Siento la tardanza! Aquí está el capítulo 2 de Noches de tormenta, espero que os guste :)
Sein, muchas gracias por tu comentario, sabes lo dificil que es comenzar un fanfic, tu comentario me ha dado muchos ánimos! espero que este capítulo te guste :)
CAPÍTULO 2
Parecía que cada paso que daban oscurecía más y más el cielo sobre sus cabezas. Nubes amenazadoras se cernían sobre el pueblo élfico precediendo a la comitiva de enanos, dándole un toque fúnebre que para nada les convenía. Parecía que el tiempo reflejaba el estado de ánimo del rey de los enanos; o al menos eso pensó Aris.
-Fili…-llamó la chica en un susurro, acercándose todo lo que pudo a su oído, no quería que nadie más la escuchara. El joven enano giró un poco la cabeza y la miró de soslayo esperando una pregunta.
-¿Qué le pasa a…- se lo pensó un segundo antes de pronunciar su nombre-…a Thorin con los elfos?
El comentario le arrancó una sonrisa a Fili pero que estaba muy lejos de ser divertida.
-Es una larga historia- dijo mirando hacia delante de nuevo- todo empezó en Erebor- dijo con un anhelo extraño en la voz.
-Era el reino enano más esplendoroso que se recuerda…-comenzó Fili con la historia más impactante que Aris recordaba haber escuchado. Escuchó cómo los enanos habían perdido Erebor ante Smaug, la bestia inhumana de las leyendas, como los elfos le habían negado la ayuda que tanto necesitaban a Thorin y a su familia y como los enanos lo habían perdido todo.
Aris observó a Thorin mientras su cuerpo y el de Fili se movían al compás de la montura y los truenos lejanos los transportaban a ambos lejos de allí, a tiempos más felices quizás; quizás a tiempos más tristes, tiempos de batallas, tiempos de desolación…tiempos que no eran tan diferentes al fin y al cabo.
Escuchó atentamente el relato de la batalla contra los orcos y como Thorin consiguió arrancarle el brazo a Azog, el temible orco pálido, mientras ya se divisaba a lo lejos un gran palacio de madera y mármol blanco, tan enorme e iluminado que los enanos no pudieron contener la sorpresa de sus rostros. Era la construcción más hermosa e impresionante que muchos habían visto en años. Jardines colgantes y balcones redondos desde los que se podía ver todo el pueblo se mimetizaban perfectamente con el bosque y la piedra que los rodeaba; y hacia allí los dirigía el mago gris.
-El palacio de Thrantil, señor de los elfos de los bosques del oeste.- dijo Gandalf con una sonrisa mientras paraba su caballo en las mismas escaleras del palacio por las que ya bajaban a recibirlos media docena de elfos. Los enanos lo imitaron y esperaron a que los elfos llegaran a su altura.
-¡Gandalf!- le dijo el elfo más alto de los seis, el que iba ataviado con una larga túnica plateada que brillaba como la luna. Thrantil, señor de los elfos del bosque del oeste sonrió y acto seguido dio la bienvenida en élfico al mago y añadió esta vez en la lengua común: Bienvenidos vosotros también mis señores enanos. Ninguno dio muestras de responderle.
Entonces Gandalf se bajó del caballo pero ningún enano lo imitó esta vez. En lugar de eso permanecieron serios y amenazadores encima de sus monturas.
-Thrantil- dijo con un gesto de respeto con la cabeza- Gracias por recibirnos a mi y a mis amigos, espero que no te causemos muchas incomodidades.
Thrantil sonrió como uno de los grandes señores elfos que era e hizo un gesto de asentimiento con la cabeza.
-Tu nunca has molestado Gandalf, ya lo sabes, como tampoco tus amigos- dijo paseando la vista por los enanos hasta que sus ojos se posaron en los del rey.
Se le desvaneció poco a poco la sonrisa intercambiándola gentilmente por un gesto de respeto con la cabeza.
-No sabía que estaba entre tus amigos Thorin hijo de Thrain- dijo no sin sorpresa, dirigiéndose a Gandalf pero sin apartar los ojos del enano el cual lo miraba con la cabeza alta y los ojos azules relampagueando de desconfianza.-Es un placer conocerte.
