Primero que nada, ¡Mil perdones por la tardanza! Tuve un bloqueo horrendo con este fic por culpa de una escena, además de que he estado un tantito ocupada xD pero bueno. Nuevos personajes ;_; cada vez más, siento que este capítulo es un poco lento y se centra más que nada en los otros protagonistas de la historia.
Por cierto, perdón si nunca contesto reviews por PM, soy malísima xD, prefiero contestarlos por acá. Primero que nada ¡Gracias por los reviews!
Belaja sí, me inspiré mucho en el mito de la torre de babel (es como que mi teoría favorita ever), se me ocurrió que un desprecio religioso entre Ikana y Hyrule sería un buen contexto para la historia. Lo de Veran, Cole y Onox se sabrá después después después, también quiero enfocarme mucho en ellos (en todos ;_; dolor) xD
Zilia K ;_; Veran es genial, no sé por qué no la toman tanto en cuenta, su forma de ser, su diseño, TODO. ahaha xD y de nuevo me tardo los eónes en actualizar.
Magua YTODAVÍAFALTANMÁSPERSONAJES digo ejem y lo del príncipe, ya pronto se sabrá y Kafei xD ahí a ver quién lo mata luego (PERO NO QUIERO MATAR A NADIE)
Urakashi xD contigo hablo todos los días y te sabes mi vida y así
o0 IkU 2012 0o ¡No sabes como me alegra que te gusten mis historias! Espero no dejarla sin conclusión ;_; le tengo mucho amor a este fic como para hacerle eso, *le da una espada* mátame si cometo algo así.
¡Ya! C: más cosas abajo! (omg no me callo nunca)
—¡ESTAMOS AQUÍ! —grita el líder, el eco de su voz envuelve a la montaña fría.
Las noches en el pico nevado son extremas, y ningún Hylian puede soportarlas. Cualquiera que entre a la montaña está condenado a morir de hipotermia. El pico nevado es conocido por sus lobos, siempre hambrientos, pueden despedazar en un abrir y cerrar de ojos. También, se cree que allí viven los Yetis, criaturas mitológicas que las diosas crearon para resguardar esos territorios. El pico nevado es parte de la cordillera que conecta a Hyrule con el desaparecido reino Labrynna. Es uno de los lugares más emblemáticos del reino, al mismo tiempo que es uno de los menos explorados.
En ese mismo lugar, cuatro hombres y una mujer tocaron tierra minutos antes del crepúsculo, la nieve les ayudó a amortiguar la caída. El líder del grupo, un joven enérgico, es el más emocionado, nunca ha estado en un lugar así, ni ha visto nieve. Sin embargo, comienza a sentir cada vez más frío. Los demás chicos del grupo están azorados, observando el paisaje completamente blanco y el cielo gris. La única chica del grupo sale de sus pensamientos, recordando que ella es la elegida para mantener el orden entre ellos. El líder es demasiado infantil, los demás son muy raros.
—Todo es tan blanco… —suspira el chico de baja estatura.
—Aquí no hay vida… —dice el más esbelto del grupo, clavando su mirada en el líder.
—¡Tus sensores deben estar fallando! ¡ESTE LUGAR REBOZA DE VIDAAAAA! —sigue gritando, esta vez lanzándose a la nieve, ignorando el frío por completo.
La mujer suspira, se dirige a levantarlo de la nieve, quiera o no. El rubio tiene razón, allí no hay vida, ó al menos no como la que él busca. Al contrario, hay algo que le causa muy mala espina y lo que menos quiere es pasar una noche allí.
Escuchan una voz a lo lejos.
—¡Eh, por aquí! ¡Tienen que ver esto!
Rápidamente, los cuatro comienzan a seguir la voz del integrante que falta, suben corriendo una colina, con cuidado de no resbalarse con la nieve, al final hay un árbol cuyas gigantescas hojas están completamente congeladas, la montaña cae en picado hasta un valle inundado de hielo. Todos se detienen a observar, asombrados. Más allá, en ese mismo valle, se levanta una enorme mansión. El líder sonríe, está seguro de que ese mundo va a ser toda una aventura.
