No, no es una ilusión, actualizamos xD
Lamentamos la demora, pero fueron por causas de fuerza mayor... Falta de inspiración xD y obligaciones varias :B
Como siempre decimos, y cuando lo hacemos lloramos con nuestros lloros ;o; Digimon no nos pertenece :(
Macho que se respeta
Capítulo IV: RespetaDOS
—Buenas tardes —saludó educadamente a su suegro, que le abrió la puerta —¿Está Mimi?
El hombre solo asintió. —Está en su cuarto con su madre —lo miró fijamente —se enfermó. Ayer llegó tarde a casa y seguramente desde temprano estuvo fuera —lo que Keisuke pretendía es buscar un culpable y obviamente iba a ser él.
Matt sentía la recriminadora mirada sobre él y se fue encogiendo de hombros.
—¿Está seguro que es solo una gripe? —Satoe salió del cuarto de su hija acompañada de un doctor, el hombre solo afirmó —¿No puede ponerse más grave? ¿Una bronquitis? ¡O peor una bronconeumonía! ¡Pobre de mi niña! —exclamó horrorizada la mujer.
—No se preocupe —dijo pacientemente —solo siga al pie de la letra las instrucciones que le marqué en la receta para que su hija se alivie rápidamente —sonrió aquel hombre ya entrado en años.
—Lo acompaño doctor —dijo Keisuke.
—Oh, Matt llegaste. Perdón no te había visto —comentó la mujer muy apenada —me siento muy triste porque mi hijita está enfermita —suspiró con una mano en el pecho —pero pasa, yo le prepararé algo para la fiebre —y le sonrió.
Él no sabía que la castaña estaba enferma, ayer presentó unos síntomas pero de eso a empeorar toda la noche. Conocía a su novia y a la familia de ésta, todos son exagerados y el médico ya había dicho que no era nada de lo que se deban alarmar. Sin más, se asomó por la puerta del rosado cuarto de Mimi, había quedado abierta luego de que su madre salió, y la miró acostada en la cama, tapada con una sabana.
—Batt… —el rió, la congestión no la dejaba ni hablar bien. Ella lo miró molesta —no te burles —vio como es que Mimi llevaba un pañuelo blanco a su nariz para estornudar —voy a borir.
Sentía el cuerpo cortado, tenía fiebre, le ardían los ojos, no podía respirar, le dolía su pobre garganta y encima su nariz no la deja vivir en paz…
Se acercó a ella mientras le sonreía con ternura y cuando estuvo lo suficientemente cerca se inclinó un poco para darle un dulce besito en la frente, cuando se separó vio que la chica había cerrado con fuerza sus ojos, puso su mano sobre la mejilla de ella y en efecto, estaba hirviendo en calentura.
Mimi pensó que no había mejor cura para su enfermedad que el amor sincero de Matt. Y se le quedó viendo como boba enamorada.
—Luzco horrible —chilló aún con esa graciosa forma de hablar. Como no lucir fea si estaba con la nariz roja, ojerosa, despeinada y toda fodonga. Pobrecito de su novio que la esperaba ver siempre radiante y hermosa.
Matt intentó acercarse a ella, para besarle los labios y así demostrarle que para él siempre lucía bien y que no le importaba, en absoluto que estuviera enferma para estar a su lado. Mimi alejó su rostro y puso en medio su mano para evitarlo.
—Nooo… —apenas y pudo pronunciar —te puedo contagiar.
—No me importa.
—No.
Se miraron fijamente. Si Mimi se empeña a no besarlo, al menos, hasta que se alivie de su gripe eso solo quiere decir que en dos o hasta tres días no habría ¡NADA! ¡Absolutamente nada de nada! ¡Ni besos, ni caricias, ni nada! Él tenía que evitarlo a toda costa, tenía que estar cerca, no le importaba enfermarse después él.
Una sonriente Satoe había llegado. —Ya preparé el té —extendió su mano para darle el vaso a Mimi —es de jengibre, bébelo todo, lo hice con mucho amor para que te mejores pronto.
Matt en todo el día no consiguió acercarse a su novia, sintiéndose más fracasado que nunca, ya que la madre de ella estaba exagerando en todos los cuidados y no los dejaba solos mucho tiempo. Sobre protegía a su hija, dándole té, tomándole la temperatura, dando el medicamento que recetó el doctor y preguntando si no quería algo más, que si ya se sentía mejor. Cuando los dejaba solos, aunque sea por dos minutos, la castaña no lo dejaba acercarse, con todo y su voz gangosa le pedía que no se acercara, que se enfermará y que no quería verlo en cama después porque se sentiría culpable y que ella era mucho peor que su mamá en esas cosas.
«Vetado de besos, vetado de abrazos y vetado de caricias. »
Ese era el resumen del primer día que su novia estaba en cama por la gripe.
Ansiaba en verdad que ahora su novia se sienta mejor y que ahora sí tengan tiempo a solas para calmar el hambre que tenía de ella. Tenía ganas de carne, porque un demonio lujurioso vivía en él y quería soltar a la bestia, que esperaba impaciente sobre sus laureles ser liberada.
—¿Cómo te sientes hoy? —con su mano palpó la frente de su novia para ver si no tenía fiebre.
—Un poquito bejor —le sonrió tiernamente, tenerlo cerca cuidándola y mimándola era su mejor medicina, justo lo que le había recetado el doctor.
—No tienes fiebre —le correspondió la sonrisa, eso ya era un pequeño avance, aunque aún se miraba enfermita.
Los padres de Mimi habían salido, por un asunto urgente, aunque Satoe no quería dejar sola a su hija que insistió en que cumpliera su compromiso, que ella no se iba a quedar sola y que iba haber quien la cuidara mientras no estaba. Además de que le dijo que se sentía mejor con sus excelentes cuidados. La mujer se puso contenta, por ser una excelsa madre y por la salud de su hijita y un poco más tranquila se fue junto con su marido, no sin antes advertir que en cuanto se desocuparan volverían.
Estando completamente solos y siendo novios… ¿tenía que aprovechar el tiempo no? Como un lobo se acercó a ella, sabía que podía convencerla si la seducía al final hasta olvidará que tiene gripe, porque lo único que querrá y recordará será su nombre. ¡Qué gran doctor era!
El sexo es la mejor medicina.
—No te acerques. Ya habíamos quedado que nada de nada para no contagiarte —lo vio con el ceño fruncido. Leyó a la perfección las intenciones de su novio.
Matt no tardó en aprovechar que se habían quedado solos, porque más tardaron sus padres en irse que él en acercarse de manera muy sugerente. Primero vio que se sentó a lado suyo en la cama y se le quedaba viendo, al grado de hacerla sonrojar, ni ella podía creerlo ¿sonrojarse a esas alturas? pero es que la mirada de él era tan insistente, coqueta, provocativa y si no estuviera enferma de seguro ya se le hubiese lanzado encima, para besarse y desvestirse. Además, eran novios ¡Y tenían un día sin tener tan siquiera un beso! Ella tenía que ser fuerte y resistir, no quería que se resfriara por su culpa, ya que eso significaba otra cosa: 'más días de doloroso y forzoso alejamiento'. Y no, ella necesitaba estar cerquita de su novio, besarlo y aprovechar que era SU novio.
