruel juego de las luces proyectadas a través del vidrio, mezcladas con las cantidades de alcohol que había consumido. Pero no, era ella, ¿Cómo no podía serlo? Si hasta casi podía olerla.
Estaba allí, sonriente y perfecta, con la tormenta de fondo que le daba un aura de triste belleza.
-Sakura…-balbuceó el Uzumaki.
Sus dedos buscaron instintivamente el pomo de la puerta, mientras sus ojos se perdían en el cabello rosa de la Haruno.
¿Para qué resistirse, si era lo que en su interior más anhelaba? Todo su ser clamaba por la sangre y el cuerpo de su antigua compañera.
Sintió un débil contacto en el brazo. Mint, que luchaba contra su propia sed para retenerlo.
-Naruto, no…por favor…
El Uzumaki la arrojó al otro lado de la habitación con facilidad y no volvió a levantarse. Hizo girar el pomo.
Cerrado, la Yamanka había sellado la puerta con un pergamino. Naruto esbozó una sonrisa; como si eso pudiese pararlo. La puerta salió despedida de sus goznes y se deshizo en pedazos antes de llegar al suelo.
-Sakura…Sakura…
La pelirosa sonrió. Era preciosa:
-Ven aquí Naruto, ven aquí y muérdeme.
El rubio alzó la mano, casi tocando la piel blanca de la chica. Un instante antes del contacto, ella se alejó saltando hacia atrás. Como un niño obsesionado por una dulce golosina, Naruto comenzó a seguir a Sakura. A través de tejados, charcos y callejuelas el heredero de Yondaime parecía un perro faldero. La Haruno se alejaba risueña y sonriente, como un fantasma en medio de la lluvia.
Finalmente la alcanzó.
Se hallaban en la terraza del hospital, aquel en donde en un tiempo lejano se habían cruzado el Rasengan con el Chidori. Sakura se lamió los labios, absorbiendo las gotas de lluvia que le perlaban el rostro. Aquel gesto excitó más a Naruto. Las manos del rubio retiraron con cuidado la blusa de la Haruno para encontrarse con su sostén negro. El rubio comenzó hundiendo la cabeza entre los pechos de la kunoichi, que echó la cabeza atrás sonriente.
Y lo vio.
Era una figura encapotada, alta y asquerosamente flaca, como un esqueleto con piel y una sonrisa aterradora que le cruzaba la cara como si fuese un tajo de cuchillo.
Mientras Naruto se afanaba en liberar su virilidad, la chica lo apartó gentilmente y observó al encapotado con una mezcla de curiosidad, sorpresa e inquietud.
-Miren eso, pero si es un par de vampiros buscando expandir la especie, ¿No es así?
Naruto se incorporó, observando fijamente al sujeto. Sakura dio un paso atrás, asustada. ¿Cómo sabían que eran vampiros?
No importaba, se encargaría del tipo y listo.
-¿No le gustaría acompañarnos, amigo? Tal vez tenga partes que le gustaría…explorar-sonrió Sakura, mientras comenzaba a concentrar su chackra en el puño. Naruto la miró atónito.
-oh sí, ya lo creo-dijo el encapotado-pero creo que preferiría examinarlas en un laboratorios, cortadas y disecadas.
Un trueno sonó a lo lejos. Sakura tomó impulso y arremetió contra el recién llegado. El hombre detuvo el puño a centímetros de su cara. Sakura podía sentir su aliento a medicinas, emanando de su boca y abrazándole la mano. Hizo amague de pegarle una patada, pero el sujeto fue más veloz y le propinó un golpe con la mano abierta en medio del pecho. La kunoichi salió disparada y Naruto la atrapó en el aire.
-¿Estás bien, Sakura?-preguntó el Uzumaki.
-Suéltame Naruto, voy a encargarme de este estúpido.
La pelirosa llevó los dedos de la mano izquierda a los pliegues del guante de la derecha, pero de repente se contrajo de dolor y cayó al suelo gritando.
-¡Sakura!
Naruto se arrimó hacia ella y tomó el brazo de la chica entre sus manos. Pudo comprobar que una serie de sellos le recorrían el brazo en forma de espiral, brillando con la luz de las brazas encendidas.