—Bien, piratas del cielo, creo que ya sabemos a dónde ir.
GiygaShade's
La batalla de Evermore
III
Los Sheikahs y la mujer del reino del este deciden viajar esa misma noche, para llegar a la capital de Hyrule en la mañana. Impa no está muy segura de querer dejar ir a Sheik, aún es joven, no está en una edad para conocer los vastos y peligrosos campos del reino. Sin embargo, ya había capturado a su primer asesino, un punto a favor de ella. Impa sabe que tiene mucho potencial aún sin desarrollar completamente. Pues, claro, la más joven de la tribu, es también la de menor rango.
Tampoco quiere dejarla estar tanto tiempo con un soñador como Shad, frío y a la vez lleno de melancolía. Lo que menos desea es verla convertida en algo así. El Sheikah errante suele ser reservado, guarda para sí todos sus sentimientos, dentro de esa coraza hay un joven que no descansará hasta ver logradas cada una de sus metas. Junto con Sheik, es el miembro de la tribu con el corazón más blando. Aquellos que no pueden matar o se rehúsan.
Aún recuerda a la pequeña que jugaba en las faldas de la montaña de la muerte junto con Anju, mucho antes de que los Gorons cerraran el paso. Mucho antes de que la guerra por el valle sagrado causara tantos estragos en lo que alguna vez fue la unida tierra de Hyrule. Sabe que no es un simple viaje de dos días. Ir, hablar con el príncipe y solucionar todo. No, presiente que habrá más. Problemas, quizá. Y algunos incluirán a Sheik.
Impa es conocida como el ojo de la verdad. Lo ve, la oscuridad se apoderará del reino aún más. Habrá un rayo de luz que intente detenerlo. Sheik está implicada. No puede ver más. No quiere ver más.
Sheik está sentada en el pasto, pensativa, esperando a que la carreta esté lista. Se pregunta qué hay más allá de las montañas que rodean Kakariko. Los campos de Hyrule, la gran ciudadela. Se pregunta cómo es la gente y qué es lo que encontraran allí. También piensa en el príncipe, nunca lo ha visto físicamente. Aún no está convencida de querer verlo, le odia sin conocerle por todo lo que causa en el reino. Espera que con el mensaje de Cremia, por fin la guerra termine.
Cremia está en la entrada de la villa, de pie en las escaleras que se pierden entre las montañas. El Keaton le dejó heridas, aún duelen. Pero duele más la intolerancia hacia los creyentes de los cuatro gigantes. Llora, añorando su reino, deseando que su mensaje suavice al gobernante de Hyrule. Una guerra que debe concluir, por fin. Alza su vista al cielo, logra ver el halo rojo en la mítica montaña de la muerte, probablemente sus habitantes estén furiosos. El reino del este, su tierra, tiene la culpa por derrumbar una torre en el templo de Din. Todo ese odio es comprensible.
El crepúsculo se hace presente, saben que es hora de partir. Shad sale del templo con un libro en mano. Hay una figura en la cima del molino, la construcción más alta del pueblo. Es el Keaton, que sonríe al ver cómo el viajero Sheikah camina lentamente en dirección a Impa. Se gira y observa a Sheik, todo lo que le espera. Posa sus ojos en aquella casa del pueblo donde el piano resuena. Quizá por fin pueda demostrarle lo mucho que le aprecia. Arriba de Kakariko, la montaña de la muerte parece gritar furiosa.
Minutos después, Shad, Cremia y Sheik se encuentran reunidos junto a la carreta, Impa delante de ellos.