Él la ignoró, por la mirada temerosa y dudosa de Mimi sabía a la perfección que ante sus encantos iba a caer, y él estaba en las mismas ya no aguantaba más, ya van dos intentos fallidos y por ahí dicen que la tercera es la vencida. Tenía que liberar al león enjaulado que esperaba con ansias salir y hacer sus cosas sucias e insaciables. No importaba si al final los dos se resfriaban, iba a valer la pena, y vaya que sí.
Acercó sus labios peligrosamente hacia los de ella, observó que la chica se recargó en la cabecera de su cama y alzó sus manos, las fue apuñando conforme él se acercaba, apretó sus labios y cerró con fuerza los ojos. Comprendió ahí, que ella quería lo mismo que él, que no podían con la carga y que tenían que expresarse libremente. Cuando estuvo a escasos milímetros de sus labios sintió el cálido aliento chocar contra su rostro, aminoró la distancia para iniciar la actividad con sus bocas. Sus párpados se cerraron al sentir el roce suave de sus labios, sin ninguna prisa y yendo despacio sus alientos se mezclaron... Acarició con su ardiente lengua los labios, pidiendo permiso para profundizar el momento, lentamente ella abrió su boca dejando que Matt introdujera su lengua, primero de manera lenta e intermitente. Poco a poco se fue deslizando por su cama, haciendo que él quedara sobre ella, sin despegarse de sus labios ningún segundo, llevó sus manos hasta su cabello para revolverlos juguetonamente mientras que con una mano el rubio acariciaba su mejilla y la otra subía zigzagueante por el muslo hasta llegar al pelvis, aún por encima de la ropa.
Alguien imprudente tocaba con desesperación el timbre. Una, dos, tres veces... el octavo sonido del timbre fue el que ocasionó que ella se separara girando su rostro sonrojado, por su pérdida de pudor y por la falta de aliento ante el beso. Ella que tanto se resistía y se negaba a darle un insignificante besito por temor a contagiarlo, a sabiendas que ningún beso entre ella y Matt podía ser insignificante, y luego que se deja llevar por la mirada de Matt y por sus labios que la derritieron por completo. El rubio rechinó los dientes... dos interrupciones ¡DOS! ¿era acaso un complot?
El insistente ruido, tan odiado por Matt, dejó de sonar para atraer otro ruido: el celular de Mimi. Estiró la mano para responderlo.
—¿Sora? Bien... no debiste —calló de inmediato para oír los gritos de su amiga —lo siento —miró al rubio cuando la llamada terminó —está afuera.
Puso los ojos en blanco. Sora y Tai eran unos osados hechos tal para cual. Imprudentes, abusivos. ¿Qué tenían que hacer fuera del departamento de Mimi? de seguro venía a presumirle todo sus logros con la pelirroja en cambio él, no tenía nada que decir, nada más que se la ha pasado cuidado a su novia enferma, será el hazmerreír de su mejor amigo, porque si tan bueno fuera en lo que debe de cumplir a ella no le importaría, en absoluto tener gripe, porque nada mejor que tener intimidad con su novio. De mala gana abrió la puerta para encontrarse con la mirada furiosa de la pelirroja y para su sorpresa no venía con Tai, a caso había escapado de las manos del moreno porque ya estaba cansada de tanto... y ahora venía a cagarles el momento.
—¡Bravo, hasta que te dignas a abrir la puerta! —entró hablando irónicamente —es el colmo Matt —él no dijo nada, solo la miró molesto —¿Tan mal está mi amiga que no puedes ni dejarla dos segundos para abrir la maldita puerta!
—Mimi está bien —hizo una mueca de disgusto. ¿A parte de la interrupción viene a sermonearlo sobre sus cuidados para su novia?
—No lo creo —caminó hacia la habitación de la castaña —¡AMIGA! siento no haber podido venir ayer, pero hoy estaré todo el día cuidándote.
La castaña asintió levemente. De inmediato Sora apoyó su mano sobre la frente de ella para asegurarse de que no tuviera temperatura.
¿Todo el día? ¿Es una broma? —Sora, Mimi está mejor, como lo has podido ver —ironizó —además yo la estoy cuidando, no es necesario que te quedes —podía haber sonado como un completo amargado pero poco le importaba, él quería estar a solas con su novia.
La pelirroja volteó a verlo con el entrecejo arrugado. —¿Estás loco o qué? —preguntó seriamente —no te cuidas tú solo y crees que puedes cuidar a mi mejor amiga.
Ese comentario no le hizo nada de gracia a Matt, que mejor Sora se dedique a cuidar a su novio y que lo deje a él hacer lo suyo con Mimi, que además, n estaba tan grave, estaba un poco mejor y si algo se le ofrecía él estaría con ella, no la necesitaban y aunque se oyera feo, la pelirroja salía sobrando en ese cuarto. Él siempre cuidaba a Mimi, porque quería, sabía y podía. Querer es poder. ¿No? además, si no fuera capaz de velar por ella, sus padres no la hubiesen dejado a su cuidado.
—¿Por qué no vas con Tai mejor?
—No está en la ciudad, salió a una concentración. Y si estuviera, yo estaría aquí con mi amiga. Así que te quede claro: NO ME IRÉ.
Ladeó su boca mientras miraba a su novia que le sonreía con dulzura.
Sora estuvo casi peor que la mamá de Mimi dándole su cuidados, ni siquiera lo dejó ayudarle en algo, no. Le dijo que se sentara y que se pusiera cómodo porque ella podía con todo. La castaña, aun tenía congestión y por el dolor en su garganta, Sora no la dejaba hablar. Le preparó té y le dio las medicinas que recetó el doctor y a él no lo dejaba pararse ni nada. Con fastidio miraba los excesivos cuidados de la pelirroja y observaba todo a su alrededor, muñecos y más cosas rosadas, un estante de revistas ¿Podía ver algo interesante ahí? se inclinó un poco para leer ver la portada de una revista, y menuda sorpresa la que se llevó al leer un encabezado: "¿Por qué las mujeres fingen en la cama?"
Todo había salido a la perfección. Salvo por aquellos cuatro días que se le habían hecho eternos, todo había transcurrido normal.
Siempre había estado en contacto con su novia, se preocupó de mandarle mensajes de texto cada vez que podía, recordándole que lo amaba mucho y que le deseaba lo mejor, que estuviera tranquilo porque ella estaba bien y lo iría a apoyar. Durante aquellos cuatro días que había estado sin ella, de igual forma había sentido todo su amor, no del modo que a él le hubiese gustado, pero eso había sido mejor que nada.