El enano imitó su gesto con la cabeza educadamente aunque sus ojos no reflejaran lo que su cuerpo hacía. Le mantuvo la mirada al elfo durante unos segundos que a los presentes se les hicieron eternos.
-Thrantil, me temo.-añadió por fin con su profunda voz.
Gandalf fulminó con la mirada al rey enano ante su insolencia, los demás presentes parecieron palidecer un segundo menos Balin y Dwalin que permanecieron junto a Thorin, sin moverse ni un ápice. Tras un tenso silencio Thrantil rió un poco.
-No son falsos los rumores, Thorin escudo de roble tiene fuego en la mirada.- dijo el elfo volviendo a mirar al rey enano. Aris, que se había mantenido detrás, todavía agarrada con fuerza a Fili y con el corazón en un puño pensó que Thrantil se equivocaba, no era fuego. Lo que Thorin tenía en los ojos era hielo. Fuego en la voz; pero hielo en los ojos.
Thorin relajó un poco la mirada cuando vió a Gandalf avanzar hacia los dos con paso autoritario.
-Estareis exhaustos- dijo Thrantil- teneis habitaciones preparadas en el mismo palacio.-dijo haciendo un ademán grácil con la mano hacia la impresionante edificación que tenia detrás. Thorin descabalgó, y solo entonces los enanos bajaron de sus monturas. Fili bajó y le tendió a Aris una mano cortésmente. La chica le dedicó una sonrisa, la cual borró de un golpe en cuanto vió que Thrantil se había fijado en ella. Si al elfo le sorprendió el hecho de que la chica se acabara de bajar de uno de los ponis de los enanos no dio muestras de ello.
-Ya que veo que Arien tampoco ha traído nada de caza, tal como le dije, os prepararemos una cena, que espero que sea de vuestro agrado.- dijo el elfo lo que provocó que los enanos miraran a Aris, aunque esta vez más relajados; hablar de comida siempre los calmaba. Aris agachó la cabeza ante la pequeña burla del elfo, o quizás fuera más bien porque Thorin había dirigido su mirada hacia ella. Soltó un suspiro al aire, con los labios apretados mientras observaba el ornamentado suelo de mármol como si fuera lo más interesante de la tierra media.
-Thrantil, amigo, nos gustaría hablar contigo sobre nuestra…inesperada visita- dijo por fin Gandalf atrayendo la atención.
Thrantil sonrió.
-Estoy impaciente- dijo haciendo un gesto con la mano para que lo siguieran.
Mientras Gandalf, Thorin y Balin seguían a Thrantil los demás enanos eran acompañados por los elfos hacia sus habitaciones. Aris observó con semblante serio como Gandalf y los enanos desaparecían de su vista por las largas escaleras blancas. Se quedó allí un segundo más sin saber que hacer; decidió al fin que tenía que dejar el arco y las flechas y averiguar que estaba pasando allí.
Thrantil acompañó a los dos enanos y al mago a una de las grandes salas del palacio, la más próxima a la puerta de entrada; parecía una sala de audiencias en la que había una gran mesa redonda de mármol blanca y alrededor sillas, labradas a mano, blancas como el nacar.
-Decidme, ¿Qué os trae por estos bosques viejo amigo?- dijo Thrantil apoyándose en la enorme mesa.
Gandalf les dedicó una mirada a los dos enanos y dio un paso al frente mientras observaba la sala con aire distraído.
-Verás amigo, estamos…-se paró un segundo intentando escoger la palabra adecuada- intentando llegar hasta Erebor.- el mago le dedicó una mirada a Thorin.- sabes que el reino de los enanos ha estado años olvidado…-comenzó a explicar Gandalf al ver la cara de sorpresa de Thrantil.
-Es un suicidio.-espetó el elfo mirando directamente a Thorin.- vais hacia una muerte segura.
-Ningún elfo nos va a negar intentar recuperar lo que es nuestro por derecho- le espetó el rey enano, como quien tira un dardo envenenado.