—Sheik, no puedo creer que por fin vayas a salir de la villa. Espero que todo lo que te he enseñado te sirva de mucho. Nunca bajes tu guardia ni confíes en extraños —Impa observa fugazmente a Cremia, ella incluida—, no reveles quién eres. Mucho menos al príncipe y a sus súbditos. Ve en paz y regresa en paz —Impa toca la frente de Sheik, un signo que los Sheikah suelen hacer para desearle éxito a los de la tribu—. Shad, regresaste hace menos de un día y te vas de nuevo. Tu corazón está en los campos, bosques, desiertos, montañas y reinos lejos de este pueblo, espero que después de dar el mensaje, regreses y te quedes aunque sea una semana…
—¡NO, POR FAVOR! —grita una voz, el Keaton está oculto entre las ramas y hojas de un frondoso y viejo árbol, escuchando las bendiciones de Impa. No pudo evitar gritarlo, de verdad detesta al viajero.
Shad ignora completamente al hombre de la máscara.
—Muchas gracias, mi señora. Prometo que al volver, me quedaré en esta villa más tiempo.
El Keaton permanece callado. Debajo de esa máscara hay odio.
—Cremia—continúa Impa—, no confío en ti, por ser parte del reino del este. Sin embargo, tu tarea como emisaria es valiente, sin importar si es para bien o para mal. Si Shad decidió viajar contigo, es porque no ve que haya algún problema contigo.
Sheik y Shad bajan la cabeza, haciendo una reverencia, al verlos, Cremia también lo hace. El sol se oculta, es momento de partir. Por fin. Suben a la carreta de forma silenciosa. Sheik lleva una pequeña bolsa, ahí oculta su vestido. Quiere ser Zelda, desea caminar por la ciudadela como Zelda. Shad deja su libro junto a Sheik y se encarga de llevar los dos caballos. Cremia, prefiere mirar a otro lado. No quiere que sus ojos se encuentren con los de Sheik.
Con un salto, el Keaton baja del árbol.
—Le dijiste a Shad que se quedara sólo para molestarme, ¿Verdad?
— — — — —
—¡YAHOOOOOOO!
Los piratas del cielo bajan rápidamente la montaña, cada uno va montado en una gigantesca hoja congelada de los extraños árboles del pico nevado, todos lo están disfrutando, menos un integrante. El líder, el más pequeño del grupo, el esbelto rubio y el pelirrojo de peinado extravagante están más que excitados, como niños pequeños más que emocionados con su nuevo juguete. La única chica del grupo está cansada, su nariz está fría, los dedos le duelen y muy apenas puede mantenerse despierta para controlar la dirección de la hoja.
—¡Estamos volando! —grita el joven de baja estatura, la nieve choca contra su frente, eso no le importa, la diversión sí.
Hacen todo lo posible por no chocar con los árboles y piedras que encuentran en su camino abajo, la pendiente está cada vez más empinada, junto a ellos corren sombras blancas, son lobos de nieve que esperan el momento en el cual uno se detenga, para así poder destazarlo. Cruzan el valle con una rapidez sobrehumana, dejando un halo de nieve a su paso. Las hojas toman fuerza conforme bajan, los lobos no pueden alcanzarles. La mansión está cada vez más cerca.
—¡Mi cabello va a quedar arruinado! —se queja el pelirrojo, moviendo su hoja de un lado al otro, no presta atención a las bestias de nieve.
El rubio observa detenidamente a los lobos, intenta decirles algo con la mirada, un poco más, un poco más. Los lobos clavan sus ojos carmín en él, se cierran en su dirección. Él aún tiene sus ojos posados en ellos, por un momento cree que los tiene en su poder, cae. Choca contra un árbol, su hoja se rompe en fragmentos pequeños. Los lobos se acercan a él, en posición de caza. El rubio aún parece intentar hablar con ellos, fallando.
El chico de baja estatura salta rápidamente de su hoja, rodando en la nieve, sus piernas cortas le impiden correr entre la nieve, los lobos también se percatan de su presencia, lo rodean también a él. Venga, que él, a diferencia de su compañero, no está desarmado.
—¡A mí nadie me va a comer! —les grita, los lobos gruñen.
