Muchísimas gracias a todos por los comentarios! a los nuevos y a los habituales ;)
Aquí un nuevo capítulo, espero que os guste y que me digáis que os parece...aquí lo teneis.
Capítulo 5
Aris abrió los ojos lentamente. La luz del sol que entraba por la ventana le daba directamente en los ojos, cosa que no le había impedido dormir, era otra cosa la que la había despertado. Alguien llamaba a la puerta de su habitación. Se levantó envuelta en la gruesa manta de pelo de animal de la cama pues había dormido con poca ropa. Abrió la puerta y se encontró a Kili y a Fili mirándola con una sonrisa.
-¿Has dormido bien?-preguntó Kili mientras pasaba a la habitación sin esperar invitación alguna y se tumbaba de un salto en la cama aún caliente. Aris se frotó los ojos, ¿Cuánto había dormido? Se encontraba inusualmente descansada así que tendría que haber sido bastante. Lo necesitaba, llevaba noches sin dormir como es debido así que se había metido en la cama la noche anterior para intentar no darle vueltas a lo que había ocurrido mientras todos los demás dormían, el profundo cansancio ayudó bastante.
Fili pasó también.
-Sentimos haberte despertado pero hace un par de horas que amaneció…-dijo el enano mientras se sentaba al borde de la cama y se mesaba una de las trenzas de su barba.-…han sido órdenes de Thorin.
El solo nombre del rey enano produjo que Aris se tensara.
-Es extraño pero te ha dejado dormir más…-comentó Kili distraído con las manos bajo la cabeza, acostado sobre la cama- normalmente quiere que estemos listos al amanecer…
Aris les dio la espalda y fue hacia la palangana de agua que tenía enfrente para lavarse la cara y no notaran como se le acababa de erizar todo el bello del cuerpo. Thorin la había dejado dormir más aquel día, que bien, pensó la chica sarcásticamente, quizás porque fuera culpa suya que se hubiera mantenido despierta más que los demás. No sabía cómo iba a lidiar esa mañana, ni ninguna otra, con el rey enano. ¿Cómo debía tratarle ahora? ¿Cómo demonios se supone que iba a poder mirarlo a los ojos? Es más, ¿Cómo se supone que iba a comportarse cuando lo viera esa misma mañana? Aris no sabía que pensar, quizás Thorin estuviera enfadado. Pero ¿había sido cosa de dos? ¿Verdad? Lo recordaba todo como un sueño. Ni siquiera ella tenía claro que sentía por él, por el amor de dios le había dicho cosas horribles, ni siquiera la quería con ellos. Pero la otra noche dijo que no quería que se fuera, lo dijo, ¿verdad?.
Soltó un suspiro mientras se volvía a lavar la cara por quinta vez. Fili la miró frunciendo el ceño.
-¿Qué pasa Aris?-le preguntó.
La chica se esforzó por parecer normal. Se volvió hacia ellos y sonrió.
-Nada, que necesito que salgáis de aquí para que me vista-dijo todavía envuelta en la manta de pelo.
Kili y Fili se miraron.
-Si, perdona-le dijeron al unísono mientras sonreían al salir por la puerta.-no tardes en bajar a desayunar, solo quedas tu.
Genial, retrasados por mi culpa, lo único que me faltaba, pensó mientras tiraba la manta a la cama vistiéndose a la velocidad de la luz.
Bajó las escaleras hacia el comedor con el corazón latiéndole deprisa por si Thorin estaba allí en ese momento. Respiró aliviada al no verlo entre los presentes pero no podría evitarlo eternamente así que simplemente pidió a dios que cuando apareciera no se le notara mucho el vuelco que le iba a dar el corazón.
Saludó a los pocos enanos que estaban allí. Se sentó junto a Balin que estaba tomando un té. Fili y Kili estaban junto al fuego. Dori, Ori y Nori también estaban allí, simplemente hablando, disfrutando de un día algo más relajado que de costumbre.
-Buenos días.-saludó Balin con una sonrisa mientras la posadera servía a Aris un trozo de pan y carne asada.
-¿Quieres también un té cariño?-le preguntó amablemente la posadera.
-Claro, gracias-le dijo Aris con una sonrisa mientras intentaba desayunar lo más rápida posible.
-Tranquila, no nos vamos sin ti.-le dijo Balin al ver la velocidad de la chica encendiendo su pipa.-porque espero que hayas cambiado de opinión en cuanto a lo irte, sabes que te queremos con nosotros.
Aris le sonrió algo avergonzada por la velocidad a la que estaba comiendo.
Iba a contestarle justo cuando entraban en la posada Dwalin y los enanos que faltaban. Thorin entró tras él provocando que el corazón de Aris saltara en su pecho. El rey enano paseó la mirada por la sala hasta que se topó con los ojos de Aris mirándolo. Ambas miradas se encontraron un momento pero Aris, rápida, cogió el té caliente y le dio un largo sorbo, obligándose a mirar hacia abajo, claramente incómoda.