-Y nadie está diciendo tal cosa Thorin.- dijo Gandalf, dedicándole al enano una mirada dura.- Thrantil, no negamos que es una misión dura, pero profecías, lecturas y …- comenzó de nuevo el mago.
-Gandalf…no dudo de vuestro valor ni el de los enanos- interrumpió el elfo- pero Smaug…no se puede llegar a Erebor por la puerta principal como si uno entrara en su propia casa, además si consiguierais entrar supondría una muerte casi segura para un ejército de miles de hombres, no hablemos para trece enanos…
Esta vez fue Gandalf el que interrumpió.
-Lo sabemos amigo, pero esto es más importante que todos nosotros, estos enanos han luchado mucho por esto, nadie les quitará la idea de intentar recuperar lo que es suyo y si te soy sincero, creo en ellos con todo mi corazón- dijo mirando a Thorin el cual había perdido toda la rudeza que le quedaba en la mirada-…les ayudaré en todo lo que esté en mis manos.
El silencio se hizo en la sala; todos los presentes miraban al mago sin querer romper el momento.
Al fin Thrantil asintió pensativamente mirando a los dos enanos y a Gandalf alternativamente.
-Al menos estos elfos te ayudarán en lo que puedan- dijo dirigiéndose hacia Thorin. La frase dio en los más profundos recuerdos del rey enano el cual frunció el ceño y abrió la boca para contestar pero Gandalf se adelantó.
-Te lo agradecemos pero no es de ti de quien necesitamos la ayuda- dijo.
Los tres presentes lo miraron, la curiosidad de Thrantil aumentaba por momentos.
-De quien queremos la ayuda es de Aris.-dijo por fin Gandalf.
Thrantuil frunció el ceño.
-¿Arien?- el desconcierto de Thrantil era palpable- ¿Quieres que Arien os acompañe hasta la montaña solitaria y os ayude a que?...¿a matar a un dragón?.
Gandalf sonrió.
-Así es.
Thrantil negó desconcertado.
-¿Cómo os puede ayudar?
-No lo sé.- admitió el mago.- pero tengo el presentimiento desde que me dijiste que te recomendara a alguien más para la misión-dijo mirando a Thorin- que Aris era la persona adecuada.
-Aris solo es una chiquilla, no os acompañará a ninguna misión suicida.- se opuso Thrantil.
Por una vez Thorin estaba completamente de acuerdo con un elfo.
-Si nos acompaña acabará muriendo y si sobrevive lo único que hará será estorbar- dijo el rey enano, soltándolo como quien dice la hora.
Gandalf los miró a los dos a los ojos, enfadado.
-Aris es una de las chicas más listas que conozco, es rápida y silenciosa. Cuando tenía 6 años conseguía robarme fuegos artificiales conmigo mirando sin que me diera cuenta.-empezó Gandalf- se ha escapado mil veces de tus guardias, lo sabes mejor que nadie- dijo esta vez dirigiéndose a Thrantil- cada vez que la castigabas conseguía salir del palacio aun teniendo a 5 guardias vigilando las salidas…
-Cosas de niños, no es nada en comparación con la misión que llevais entre manos.- dijo Thrantil.
-Nos ayudaría a entrar en Erebor, el dragón no reconocería su olor, además sabe perfectamente como esconderse…
-No gandalf, no dejaré que la llevéis a un suicidio seguro.-volvió a repetir Thrantil.
Se hizo el silencio mientras Gandalf miraba a los presentes entre indignado y cabreado. Al fin Balin, quien se había mantenido en un segundo plano desvió el tema por un momento.
-¿Qué hace una humana viviendo entre elfos de los bosques?.
Thorin escrutó al elfo con la mirada, intrigado.
