Muchas gracias a todos por los comentarios, de verdad!
Aquí el tercer capítulo, espero que me digáis que os ha parecido. :)
CAPÍTULO 3
El primer día fue duro, más duro de lo que habría cabido esperar. El segundo fue, si cabe, más duro todavía. El tercero, casi insoportable. Pero Aris no se quejaba, ni aunque la hubieran torturado durante horas habría confesado lo difícil que estaba siendo. A pesar de eso estaba segura que se le reflejaba en la cara, pero todo era acostumbrarse, le había dicho Dori, a partir del tercer día las ampollas de los pies ya eran callos, con los que podría haber ido descalza. Las rozaduras de su montura ya no le dolían y los cortes en las manos y en los labios debido al intenso frío ya se estaban curando. Aún así creía que Thorin disfrutaba con esos pequeños detalles que sufría Aris. Nunca lo dijo, quizás solo era impresión de la chica, pero cada vez que la miraba veía en sus ojos algo que le decía que esa misión era demasiado para ella. Aris no sabía porque ponía tanto de los nervios al rey enano, no lo había evitado, pero en los casi tres día de viaje que llevaban no había cruzado con él más que un par de palabras. En cambio Aris había aprendido a querer a todos los enanos; sobre todo a Fili y a Kili que se habían convertido en algo así como hermanos mayores. Se pasaba la mayor parte del tiempo con ellos, pero también le gustaba hablar con Balin, era una de las personas más sabias que había conocido nunca. Le encantaba escuchar sus historias sobre los enanos y sobre Erebor. No sabía porque pero se sentía como si ella también hubiera perdido Erebor, como si la batalla contra los orcos hubiera sido una batalla personal, como si Azog le hubiera cortado la cabeza a su propio abuelo.
Otro de los enanos que la sorprendió fue Dwalin, al principio creía que era serio y duro pero en cuanto dejaba el caballo a un lado y se sentaba en la hoguera a cenar era el primero y el último que dejaba de reir. Era duro, claro que si, estaba segura de que cuando peleaba peleaba de verdad, y cuando mataba lo hacía sin remordimientos, pero también se había dado cuenta de que quería a los suyos por encima de todo y de que era un bromista nato, que le gustaba la fiesta como a todos los demás. Era Thorin el único que guardaba un poco más las distancias, el rey, por supuesto, era el que debía estar sereno siempre; las responsabilidades de un buen rey. Le pesaban bastante más de lo que parecía. Aris pensaba en él más a menudo de lo que quería reconocer a si misma. No sabía porque pero le producía una curiosidad casi enfermiza, pero también le daba tanto respeto que era casi incapaz de mirarlo a los ojos sin sentir un escalofrío, o al menos lo achacaba a la dureza de sus ojos cuando la miraba.
Llevaban tres días de viaje, estaba anocheciendo tan deprisa que a Aris le parecía que con cada parpadeo se encendía una estrella en el cielo. Ese pensamiento le arrancó media sonrisa.
-¿Tienes hambre?- le preguntó Ori a Aris volviéndose en su poni.
Aris negó con la cabeza. No era cierto, estaba hambrienta, pero no quería que pararan antes por su culpa.
-Yo si.- dijo Kili que estaba a su lado.- estoy famélico.
-Ella también está hambrienta.- dijo Fili que estaba al lado de su hermano.- cuando tiene hambre agarra las riendas más fuerte.- dijo mirando a Aris mientras sonreía con malicia.
Aris relajó las manos de las riendas, entumecidas y frunció el ceño.
-No es verdad.- dijo.
-Claro que lo es.-dijo sin perder la sonrisa.
-Pues tu tienes sueño- le dijo Aris, ahora era ella la que sonreía- cuando tienes sueño se te hincha la nariz.
Fili se llevó una mano a la nariz, borrando la sonrisa de golpe.
Ori y Kili soltaron una carcajada ante la cara de enfado de Fili. Aris rio por lo bajo mientras Fili la miraba, este comenzó a reírse también hasta que una figura se puso al lado de Aris. Todos dejaron de reírse de repente. Thorin, el cual cerraba la marcha, se había adelantado poniendo el caballo junto al de Aris. Su gesto serio hizo que sus sobrinos bajaran la cabeza.
-No hagáis tanto ruido o atraeréis a todos los orcos de la tierra media.-dijo pasando la vista por todos- no pararemos todavía, aún nos quedan un par de horas de viaje.- posó sus ojos en los de Kili esperando quizás una negativa que nunca llegó.