También le había hecho bien pasar tiempo con sus compañeros del equipo, que no solo eran eso, también eran sus amigos, había compartido tanto con ellos que ya podía catalogarlos como tales, sin embargo, no le ayudaban a apaciguar lo que sentía en ese momento, lo mucho que extrañaba a su dulce y linda novia, lo mucho que necesitaba estar cerca de ella, porque además del hecho de que él la amaba y le encantaba sentir su piel junto a la de ella, sus manos acariciando su cuerpo, sus labios besando cada rincón de él, tenía que dejar muy en claro su hombría. No podía quedar como pollo frente a su mejor amigo. Matt, teniendo noches de pasión tupido y parejo con su novia, mientras que él no, por cosas del destino que al parecer le encantaba verlo sufrir y con ganas de sexo desenfrenado y apasionado…
Cuando salió a la cancha para el calentamiento previo al partido, tuvo la oportunidad de verla, sabía que había llegado antes por su publicación en Twitter: "De camino al estadio para ver a mi lindo novio hacer goles".
Oh, Sora… No te imaginas cuantos goles haré hoy…
Ella estaba ahí, sentada en el lugar de siempre, en el palco preferencial, con sus piernas flectadas y apoyadas en el asiento de en frente mientras veía atentamente su celular. Su vista fue dirigida a la cancha cuando escuchó los audibles gritos de las demás personas presentes en el estadio y que le avisaba que los jugadores habían salido a la cancha ya. Sora sonrió, se levantó y comenzó a agitar sus brazos sobre su cabeza. Aunque no lo haya hecho, él de igual forma la hubiese notado, donde fuera. Él hizo el mismo gesto saludándola, y luego guió ambas manos hacia su boca y le tiró un tierno beso. No faltaron las locas que pensaron que eran para ellas, pero la verdad es que ese beso ya tenía dueña, y no era nadie más que su novia Sora, ella lo supo perfectamente porque solo le bastó ver su sonrisa para saber que había sido recibido.
El entrenamiento transcurrió tranquilo, al igual que el primer tiempo, donde iban ganando 3-1 con dos anotaciones de él. Apenas entró al camarín, se acercó a sus cosas y tomó su celular, con la intensión de alardear con Sora sobre su gran hazaña, sin embargo, apenas lo hizo notó un mensaje de su mejor amigo.
"Suerte en el partido amigo, mientras tú estés haciendo goles en la cancha, yo los estaré haciendo en otro lugar, tú sabes donde. Ja ja ja xD"
¡¿De nuevo?! Matt había tenido sexo todos los días ¡TODO EL DÍA! Y encima tenía el descaro de restregárselo en la cara. Que mal amigo era… En seguida recibió otro mensaje, ésta vez de la pelirroja.
"Felicitaciones mi amor! Aún queda el segundo tiempo, estoy segura de que harás más goles :) Te esperaré hasta cuando salgas y luego iremos a celebrar, tú sabes como 1313 :* Te amo!"
¡Ah, bueno! Eso no estaba nada mal para él. Puede que Matt tenga sexo seguido, mucho más que él en ese tiempo, pero seguramente no sería tan bueno como el que tendría él. Desataría a la bestia sexual que llevaba dentro de él, prisionero de las malditas jugarretas del maldito destino que no lo dejaba expresarse. Esa sería su tarde, su noche, su madrugada, su mañana, su día, ¡SU TODO! Y su plan iba de acuerdo a lo previsto, salvo por un pequeño detalle.
El marcador final terminó 5-1 con dos anotaciones más del moreno, se había llevado el honor de ser calificado como la figura del partido, se había llevado también los aplausos y elogios de todo el mundo, su tarde había sido espectacular, y en unos momentos lo sería aún más… O al menos eso pensaba él, hasta que su genial entrenador, llegó con su genial idea de volver al hotel y de paso cagarle su velada. Su rubio amigo nuevamente se saldría con la suya… Sexo apasionado toda la noche mientras él estaría todo amargado por la vida.
O quizás no… No tenía por qué ser así…
(…)
Sora se quitó sus lentes de sol cuando logró divisarlo y lo saludó con furor. Él correspondió a su sonrisa y corrió hacia ella, importándole muy poco el destino de sus maletas, la abrazó por la cintura y la alzó sin despegar sus labios de los de ella. La bajó cuidadosamente y se le quedó viendo aún con aquella sonrisa de bobo enamorado. Ella era tan linda, no le importó esperarlo unas horas más hasta que terminara la concentración, ella lo había hecho, había estado fuera del hotel, lista para cuando él saliera. Sin duda se había ganado la lotería con su novia.
La pelirroja, terca como siempre, se había negado a la petición de Tai, él, con toda la amabilidad del mundo le había dicho tiernamente que él conducía, sin embargo la respuesta de ella fue la esperada:
—¡NO! Estás cansado.
—Mi amor, no estoy cansado. En serio, yo conduzco.
—No. Además no traes tú licencia.
—Sí la traig-
—¡Cállate y siéntate!
Luego de eso había vuelto a ser la misma mujer dulce y tierna de la cual se había enamorado.
—¿Cómo están los chicos? —preguntó él saliendo de su ferviente conversación sobre el reciente partido. En verdad le interesaba saber de sus amigos, no había sabido nada de ellos durante los cuatro días, salvo que Matt haría goles y que él bien sabía donde.
—Bien. Hablé con Mimi cuando llegué al estadio, estuvo muy enferma estos días, pero ya se le está pasando, me dijo que Matt la iría a ver en la tarde para almorzar juntos y eso.
"Y eso"… Él sabía perfectamente lo que "y eso" significaba…
—¿En serio? —la pelirroja asintió. —Podríamos ir, ¿no te parece?
—¿Tú crees?
—¡Claro! Sería lindo pasar un tiempo juntos los cuatro, como en los viejos tiempos, además merezco una celebración por lo de hoy, ¿o no?
Claro, esa era la excusa… La verdad a él poco le importaba si celebraban o no su exitoso partido, sabía a la perfección que ninguno de sus amigos era tan fanático del fútbol como él y Sora, sin embargo esa era la excusa perfecta que lograba tapar sus verdaderos deseos: Aguarle la fiesterita a su amigo, porque, si él no tendría sexo esa noche, el rubio tampoco lo tendría. ¡Que malo era!
Sora sonrió y accedió a su petición. Se sabía de memoria el camino hacia la residencia de la castaña por lo que no tardaron en llegar a su destino.
Pudo jurar que durante todo el trayecto, la sonrisa maléfica no se borró de su rostro, y que, es más, se había incrementado en el momento en que Matt notó su presencia cuando la castaña había ahogado un grito de alegría al verlo parado en la puerta. Si que había sido placentero ver en la cara del rubio como se había derrumbado su noche de pasión, y no pensaba irse de ahí, no, claro que no, no le dejaría ni un instante libre a Matt para que pudiera terminar su cometido. Su plan era simple: Si él no podía, tampoco su amigo.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó frío Matt, tal y como se lo esperaba de él.
—¿Esa es la forma de recibirme? Deberías felicitarme.
—¿Por qué? —seguía frío, nada extraño en el rubio, pero él lo conocía bastante bien. Estaba molesto.