-Hace 19 años más o menos, una noche en la que uno de nuestros exploradores nos había informado de que había visto una manada de orcos merodeando cerca del bosque salimos a darles caza.-comenzó Thrantil- seguimos su rastro pero había empezado a llover por lo que al final lo perdimos…de vuelta al poblado nos encontramos con un rastro de sangre. Lo seguimos y a los pocos metros la vimos. Una niña pequeña, de unos dos o tres años, llena de sangre y empapada por la lluvia. La encontramos tiritando, sentada bajo un árbol, con la mirada perdida. No lloraba, ni siquiera pestañeó al vernos llegar. Nos la llevamos al poblado; allí le curamos algunas heridas, pero dedujimos que toda la sangre no era suya por lo que lo más seguro era que sus padres hubieran muerto a manos de los orcos. No lo sé, no se si viajaba con alguien hacia algún sitio, si salieron a cazar, si estaban huyendo de algo…la niña no habló de ello en ningún momento, no pudimos sacarle nada.-thrantil hizo una pausa.
Gandalf que ya conocía la historia observaba a los enanos y a Thrantil alternativamente. Balin escuchaba con el ceño fruncido y Thorin tenía la mirada perdida en sus propios pensamientos.
-No tenía a nadie más en el mundo; así que la acogí como a una más y aquí ha vivido con nosotros desde entonces.- terminó.
-Confío plenamente en que Aris nos ayudará- cortó el mago el silencio que se había formado, lentamente.-Thrantil, es una mujer adulta, puede decidir lo que hacer por si misma. La has educado como a los elfos, sabrá cuidarse sola.
Thrantil suspiró.
-Arien tiene el temperamento de los humanos…-dijo más para si que hacia nadie en particular- no me opondré si quiere irse, nadie podría.-decidió al fin- deberéis decírselo pronto, ahora tengo asuntos que atender, y vosotros deberíais comer algo; habeis hecho un largo viaje.- se despidió el elfo. Después salió por una de las puertas de la sala dejando al mago y a los dos enanos salir hacia la entrada principal, por donde habían entrado antes.
Cuando estuvieron fuera la luna, que se asomaba entre las densas nubes, les rodeó. Thorin se volvió hacia el mago.
-No llevaré a ninguna niña con nosotros y menos a una criada por elfos.- dijo.
Gandalf no dijo nada, con la sola mirada lo decía todo; pero Thorin no estaba cerca de ceder.
-¡Vamos Gandalf! ¡Solo es una niña que saldrá corriendo en cuanto escuche la palabra orco!-espetó Thorin haciendo un gesto de enfado con la mano.
-¡Thorin hijo de Thrain, me pediste consejo y yo te lo he dado! La conozco desde los 5 años y sé que es la mujer que necesitas en esta misión.- dijo Gandalf tan enfadado que por un momento pareció que la luna se oscurecía con cada palabra. Un trueno todavía lejano le dio todavía más valida a su voz. Pero Thorin no era hombre que se dejara amedrentar fácilmente.
-¡Solo nos estorbará! ¿¡que puede saber de luchar!?- casi gritó el rey enano, demasiado fuerte para el lugar en el que estaban.- ¡No podemos estar pendientes de ella, no podremos protegerla continuamente, solo conseguirá que nos maten a todos!
Thorin calló de repente al notar alguien más allí. Los tres miraron a su izquierda donde la luz de la luna acababa de iluminar el rostro de Aris. Dandole una palidez casi etérea. Sus ojos verdes oscuros, los más tristes que Thorin había visto se posaron en él; pero sus palabras, lejos de transmitir la tristeza que sus ojos casi gritaban sonaron monótonas, ni siquiera enfadadas.
-Tranquilo, no morirás por mi culpa Thorin escudo de roble…- el enano bajó la vista e hizo una casi imperceptible mueca con la comisura de los labios.-…porque no te voy a acompañar a ningún sitio.- acabó, esta vez no pudo disimular su enfado y pasó andando rápidamente entre los dos enanos y el mago, queriendo subir lo más deprisa posible las escaleras.
A esas alturas Liendril y algunos elfos más ya se habían asomado desde balcones para ver que pasaba, los demás enanos también los observaban desde uno de los balcones donde les habían preparado la cena.
Thorin soltó un suspiro cansado y alzó la cabeza en busca de Gandalf pero el mago estaba subiendo las escaleras tras la chica.
-Aris, espera…-dijo.
-¡No Gandalf!- le interrumpió la chica dándose la vuelta mientras el mago llegaba a su altura.