-¡¿Qué demonios has hecho?!-rugió el Uzumaki. Esa potencia primitiva que le incitaba a morder a Sakura ahora parecía transformarse en odio al hombre encapuchado.
El chackra en la palma de su mano izquierda comenzó a girar hasta formar una perfecta bola azulada.
-¡Rasengan!
El Uzumaki se desplazó furioso hacia su oponente, la fuerza del jutsu cortaba el aire…y aire fue lo único que atravesó. Naruto casi cayó de la terraza debido al envión de su propio salto; giró la cabeza hasta que localizó al recién llegado: se encontraba en la punta opuesta de su posición. El rubio frunció el seño:
-¡Clones de sombra!
Una veintena de Narutos aparecieron de entre explosiones de humo y rodearon a su enemigo en un semicírculo. Uno de los que más cercase encontraba del encapotado se lanzó hacia él, pero este lo rechazó con una especie de látigo salido de entre sus mangas, y el clon se convirtió en volutas blancas.
Los restantes se lanzaron a la vez, algunos con los pies extendidos hacia adelante, otros con las manos. El encapuchado flexionó las rodillas y comenzó a girar el látigo en torno a su posición. El arma cortaba con precisión asombrosa y el pelotón de clones se esfumó rápidamente. El encapuchado sonrió:
-vamos mocoso, dime donde está Sasuke.
-No lo sé y si lo supiese, no te lo diría. ¿Quién rayos eres tú?
El hombre se removió en su lugar, como si estuviese calibrando si responder o no la pregunta:
-Bueno, te mostraré el rostro de tu verdugo, para que puedas contar en el Más Allá que fui yo quién te mató.
El hombre retiró lentamente la capucha. Naruto abrió los ojos como platos.
Una serie de atroces quemaduras le atravesaban la cabeza calva, pero eso no era lo más impactante, lo que atraía la atención de Naruto era otra cosa: los dos Sharingans que refulgían su rostro.
….
Zakuro se frenó frente a la puerta de la oficina de la hokage. Suspiró y se dispuso a dominar las emociones que revoloteaban por su cuerpo.
Estaba a punto de iniciar la fase final del plan, la que la consagraría definitivamente con Sasuke y la convertiría en su esposa en el nuevo mundo. Había tenido que soportar mucho, sufrir viendo como esa estúpida pelirosa o la puta de la Arena disfrutaban de lo que era suyo. Pero ya no; después de esta noche, ya no. Iba a hacer algo que jamás se le hubiese pasado por la cabeza apenas una semana atrás, algo que estaba considerado como uno de los peores crímenes de la Aldea de la Hoja, pero valía la pena.
Claro que él valía la pena.
Abrió lentamente la puerta y percibió tenue olor a tinta y papel que salía de la sala. Y algo más, había algo más en el ambiente.
"Alcohol, está bebiendo. Es perfecto, nunca tendríamos una oportunidad mejor que esta"
Entro y observó la figura solitaria de la hokage, bebiendo sentada entre las sombras, contemplando la vasta Aldea a través de la ventana.
Había algo extraño en Tsunade, una especie de aura que a Zakuro le generaba la idea de una fiera cansada pero peligrosa. Avanzó con cuidado, pensando acerca de cómo iniciar la charla. De repente:
-¿Qué estás haciendo?
Zakuro se detuvo en seco.
-Nada, hokage-sama. Bueno, en realidad venía a pedirle un favor.
Tsunade se llevó el alcohol a la boca; seguía sin mirarla:
-Estuve haciendo favores todo el día, vuelve mañana o habla con Kin.
Zakuro sintió un escalofrío al pensar en Kin y en la forma en la que la había traicionado, pero ahogó ese pensamiento velozmente.
"Sasuke, solo piensa en Sasuke y todo saldrá bien"
-Kin no puede cumplirme este favor, Hokage-sama.
-¿No?-respondió Tsunade, con la mirada aún perdida a través de la ventana. Zakuro se dio cuenta de que no le hacía el menor caso, de que la mayor parte de la médica rubia estaba en otro lugar, tal vez pensando en su novio y su hermano muertos.