—¿No me viste hoy? —ante la cortante negativa de él prosiguió. —Bueno, no importa. ¡Oye! Estuve concentrado cuatro días, lo mínimo que me merezco es una mejor bienvenida.
—Y qué me importa, huevón.
—¡Matt! Tai tiene razón, estuvo mucho tiempo solito, sin nuestra compañía ni la de Sora, lo mínimo que podemos hacer es recibirlo como se merece. Nosotros estábamos apunto de comer algo. ¿Quieres?
Su sonrisa era más que evidente. Su plan estaba saliendo bien… ¿Qué bien? ¡Más que bien! Más perfecto no podía ser… Y con solo ver la reacción de Mimi podía darse cuenta de algo perfectamente. Mimi no estaba ni preocupada por las necesidades de macho recio de Matt. Y eso a él le daba paso a una gran verdad: Mimi estaba rogando, pidiendo, implorando que algo, lo que sea, arruinara su momento pasional con Matt porque el rubio simplemente daba lástima en ese ámbito. Bastaba con recordar como había manipulado su mente aquella vez en el bar cuando le habló del mejor amigo de la castaña. Sonrió. Su amigo se hacía el duro, el sin corazón ni emociones, pero se volvía un completo sentimental cuando de Mimi se trataba… Era tan manipulable. En esos momentos era cuando el rubio desabrido de Michael le caía bien.
Recordando que la castaña le había hecho una pregunta asintió manteniendo su sonrisa.
Permaneció ahí, almorzó con sus amigos, les habló de cualquier estupidez que pasara por su mente, los obligó a jugar UltraStar con ellos, una luz divina lo iluminó cada vez que se quedaba sin ideas para evitar que Matt pudiera tener su noche mágica con Mimi, y luego, cuando los señores Tachiwaka llegaron, ya no fue necesaria más imaginación. Su labor estaba hecha.
—¿Para qué querías que viniéramos?
Tai solo se dispuso a mirarlo mientras jugaba con el borde del vaso que contenía su fría cerveza. Se incorporó algo ofendido ante su amigo y lo miró con indignación. —Me extraña Matt. Eres mi mejor amigo, ¿acaso es muy descabellado pensar que te eché de menos los días que estuve lejos?
—¡¿Cómo tan maricón? Te fuiste solo cuatro días, no seas llorón. —Tai volvió a desviar su mirada hacia su cerveza, como dudando en su beberla o seguir contemplándola babosamente. Era más que obvio que algo le pasaba a su amigo, pues estaba más raro de lo usual. —¿Qué te pasa?
El moreno estuvo un buen rato haciéndose el huevón, tanto su cerveza como la de su amigo bajaban gradualmente, más la de Tai que la de él, en tanto veía como su cigarrillo se iba consumiendo rápidamente, tan rápido que no pasó mucho tiempo para que sacara otro más de su caja. A ese paso, seguramente tendría que pensar en ir a comprar una nueva…
—¿Y bien?
Suspiró. —Matt… Tú eres mi amigo. Mi mejor amigo. —Matt lo miró de reojo, en cualquier momento lo mataba, estaba seguro de eso.
—¿Me vas a pedir matrimonio acaso?
—Nadie en su sano juicio sería capaz de pasar toda una vida soportándote… Solo la loca de Mimi.
Matt sonrió, sabía que trataba a Mimi de loca, pero lo hacía con cariño. —Ya… ¿Y?
—Y que… Como mi mejor amigo, no te he sido sincero…
Matt esta vez cambió su semblante a uno completamente preocupado. Frunció el ceño y dejó de tomarle importancia a su cerveza, y más aún… A su cigarro.
—Ya, estás peor que mujer, Tai, dime qué te pasa. —preguntó con un dejo de miedo en sus palabras. Algo malo le pasaba al moreno, si bien sabía lo complicado y atadoso que era él para expresarse, pero si se daba tantas vueltas, era porque algo muy malo le pasaba.
—Tiene que ver con Sora… —dijo Tai, como dando a entender que con aquella información su amigo sabría inmediatamente de qué se trataba… Claramente, Matt no entendió nada. Arqueó una ceja y adoptó una mueca bastante torcida. Necesitaba más explicaciones.
—Cuando un hombre y una mujer se aman mucho, mucho…
—¡Eso no, imbécil!
Apretó sus labios y luego suspiró, intentando tranquilizarse para no golpear a Tai. Era su mejor amigo, casi su hermano, debía recordarlo. —Tai… Pasar tanto tiempo con la mandona de Sora te está afectando mucho, porque ya estás pensando como una mujer. ¡No entiendo nada! Habla de una vez, mierda.
—¿Recuerdas ese día en el bar cuando las chicas hablaban de lo fácil que era fingir un orgasmo? —Matt asintió. ¿Cómo olvidarlo? Si había sido el inicio de todas sus pesadillas, el principio de sus inseguridades como macho alfa que era, al menos hasta ese entonces… Ya no se sentía como tal. —¿Y luego cuando en el cumpleaños de Izzy me preguntaste que cómo estuvo anoche y yo te dije que la había hecho ver estrellas? —nuevamente Matt volvió a asentir, la verdad no sabía hasta donde quería llegar Tai con todo eso.
Probablemente, de la manera tan fogosa y pasional como lo habían hecho, después de todas las estrellas que su amigo le había hecho ver a Sora, y con mucho éxito, no como él que había resultado ser un pobre diablo incapaz de satisfacer las necesidades sexuales de su dama por diversos motivos, lo más probable sea que Sora haya resultado quedar embarazada y ahora quería pedirle que fuese el padrino del bebé que la feliz y satisfecha pareja esperaba… Quién sabe…
—Bueno… Resulta que no le hice ver tantas…
¿Cómo era eso?
—La verdad no le hice ver nada.
—¿Nada de nada?
Tai negó lleno de vergüenza. ¿Cómo era posible que él, el gran Taichi Yagami, que se jactaba de ser todo un galán, admirado por todos y deseado por las mujeres, admita tal cosa?
Por una parte quería reírse, burlarse de la pobre situación en la que estaba su pobre amigo, tan desprotegido, tan frágil, tan triste, tan basura… Pero no podía, no tenía moral para hacerlo. Por su parte Tai también esperaba una reacción así de Matt, y le extrañó no tenerla.
—¡¿Qué?, ¿No te vas a burlar? ¡Anda! Tienes todo el derecho de hacerlo, ríete, búrlate si quieres, ya sé que doy pena…
Y quería hacerlo, de verdad, no había nada en el mundo que no quisiera más que reírse de su amigo, burlarse y gritarle en su cara que era un pobre huevón… Pero no podía, había algo en su interior que no se lo permitía, no tenía moral para hacerlo, pero ¿cuándo le había importado la moral? Era algo más allá de la moral, era… Orgullo masculino.
—¿Qué te pasa?
—¿A mi?, ¿Por qué?
—Vamos Matt, no te hagas el tonto. Te conozco, sé que ahora estarías burlándote y restregándome en la cara que soy un pobre huevón. —Matt tragó saliva, la verdad no tenía porqué impresionarse tanto, sabía que Tai lo conocía muy bien, era su mejor amigo después de todo. —Ya, dime.