-Pequeña Aris- dijo Gandalf con ternura- los enanos pueden llegar a ser muy cabezotas; pero Thorin no sabe lo que les podría ayudar un toque femenino.
Aris negó con la cabeza.
-¿Por qué yo Gandalf? ¡Hay mil personas que os servirían más!, yo…Thorin tiene razón.
-Te infravaloras Arien, siempre lo has hecho. Eres la persona indicada, no me preguntes porque.- le dijo Gandalf con una sonrisa.-y todos los enanos se darán cuenta…haz el favor de acompañarlos.
Arien abrió la boca pero no supo que contestar; en lugar de palabras soltó un suspiro y se pasó una mano por el pelo mientras la otra mano la apoyaba en la cintura. Miró a Gandalf largo rato, recordando cuando de pequeña le encantaban las visitas que les hacia a los elfos, y el cariño que le había tomado a Aris. No pensó que volver a verlo le llevaría tantos quebraderos de cabeza.
-¡Sois vosotros los que habéis venido hasta aquí! Yo no he pedido nada de esto. Lo siento Gandalf, no creo que sea yo quien buscas…-dijo con la mirada triste, y sin más se dio la vuelta y se fue al único sitio que podría calmarla ahora mismo. Gandalf la dejó machar, se dio la vuelta y siguió a los dos enanos que ya entraban a uno de los redondos balcones más bajos del palacio donde les habían preparado una mesa con comida y bebida y donde los demás ya cenaban. Cuando entró Thorin todos los comensales callaron de repente y lo miraron. El rey enano pasó de largo la mesa, cabreado, no sabía porque pero estaba enfadado consigo mismo.
Aris entró a su balcón favorito como una bala, enfadada con el mundo. Era uno de los balcones mas pequeños que tenían en el palacio, pero uno de los más bonitos, sus vallas de madera blanca estaban rodeadas por flores y verdes ramas de árboles que casi los tapaban desde fuera, no tenía más moviliario y decoración que el propio balcón en si, tallado como una única pieza en la piedra.
Maldijo su suerte mientras se asomaba hacia afuera y observaba el pueblo que se abría a sus pies. Escuchó voces y algunas risas, miró a su derecha y en uno de los balcones por debajo del suyo podía ver perfectamente a los 13 enanos y al mago cenando. Los observó en silencio hasta que alguien la sobresaltó.
-¿Todavía no te has quitado esa ropa?- dijo Lien apareciendo a su lado de repente, con una preciosa túnica élfica corta, encima de unos pantalones de piel de ciervo que le venían como un guante. Aris no respondió, ni siquiera lo miró.
El elfo borró la sonrisa con la que había entrado y observó también a los enanos.
-Gandalf te quiere en la compañía del enano...¿has pensado ya que vas a hacer?- dijo el príncipe elfo con una nota extraña en la voz.
Aris se volvió a mirarlo, al principio no dijo nada pero el elfo percibió una duda en sus ojos.
-No iré…-dijo al fin.- ya has oído al rey enano, no me quiere entre ellos.
Lien la miró.
-Tu siempre has pensado que estabas destinada a algo más- dijo mirando hacia adelante, con algo parecido al resentimiento en la voz.- ahí tienes tu oportunidad para largarte de aquí.
Aris lo miró.
-Nunca me has perdonado ese comentario ¿verdad?...no dije nada que no fuera cierto Lien. No soy una de vosotros. Vamos, soy una humana entre elfos.- miró también hacia adelante- nunca seré una de vosotros.
Lien la miró con el ceño fruncido.
-Yo siempre te he querido como si fueras de mi familia.
Aris lo miró a los ojos; el príncipe elfo y ella siempre habían estado juntos desde que la acogiera el padre de este. Eran inseparables, el joven elfo se haba encaprichado de ella desde que la vio y siempre la había cuidado, eran mas que amigos, eran hermanos.