-Ya que por fin todos estáis despiertos-comenzó a decir el rey enano con un sutil tono de burla en la voz- podemos seguir camino. Nos hemos retrasado bastante.
Aris lo miró con el ceño fruncido ya que sabía que la burla iba hacia ella mientras dejaba el té casi vacío en la mesa. Se levantó suspirando, recordando por un momento la noche anterior. Thorin no parecía haber cambiado mucho, ¿quizás no habría significado nada para él? Por un segundo ese pensamiento la cortó en pedazos pero se obligó a no cambiar la cara. Thorin la observó levantarse mientras se cruzaba de brazos. Todos los demás imitaron a Aris y también se levantaron.
-¿Has cambiado de opinión acerca de lo de marcharte?-le dijo Thorin a Aris.
Ésta lo miró, tratando que la noche anterior y todos los sentimientos que con ella venían no se le reflejaran en la cara.
-Mientras mi señor Thorin haya cambiado de opinión acerca de que los acompañe.-le dijo haciendo un esfuerzo terrible por sostenerle la mirada mientras todos los demás recogían las cosas haciendo como que no escuchaban la pequeña conversación, temerosos de que otra discusión entre ellos hiciera que Aris se fuera definitivamente.
Thorin la miró con el ceño fruncido, Aris quería descifrar lo que esa mirada significaba, habría dado todo lo que tenía por saber que pensaba el rey enano en ese momento.
-Recoge tus armas.-le dijo mientras se daba la vuelta y salía de la posada siguiendo a los demás.
Aris le dedicó media sonrisa a la posadera al salir, una sonrisa de triunfo que la mujer no entendió, mientras se colocaba a la espalda su arco élfico.
Fuera todos estaban preparados para partir, también ella. Hacía un día frio y con un viento infernal, les costó salir del páramo pero lo consiguieron, todos y cada uno internamente dieron gracias de dejarlo atrás. Anduvieron durante horas entre un par de acantilados de roca dejando la pequeña aldea tras sus espaldas, ante ellos apareció un gran rio que partía en dos el mundo. En la orilla derecha, donde ellos se encontraban ahora comenzaba un frondoso bosque. La orilla izquierda estaba más despejada pero cruzar ese río sin ponis era casi imposible así que siguieron andando entre el gran rio y el frondoso bosque, sin atreverse a meterse en sus lindes todavía.
Caminaron todo el día, Thorin no se fiaba de parar tan cerca del páramo, con los orcos a escasas millas, se le notaba la cara de preocupación conforme la noche iba abriéndose paso, poco a poco sobre el oscuro río y el bosque.
-Thorin, ¿tienes pensado parar a dormir esta noche o quieres llegar a Erebor sin parar a descansar ni una vez?- le preguntó Dwalin a su amigo, tenían la suficiente confianza para que Thorin le sonriera, también exhausto y parara a tomar aire. Aris observó como el rey enano tomaba aliento y se obligó a respirar ella también. La chica había evitado estar cerca del enano todo el día aunque por mucho que intentara no mirarlo a veces él se volvía a observarlos y cruzaban miradas. Aris intentaba parecer lo más normal posible en esas situaciones, tratando que no se notara lo nerviosa que la ponía el rey enano. Él parecía disfrutar torturándola, al menos eso habría jurado Aris, aunque a veces simplemente pensaba que ni siquiera sabía que ella seguía con ellos, a veces pensaba que sus preocupaciones hacían que se olvidara de ella completamente. Quizás simplemente nunca hubiera pensado en ella tan detenidamente como para plantearse si quiera en que estaba pensando, quizás lo de la otra noche solo fuera la suma del cansancio, la adrenalina y el alcohol. Aris hizo una mueca intentando no pensar en eso. Miró hacia los enanos que se habían detenido un segundo.
-Está bien. Nos merecemos un descanso.- dijo Thorin, todos le dieron la razón.- pasaremos la noche en el bosque pero lo más cerca posible de las lindes del rio. No nos adentraremos mucho ¿de acuerdo?- dijo. Todos asintieron y lo siguieron unos metros dentro del oscuro bosque.
Cuando ya no podían ver el gigantesco río pero podían seguir oyéndolo se detuvieron.
-Nada de fuegos esta vez Bombur.-le susurró Thorin al enano, el cual asintió mientras preparaba algo de fría y desoladora cena y los demás se acomodaban entre las raíces de los árboles, exhaustos. Thorin dio una vuelta al perímetro alejándose de ellos, volvió media hora después justo cuando Bofur estaba repartiendo los platos.
Thorin se acercó a él dándole una palmadita en la espalda. El enano le sonrió a su rey mientras le daba un segundo plato a Bombur. Casi todos los demás ya habían cenado y estaban durmiendo.
Thorin miró los tres platos que quedaban sobre la roca de Bofur. Observó a los suyos, casi todos dormidos hasta que se dio cuenta de que Aris estaba afilando su espada, lentamente. A su lado estaba Kili, roncando como un bendito, al lado de este estaba su hermano, todavía despierto pero a punto también de dormirse.