Primero muerto antes de confesarle que él también era un pobre estúpido incapaz de hacerle ver estrellas a Mimi.
En lugar de acceder a su petición, prefirió beber de la cerveza que le quedaba hasta terminarla, apenas lo hizo, volvió a rellenar su vaso y beber el contenido con lentitud, disfrutando de su delicioso sabor, como creyendo que con aquel placer de los Dioses podría olvidar la pregunta de Tai, y lo que ello conllevaba.
Decidió hacer oídos sordos a todas las peticiones de Tai por obligarlo a abrir su corazón con él y contarle sus penas de amor, ya había notado que las tenía, pero no, no lo haría, dejaría que solo Tai quedara como un pobre hombre, él no, ¡Jamás! Él disfrutaría de los placeres de la vida, tomaba su cerveza y se fumaba tranquilamente su cigarro, uno tras otro, una cerveza tras otra, hasta que se acabó también el contenido de la botella, optó por seguir fumando para distraer su mente de las constantes y molestosas preguntas de Tai, que resultaba ser peor que un mosquito zumbándole en el oído, pero cuando fue a abrir su cajetilla cayó en cuanta que tan solo le quedaba un cigarro, el cual era necesario para soltar todo lo que tenía en su mente, todas aquellas inseguridades que le había plantado Mimi en su hombría.
Si Tai había confiado su más triste verdad, a él, su mejor amigo, él debía retribuirle. Tai era su mejor amigo, su hermano, su compadre… Debía confiar en él también.
Llevó su último cigarrillo hacia su boca y lo encendió para luego exhalar el humo con calma, sintiendo como la nicotina llevaba y volvía a abandonar sus pulmones.
—Tai, la verdad es que… —dudó si decirle o no. La verdad tenía la oportunidad perfecta para burlarse de su amigo de por vida, pero él no podía ser tan maricón… ¿O si? —No tengo moral para burlarme de ti por eso.
No, no lo era, le hubiese gustado serlo, pero no.
—La verdad es que con Mimi tampoco ha pasado nada… Nada de nada. —aclaró Matt al ver la cara de sorprendido de Tai, así como él cuando el moreno había hecho su confesión. —Y no porque yo no quiera, sino porque simplemente la situación no se da. Además no puedo sacarme de la cabeza lo que dijeron en el bar.
—¡Yo tampoco!
Cubrió su rostro con ambas manos. Ya se había desahogado, ambos lo habían hecho, habían abierto su corazón, exponiendo sus más penosos miedos ante ellos mismos. Ya no había nada más que decir, nada más que confidenciar, ambos estaban en la misma parada, habían pasado de sentirse unos hombres recios, machos alfa y que se hacían respetar, a una pobre basura.
Ambos levantaron la vista hacia el joven que se acercaba con las dos cervezas que habían pedido con anterioridad, además de las que ya habían consumido y aprovechó de llevarse los envases vacíos. Tai tomó una botella entre sus manos, el vaso de Matt y le sirvió, luego hizo lo mismo con el propio y volvió a tapar la botella. Ya con su vaso en la mano miró a su amigo y torció los labios cuando Matt correspondió su mirada. —Estamos cagados, Matt…
El rubio asintió con lentitud. Sí… Estaban muy cagados…
Pero quizás aún había salvación para esos pobres jóvenes engañados por las crueles jugarretas del destino.
—Aunque ¿sabes…? Lo había olvidado por completo.
—¿Qué es eso? —preguntó Tai al ver el objeto que Matt sacaba del bolsillo interior de su chaqueta y lo estiraba encima de la mesa.
—Una revista.
—Ya sé, pero… ¿qué tiene que ver con nuestro, ya sabes, "problema"?
Arrugó su nariz con molestia tras darle un trago a su cerveza.
—Lee bien.
—"¿Por qué las mujeres fingen en la cama?" ¿Qué es toda esta mierda?
Ahí fue cuando todo cobró sentido. No es que Sora fingiese con él, lo que pasa es que leían esos estúpidos reportajes en las revistas y por eso agarraban ideas absurdas.
Entonces al conocer el tema mediante una revista, no aplica en su vida sexual. ¿O sí?
Por alguna extraña razón no lograba sentirse como un macho respetable. Seguía el nubarrón de mediocridad y frustración sobre él.
—¿Tú crees que dijeron eso sólo porque lo leyeron? —buscaba un poquito de esperanza.
El rubio subió los hombros. No sabía ni que responder. Simplemente porque no quería pensarlo y así sacar fraudulentas conclusiones.
—Tenemos que solucionarlo. —su amigo lo vio a los ojos con decisión —Somos machos, y como tales debemos hacernos respetar.
Porque macho lo que se dice macho es aquel que toma a su mujer, fuertemente de la cintura y la hace estremecer.
Macho lo que se dice macho es aquel que logra encender la llama de la pasión con tan solo una mirada destellante de deseo.
Macho lo que se dice macho es aquel que logra que su mujer no finja. Porque con el sobra y basta.
Un macho respetable la hace retorcerse de delirio. Convulsionar de pasión. Hace que una mujer grite su nombre por placer. Un macho de respeto no se detiene con nada y siempre consigue lo que quiere: el éxtasis.
Paso 1: seducirla.
Paso 2: demostrar quién manda.
Dos simples pasos para hacerse de respeto.
Haber ido con Matt a aquel bar y tener un momento de machos, o lo que quedaba de los machos que eran, le había servido mucho. Saber que ambos tenían el mismo problema, más bien que sus mujeres tenían el mismo problema, que eran un par de mitómanas que gustaban de hacer sentir inferiores a los hombres, jugando con su mente, fingiendo el agrado de una placentera noche.
Pero ya de vuelta a la realidad.
Habían vuelto al departamento de la castaña, donde al parecer sus novias también habían tenido una tarde libre de ellos, despotricando y burlándose de lo pobres que habían resultado ser.
Luego de unos momentos más compartiendo los cuatro, como si todo estuviese bien, Tai y Sora optaron por irse, después de todo, ella tenía razón y él necesitaba descansar luego de aquel agotador partido que había jugado.
Cuando cerró la puerta del copiloto, porque Sora nuevamente se había negado a la idea de que él condujera, soltó un prolongado suspiro. Y pese a todo, estaba feliz.
—¿Qué te ocurre? —preguntó la pelirroja sonriendo ante la notoria felicidad de su novio. —¿Sigues feliz por el resultado? —sugirió manteniendo su vista fija en el camino. Él rió suavemente.
—Sí. —contestó feliz, aunque él bien sabía que eso poco tenía que ver con su sonrisa en ese momento. Puede que lo catalogaran de mal amigo, pero un buen amigo era aquel que se dedicaba a molestar y hacerle la vida imposible a su amigo, según él, que Matt se conformara con contar con su apoyo cuando tenía que sacarle la cresta a alguien, que no pida tanto tampoco…
—Amor… ¿puedo preguntarte algo? —continuó ante la afirmación del moreno. —¿Por qué querías ir a ver a los chicos? —posó sus ojos en él luego de presionar el freno gradualmente para detenerse en una luz roja del semáforo.