-Vamos a entrar en el paso de la montaña helada- dijo mirando esta vez a Aris. Se acercó más a ella hasta que pudo alargar la mano y agarrar la capucha de su capa. Con un movimiento se la puso sobre la cabeza.- abrigaos bien, no se llama la montaña helada por nada.
Aris no dijo nada, simplemente se abrigó mientras Thorin se ponía a la cabeza de los enanos. Se puso el grueso pañuelo bien atado y se arrebujó en la capa. El frío ya comenzaba a ser insoportable conforme se iban acercando a la montaña, no quería ni imaginar cuando estuvieran cruzándola.
Bofur maldijo su suerte mientras una nube negra como el infierno descargaba toda el agua que llevaba sobre ellos.
-Si hay algún dios mirándonos, no nos tiene en gran estima- dijo Kili a través de todos sus ropajes. Aris envidió su capa de pelo y se tapó más con la suya, empapada.
El agua caía como agujas heladas sobre sus cabezas. Por si fuera poco el viento hacía que callera con una velocidad vertiginosa. La nieve y el hielo hacían que los animales patinaran. Pero no pararon pues tampoco había sitio donde resguardarse. Estaban pasando el camino de la montaña de dos en dos. El paso era más ancho, pero no sabían lo que era hielo y nieve y lo que era piedra para poder pasar. Así que iban pegados a la cornisa, esquivando trozos de hielo que caían sobre sus cabezas. Thorin y Dwalin iban despacio, los primeros, intentando asegurar donde pisaban.
Por fin el camino se les abría más, después de dos horas, ya completamente de noche, habían pasado la zona más estrecha del paso de la montaña helada. Pero ahora debían bajar por zonas resbaladizas y cuesta abajo. Hacerlo de noche, con el viento y la lluvia en contra era un suicidio. Así se lo hizo saber Balin a Thorin. Este miró hacia atrás y vió a todos sus hombres empapados y rozando la hipotermia mirándolo. Thorin observó a Aris; apenas se le veían los ojos, dos puntos negros en medio de todo el abrigo, estaba empezando a desfallecer tanto de hambre como de cansancio. El rey asintió hacia Balin.
-Más allá hay una especie de risco, quizá quepamos todos.-le dijo señalando una media cueva en un lado del camino, apenas si llegaban para meterse ellos y los ponis.
Todos soltaron un suspiro ante las palabras de Thorin y se bajaron con los músculos entumecidos a resguardar a los animales.
Bofur sacó los utensilios para hacer un fuego pero Dwalin le sujetó la mano.
-No es seguro hacer un fuego en una montaña como esta. Se verá a leguas de aquí.-dijo el enano. Todos lo miraron anhelantes, habrían matado por un fuego donde poder calentarse las manos.
Thorin lo pensó un segundo mientras se quitaba el grueso abrigo de piel, ahora empapado.
-Haz el fuego- le dijo a Bofur, después se giró hacia su amigo Dwalin- si alguien está tan loco como para seguirnos durante la noche hasta aquí le invito a intentarlo.
Se fue hacia Nori que estaba ayudando a colocar a los ponis lo más resguardados posible.
-Si alguien lo consigue dejaremos que nos mate entonces- bromeó Dwalin.
Thorin se volvió hacia él mientras andaba y le dedicó media sonrisa. Fue la primera vez que Aris veía a Thorin sonreir. Se quedó observándolo largo rato hasta que Kili le dio un codazo para que se moviera.
-¿Quieres quitarte ya de la lluvia?-le dijeron los dos hermanos mientras la arrastraban hacia dentro.
Aris les hizo caso y se quitó la capa empapada, pesaba como cinco kilos más por el agua que llevaba encima. Se sacudió la nieve y el hielo del pelo, ahora empapado y lacio. Se quitó el pañuelo y los guantes y se acercaron al fuego que Bofur estaba encendiendo. Al instante en el que las llamas acariciaron las manos de Aris esta sonrió, había estaba soñando con ese momento todo el camino, y al parecer todos los presentes pues hicieron un círculo en torno a la gran fogata.
-Colgad los abrigos cerca y todo lo que os podais quitar sin morir de hipotermia.-dijo Bofur echándole más leña al fuego de las que llevaban los animales en los fardos.-va a ser una noche larga.
Aris se quitó la espada de la espalda y la clavó en el suelo. En ella colgó la capa y lo que pudo quitarse de encima. Algunos hicieron lo mismo mientras Bofur bajaba una olla de uno de los ponis.