El plato que quedaba era de Aris, estaba seguro, ya se había percatado varias veces de que cuando la chica afilaba su espada élfica podía pasarse así horas. Seguro que ni había probado bocado, seguro que ni siquiera sentía hambre o frio, afilar aquella espada era como recitar un mantra para ella. Thorin volvió a mirar a Bofur mientras cogía dos platos. Bofur asintió hacia la chica adivinando lo que su rey pensaba. Thorin soltó un suspiro cansado.
-Comete el tuyo y descansa.- le dijo Thorin a Bofur con voz agradecida mientras se iba hacia la chica. Aris ni se percató de la presencia del enano, siguió afilando la espada, lentamente, dios, como la relajaba ese sonido.
-Creo que eso ya está lo suficientemente afilado.- dijo a su lado Thorin al ver que la chica ni siquiera se había percatado de su presencia.
Aris paró al escuchar la voz de Thorin y lo miró. A la derecha de la chica había un hueco donde sentarse así que así lo hizo el rey enano. Le tendió uno de los platos, inconscientemente el que más lleno estaba.
-Oh…-comenzó Aris algo avergonzada por haber olvidado el hambre que tenía y por tener que hacer que el rey enano le recordara la comida. Guardó la espada en su funda y cogió el cuenco que le tendía Thorin.-…gracias.-dijo intentando que el nerviosismo que sentía no se le hiciera visible. Un silencio se apoderó de ambos y por lo tanto de todo el campamento. Thorin comió en silencio, al igual que la chica la cual no recordaba lo famélica que estaba hasta que probó el primer bocado. Era una cena fría y apática pero le supo a gloria. No dejó la cuchara hasta que no quedó nada.
Thorin alzó una ceja, divertido de que la chica se hubiera acabado antes que él el plato. Aris dejó el cuenco vacío en el suelo haciendo que sus mejillas se sonrojaran al darse cuenta de que el plato de Thorin estaba todavía medio lleno y de cómo la observaba él. Notó como la sangre le llegaba a la cara. Por dios, no se había sonrojado en la vida, que esta no fuera la primera vez, pidió.
-Que no se te vuelva a olvidar comer.-le dijo Thorin tras un silencio, acabando por fin su cena.- mañana no creo que paremos, necesito que todos estéis con fuerzas.
Aris lo miró con los brazos sobre las rodillas.
-No te preocupes por mí.- contestó Aris mirando hacia el frente, quizás demasiado brusca. No le gustaba cuando Thorin le hablaba así, con ese brillo de leve preocupación en sus ojos azules. No sabía si de verdad se preocupaba por ella o simplemente era el momento idóneo para decirlo, rellenando silencios incómodos con palabras vanas.
Thorin no contestó. Esta vez el silencio los envolvió tanto que pareció por un momento que la noche se hacía todavía más oscura. El turbulento río se escuchaba a lo lejos, aterrador. Ese silencio trajo a la chica el recuerdo de la noche anterior, cuando Thorin y ella intercambiaron algo más que palabras. Se esforzó por no parecer nerviosa pero la verdad era que lo estaba, ni siquiera sabía hacia dónde mirar. ¿Necesitaba que Thorin sacara el tema? ¿O quería hacer como si nada hubiera pasado? Ni siquiera ella lo sabía. Él no parecía por la labor de hablar del tema así que no sería ella la primera que lo sacara a colación, no al menos aquella noche.
El silencio siguió anclado en sus gargantas y a Aris volvió a asaltarle a la cabeza la pregunta que se había estado haciendo durante muchos días, algo que había estado queriendo decirle a Thorin desde que lo conoció pero que tras el incidente de la taberna era como una espina clavada en su mente.
-¿Por qué?- preguntó de repente mirando hacia Thorin cuando no aguantó más aquel silencio. No pudo mantenerse callada. El rey enano la miró a los ojos sin comprender.- ¿Por qué ir a Erebor?- dijo Aris.- Si, ya, las señales, la luna, es el momento, pero no me refiero a eso.- añadió la chica al ver que Thorin iba a contestarle. Se quedó callado mirándola, con una duda en los ojos, esperando que Aris aclarara lo que estaba intentando decirle.
Aris se revolvió el pelo con el ceño fruncido buscando las palabras.
-¿Por qué ir? Habíais empezado una vida en las Montañas Azules- dijo-…matar a un dragón…y además está…las guerras que esto puede ocasionar…los orcos, Azog.
Thorin la miró a los ojos un largo segundo hasta que negó con la cabeza casi imperceptiblemente.
-Es nuestro hogar, es mi deber…nuestro deber- se corrigió- devolvérselo a nuestro pueblo.
Aris negó.