Acto seguido, una luz le envuelve y una silueta aparece entre sus manos, una sombra que poco a poco se torna más definida, hasta tomar la forma de una lanza. Una lanza plateada que es dos veces más grande que él, aún así, no parece tener ningún problema al blandirla. Golpea a los lobos con ella, uno, dos, tres, cuatro. El rubio sólo puede observar, no hay nada allí que pueda usar como un arma, ni un sólo rastro de la vida que él busca para protegerse. Se siente un inútil, sigue intentando detener a los lobos con la mirada, con su mente, fallando.
—¡Idiotas!
Del halo de nieve aparece el pelirrojo, sostiene un mazo gigantesco que se mueve de un lado al otro. Golpea violentamente a los lobos, junto con el de baja estatura. Conforme blanden sus armas, las bestias salen volando, uno tras otro. Son demasiados, pareciera que están hechos de hielo. El rubio cierra los ojos al ver como sus amigos se encuentran rodeados.
Un gruñido furioso hace eco en la montaña, los lobos huyen despavoridos, sea lo que sea, le tienen miedo. El sol está a punto de ocultarse, la luz no es más que un hilo en el cielo. Los tres chicos intercambian miradas, no saben si sentirse seguros ó preocupados, la montaña es un enigma para ellos y aquel grito no hizo más que alertarlos. El más bajo está jadeando de cansancio, el mazo del pelirrojo desaparece de entre sus manos.
—¿Pero qué coño te pasa? —grita el pequeño, después de estabilizarse. Camina lentamente hacia el rubio y le da una cachetada—, ¿Quieres morir? ¿Sí?
El alto se pone de pie y se sacude la nieve, observa el cielo, cada vez más oscuro. Los lobos ya no están cerca, no los siente. Hay algo más, algo grande, algo que podría resultar peligroso. Y se aproxima, rápido.
—Creí que podría controlarlos. —dice, sin dejar de prestarle atención a sus sentidos, hay algo caminando en su dirección.
El pelirrojo, despeinado y con la frente inundada de sudor se da media vuelta para verlo.
—Tú no puedes controlar a esas bestias, deja de intentarlo.
—¡Estuve a punto de vincularme a ellos! —grita, no presta atención a lo que se acerca por unos segundos.
—No quiero discutir contigo —el chico de baja estatura observa su alrededor, todo tan frío y silencioso—. ¿Dónde están los otros dos? Y más importante, ¿Qué demonios fue eso?
—Ellos no se percataron de que faltaban ustedes, el idiota del líder estaba muy entretenido, y la otra, está muy concentrada en evitar que se caiga. Yo me di cuenta de que no estaban y corrí cuesta arriba, hasta que los encontré, rodeados de lobos.
Pisadas cada vez más cercanas, los tres chicos se quedan completamente callados, una silueta blanca se acerca rápidamente, el pelirrojo sostiene su maza fuertemente, mientras el pequeño manifiesta su lanza.
—¡HEY! ¡HYLIANS! ¡HOLA! —sea lo que sea aquella silueta, parece saludarles.
— — — — —
La noche cae lentamente, la carreta se aleja cada vez más de la villa Kakariko. Shad lleva los caballos, mientras Sheik y Cremia están dentro, silenciosas. La mujer del reino del este no sabe de qué hablar con la Sheikah y viceversa. Sheik se muere por romper el silencio, simplemente busca las palabras adecuadas. Al final, de sus labios articulan lo primero que se le ocurre.
—Llegaremos a la ciudadela en la mañana, no está tan lejos.
Cremia sonríe, sus facciones son diferentes a las de Zelda, tan increíble que vivieran en el mismo mundo. El reino de los gigantes y el reino de las diosas, dos reinos que antes habían sido aliados, hasta que la religión los separó. Todos, absolutamente todos en Hyrule creían en las diosas, nunca se dejarían persuadir por un reino que cree que cuatro gigantes son mucho más poderosos que ellas. Pero Cremia cree eso, y no puede discutir. No ahora. Aún así, la mujer de cabello castaño y facciones rasgadas no le da buena espina.