Tai torció sus labios antes de responderle y se encogió de hombros. —Ya te lo dije, los extrañaba, son mis amigos… Además siempre lo pasamos bien los cuatro juntos.
—Si, lo sé, es solo que… No sé, tenía otros planes. —dijo como si fuese algo sin importancia. Notó la luz que volvía a ser verde y aceleró hasta alcanzar un poco más de velocidad.
—¿Qué otros planes? —preguntó él. Se extrañó cuando vio a Sora sonreír manteniendo su vista en el camino.
—Bueno, mi idea era esperarte hasta que salieras del estadio, cuando me dijiste que te irás al hotel te esperaría hasta que salieras de todos modos, en fin… Te llevaría a casa, te prepararía una cena romántica, te regalonearía por los cuatro días que no lo hice… Tú sabes… —dijo eso último de manera sugerente.
Tai abrió impresionado los ojos. No podía ser más imbécil.
Sora le estaba diciendo abiertamente que sus planes para esa tarde con él, eran muy distintos de lo que habían hecho. Ella quería lo mismo que él, sólo a él había sido tan estúpido que en lugar de preocuparse por si mismo, se había preocupado por su amigo. En lugar de preocuparse de lo que en verdad quería hacer, de pasar tiempo con su novia, de recuperar el tiempo perdido con ella, se preocupó de ir a molestar a su amigo. ¡En lugar de aprovechar su tarde con Sora! ¡¿Qué tan imbécil podía ser? Al parecer mucho más de lo que él y todos pensaban. Había superado su record…
(…)
Cerró la puerta tras haber entrado los dos al departamento. Vio como Tai dejaba su bolso deportivo tirado por el camino, él avanzó unos pasos más y se dejó caer sobre el sillón boca arriba. De ese modo, ella tenía una perfecta vista de su cuello.
Mordió sus labios. La verdad era que, aunque solo fueron unos días, ella no soportaba estar lejos de Tai. Ya era casi costumbre para la pelirroja verlo todos los días, desde que eran niños lo había hecho. No recordaba ningún día de su vida sin él, tan solo cuando había comenzado su carrera como un jugador reconocido, lo había descubierto.
Se acercó hacia el sillón. En un principio dudó, el moreno se veía cansado, agotado, sabía que debía dejarlo descansar, que no podía dar riendas sueltas a sus pasiones porque él en ese momento no necesitaba hacerlo, lo que él necesitaba era dormir, y se lo merecía. Lo entendería si no quería…
Por su mente pasó la idea de no hacerlo, pero… ¿Quién en su sano juicio podría resistirse? Ella no era de fierro, tenía sentimientos… Y debilidades, las cuales tenían que ver con su atractivo novio.
Apoyó sus rodillas en el sillón, a cada lado de las piernas del moreno, y sus manos sobre sus hombros. Al sentir aquel contacto Tai abrió sus ojos y la observó. No hacía falta ser un adivino o muy inteligente para comprender lo que se vendría luego. Sora acercó su rostro hacia él y comenzó a besar y lamer sus labios lentamente, demasiado lento para él. Puso ambas manos sobre su espalda, atrayéndola aún más a su cuerpo, sintiendo como se estremecía al acortar la distancia entre ellos e intensificando aquel beso. Subió ambas manos hasta la altura de su cuello y deshizo el nudo del pañuelo que traída, sus manos bajaron hasta el borde de la camiseta que traía la pelirroja para luego subirla lentamente, dejando ver su piel. A medida que la prenda iba subiendo, la cercanía que habían mantenido sus cuerpos iba desapareciendo. Cuando dejó caer su blusa quizás donde, ésta vez fue él quien pretendía acercarse a ella para volver a unir sus labios con los suyos, pero Sora, con una mano sobre su pecho lo obligó a recortarse sobre el sillón. Él frunció el ceño, sin embargo ella sonrió.
—Relájate… Que yo haré todo. Tú no tienes que preocuparte por nada. —dicho esto se acercó nuevamente a su novio para proporcionarle un nuevo beso en los labios.
¿Había escuchado bien? ¿ELLA haría TODO?
—¡No!
Antes de que pudiera pensar y meditar aquella respuesta de su novio, se vio recostada a lo largo del sillón y con él sobre ella. Por un momento sintió miedo, no obstante, le gustó sentir aquel miedo.
—Tú no harás nada. —Sora lo miró desconcertada por unos segundos y él le mantuvo la mirada. No podía permitir que ella hiciera todo. ÉL era el MACHO ahí, era SU DEBER dejar satisfecha a su mujer. ¿Qué clase de hombre sería si no? No podría llamarse como tal. —Tú… Disfruta.
Acercó sus labios al cuello de Sora. Lo besó y le proporcionó pequeños mordiscos, provocando que de los labios de su amada escaparan pequeños suspiros. Él no quería oír suspiros nada más, quería gemidos, ¡ORGASMOS! Quería escucharla decir su nombre lo más fuerte que pudiera, quería que fuera la noche más mágica que le haya tocado vivir hasta ahora. Quería hacerle el amor y terminar tan exhaustos hasta tal punto de no querer levantarse.
Conforme fue bajando sus besos por su pecho, la pelirroja acariciaba sensualmente su pecho y abdomen por debajo de su camiseta, que rápidamente le terminó haciendo compañía a la de ella. Tan pronto como sucedió, tuvo que arquear su espalda para permitirle al moreno que también arrojara lejos su brasier, enseguida sintió su mano sobre uno de sus senos y sus labios sobre el otro. No pudo evitar que más suspiros, que poco a poco se iban haciendo más audibles, salieran de sus labios a medida que sentía sus caricias y sus besos, que luego fueron bajando por su estómago. Las manos del moreno dejaron de acariciar su cuerpo tan solo para desabrochar su pantalón, se alejó de ella lo suficiente para quitar por completo la prenda y luego volver a posesionarse entre sus piernas y acercar sus labios para fundirse nuevamente en un apasionado beso.
—Tú no harás nada… Tú… Disfruta.
¡Qué injusto!
Bajó su mano derecha por el abdomen del moreno, y por debajo de su pantalón buscó aquella parte de su cuerpo que delataba su estado actual. Sonrió maliciosamente cuando Tai ahogó un ronco quejido. Ella no se detuvo, siguió acariciándolo, ejerciendo un poco más de presión en él, y al sentir eso Tai estiró su cuello, intentando ahogar todo aquel sonido que amenazara con salir por su garganta y que le demostrara a Sora cuanto necesitaba hacerla suya en ese momento.
¡¿Qué parte de "Tú disfruta" la pelirroja no entendía? Era él quien debía causarle esas reacciones, no ella a él. Aunque no podía negar que le gustaba…
Muy a su pesar, alejó un poco su cuerpo de ella y aprovechó para quitarle la última prenda que le quedaba y que le estaba estorbando demasiado. Poco después su ropa también terminó en el mismo lugar desconocido y sin importancia como todas las demás ropas.