-Al menos cenaremos caliente- sonrió mientras sacaba comida y la echaba a la olla.
Fili y Kili se acomodaron en el suelo, con algunas mantas. Todos fueron haciendo lo mismo en las pocas zonas donde no había nieve. Al menos estaban un poco más resguardados del viento, y la lluvia y la nieve no los alcanzaba ni a ellos ni a los animales.
Thorin se acercó al fuego y recogió su abrigo, ya algo más seco y se lo volvió a colocar. Se puso su espada al cinto y miró a Balin.
-Descansad, yo haré la primera guardia.-dijo mientras hacía un gesto hacia un alto montículo de piedra, era una empinada subida unos 50 metros hacia arriba. Se podría decir que era lo que les protegía de la lluvia. Desde allí se podría vigilar los dos lados de la montaña, pero no tenia ningun sitio de resguardo del viento ni la lluvia.
-¿Crees que es necesario hacer guardia hoy?- le preguntó Balin con la preocupación de un padre en los ojos.
Un gritó lejano salió de la negrura de las montañas que tenían detrás. Parecía de orcos sin duda. Todos miraron hacia allí, pareció que incluso el viento guardó silencio por un segundo, asustado.
-¿Responde eso a tu pregunta?- le dijo Thorin mientras comenzaba el avance hacia la cornisa de piedra y nieve.
Balin guardó silencio mientras observaba a su rey volver a mojarse sin piedad del viento y la lluvia. Se volvió sin quererlo hacia Fili y Kili y en su mirada había un claro 'así se comporta un rey'. Por un momento a Aris le pareció una lección que los jóvenes príncipes debían aprender. Así lo veía Balin también, así lo veían Fili y Kili, y todos los enanos que se habían sumido en un respetuoso silencio hasta que Bofur dio una palmada al aire y probó el puchero humeante.
-Esto casi está.- dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Bombur no tardó ni un segundo en llegar al puchero y adelantar su cazo para que Bofur le echara. Todos lo imitaron entre risas, ya que por muy mal que estuvieran así eran los enanos.
Todos engulleron con ansia su plato, con un par de trozos de pan y carne dentro de la deliciosa sopa. Aris se habría comido a un orco si se lo hubieran puesto delante.
Todos ya más recuperados se colocaban sus abrigos y se disponían a intentar dormir algo, repetían plato o aprovechaban ahora que había aminorado un poco la torrencial lluvia para dar de comer a los ponis.
Aris se acercó al fuego en el que Bofur seguía dándole vueltas al poco guiso que quedaba dentro. Se puso el abrigo ya caliente y se ajustó los guantes.
-Aris- le dijo Bofur tendiéndole un cuenco lleno de guiso- llévale esto.
-¿Qué? ¿Yo?- le dijo la chica sabiendo perfectamente que se refería a Thorin.
Bofur asintió y señaló con la cabeza tras de sí.
Quería protestar pero que iba a decir, ¿no quiero llevarle comida a tu rey porque cuando me mira me siento como una niña pequeña y asustada?. Cogió el cuenco con un suspiro mientras con la otra mano se ponía la capucha y el pañuelo bien atado.
Comenzó a subir la cornisa lo cual habría sido medianamente fácil si no llevara un caldo humeante en la mano. Dio gracias que al menos la lluvia había aminorado un poco y el viento le dio un respiro para subir sin peligro de caerse precipicio abajo. Despues de llevar un rato subiendo y de oir cada vez con menos fuerza las conversaciones de los enanos cornisa abajo vió a Thorin sentado entre dos grandes construcciones de roca que le recordaron a dos gigantescas almenas. Parecían construidas por gigantes, quizás incluso lo fueran. Thorin estaba mirando al vació, oscuro y desolador. Estaba empapado y su espada estaba clavada a su lado, en la nieve. Aris notaba el guiso helado en su mano, se había enfriado en la subida y ahora lo miraba como si pudiera calentarlo con la mirada. El enano aún no se había percatado de su presencia debido al ruido del viento y la lluvia. La chica se acercó un poco más.
-Thorin…-susurró casi con temor de interrumpir sus pensamientos.
El enano se dio la vuelta, algo sorprendido de ver allí a la chica.
-Arien- pronunció. Aris lo miró sin respirar. Era la primera vez que pronunciaba su nombre. No sabía porque pero le encantó en su boca. Thorin la observó y por fin se percató del cuenco de sopa que llevaba en la mano. Le hizo una seña para que se acercara. Aris hizo lo que le pedía y se sentó a su lado tendiéndole el cuenco.