Sheik observa la fumarola de la montaña de la muerte, cada vez más lejana, dejan Eldin. El volcán sigue enojado, lleva días así y nadie puede hacer nada. Los hylians no pueden entrar a los dominios Goron, nadie consigue discutir con la tribu de roca. Ellos quieren el Evermore, porque oculta una caverna con las piedras más deliciosas del reino, y la montaña escasea cada vez más. Junto al volcán de los Gorons, se rige el monte Crenel, menos imponente y el humo que emana es menor.
La ciudadela se encuentra en la región de Lanayru, junto con la tribu Zora. Los Zoras son tranquilos a comparación de los Gorons, mas después de que asesinaron a un noble del dominio, juraron guerra, son los protectores del río Hylia y el lago del mismo nombre. Quieren el Evermore, porque el río que nace en el valle no tiene fondo, desean construir una ciudad allí, lejos de las bestias del pico nevado. Comparten su territorio con la tribu Gerudo, las mujeres del desierto prefieren ser excluidas de los asuntos del reino, aunque también pertenezcan a este. Ellas no luchan por el Evermore.
Más allá, donde el cielo se pierde entre los gigantescos árboles, se localiza Faron, la tercera región del reino. El valle sagrado colinda con los bosques de Ordon. En Faron viven diversas tribus y culturas: los granjeros de Ordon, los niños que nunca crecerán, los Kikwis, entre otras minorías. Faron es un reino dentro de otro, el bosque se rige con las leyes del árbol Deku, considerado como la máxima deidad, junto con la diosa Farore. Faron es un enigma para Eldin y Lanayru, Se cuenta que la mitad del bosque no ha sido explorado. Los Kokiri quieren el Evermore, para evitar que la tierra se marchite, dicen que es el corazón del mundo.
Sheik se pregunta cómo serán las demás regiones. Zoras, Gorons y Kokiris. Sólo conoce a los Gorons de vista, a los Zoras los ha visto en los dibujos de Shad, y los Kokiri son idénticos a los niños Hylian, pero ellos no crecen.
Cremia la saca de sus pensamientos.
—Es un reino muy vasto, mucho más grande que Ikana.
Termina está dividido en cuatro regiones, el antiguo reino Ikana se encuentra en la zona este, sus tierras se limita al cañón de los gigantes, parte del río Deku y los valles del centro. Sin embargo, Ikana es la más poderosa de las regiones y las lidera, siendo todas, parte de un mismo reino. Aunque, sí, Termina es mucho más pequeña que Hyrule, no cuenta con un vasto bosque ni con un desierto eterno, pero las distintas razas conviven en armonía, cada una a los pies de un gigante.
—Pero en Termina no hay guerras entre razas.
Cremia esboza una débil sonrisa.
—Las hay, pero el Rey prefiere callar esos asuntos, él los llama peleas entre gigantes, y las peleas entre gigantes nunca son para siempre.
—¿Cómo es el Rey? —pregunta Sheik, sus conocimientos sobre la familia real del reino del Este son nulos.
—Es majestuoso en todos los sentidos. Su cabellera rojo sangre, los penetrantes ojos verdes, la altura. Es difícil describirlo, una vez que lo conoces, te quedas sin palabras. Aunque ya sólo queda él, no tiene ningún heredero, y la reina murió —Cremia baja la cabeza—. Es difícil mirarlo a los ojos, puedes ver su tristeza.
—¡Pero no es mala persona! —exclama Shad, que puede escuchar toda la conversación.
Hay un minuto de silencio, el único sonido es el de las ruedas en el camino, luchando contra las rocas y demás obstáculos pequeños. Los ojos de Cremia y Sheik se entrelazan, Zelda no puede descifrar lo que está pensando la mujer del reino del Este en ese momento.
—Cambiemos el tema —dice Cremia alegremente, su mirada se desvía hacia las montañas lejanas, el pico de nieve entre ellas—. La gente te verá extraño en la ciudadela, deberías cambiarte.