Volvió a situarse en medio de ella, acercó su rostro al suyo, sin embargo, mantuvo una escasa distancia con sus labios. Fue Sora quien rodeó su cuello con sus brazos para acercarlo completamente a ella y besarlo, y a su vez, sus piernas rodearon las caderas del moreno.
Sus labios se separaron por unos milímetros de los de él al momento que dejaban escapar un prolongado gemido cuando entró en ella. Ladeó su rostro y Tai aprovechó para recorrer su cuello con sus labios. Con su mano izquierda mantenía sujeta la cadera de Sora, en tanto la otra vagaba por cada detalle de su cuerpo al mismo tiempo que aumentaba la velocidad de sus movimientos.
Enlazó su brazo izquierdo con la pierna de Sora y la elevó hasta la altura de su cintura, Sora ante el acto arqueó su espalda dejando salir múltiples gemidos cada vez más audibles. Sintió las suaves manos de la pelirroja acariciar su espalda, le provocaba pequeños escalofríos con el contacto de sus uñas con su piel. Notó como Sora cada vez se acercaba al orgasmo, al igual que él, lo supo porque cada vez más se aferraba a su espalda y enterraba sus uñas en ella. Sus gemidos eran como música para sus oídos. Hacía días que necesitaba oírlos, asegurarse de que se estaba comportando como un buen hombre, no como la basura que afirmaba Matt que era él.
Sintió como Sora se contrajo, llegando así al tan ansiado orgasmo al igual que él. Ambos se quedaron inmóviles por un momento, escuchándose solo la fuerte respiración de ambos intentando regular sus latidos.
Sora llevó sus manos hasta su rostro y lo acarició con ternura para luego sonreírle de igual manera. Fue entonces cuando el moreno comprendió todo… Cuando se dio cuenta de la verdadera razón por la que había luchado todo ese tiempo, demostrarse a si mismo que Sora no fingía con él… Pero… No había notado nada extraño de las veces anteriores que había hecho el amor con ella. Absolutamente nada…
Era tan buena actuando que la mentira le salía de manera natural…
—Amor, ¿qué tienes? —preguntó preocupada ella aún con la respiración entrecortada.
—¿Qué?
—Te pasa algo…
—No… —había tardado en contestar, lo que inevitablemente había hecho dudar a Sora sobre la veracidad de su respuesta. Le bastó con alzar una ceja para obligar a Tai a confesar. Suspiró. Se incorporó quedando sentado a un lado de su novia, ella a su vez hizo lo mismo volteando hacia él, más preocupada todavía. —Olvídalo.
—No, dime.
Él sonrió de lado. En parte se sentía halagado de ser el causante del estado actual de Sora, él lo disimulaba bien, aún le costaba respirar pero no lo percibía, en cambio Sora, aún le causaba dificultad, y el tono rojizo en sus mejillas todavía permanecía. Por otro lado… Bien podía ser mentira. A las mujeres le encantaba mentir…
"—no sabe que es fácil fingir un orgasmo."
Esa era la cruel verdad…
—¿Tai? —el moreno nuevamente guió su mirada hacia ella. No sabía que tontera inventarle. Suspiró nuevamente, optando por la verdad.
—¿Recuerdas… el otro día en el bar, con el tipo gritón y arrogante? —ella asintió. —¿Recuerdas lo que tú y Mimi dijeron acerca de ese tipo? —ella arqueó sus cejas. La verdad era que habían dicho un montón de cosas en contra de aquel detestable sujeto.
—¿Qué era un tonto? —inquirió la pelirroja. Luego mostró una mueca, dejándole ver que la verdad no estaba muy segura.
—¿Y te acuerdas por qué pensaban que era un tonto?
La mirada de Sora siguió siendo la misma, poco después comenzó a abrir sus ojos lentamente. No… No podía ser eso. Tai asintió. Ella soltó un suspiro y cerró sus ojos.
Tai sonrió con tristeza. —Así que es cierto. Finges… conmigo…
Siendo así, él ya no tenía más nada que hacer ahí. Él no era digno de Sora, y encima con su inutilidad sexual la hacía fingir a la pobre para no herir sus sentimientos. Era un pésimo novio, no la merecía. Lo mejor sería que se fuera olvidando del amor de su vida e intentara seguir haciendo su vida lo más normal que le fuera posible. Sora era una mujer hermosa e increíblemente atractiva, no le cabía ni la menor duda que encontraría a alguien que SI fuera merecedor de ella, no como él, y que fuera capaz de satisfacer todas y cada una de sus necesidades de mujer. Y él bien lo sabía, después de todo había una enorme fila de pelotudos babosos esperando algo de ella, lo que sea.
Sintió las delicadas manos de la pelirroja sobre sus mejillas, volteó hasta encontrar su mirada, y además de ello se encontró con su tierna y cálida sonrisa. ¿Sentía lástima por su incapacidad? En estos momentos, la imagen de la tierna y cariñosa Sora se había ido a la basura, la verdad la pelirroja tenía un maldito humor negro, se estaba burlando de él en su propia cara…
—Mi amor… ¿de verdad piensas eso? —ante el silencio del moreno, ella tomó su mano derecha entre las suyas y la llevó hasta su pecho. —¿Sientes? —Tai asintió, pero aún no descubría el propósito de su acción, sin embargo, su corazón latía rápido, demasiado para él. Le devolvió la mirada extrañado. —Esto, lo hiciste tú… Tú me dejaste así… —el brillo volvía a los ojos de Tai. —Me tienes… agotada… Como siempre que… hacemos el amor. —terminó de decir eso con su frente pegada a la de él. Observó como se formaba una tenue sonrisa en los labios del moreno y ella aprovechó de unirlos con los de ella.
Aquella tanda de besos y caricias, había dado paso a un momento de silencio entre ambos, que fue quebrantado por una leve risa que había soltado el moreno.
—¿Qué es tan gracioso?
—Todavía te cuesta respirar. —habló divertido. Sora entrecerró sus ojos y volvió a apoyar su cabeza sobre su pecho.
—Es tú culpa… Si fueses menos sexy yo no estaría así.
Dentro de lo que podía, la estaba pasando bien.
Había compartido un rato agradable con sus mejores amigos y su novio, y ahora se encontraba en la fiesta de cumpleaños de su prima, cerrando su día de la mejor manera posible, no sería un día perfecto, pero al menos era algo.
Su celular comenzó a sonar en medio de la fuerte música que ambientaba la fiesta, y tan sólo lo sintió gracias a la vibración del mismo.
—¿Sí? —contestó casi gritando, sin siquiera notar con quien estaba hablando.
—Sal —no se lo pidió, se lo ordenó —estoy afuera. —y cortó.
La castaña chilló un momento, porque para ella era una total falta de respeto salirse a la mitad de la fiesta. Pero luego recordó que la fiesta era de la prima más detestada, así que mejor hacerle caso a su bello novio. Porque ni sus padres y ni sus tíos estaban para prohibírselo.