-¿A costa de qué? Tu pueblo te agradece lo que has hecho por ellos…no hace falta nada más…eres su rey, les has dado un nuevo hogar…- dijo Aris. Esas palabras captaron la atención de Balin que estaba a unos metros, intentando dormir.
Thorin frunció el ceño.
-Tu no lo entiendes…-dijo el rey enano debatiéndose en su interior el hablar con ella sobre eso, cosas que habían estado dentro de él demasiado tiempo, ¿Por qué iba a hablarlo con ella?.
Aris lo miró enfadada, harta del tu no lo entiendes.
Thorin observó sus ojos verdes, desafiantes, y no pudo hacer otra cosa que soltar un suspiro enfadado.
-Mi familia murió por Erebor, amigos, niños, mujeres, buenos hombres…-le dijo al fin- mi abuelo, mi padre…-terminó sosteniéndole la mirada desafiándola a rebatir aquello, aquello que no había dicho desde hacía años. Nadie se lo habría rebatido, nadie en la tierra media se habría atrevido a contestarle a aquel rey de profundos ojos azules. Pero Aris no era todo el mundo, Thorin lo entendió en el mismo momento en que la chica le sostuvo la mirada, mirándolo duramente, con aquellos ojos oscuros queriendo gritarle que estaba equivocado.
-¿Y tu padre y tu abuelo querrían que murieras por ello? Que todos murieran en una misión imposible…-le susurró con fuerza mirando hacia su izquierda donde dormían Kili y Fili.
Thorin la miró con los ojos entrecerrados.
-¿Por qué te importa tanto?- le dijo Thorin.
La chica lo miró. ¿Por qué? Maldito seas Thorin escudo de roble, pensó con furia Aris, ¡Porque me importáis! ¡Porque no quiero que os pase nada malo! ¡Porque no quiero que mueras, porque eso es lo último que quiero en este mundo estúpido y arrogante rey!. Tuvo que contenerse para no gritárselo a la cara, Thorin lo notó, notó como se mordía la lengua.
-Yo también voy con vosotros ¿recuerdas?- mintió Aris. Thorin la miró. Sabía que no era así. Ambos lo sabían, ambos sabían que Aris estaba mintiendo. Se sostuvieron las miradas en silencio.
-¿Por qué vienes entonces si crees que todos vamos a morir?- preguntó Thorin.
La tenía. La había pillado. Aris abrió la boca pero no supo que contestar. Lo miró enfadada.
-Solo intento encontrar donde encajo…-susurró de repente de una manera triste aunque tardó menos de un segundo en cambiar la expresión. Pero fue suficiente para que Thorin se arrepintiera de la conversación que estaban teniendo. De todas y cada una de las conversaciones que habían tenido, de todas menos una.
-Solo digo que porque no vivir en las montañas azules…-dijo Aris intentando hacerle entender a Thorin lo que quería decir- una nueva vida, sin importar el pasado…-lo miró un segundo a los ojos-…quizás conocer a alguien especial, casarte, tener hijos…- hizo un ademán con la mano-…vivir, una vida larga, sin matar dragones ni luchar contra orcos.-le dijo Aris seria a pesar de que su corazón le golpeaba el pecho violentamente por lo que le acababa de decir al rey enano.
-Eso no te pega...-le dijo Thorin. Aris notó como el color le volvía a las mejillas. El enano dejó la broma a un lado y la miró serio de nuevo.
-Nada ni nadie es más importante que intentar recuperar nuestro hogar, por lo que murió tanta gente, mi gente- le dijo Thorin con su voz grave haciendo que Aris mirara al suelo- y si hace falta que muera en el intento así será- le dijo inexorable.
La chica lo volvió a mirar con los ojos entrecerrados, odiando su temperamento y su determinación.
-Y todos lo haremos contigo al parecer…-susurró más para sí que para Thorin mientras lanzaba lejos una piedrecita del suelo haciendo que se perdiera en la espesura.
Thorin la observó con los ojos entrecerrados un segundo más quedándose enredado en su pelo y en su enfadada figura. Una ráfaga de frio viento azotó el campamento. El pelo de Aris se volvió loco un momento, bailando al son del viento. La chica tembló de puro frío y se colocó mejor su capa.
Thorin soltó un suspiro y se acercó a ella. Se quitó su gruesa capa y se la puso a Aris sobre los hombros. La chica quiso protestar, Thorin solo llevaba debajo su jubón azul pero el rey enano le lanzó una mirada que no permitía réplica. El olor de Thorin que desprendía su capa hizo que a Aris le diera un vuelco el corazón. Le lanzó una mirada de gratitud, sabía que no permitiría que le devolviera la capa, al menos no esa noche, una de las más frías desde que dejaron la Montaña Helada y no tener un fuego encendido hacía que el frío se le metiera en los huesos y que cada respiración soltara una nube de vaho.
-Mientras me queden fuerzas intentaré vengar a mi pueblo.- le dijo Thorin antes de levantarse de su lado. Aris le tuvo que sostener la mirada, no lo quedaba otra, pero habría dado lo que fuera porque su corazón dejara de intentar salírsele del pecho cada vez que Thorin la miraba.