-No, en verdad, es solo una cosita pequeña, pero solo usted puede hacerlo.
Tsunade la miró por primera vez, con los ojos enrojecidos por lo que parecía falta de sueño y alto consumo de licor:
-¿Qué es lo que quieres?
La pelinegra se removió incómoda:
-Pues, es difícil para mí decirlo. Verá, usted siempre fue mi mayor heroína, un ejemplo a seguir, yo me consideraba una fan suya.
La hokage ladeó la cabeza hacia los costados con una sombra de sonrisa en los labios, como si considerase lo dicho por Zakuro como algo divertido pero sin interés.
-Bien, cuando llegó a Konoha y la vi de cerca…fue algo muy fuerte para mí, realmente me emocioné, era como ver en persona a los héroes de los viejos cuentos.
Tsunade rompió a reír sin ningún pudor y tomó otro trago:
-continúa, continúa por favor.
Zakuro suspiró, para dar la sensación de estar a punto de hacer la confesión de su vida:
-Pues, mi señora, yo me di cuenta de que…yo siento algo por usted. En verdad, creo que estoy enamorada.
La hokage rubia la miró con una ceja arqueada por varios segundos en donde el silencio solo era roto por algún trueno ocasional en la lejanía. Finalmente, Tsunade giró la cabeza nuevamente hacia la ventana y bebió otro trago:
-No seas tonta niña, consíguete algún chico y no pierdas el tiempo en estupideces.
"No, la estoy perdiendo", pensó Zakuro, consternada.
-Es que, yo lo intenté, quiero decir, me esforcé en superar ese sentimiento, en llevar una relación con un chico pero, siempre se me aparecía su cara. Mientras comía, su cara; mientras estaba en alguna misión, su cara; mientras hacía el amor, su cara. No consigo sacármela de la cabeza, es que…el deseo, el deseo me devora, hokage-sama. No puedo manejar ese deseo de sus labios, de probarlos su lengua. Por favor, Tsunade-sama, se lo suplico, béseme y termine con mi suplicio, quíteme esta fantasía de la cabeza y ayúdeme a reencontrarme con la realidad, es todo lo que pido y usted sabe que no es mucho.
Zakuro sintió una punzada de amor propio; había estado magnífica, lo sabía.
Durante unos instantes solo se oyó el chapoteo del agua en la ventana, hasta que la ninja-médico le dedicó una mirada que aunaba suficiencia, lástima, compasión y…tal vez un poco de curiosidad. Y claro, alcohol. Mucho alcohol:
-Sea pues, es más sencillo de cumplir que la mayor parte de las peticiones que le hacen a la hokage.
Zakuro se acercó a la mujer con una alegría interna tan grande que a duras penas pudo contener su sonrisa para mantener el aura dramática.
Se arrimó a la rubia hasta el punto de que podía sentir el aroma a vino. Acercó su cara hacia la de ella y en ese preciso instante un rayo iluminó la habitación en penumbras. Zakuro no pudo sino sentirse impactada al contemplar las marcas de ese rostro tan herido por el dolor del alma, muy distinto al de la mujer fuerte que se presentaba como su líder. Tomó el rostro de la hokage en sus manos y estiró el cuello. A pesar del gusto a licor, la verdad sus labios no estaban mal; eran carnosos, si, pero le daban un interesante toque salvaje a un beso.
Tsunade se encontró a sí misma disfrutando de ese contacto, de esa puerta para huir del pasado, aunque fuese momentáneamente. Alzó a la joven y la colocó sobre sus faldas, para luego acércala a sus pechos. Los besos de Zakuro descendieron por el cuello de la rubia hasta llegar a sus senos, donde se hundió con gusto mientras sus manos buscaban desatar la ropa de su amante. Al ver lo dificultoso que esto le resultaba, Tsunade se desgarró la ropa con facilidad, para luego depositar a su amante sobre el escritorio y colocarse encima de ella.