—
Están cansados de esperar, tiritan de frío y los ruidos de sus estómagos son cada vez más fuertes. Ambos están acurrucados en una manta, tratando de calentarse, es imposible, ellos no están acostumbrados a esos climas, aquella casa es aún más gélida que la misma montaña. El fuego danza en la chimenea, es inútil, porque ni eso puede subir un poco la temperatura.
—¿Crees que estén vivos? —pregunta el líder, no quita la mirada de las llamas, como si eso le diera más calor.
—Lo están, parecen idiotas, pero no lo son —la única chica del grupo suspira, espera no equivocarse—. Por algo son el mazo, la lanza y la vida.
Ambos están preocupados por sus amigos, cuando llegaron a la mansión del valle, ellos no les acompañaban temen que se hayan perdido ó, peor, las bestias les hayan hecho algo.
Están dentro de la casa en el gélido valle, el lugar está en ruinas y hay muy pocas habitaciones intactas, la sala, donde se encuentran, es una de ellas. La mansión le pertenece a una adorable criatura que se hace llamar Yeti, los piratas no conocían su existencia. Al verla abrir la puerta, ambos se miraron, azorados, ella simplemente les sonrió y les invitó a pasar.
La sala en la que se encuentran está tapizada con una alfombra roja; hay pequeños sillones derruidos y poco cómodos; cuelgan enormes cuadros de las paredes, el tema recurrente son los bosques pero también hay varias pinturas que representan el mercado de la ciudadela de Hyrule; la pared es de piedra, sobresale la chimenea, que tiene unos cuantos arreglos de color rojo. La decoración intenta dar un ambiente confortante, como un santuario al que no puede entrar el frío, pero, le da un aspecto más frío a la mansión.
La mujer se pone de pie y camina por la habitación, deteniéndose a observar los cuadros, quiere tocarlos, intuye que puede transportarse a esos bosques y calles infestadas de gente sólo con el tacto.
—¿Crees que podamos ver un bosque? —pregunta, mientras siente el lienzo frío. No quiere hacer ese tipo de preguntas con él, siendo tan estúpido pero ¿Con quién más?
—¡Tenemos que ver el gran bosque! ¡En cuanto estemos juntos de nuevo, iremos al bosque!
Knock Knock KNOCK.
Alguien toca desesperadamente la puerta de metal de la mansión, los dos piratas del cielo se miran por un momento, sin saber qué hacer, esperan a que la Yeti abra la puerta. Los golpes aumentan volumen con el paso de los segundos, son sobrehumanos.
—¡Alguien está en la puerta! —grita la única mujer de los piratas del cielo, intentando no castañear los dientes.
Se escucha un fuerte ruido en la habitación contigua y la Yeti sale de ella, siempre sonríe. Es una criatura extraña, un poco tierna. Su pelaje está dividido en rombos de diferentes colores, como si llevara un suéter decorado, parece no tener brazos y sus cortas piernas se mueven toscas y lentas, el pelaje negro de la cara es un poco más fino y resalta los ojos azul hielo, la boca es pequeña, los colmillos que asoma son más grandes que los de los Hylians.
—Debe ser esposo con cena —dice.
Abre la puerta que conecta la entrada con la sala, sale y las gélidas corrientes vuelven a cerrarla, el frío se coló y un escalofrío recorrió a ambos. Escuchan el sonido de la puerta de metal y acto seguido, una estrepitosa voz que resuena en toda la casa.
—¡YETO HABER ENCONTRADO HYLIANS PERDIDOS! ¡YETO INVITARLOS A CASA!
Hay confusión en las caras de los piratas del cielo.
—Yeta haber encontrado Hylians también, Hylians estar en la sala.
—¡HOY TODOS TENER QUE CELEBRAR!
La Yeti regresa a la sala, acompañada de otro de su especie, el doble de grande que ella, con una gigantesca cola blanca como la nieve, sus ojos son negros y circulares, parecen estar llenos de asombro. Hay una enorme diferencia entre el macho y la hembra Yetis.