-La venganza solo hará que te maten, lo malo es que no solo a ti.-le respondió Aris sin intención de hacerle daño.
Thorin miró instintivamente a sus sobrinos y luego de nuevo a la chica.
-Nadie os hará daño mientras yo pueda evitarlo- dijo Thorin, todavía agachado junto a ella. La inclusión de Aris en esa frase hizo que un violento escalofrío le recorriera la columna.
-Aún así no puedo asegurar que salgamos vivos de esta…no puedo asegurar la vida de nadie, ni de ellos- hizo un amago hacia los demás- ni la tuya.
Aris le sostuvo la mirada todo lo que Thorin estaba dispuesto a aguantarla.
-¿Todavía quieres seguirnos?- le dijo Thorin levantándose, lejos de la tentación de mirar sus rojos labios, los cuales estaban empezando a captar toda su atención.
-Por supuesto.-le respondió Aris. Hasta el mismísimo infierno, desgraciadamente pensó mientras el viento volvía a revolverle el pelo. El rey enano la miró con una expresión que la chica nunca antes había visto en él, ¿Orgullo? ¿Aprobación?, no pudo descifrarlo aunque le hubiera encantado. Thorin no esperaba ninguna otra respuesta viniendo de ella, le dedicó apenas media sonrisa y se obligó a sí mismo a dejar de mirarla. Se alejó del campamento para volver a dar otra vuelta al perímetro. Aris sabía que daría al menos tres más antes de permitirse a sí mismo dormir. Se arrebujó en la capa de pelo dejando que los ojos se le cerraran poco a poco mientras el olor de Thorin la envolvía por completo. No hubo noche que durmiera mejor que aquella, sobre la fría piedra del suelo y el viento azotando los altos árboles sin piedad.
Sonidos de pasos y una conversación a susurros. Suficiente para despertar a Aris. Abrió los ojos poco a poco y sin moverse ni un milímetro de la gruesa capa que la protegía del helado viento de la mañana observó el campamento. Balin, Bofur y Thorin estaban hablando al otro lado del campamento mientras comían algo. Todos los demás dormían. Aris observó a los tres enanos mientras metía más la cabeza en la capa de Thorin, no quería moverse todavía.
Dwalin se desperezó ruidosamente haciendo que la chica sonriera. El enano la vio y le devolvió la sonrisa divertido. El gesto hizo que los demás se giraran hacia Aris que los observaba escondida entre la capa de piel.
Dwalin llegó hasta al lado de su amigo Thorin y recogió de la bolsa que tenía enfrente una manzana y se la lanzó a Aris con fuerza que la cogió al vuelo y le dio un bocado. Esa bolsa de manzanas había sido un regalo de la posadera a Aris ya que los enanos habían comprado la poca carne que les quedaba en la posada pero como era costumbre en ellos no consintieron comprar nada de fruta ni de verduras. Al parecer la posadera temía por la salud alimenticia de la chica viajando con aquellos enanos.
Aris se comió la manzana mientras se incorporaba un poco y como era costumbre en ella se desordenaba el cabello. Miró a su izquierda y vio a los dos hermanos durmiendo como dos angelitos uno junto al otro. Sonrió y le dio una patada a Kili en la pierna instándole a levantarse. El enano se levantó bruscamente despertando con él a Fili y a los demás que quedaban durmiendo.
Miró a Aris con el ceño fruncido mientras esta ahogaba una risa metiéndose la manzana en la boca.
-Hora de desayunar, señoritas.- dijo Bofur mientras le lanzaba a Fili y a Kili unos trozos de pan. Lo engulleron en menos de un minuto mientras se levantaban a por algo de carne. Aris no entendía el apetito voraz de aquellos dos enanos. Se levantó tirando el hueso de la manzana a un lado para acercarse a Balin y a Thorin que hablaban aparte sobre hacia donde ir ahora.
Fili y Kili observaron a Aris ahora que se había levantado, ni siquiera se habían dado cuenta de que llevaba puesta la capa de Thorin.
La chica se habría quedado con aquella capa todo el día, toda la vida en verdad pero la imagen de Thorin con su simple camisa azul junto a Balin, abrigado hasta las cejas, mientras el viento aullaba entre los árboles le produjo un vuelco en el estómago y notó como la sangre le llegaba a la cara. Ella egoístamente caliente y Thorin con apenas una manga, genial. A pesar de todo el rey enano no daba muestras de tener frío, si lo tenía, cosa que Aris estaba casi segura, no se quejaba.
Llegó hasta donde estaban los dos enanos y se quitó el abrigo tendiéndoselo a Thorin. Éste lo recogió de su mano buscando sus ojos verdes. Aris le dio las gracias y se dio la vuelta rápidamente, acababa de levantarse por el amor de dios, no estaba preparada todavía para ese color de ojos. En cuanto se dio la vuelta el frío le recordó lo bien que estaba con la capa de Thorin y se arrepintió de habérsela devuelto tan pronto. Recogió sus armas y se sentó algo más alejada, dejando que terminaran de desayunar, y se puso a tensar su arco. No le quedaban muchas flechas pues su reserva se había ido junto a su caballo, tendría que hacer más pronto.