Thorin lo cogió.
-Está frio- dijo sin más, solo apreciación objetiva.
-No lo estaría si estuvieras abajo con los demás.-le espetó Aris mirando al oscuro horizonte sin pensar lo que estaba diciendo. Thorin la miró divertido y alzó una ceja. Aris se quedó helada, ¿Por qué? ¿Por qué había dicho eso?.
-¿Me estás reprendiendo?- le dijo Thorin sin dejar de mirarla, con un tono de incredulidad en la voz.
Aris no sabía hacia donde mirar, querría haberse dejado caer cornisa abajo.
-No…yo, solo- lo intentó, pero no le salieron más de tres palabras seguidas. Solo ella podría echarle en cara algo a un rey en su primera conversación. Thorin se esforzó por no sonreir.
Al fin el enano dejó de mirarla y se llevó la cuchara a los labios cosa que Aris agradeció sobremanera.
La chica se obligó a mirarlo mientras le daba un par de sorbos al guiso. Thorin se volvió a mirarla a los ojos. Esta vez Aris tuvo un escalofrio pero no fue por los ojos azules del enano si no por una fuerte ráfaga de viento que obligó a la chica a cerrar los ojos un momento y al volver a abrirlos el rey enano la miraba todavía; pero con una mirada seria esta vez. Thorin observó unos segundos los ojos verdes de la chica y su pelo oscuro mecido violentamente por el viento, le daban un hipnotismo casi sobrenatural a la joven. Volvió la mirada al cielo ya que la lluvia comenzaba de nuevo con su ya habitual fuerza.
-Vuelve al fuego pequeña- dijo sin mirarla, cada vez más lejos de allí- intenta dormir, no quiero que mañana nos pidas de rodillas volver con los elfos.
Aris lo miró, por un segundo había visto otro Thorin; nunca duraba mucho, no sabía porque sacaba tanto de sus casillas al rey enano, sin decir nada, sin hacer nada.
-Creo que eso es exactamente lo que quieres- le dijo mientras se ponía en pie. Otra vez aquella osadía. Maldita sea.- no le molesto más, alteza.- dijo mientras recogía el cuenco vacío junto al enano. Thorin se tensó, esa última frase le había molestado más que cualquier otra cosa. Aris se dio la vuelta y bajó enfadada la cuesta hasta que llegó otra vez empapada hasta el fuego donde la mayoría de enanos ya dormían. Tiró el cuenco al suelo junto a los demás y se quitó la capa colgándola otra vez de su espada para que se secara, con rabia.
Fili la llamó, el cual se había despertado debido al golpe del cuenco contra el suelo. La chica se acercó a él y puso una manta a su lado.
-Estás empapada…-le dijo.-ven aquí. La atrajo hacia sí y le echó un brazo por encima. Aris se acurrucó junto a él todavía enfadada.
-¿Qué te pasa?- le dijo.
Aris negó.
-Vienes de ver a Thorin…¿Qué ha pasado?-insistió.
-Me trata como si fuera una niña asustada. Es condescendiente, no me quiere aquí, busca cualquier momento para burlarse de mí y cree que os voy a traicionar en cualquier momento, se lo noto.
Fili sonrió.
-Sí, la ha tomado contigo, siempre ha sido un poco así pero tu… lo pones nervioso.
Aris resopló, estaba agotada, exhausta. A lo lejos otro sonido aterrador resonó en la oscuridad.
-Despiértame si tenemos que luchar contra los orcos- le dijo en un susurro a Fili antes de caer de cabeza en un profundo sueño. Fili rió por lo bajo y abrazado a la chica se durmió tan rápido como ella.
Un sonido de una rama al romperse trajo con violencia a Aris de vuelta al mundo de los vivos. Se levantó de golpe abriendo los ojos. Siempre había tenido el sueño ligero; cualquier sonido la despertaba. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz vió a Thorin y a Gandalf mirándola. El violento movimiento los había sobresaltado.
-Lo siento Aris, no recordaba tu buen oído- se disculpó el mago echando la rama que acababa de partir al fuego.
Fili se había despertado sobresaltado ante el movimiento de la chica.
-Lo siento Fili- le dijo dándole una palmadita en el pecho.
-No importa- dijo el enano desperezándose.
Aris se alborotó el pelo que en su caso significaba dejarlo mejor de lo que estaba y miró al mago.
-¿Cuándo has vuelto Gandalf?- le preguntó.
-Junto al amanecer.-dijo con su enigmaticidad.