Entran tres personas más a la sala, los otros piratas del cielo. Al verse, todos corren a abrazarse, como amigos de toda la vida, se sienten a salvo. Una lágrima humedece la mejilla derecha de la única mujer de los piratas del cielo. Se alegra de verlos, al de baja estatura, al rubio y al idiota del pelirrojo, son como una familia para ella, al menos en ese mundo.
—¿Dónde estaban? —pregunta el líder, enérgico.
El de baja estatura pone ojos en blanco.
—Luchando con lobos—bufa, señalando al rubio— Culpa de este estúpido que creyó que podía controlarlos.
El chico de cabello rubio se pone a la defensiva.
—Hubiera podido de no ser por el árbol…
—Pretextos, pretextos, pretextos —interrumpe el pelirrojo, acariciando su cabello—. De no haber sido por ese monstruo, no estaríamos vivos.
—¡No es un monstruo, es un Yeti!
La única chica del grupo se acerca al rubio y le da una bofetada que no se espera, su pómulo queda completamente rojo.
—¡Deja de hacer locuras! —le grita—, ¡Representas la vida y parece que quieres perderla! ¡Tú no puedes controlar a esas bestias!
La segunda vez en el día en el que escucha eso. Si puede controlarlos, desea controlarlos, sólo debe concentrarse más. Cabizbajo, se sienta en uno de los poco cómodos sillones y suspira.
—Lo… siento.
Los Yeti, en vez de observar la escena, hablan entre ellos. La hembra habla casi susurrando, como no queriendo asustar a los inquilinos. Pero el macho parece que no puede dejar de gritar.
—¡YETO ALEGRARSE DE VISITAS, ARMADURA NO PUEDE ATACARNOS ASÍ!
La Yeti clava sus ojos en su esposo, ha hablado más alto que los demás. Cuando la Yeti voltea, se da cuenta de que todos los piratas del cielo menos el rubio les observan, confundidos. Ella niega con la cabeza, no quiere que se enteren.
—¿Armadura? ¿Atacarlos? ¿Tienen algún problema? —pregunta el pelirrojo, cruza los brazos, interesado.
—ARMADURA ATACAR A YETA.
Yeta suspira.
—Yeta no querer que teman. Armadura poseerse de oscuridad y atacar a Yeta, armadura caminar sin caballero. Estar maldita.
Los chicos se miran entre ellos, incluso el rubio sube la suya para encontrarse con la de los otros. Los ojos del bajo de estatura y del pelirrojo brillan, la única chica piensa detenidamente lo que ha dicho la criatura del pico nevado. Una armadura que se mueve por sí sola y ataca. Suena interesante. Cautivante. Ella sonríe.
—Nosotros nos encargaremos de esa cosa endemoniada. —dice el líder antes de que ella pueda abrir la boca, justamente lo que pensó, claro, omitiendo el cosa endemoniada.
Los ojos de la Yeti se abren, sobresaltada.
—¿Ustedes encargarse armadura?
—Sí, déjelo en nuestras manos. —contesta el pelirrojo, confiado.
—¡GRACIAS —el yeti hace una pausa para observarlos detenidamente—… NO SABER NOMBRES!
Todos los piratas del cielo dibujan una sonrisa.
—¡Mi nombre es Cawlin! —dice el de baja estatura, dando saltitos.
—… Strich… —suspira el rubio.
—Groose, a su servicio. —el pelirrojo hace una reverencia, su cabello se ondea, maravilloso.
—Pueden llamarme Karane. —sonríe la única chica del grupo.
—¡YO SOY PIPIT! —el líder lanza un grito que puede escucharse en todo el pico nevado, orgulloso de su nombre.
Lo siento, lo siento, culpable, los quiero como protagonistas, me enamoré de ellos en Skyward Sword, y siempre me pregunté cómo sería verlos juntos, en el próximo capítulo trataré de que vean las habilidades de cada uno y un poco más de su historia, lo de Sheik y Cremia va medio lento, no quería que llegaran tan rápido a la ciudadela, no sé xD
¡LOS AMO CON TODOS MIS KOKOROS!