Thorin se colocó su capa, el olor de ésta había cambiado ligeramente lo que hizo que el enano fijara la vista en Aris mientras esta tensaba su arco élfico sobre una de las rocas.
-No va a desaparecer si dejas de mirarla.- dijo de repente Balin haciendo que Thorin volviera la cabeza hacia él. Al parecer había estado mirándola durante un largo minuto, dejando de lado la conversación con Balin.
-No sé a qué te refieres. - le contestó Thorin con voz desenvuelta.
Balin lo miró.
-A que no has dejado de mirarla desde que se despertó.-le dijo Balin.
Thorin sonrió indiferente.
-¿Por qué haría yo eso?- le dijo.
-Por nada.- respondió Balin con la mirada astuta.- Sabes que tiene razón ¿verdad?- dijo volviendo a ponerse serio.
Thorin lo miró sin entender.
-No hace falta que recuperes Erebor para tu pueblo. Este ya te considera un buen rey aunque no lo hagas.- le dijo.
-Oh ¿ahora te dedicas a espiar conversaciones?- le dijo Thorin con una burla pintada en la cara.
Balin negó con la cabeza pensativo.
-Sabes porque lo hago Balin, porque lo hacemos todos…-le respondió Thorin.
-Y seguimos contigo, todos…solo te he dicho que tiene razón, viene bien recordártelo de vez en cuando- dijo con una sonrisa.
Thorin soltó un suspiro levantándose de la roca donde estaban sentados antes de que Balin siguiera interrogándolo.
-Recogemos y nos vamos.-les dijo Thorin a los suyos antes de dedicarle una última mirada a su viejo amigo Balin el cual seguía con una sonrisa divertida, no habían muchos momentos así en ese viaje, había que disfrutarlos.
En menos de cinco minutos estaban en marcha. Decidieron viajar cerca de la linde del bosque, donde pudieran ver el gran río a su izquierda. Según Balin dentro de poco el río se iría estrechando y el bosque creciendo hacia el otro lado, dando lugar a unas estepas salpicadas de rocas como ya era habitual en esa zona.
Anduvieron durante un par de horas con el viento en contra, haciendo más difícil adelantar camino. Balin tenía razón; el río iba estrechándose poco a poco y el bosque dejaba más espacio ante ellos hasta que prácticamente estuvieron en campo abierto, con rocas afiladas por doquier, más grandes que las del páramo que habían dejado atrás pero mucho más separadas, apenas cuatro o cinco se veían ahora, enormes, salpicaban de gris el verde suelo.
-Ya tengo hambre…-estaba diciendo Kili.
-Yo también- lo secundó Fili.-pronto será hora de comer…o eso espero-siguió diciendo mientras se volvía a preguntarle algo a Aris la cual estaba andando a su lado.
-¿Crees que pararemos a comer…-comenzó a decirle pero se calló al instante cuando vio a Aris detenerse de repente.
-¿Qué?- le dijo el enano parándose también y haciendo que los demás se volvieran a mirarlos.
La chica no contestó, parecía estar concentrada.
-Nada…solo me ha parecido oír algo- dijo mientras Dwalin daba un par de pasos hacia ella.-…habrá sido solo el viento, lo siento.
Fili soltó un suspiro y comenzó a andar como todos los demás. Thorin seguía quieto en el sitio, mirando hacia atrás, hasta que alzó un brazo.
-Quietos.-dijo. Todos lo miraron en silencio. Thorin se volvió hacia Aris.
-¿Has oído eso?-le dijo. La chica cerró los ojos y se esforzó. Si. Si, ahí estaba otra vez. Patas, corriendo con furia, no muy lejos de allí. Asintió hacia Thorin. No había sido su imaginación.
Dwalin se acercó a Thorin.
-¿Qué son?-preguntó con urgencia.
-Orcos.-respondió mirando hacia la chica.
-Sin duda.-asintió Aris notando como la sangre le desaparecía de la cara y el estómago le daba un vuelco.
-Nos han encontrado…-comenzó Balin.
-Más que eso, nos han acorralado…-comenzó Thorin- un rio a la izquierda y un bosque casi impenetrable a la derecha- dijo con un ladeamiento de cabeza, enfadado consigo mismo.
Como dándole fuerza a sus palabras el sonido de patas y aullidos se hizo ahora evidente. Todos miraron hacia atrás. A lo lejos el sol recortó una silueta, un orco montado sobre un huargo se detuvo en lo alto de una de los acantilados más cercanos a ellos. A todos se les erizó la piel cuando a esa silueta negra, monstruosa, se le unieron muchas más. Un aullido del primer orco hizo que todos bajaran la ladera del acantilado, hacia el grupo de enanos, estaban de caza y ellos no tenían más posibilidad que correr hacia delante.