La chica miró al cielo. No harían ni 15 minutos que el sol había comenzado a asomarse por el este. Aris sonrió a lo que Gandalf respondió con otra de sus sonrisas.
-El príncipe Liendril te envía recuerdos.-le dijo. Aris borró la sonrisa poco a poco.
-¿Cómo están?- dijo tras unos segundos de silencio.
-Bien, te echan de menos.
-Lo dudo mucho.-dijo la chica mientras recogía su abrigo y se lo colocaba.
-Te sorprenderías, Liendril te echa en falta.-le dijo el mago.
-Sé que es el único.-dijo mientras se colgaba la espada a la cintura. Se volvió hacia Thorin y como si le estuviera recordando su conversación de la pasada noche le dijo -¿Cuándo seguimos camino, mi señor?.
Gandalf los miró a ambos mientras se encendía su pipa. Thorin mantuvo el gesto serio mientras miraba a la chica. Aun no había acabado de amanecer y ya estaban lanzándose miradas acusadoras.
-Pronto.- fue su única respuesta.
Aris asintió y se alejó hacia los caballos dejando a los demás enanos terminando de despertar.
Gandalf volvió el rostro hacia Thorin mientras fumaba de su pipa.
-¿Qué?- le dijo el rey enano.
-Nada-dijo el mago mientras alzaba las cejas.-¿Qué tal con Aris?.
Thorin lo miró.
-Solo la has traído para torturarme ¿Verdad?- le dijo arrancando una sonrisa del anciano mago.
-Pues tus hombres le han cogido mucho cariño- le dijo haciendo un gesto hacia Fili y Kili que estaban desayunando.
-Sigo pensando que solo nos estorbará, dice todo lo que le pasa por la cabeza, es la humana más exasperante que he conocido; además tiene la mirada más insolente que he visto en mi vida.-le dijo Thorin pensando en los ojos verdes de la chica.
-¿Qué? Vamos Thorin, si la chica no puede sostenerte la mirada sin sentir un escalofrío. –le dijo Gandalf con una sonrisa en los ojos.
El enano lo miró con incredulidad.
-Pues lo disimula muy bien.-le dijo.- no tiene miedo a responder, al menos no a eso.
Gandalf rió.
-Ya tenéis algo en común-le dijo mientras se levantaba y se iba hacia su caballo a prepararlo para continuar el viaje.
Thorin, pasando por alto el comentario, lo imitó. Miró un segundo hacia fuera y observó el viento rugir a su alrededor.
-Cinco minutos y nos vamos- les dijo a los suyos- nos espera un largo día.-añadió mientras se ajustaba bien lar armas. Todos aceleraron y montaron bien abrigados, sabían que las palabras de su rey se cumplirían sílaba por sílaba.
Las dos horas siguientes fueron de bajada, una bajada resbaladiza y engañosa que casi hizo que se despeñaran cornisa abajo dos veces. El viento no ayudaba a hacer el viaje más ameno, y la nieve y el hielo convertían dejar atrás la montaña helada en un imposible. Al fin y tras mucho esfuerzo las praderas se abrieron ante ellos, todavía algo nevadas pero las rocas y los árboles comenzaron a hacerse cada vez más frecuentes. Dejaron por fin la montaña totalmente atrás y con ella el frio invernal. No había dejado de hacer frio pero al menos el viento no te cortaba la cara como una espada recién afilada. Ese simple hecho pareció alegrar a toda la compañía de enanos.
Aris se bajó la capucha de la capa y dejó que el suave viento le meciera el cabello suavemente, disfrutando de la suave brisa.
El día pasó sin incidentes, comparado con el día anterior esto era literalmente un paseo por el campo. No pararon a comer, hacía demasiado buen dia para cabalgar y adelantar camino como para detenerse. No sabían cuando volverían a tener un dia tan tranquilo. Cuando el sol se fue apagando poco a poco el frío se hizo más intenso y las rocas, enormes, cada vez estaban más juntas. Los árboles eran más frondosos y estaban más juntos. Estaban dejando atrás las praderas.
Thorin alzó una mano mientras se volvía hacia los enanos deteniendo la comitiva.
-Solo quedan un par de horas de luz y no creo que encontremos otro sitio mejor para dejar los ponis que en esos árboles.-dijo para que todos lo oyeran. Miró a Gandalf el cual asintió dándole la razón.