-Y lo se Lien y os agradezco todo lo que habeis hecho por mi…- calló un segundo mientras buscaba las palabras adecuadas.- pero eso no quita el hecho de que soy diferente…la mayoría aun me mira con desconfianza y se que por mucho que lo intenten no acaban de aceptarme, Thrantil me manda de caza la mayoría de las veces para que me aleje del poblado…estoy sola, pero rodeada de mucha gente Lien.
-Thrantil te dio un hogar, te cuidó, te dejó aprender a montar a caballo, a entrenar conmigo con la espada, a tirar con arco…te trató como a uno más de sus hijos.
-Lo sé y mataría por tu padre pero… nunca lo entenderías…tienes una familia, y aunque te vayas lejos sabes que está aquí, que tu gente está aquí, sabes el nombre que te dio tu padre, sabes de donde procedes.-dijo respirando hondo- esta es mi casa pero no mi hogar Liendril. Yo no tengo hogar.
Lien no supo que responder; estaba cabreado con aquella chica, con sus ojos verdes, con el pelo oscuro que le agitaba con violencia el viento, con sus labios rojos que cuando sonreían siempre le contagiaban.
-¡Pues vete con Thorin y sus enanos!- le dijo- nadie te retiene aquí.
Aris dio un violento golpe con el puño cerrado a la madera en la que estaban apoyados, haciendo resonar por los balcones adyacentes el fuerte ruido.
Los enanos que cenaban más abajo se callaron de repente y miraron hacia arriba fijándose por primera vez en la presencia de Aris y el joven príncipe elfo. La chica coincidió con los ojos de Kili que la miraba con los labios fruncidos; a su lado, Thorin también miraba hacia arriba; en cuanto coincidieron las miradas Aris se volvió hacia Lien y habló más flojo.
-¿Y pasar de estar con gente que no me acepta a estar con gente que no me quiere?- le dijo mirándolo a los ojos.- Una gran idea…
Lien desvió la mirada. Se instauró un silencio, que lejos de ser incómodo calmó un poco los ánimos de ambos. La tormenta avanzaba veloz hacia ellos mientras rayos amenazadores iluminaban el oscuro cielo.
Al fin el elfo suspiró.
-Ellos tampoco tienen hogar.- dijo.
Aris se volvió a mirarlo sin entender.
-Los enanos…perdieron su hogar hace mucho tiempo. Tu deberías entenderlos mejor que nadie.- le dijo, dejando a la chica en la más profunda de las dudas.
No respondió, tenía razón. En su lugar Lien añadió lo que ambos pensaban.
-Puedes morir. Puede que no nos volvamos a ver.
Aris lo miró y a pesar de las duras palabras le dedicó una media sonrisa.
Sin añadir nada, pues todo estaba dicho se adelantó unos pasos y abrazó al elfo. El joven la apretó con fuerza mientras, por fin, una lluvia torrencial comenzó a caer a través de los frondosos árboles. Se separaron justo cuando un gran rayo partía el cielo en dos, precedido a los pocos segundos por un ruido ensordecedor. Lien sonrió.
-Noches de tormenta…tus favoritas.-le dijo con tristeza mientras los enanos seguían cenando más abajo, los elfos, en sus casas, resguardados de la lluvia no tenían ni la menor idea de lo que pasaba más arriba, en el palacio. Aris observó de nuevo a los enanos a través de un manto de lluvia, con el gesto más serio que Lien le había visto jamás.
La mañana amaneció tan fría que a Thorin le recorrió un escalofrío por la espalda en cuanto abrió los ojos. No había descansado nada, ¿Cómo iba a hacerlo en la casa de un elfo?. Se vistió lentamente, ajustando las correas perfectamente a su cuerpo. Era agradable al menos poder darse un baño de agua caliente y poder dormir sin la ropa de vez en cuando. Se colocó las armas y salió de la habitación que le habían dado. Recorrió el largo pasillo hasta salir a uno de los grandes balcones del palacio, el que presidía la zona de sus habitaciones. Observando el sol que ahora despuntaba a través de los árboles en un amanecer glorioso estaba Dwalin; el único que estaba despierto.
El rey enano se puso a su lado obligando a Dwalin a mirarlo. No se dijeron nada durante un buen rato hasta que el gran enano soltó un bufido.