-¡Corred!- les gritó Thorin haciendo que todos comenzaran la carrera hacia la estepa que tenían delante. Sabían que no tenían escapatoria. Podrían correr pero no eternamente, los huargos eran cien veces más rápidos que ellos, pronto los alcanzarían.
Aris notaba como los seguían de cerca, los pulmones le ardían y el corazón le latía tan deprisa que creyó que se iba a desmayar en cualquier momento. Observó a su alrededor, a los demás correr como si tras de ellos se estuvieran abriendo las mismísimas puertas del infierno. No era suficiente, no era ni de lejos suficiente. Kili iba a su lado, corriendo como alma que lleva al diablo. El enano se volvió a mirarla con la cara desencajada por el esfuerzo. Aris respiró fuerte, había decidido algo. Sacó una flecha de su carcaj y la puso en su arco todavía corriendo. Kili la miró y asintió, entendiendo al momento. Siguió a la chica a una de las rocas más altas mientras los demás seguían corriendo y él también puso una flecha en su arco.
Aris respiró, como siempre hacía, puso los ojos sobre su objetivo y soltó la flecha que ayudada por el viento se clavó en la garganta de uno de los orcos más cercanos. Kili hizo lo mismo y su flecha mató a otro de los orcos que se acercaban. El sonido aterrador y furioso que hicieron los demás orcos hizo que los demás enanos que ya se habían alejado más de los dos jóvenes se volvieran a mirar.
El grito que les lanzó Thorin les heló la sangre a ambos pero ninguno se volvió a mirarlo, siguieron lanzando flechas, matando algunos orcos más hasta que escucharon otra vez al rey enano soltar una maldición en un idioma que la chica no entendió pero que la hizo volverse hacia él de inmediato. El enano les hizo una seña para que bajaran hacia donde se encontraban; todos estaban escondidos tras una roca enorme, todos menos Thorin el cual los miraba a ambos con ira.
La chica miró hacia delante. Era demasiado tarde, ya casi tenían encima al primer grupo de orcos. Habían conseguido matar a más de la mitad pero no había sido suficiente, nunca lo era. Aris miró a Kili sacando su espada que despidió un brillo cegador. Kili la imitó sacando la suya y clavándola en el primer huargo que llegaba por su derecha matándolo al instante. El orco rodó hasta Aris la cual le rebanó el cuello antes de que pudiera levantarse. Tres más venían corriendo hacia ellos. El otro grupo todavía estaba lejos pero acercándose inexorablemente hacia ellos.
Aris paró el golpe del orco que tenía más cerca y dándose la vuelta le asestó un golpe en el cráneo a este. No se paró ni a respirar, le clavó la espada en la garganta al huargo que intentaba lanzarle una dentellada. Miró hacia Kili preocupada pero vio al enano sacar su espada de otro huargo muerto. Escucharon a Thorin y a los demás sacar las espadas, iban a ir a ayudarlos justo cuando Aris les gritó que se quedaran escondidos, que no se les ocurriera moverse.
-¡Aris!- le gritó Kili lanzándose hacia donde ella estaba. El último de los orcos del primer grupo estaba prácticamente encima suyo. La chica se agachó tan rápido como una exhalación clavándole la espada en la pata al huargo haciendo que el orco cayera sobre Kili. El enano se defendió con su espada mientras Aris le clavaba la suya al huargo que ya se levantaba. Corrió al lado de Kili justo cuando el orco le daba un golpe en la cabeza a su amigo, dejándolo inconsciente. Se oyó un grito a lo lejos. Por el rabillo del ojo Aris vió a Dwalin agarrar a un Fili fuera de sí. El orco ahora se giraba hacia ella pero apenas le dio tiempo de reaccionar antes de que la chica le clavara la espada en la garganta. Observó cómo caía de rodillas mirándola con asombro; se habría quedado mirándolo morir pero Kili estaba inconsciente en el suelo y ya tenían al resto de los orcos demasiado cerca como para detenerse a disfrutar del momento. Recogió a Kili del suelo y lo bajó de la gran roca donde estaban poniéndose a salvo detrás de esta quedando de cara a la roca donde más lejos estaban los demás. Aris miró a Thorin el cual la miraba preocupado. Negó con la cabeza cuando los ojos del enano se encontraron con los suyos. Kili está bien, está vivo. Thorin pareció entenderlo pues se relajó, solo un momento, apenas un segundo. Su mirada pasó de la chica y su sobrino, llenos de sangre de huargo, hacia arriba, encima de la roca donde ellos dos estaban escondidos. Aris siguió su mirada. Uno de los orcos ya había llegado. Estaba justo encima de sus cabezas mirando hacia todos lados, buscando. Los demás estaban bien refugiados, no podía verlos, pero ellos dos estaban justo debajo de sus narices. Volvió la vista hacia Thorin el cual la miraba con los labios apretados. Aris temía que saliera de detrás de la roca y desenvainara la espada descubriendo la posición de todos los demás. Gracias a dios Thorin era más inteligente que eso, podía ponerse en peligro él, pero no estaba dispuesto a hacer matar al resto de sus hombres, por mucho que le doliera, por mucho que el corazón le latiera en el pecho.