Todos descabalgaron y ataron los caballos junto a un pequeño arrollo en el que crecían árboles altos y frondosos que resguardarían a los caballos aquella noche. Asentaron el campamento un poco más al norte, no se veían los caballos desde ahí pero no estaba lejos si había que ir rápido a por ellos. Además era un sitio entre enormes rocas donde el viento ni siquiera silbaba. Esa noche no pasarían frio y estarían resguardados. Aris se fijó que muchas de las gigantescas rocas podrían albergar perfectamente alguien agachado en su interior.
Como ya era habitual Dwalin encendió un fuego y Bofur puso el puchero en él mientras los demás disponían mantas por la explanada, intentando apoyarse en las rocas más cómodas.
-Fili, Kili- llamó a los jóvenes enanos su tío- vosotros hacéis la primera guardia junto a los caballos.
Ambos asintieron y se levantaron recogiendo sus armas.
-Bofur, quiero que vayas hacia esos salientes de roca- dijo Thorin señalando hacia unas rocas más grandes, a lo lejos. Eran como una pequeña montaña de piedra desnuda desde la que se podría ver algo más desde arriba si alguien se acercaba desde el oeste ya que desde allí era imposible.
-Balin puede hacerse cargo de la cena esta noche- dijo el rey enano ante la cara de Bofur.
-Yo puedo hacerlo.-dijo de repente alguien.
Todos se volvieron hacia Aris la cual estaba junto a Dwalin, sentada a su lado en uno de los salientes de roca. El enano se volvió hacia ella dejando de repente de afilar su hacha.
-¿Tu? ¿Estás segura? Está lejos de aquí.-le dijo Dwalin.
-No- cortó Thorin quedamente- claro que no harás tú la guardia.
Aris se puso en pie de un salto con el ceño fruncido.
-¿Por qué no?-le espetó al rey enano con la mirada clavada en sus ojos.
-Por razones obvias, no, al primer sonido de un cuervo aleteando saldrás corriendo hacia aquí. No tenemos tiempo para eso.-le respondió Thorin.
Aris abrió un poco la boca con incredulidad.
-No me das ni un respiro ¿verdad?- dijo sin apartar la mirada de sus ojos tan azules como el frío cielo. El comentario provocó que alguno de los enanos que no estaban prestando atención a la conversación se volviera a mirar.
Thorin suspiró exasperado y apartó la mirada.
-Vamos Thorin, solo es una guardia- medió Balin.
-No tiene cinco años, por el amor de dios, podrá hacer una guardia.-soltó Gandalf que se había mantenido al margen.
Thorin lo miró y alzó las cejas.
-Está bien, pero mantén los ojos bien abiertos, a ver si te ha servido para algo crecer con elfos.-dijo con un tono áspero en la voz mientras se daba la vuelta y dejaba todas sus armas en una de las esquinas. Aris hizo justamente lo contrario y se colocó la espada, el carcaj lleno de flechas y el arco a la espalda. Sin decir nada más lanzó una mirada de agradecimiento hacia Balin y Gandalf casi imperceptible y echó a andar hacia la montaña de rocas. Recogió de las manos de Bofur un cuenco de sopa que se llevó consigo y cuando ya no podían verla sonrío con un gesto de puro triunfo en el rostro.
Después de andar unos cinco minutos y casi perder de vista las rocas donde estaban los enanos llegó a la montaña de la que hablaba Thorin. Ahora solo tenía que encontrar un sitio donde asentarse que no se le viera mucho. No había ni un árbol sobre las enormes rocas así que debería buscar otra forma de estar cómoda. Comenzó a subir hasta que llegó a un ancho saliente desde donde se veía prácticamente todo el horizonte de la parte oeste. Aris vio otras 'montañas' de roca como en la que ella estaba, otras más pequeñas y algunos árboles. Se sentó y después de devorar la sopa se puso la espada en las rodillas, sacó una piedra de afilar y se puso meticulosa y lentamente a afilarla mientras poco a poco la noche engullía a todo el páramo en el que se encontraban.