-Vámonos ya de este sitio.- le dijo a su rey.
Thorin asintió, nada le apetecía más.
-Despierta a los demás, nos vamos en media hora.
Dwalin asintió y se perdió entre los blancos pasillos.
Thorin se quedó allí observando el amanecer hasta que fueron saliendo todos uno a uno. Se sentía algo culpable por la chica. No había cambiado de opinión pero tampoco había sido la mejor forma de decirlo, ¿en que estaba pensando el mago?. Apoyó las manos en la baranda húmeda por la lluvia y agachó la cabeza, cansado.
-¿Thorin?- la voz de su sobrino Fili lo sacó de sus pensamientos- estamos listos para partir.
Thorin se dio la vuelta y vió a todos sus hombres mirándolo, con las armas puestas y preparados para partir en cuanto el diera una orden. Se permitió un segundo para estar orgulloso de todos ellos y con un gesto de cabeza les indicó la puerta.
Gandalf los esperaba en las escaleras donde también estaban Thrantil y su heredero Liendril, también elfos curiosos los observaban desde el palacio. Se despidieron de su anfitrión cordialmente y montaron en sus animales dispuestos a salir del pueblo elfo en cuanto pudieran.
-En marcha.-les dijo Thorin.
-¡Esperad!- les dijo una voz. Los enanos se volvieron a mirar.
Aris estaba bajando con rapidez las escaleras, empapadas por la lluvia nocturna. Iba vestida con ropas verdes y marrones oscuras. Unos pantalones y una camisa ajustada, unas botas altas marrones, atadas con correas; además de un abrigo élfico, más bien parecido a una capa verde oscuro con una gran capucha. A la cintura llevaba una correa de la que colgaba una espada. Otra correa le cruzaba el hombro en diagonal donde llevaba un carcaj lleno de flechas y un arco élfico a la espalda. Se paró delante de los enanos acabándose de poner unos guantes y una especie de pañuelo oscuro en la garganta. Estaba preparada para viajar a donde fuera. Al igual que Thorin ella tampoco había dormido aquella noche, aunque por motivos muy distintos a los suyos.
-Os acompaño.-les dijo, lo más solemne que pudo.
La mayoría de los enanos le dedicaron una sonrisa, sobre todo Fili y Kili que sonreían de oreja a oreja. Thorin la miró con el ceño fruncido. Aris lo buscó con la mirada; cuando lo encontró sus ojos azules le volvieron a producir un escalofrío, no se había sentido tan pequeña y frágil como cuando la miraba el rey enano. Le sostuvo la mirada muy a su pesar, esperando alguna oposición, quizás una negativa rotunda. Pero si Thorin estaba pensando que se diera la vuelta, que no era bien recibida no dio muestras de decirlo. En su lugar ladeó un poco la cabeza y negó exasperado dejando escapar un suspiro; aquella chica lo sacaba de quicio.
-Monta ya en el caballo, o te quedarás atrás.-le dijo.
A Aris le dieron ganas de sonreir pero no lo hizo. Thorin alzó las cejas aún mirándola.
-¿No me has oído?.
Aris asintió y fue en busca de su caballo.
Comenzaron a salir del pueblo elfo. Cuando llevaban unos metros Aris volvió la vista a atrás y busco a Lien con la mirada. No lo encontró; en su lugar encontró a Thrantil que los observaba junto a Gandalf el que se había quedado un poco más pues tenía que consultar algunos libros de la biblioteca élfica; se reuniría con ellos más adelante. La mirada de Thrantil fue dura, pero en el fonfo, muy en el fondo Aris pudo ver tristeza en sus ojos. La chica hizo un gesto con la cabeza de respeto y despedida y volvió la mirada hacia los enanos que la precedían. No quería volver más la vista hacia el lugar donde había crecido, no quería observar la belleza de sus gentes ni sus ríos, no quería buscar a Lien con la mirada y ver en sus ojos tristeza, no quería volver la vista atrás nunca más. Una certeza se instaló en su interior, una sensación tan poderosa que hizo que el corazón le diera un vuelco. Nunca más volvería.