Aris esperó. Thorin asintió hacia ella. Era lo que quería ver así que se llevó una mano al carcaj cogiendo una flecha. La puso lentamente sobre su arco y salió de detrás de la roca asomándose. Vio perfectamente al orco y el orco la vio a ella, sonrió, sacando su espada. Aris apuntó. Maldito idiota. La flecha surcó el aire y se le clavó entre los ojos. Aris no dio tiempo ni a que el orco cayera al suelo. Palpó el carcaj. Oh dioses. Solo una flecha. Su última flecha. La puso otra vez en el arco y disparó al huargo, le alcanzó en uno de los ojos. Volvió detrás de la roca junto al inconsciente Kili lo más rápido que pudo. Miró a Thorin el cual la miraba con el puño fuertemente cerrado sobre el pomo de su espada, más tenso de lo que nunca lo había visto.
Aris soltó un suspiro de derrota, antes de meterse de nuevo bajo la roca había visto a todos los orcos que se les iban a echar encima en cuestión de minutos. No tenían ni la más mínima posibilidad. Sus cabezas acabarían en picas y la de Thorin a los pies de Azog. El pensamiento hizo que un escalofrío le recorriera el cuerpo. Thorin lo notó, todavía la miraba a los ojos, sin pestañear. Aris se fijó en los demás, en su querido Fili ahora muerto de miedo por su hermano, a Dwalin agarrado por Balin para que no saliera de debajo de la roca, a Ori, a Nori, a Kili inconsciente y sangrando a su lado.
Apretó los labios, decidida, solo había una manera de que ellos se salvaran. Thorin le hizo una seña para que corriera hacia ellos pero la chica le desobedeció, se mantuvo en el sitio. Poco a poco desenvainó su espada de nuevo y alzó los ojos hacia el rey enano que la miraba con urgencia. La chica le sostuvo la mirada, observó bien sus ojos azules, preocupados, pues estaba segura de que sería la última vez que los vería. Thorin a su vez observaba los grandes ojos oscuros de la chica. Su rostro lleno de sangre roja hacían resaltar el color verde de estos. Entrecerró un poco más los suyos mirándola cayendo en la cuenta en cuanto vio a la chica sacar su espada de nuevo de lo que quería hacer. Negó con la cabeza mirándola con furia. Aris le sostuvo la mirada, con una disculpa en los ojos. No. No. No, maldita sea, pensó sintiendo la necesidad de echar a correr hacia ella; al parecer lo intentó pero alguno de los suyos lo agarró impidiéndole salir al descubierto.
Aris miró hacia Kili en el suelo y eso la hizo decidirse. Era la única oportunidad que tenían. Era o morir ella o morir todos, la respuesta era lógica. Suspiró buscando de nuevo los ojos de Thorin. Los encontró; en ellos la ira y el enfado con el que antes la había fulminado habían dejado paso a una súplica, una súplica furiosa que hizo que Aris sintiera un escalofrío, en la vida habría desobedecido a esa mirada; pero la adrenalina golpeándole los oídos era más poderosa que cualquier orden que Thorin pudiera darle. Le quitó la mirada muy a su pesar y salió de detrás de la roca con la mayor velocidad que pudo. Los orcos todavía estaban a unos minutos, corriendo como posesos hacia allí, pero no habían visto esconderse a los enanos, no sabían dónde estaban. Los habrían encontrado tarde o temprano obligándolos a luchar hasta la muerte. Si Aris salía corriendo hacia el bosque quizá hiciera que la siguieran, haciéndoles pensar que todos se habían ido hacia allí. Al menos eso deseaba con todas sus fuerzas la chica que ahora corría como si la persiguiera el mismísimo diablo hacia el oscuro bosque que tenía delante. El resto de los orcos se acercaban a ella peligrosamente, en respuesta aceleró todo lo que pudo mientras veía con una tranquilidad insana como los orcos se fijaban en ella y cambiaban de dirección para seguirla hacia el bosque. La chica sonrió ante el hecho de que la tranquilizara más que una manada de orcos la siguiera que si hubieran seguido corriendo en dirección contraria. Escuchó a lo lejos su nombre, amortiguado por el viento y pronunciado con ira.
No lo vuelvas a hacer, Thorin escudo de roble, no me vuelvas a llamar, pensó Aris con la tristeza más poderosa corriéndole por las venas-… o tendré que volver ahí a por ti, se dijo mientras se lanzaba hacia la oscuridad más absoluta, en aquel bosque infernal, mientras la seguían con sed de sangre más de una docena de orcos.