Una hora, dos horas, tres horas pasaron sin que no cambiara ni siquiera la dirección del viento. La espada de Aris ya completamente afilada había pasado a un segundo plano. Ahora la chica arrancaba piedrecitas de la roca para mantenerse despierta. Soltó un suspiro cansado mientras se permitía por un momento sentir nostalgia de su ciudad élfica y sobre todo echar de menos a Lien. Dejó de repente a un lado los recuerdos de la última conversación que mantuvieron ya que creía haber visto algo a lo lejos, quizás una especie de sombra. Fijó la vista como le había enseñado Lien pero no vio nada. Habría sido un animal, o nada probablemente. No, no, lo había vuelto a ver. Una sombra demasiado rápida para ser un animal normal. Entonces por fin los vio. Como a 10 kilómetros más o menos, eran una manada de algo. Desde esa distancia no podía saber de qué pero sabía que venían hacia donde ellos estaban y que eran demasiado rápidos y grandes como para no prestarles atención. Se esforzó todavía más y se percató de que encima de las criaturas, montados, había algo. Si, estaba segura. Orcos pensó al instante. Soltó una grosería en élfico e intentó contarlos. Imposible. Pero muchos, eran muchos, demasiados como para intentar luchar siquiera. Un ruido cerca hizo que se le helara la sangre y contuviera la respiración. A su espalda. Se giró despacio y lo vio claramente, un orco, montado sobre un huargo enorme. Se tiró cuerpo a tierra justo cuando el orco se volvía hacia donde ella estaba. Un explorador, sin duda. Aris lo vio acercarse poco a poco. Todavía estaba algo lejos pero no lo suficiente como para sentirse segura. Estaba a los pies de la montaña, el campamento de los enanos quedaba lejos pero el orco se daba la vuelta ahora hacia el grupo de rocas, que desde ahí no eran más que eso, rocas. Pero si seguía andando en esa dirección acabaría descubriendo a los enanos. El pensamiento le hizo apretar los dientes, hasta el extremo de hacerse daño. Con movimientos muy muy lentos sacó una flecha del carcaj y lo colocó en el arco. Lo tensó y apuntó hacia el orco. No, no hacia el orco, hacia el huargo, así al menos tendría una oportunidad. Soltó el aire, despacio, entrecerró los ojos como siempre hacía y soltó la flecha. Ésta salió como una bala y atravesó la cabeza del aterrador lobo dejándolo sin vida al instante. El orco se volvió violentamente hacia Aris y soltó algo en otra lengua, no muy apropiado seguramente. Se bajó de su huargo y desenfundó una enorme espada de hierro. Corrió hacia la chica saltando de roca en roca con una velocidad aterradora.
Aris sacó otra flecha y la puso en el arco. Con los nervios de acero esperó, esperó, respiró. Solo una oportunidad. Si fallaba no le daría tiempo ni de sacar otra flecha ni de coger la espada. Esperó, espiró y soltó la flecha. Ésta salió cortando el aire sin piedad y se clavó en el cuello del orco el cual con cara de sorpresa se desplomó hacia las rocas de abajo. Aris respiró hondo y se volvió hacia su espalda para mirar por donde iba la manada de orcos. Seguían acortando camino pero más despacio ahora. Estaban buscando sitio donde tomar un respiro. Al fin, a unos cinco kilómetros se pararon totalmente y desaparecieron en una de las 'edificaciones' de piedra, parecida a la de los enanos pero el triple de grande para poder albergarlos a todos. El corazón le dio un vuelco en el pecho recordándole que estaba viva. No había tiempo para el miedo que comenzaba a subirle por la columna. Se colocó las armas y bajó la montaña como una ráfaga de viento. Observó al orco, no podía dejarlo ahí por si había más exploradores, tampoco al huargo pero no podría transportarlos, eso estaba claro. Observó a su alrededor hasta que encontró una roca lo suficientemente grande como para meter ahí al lobo. Le costó horrores empujarlo hasta la entrada de la roca. Al fin, después de mucho esfuerzo y de acabar llena de sangre de huargo consiguió no dejarlo tan a la vista.
Agarró al orco muerto por el chaleco y lo arrastró lo más rápido que pudo hacia el asentamiento de los enanos. Maldijo todo lo que conocía al pensar en Thorin. Si en algún momento el enano hubiera confiado en ella ahora ya lo daba por perdido. Su primera guardia y mata a un orco y a un huargo.
-¡Maldita sea!- dijo cuando estaba a punto de llegar, ya se podía ver el rojo de las brasas y a Fili y a Kili hablando con Nori y Ori, al parecer debían sustituirlos.
Aris entró al círculo de luz que daba el pequeño fuego y tiró al orco ante él. El sonido que salió de la garganta de Kili despertó a todos.
-¡¿Qué?!- dijo Gandalf acercándose al orco.
Thorin se levantó de un salto y miró a Aris llena de sangre y después al orco todavía con la flecha en el cuello.
Dwalin soltó una maldición mientras le soltaba una patada al orco muerto.
-¿Qué demonios ha pasado?- dijo Thorin con una voz tan enfadada que a Aris le heló la sangre.