Zakuro no esperaba tener que encamarse a Tsunade, pero a decir verdad la experiencia no estaba mal y así sería más sencillo concretar el plan. Se apresuró a quitarse el chaleco verde la Hoja, pero la hokage lo arrancó de un tirón y lo arrojó aún lado hecho pedazos. Mientras la rubia se deleitaba con sus senos, Zakuro deslizó un dedo hacia la entrepierna de la mujer, desde donde empezó a apretar cada vez más fuerte. La pelinegra podía sentir el sudor de Tsunade deslizarse por su piel, mientras la excitación de la hogake crecía; su cuerpo estaba cada vez más caliente y sus pechos, duros y erectos.
La rubia hundió el rostro en el cuello de Zakuro y en ese instante la vampiresa supo que era el momento de actuar. Abrió la boca, dejando relucir los dientes, y cerró sobre el cuello de Tsunade.
Una notable mancha de sangre se extendió por la espalda de la ninja-médico, pero esta no pareció darse cuenta o no le importó. Esa era una de las ventajas de la mordida del vampiro; tras un instante de dolor, resultaba muy placentera y anestésica.
Las dos mujeres rodaron y cayeron al suelo, con Tsunade sobre Zakuro. La hokage le dedicó una sonrisa en donde se mezclaban la borrachez con la excitación:
-Me mordiste, se nota que estás ardiente, ¿Te gusta este sueño?
Zakuro asintió:
-Siga por favor.
"Si, sigue mientras te conviertes en vampiro, mientras yo cumplo mi misión para convertirme en digna de él".
Tsunade se arrastró hasta que su cabeza quedó frente a la entrepierna de Zakuro. La vampiresa sintió por primera vez en la noche un poco de asco cuando la rubia comenzó a degustar su entrepierna con la lengua.
"Lo haces por él", se recordó, "Es todo por él, pronto volverás a apoyar el rostro en su pecho duro, a sentir sus brazos fuertes rodeándote el cuerpo, pronto será el que se meta entre mis piernas y no esta bruja".
En ese instante, un rayo rasgó el cielo y Zakuro divisó una figura que se hayaba bajo el umbral; una figura que conocía.
-No…tú, ¿Qué haces aquí?-chilló Zakuro y miró enseguida a la Tsunade, temiendo que su grito la hubiese alertado. Sin embargo, la rubia se había echado a un lado y convulsionaba, por lo que dedujo que estaba empezando a transformarse.
-¿Qué que hago aquí?-dijo la chica mientras entraba en la oficina-vengo a comprobar el resultado de mi trabajo.
Zakuro arqueó una ceja:
-¿De qué hablas?
La recién llegada sonrió con malicia, una sonrisa que a la pelinegra le heló la sangre.
-¿Crees que fuiste tú la que sedujo a la hokage y la convenció de acostarse con otra mujer? No, claro que no. Yo fui quién fue metiéndose en su cama poco a poco, yo fui quién la deslumbró con mi cuerpo y mi sensualidad, de la misma forma que deslumbré a Sasuke, no tú estúpida. Tú solo eres un peón insignificante que nos fue útil solo porque se acostaba con la secretaria de la hokage. Y ahora, ha llegado el momento de sacrificarte por el rey…y por la reina.
La chica tomó los restos del chaleco de Zakuro que Tsunade había destrozado y lo arrojó sobre la pelinegra. Zakuro observó de las rasgaduras del chaleco salían volando papeles bomba.
El instinto hizo que intentase pararse, pero una extraña fuerza la empujó nuevamente contra el piso.
"Me atrapó en alguna clase de jutsu"
La chica caminó hasta el umbral, mientras Zakuro luchaba una batalla perdida contra la técnica que le impedía moverse. Antes de salir de la oficina, la chica se volvió para dedicarle otra sonrisa maliciosa:
-Sasuke te manda un beso, preciosa.
Los papeles empezaban a brillar, la hokage a su lado se despertaba lentamente como vampiro. A fuera, la lluvia se había detenido por el momento.
"¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste Sasu...?"
El vidrio y la madera saltaron, los fuegos se elevaron hacia el cielo. Ningún trueno logró igualar el sonido de esa explosión.
…
Bueno, espero que les haya gustado, en cuanto pueda les traeré el final de la historia, ¿Cómo pasa el tiempo verdad? Como siempre, gracias por leer y dejen reviews, si pueden jaja, estén atentos para el final de Vampiresas de Konoha.