-Or-Orcos, una manada. Al oeste. Como a 10 kilómetros de aquí.- dijo sin poder mirarlo a los ojos.
-¿Estas bien Aris?- le dijo Fili acercándose a ella.
Aris asintió.
-¿Cuántos son?- interrumpió Thorin, al parecer más preocupado por los orcos que por ella.
-30, quizás más. Se han asentado en unas rocas.-le contestó aún sin mirarlo.
-¿Lo has matado tu?- le pregunto Dwalin incrédulo. Aris volvió a asentir, despacio.
-Un explorador- le dijo Dwalin a Gandalf- ¿iba a pie? ¿No llevaba un huargo?-le pregunto de nuevo el enano a la chica.
-Si llevaba, también lo he matado.- respondió lentamente.
Todos la miraron asombrados menos Thorin que dio un paso hacia ella enfurecido.
-¿Me estás diciendo que has dejado a un huargo tirado en medio del páramo para que todos los exploradores lo puedan ver?.
-No, lo he escondido lo mejor que he podido.-se excusó la chica.
-¡Como se te ocurre matar a uno de los exploradores! Si en una hora no aparece se pondrán en marcha; eso si no encuentran antes el cadáver del huargo.-le dijo, la chica miraba al suelo con los labios apretados, no tenía fuerzas para soportar el enfado de sus ojos.-¡Mírame!-le gritó Thorin.
Aris alzó la mirada y se encontró de lleno con sus ojos azules. Un escalofrío, más fuerte que cualquiera que hubiera sentido hasta ahora le subió por la espalda. Le sostuvo la mirada hasta que volvió a hablar.
-Conseguirás que nos maten, sabía que no deberías haber hecho la guardia, ¡matar a un explorador!.-le increpó furioso.
-Thorin…-comenzaron Gandalf y Balin, los demás no sabían que decir o hacer.
-¡No! Cualquiera sabe que no se debe matar a un explorador. Los tendremos encima antes de dos horas.
-¿¡Y que esperabas que hiciera, dejarme matar?!- le dijo Aris casi con una súplica en sus ojos. Si oía un sí de sus labios se le cortaría la respiración.
-Si te ha dado tiempo de clavarle una flecha en el cuello es que no te había visto.- dijo el rey enano con un ademán de enfado.
-¡Entonces lo debería haber dejado venir hacia aquí y dejar que os descubriera!-le gritó, el enfado que sentía había desvanecido todo asomo de temor o respeto.
-Con suerte ni nos habría olido.- le dijo Thorin sosteniéndole la mirada.
-¿Suerte? Cuando habéis tenido de eso los enanos- soltó, con una crueldad impropia de ella, dando un paso más hacia el rey, furiosa, no había pensado la frase hasta que Fili que seguía cerca suyo bajó la cabeza.
Los ojos de Thorin relampaguearon, tan furiosos que Aris no supo qué hacer. Se quedó paralizada maldiciendo sus palabras y su temperamento.
-Nos has puesto a todos en peligro, ¡Solo nos has dado problemas desde que llegaste!, no sirves para esto, no debería haberte permitido venir-pronunció Thorin- nunca.
Aris encajó palabra por palabra. Se quedaron sosteniéndose la mirada mutuamente diez largos segundos. Al fin Aris se quitó la espada envainada con el cinto de cuero incluido y la sostuvo con ambas manos. Se acercó al rey enano hasta que pudo dejarle la espada en el pecho. Por una vez sus ojos verdes buscaron a los azules de él.
-No se preocupe, no volverá a verme en su vida- dijo sosteniendo la espada envainada en su pecho, Thorin la cogió rozándole por un segundo la mano- alteza.-terminó Aris como si alteza fuera el peor insulto que pudiera decirle a un rey. Al menos cuando lo pronunciaba ella así lo sentía Thorin. Aris pasó a su lado sin mirar a ninguno de los enanos, no podría aunque hubiera querido.
Gandalf le puso una mano en el hombro deteniéndola.
-Aris por favor…
-¡No Gandalf! No fui yo la que decidió venir, al igual que no he sido yo la que ha decidido marcharse.-dijo sin poder disimular la mezcla de enfado y tristeza que le martilleaba el corazón. Se deshizo de su mano y se encaminó con paso firme hacia donde estaban los caballos. Dejando a todos en el más profundo de los silencios y al rey de los enanos sosteniendo todavía su espada en el pecho que, como ella, se debatía entre el intenso enfado y un profundo sentimiento de tristeza que odió con todas sus fuerzas.