—¿Ocurrió algo?
Matt volteó a verla, la observó de pies a cabeza. Macho tenía que ser. Mimi lucía hermosa con esa mini falda y esa camisera blanca. Él negó y antes de que la castaña pudiese hablar, calló sus labios con un frenético beso, para compartir la pincelada número uno.
No esperó ese beso, tan cargado se pasión y por eso lo vio a los ojos, sacando chispas por el cruce de miradas. De inmediato la tomó de la mano y la arrastró con él, guiándola hasta su motocicleta.
Mimi se ruborizó. Ya está a fuera, ya qué. Se dejó llevar. No quería quedarse. Quería irse con Matt y también quería, por poco pudoroso que sonara, que su mirada castaña se tildara con esa chispa que llevaba Matt. ¡Era su novio y lo necesitaba cerca!
Era vergonzoso, pero no importaba. Necesitaban de eso, los dos. De estar solos, de compartir un momento de intimidad. Además, qué, en días pasados algo le pasaba a su novio, no sabía qué, pero estaba segura que eso dejó de perseguirlo y lo liberó.
Ya se hizo respetar. Consiguió llevarla a su departamento, que por fortuna no estaba lejos de la fiesta de su prima. Y ya, faltaba seducirla para ver quién manda.
Aprisionó sus labios con lujuria, esos cuatro días le parecieron años y estaba dispuesto a recuperar el tiempo perdido, estaba hambriento. La chica de inmediato tomó con sus manos el rostro del rubio y correspondió a su beso. De a pronto la temperatura comenzó a elevarse, trayendo consigo caricias más subidas de tono...
Por los costados, sujetó la blusa que llevaba puesta la castaña y la fue desabotonando, quería deshacerse de ella rápidamente, Mimi rió ante el desespero de su novio y movió sus brazos, despegándose de los labios del rubio, para quitársela de una maldita vez. Ya que le quitó la blusa y seguía el sujetador. Ahora sí, los turgentes y perfectos senos de la castaña habían quedado expuestos ante sus dedos y su boca.
Ella comenzó a quitarle la camisa y sus manos vagaban por su espalda, sintiendo la suavidad de su piel y sus tensos músculos. Acarició su espalda en círculos, subió y bajó por sus hombros, descendió un poco para poder besarle su pecho y morderlo suavemente. Matt exhaló de mero placer.
De un momento a otro él cambió la situación….
La estaba matando, jadeaba incesantemente, hasta se sintió avergonzada por lo que estaba viviendo. Matt presionaba con su rodilla su intimidad, la estaba sometiendo, mientras que su boca atendía sus pezones, los lamía, mordía con suavidad y los succionaba. El rubio bajó su mano para abrir campo entre él y las piernas de Mimi. Una vez en una posición más cómoda, ella se dedicó acariciar su espalda de arriba hacia abajo. Y mientras sus caderas se movían refregándose mutuamente sintió la dura erección del rubio.
Tomó al rubio por los cabellos para atraerlo a sus labios y besarlo apasionadamente, acariciaba con su lengua todo lo que había a su paso y comenzó a dar pequeños mordiscos en el labio inferior de su novio. Descendió su mano para acariciar el bulto de Matt, que le estaba quemando. Sonrió con malicia al verlo cerrar los ojos mientras gruñía por el contacto.
Agradeció que su novia llevaba puesta una falda, solo tenía que desabrocharla y deslizarla, no se iba a tardar nada. Mientras que Mimi, ayudada con sus manos, logró bajar los pantalones del rubio para liberarlo de su prisión.
La boca del rubio le dedicaba besos y tiernos mordiscos a sus pechos, una de sus manos acariciaba la intimidad de su chica, haciéndola estremecer, convulsionar y jadear incesantemente. Ella masajeaba, su espalda, a como podía, ahogando grititos, porque no era justo que ella fuera la única en esas condiciones.
Ambos sentían oleadas de calor subían.
Separó sus piernas lo suficiente para poder adentrarse en ella, cuando pudo lo hizo lentamente, pero después tomarían ritmo. La castaña atascó sus uñas en la espalda del rubio, mientras se arqueaba para que sus ardientes cuerpos no se separaran ni por error. Matt entró y salió, lentamente, Mimi gemía y sentía que su cuerpo se elevaba al cielo ante las arremetidas que fueron tomando fuerza. Una, dos, tres. Sus caderas tenían ritmo, ambos gozaban en plenitud su contacto.
Matt no pudo evitar sonreír con satisfacción al verla convulsionar del placer. Ahora sus embestidas eran salvajes, oh sí, sabía que Mimi tocaba las estrellas con los movimientos y golpes de su pelvis contra la de ella. La castaña arañó su espalda, jadeante y gustosa. Los dos sentían una descarga eléctrica en sus cuerpos. El estallido era inevitable.
Cuando el tan pretendido orgasmo llegó, no puedo evitar volver a besar los labios del chico con frenesí, mientras movía sus caderas marcando su ritmo. Su pecho subía y bajaba descontroladamente, le hacía falta aire y sin que se lo esperara una arremetida, más potente, salvaje y fuerte que las anteriores llegó, dejándolos prácticamente sin aire para respirar, haciéndolos estremecer, retorcerse, gemir y llegar juntos al éxtasis.
Agotado dejó caer su cuerpo por un lado de la castaña, Mimi tapó el cuerpo de ambos con una sábana y se acurrucó lentamente en el pecho del rubio, que subía y bajaba irregularmente. Ella cerró sus ojos totalmente exhausta, mientras sus respiraciones se normalizaban.
—Te amo —le susurró con dulzura. Dándole un pequeño beso en el pecho, seguía sin abrir los ojos —lo nuestro es mágico, especial y único.
Él la apegó más a su cuerpo. Sintiéndose contento con él mismo. Porque también la amaba, le encantaba estar con ella y compartir cada momento, desde sueños de cama hasta ver una película juntos. Por eso, quiso demostrar, y demostrarse, que el la llenaba y complementaba en cada ámbito. Que ella fue hecha a su medida.
La sonrisa en el rostro de su castaña no se borraba. Él también sonreía, acariciaba su cabello, mientras que ella dibujaba círculos con su dedo.
Eso que le hizo sentir fue mágico, como ella anterior lo había dicho, de pronto sintió que su dejó de juguetear y que su mano cayó extendida sobre él. Se había quedado dormida, con una angelical sonrisa en su rostro. Le besó la frente con ternura. Estaba cansada, enamorada y feliz por ÉL. Aunque no se lo dijo con tales palabras se lo demostró con ese pequeño gesto: quedarse dormida en su pecho, con el subir y bajar de éste.
—Yo también te amo —musitó él, cerrando los ojos, porque el también tenía sueño. La mano de Mimi paseó por todo su cuello, hasta llegar al lóbulo de su oreja y darle un pequeño pellizco, como señal de cariño y como muestra de que lo había escuchado.
Finalmente, lo que Davis había estado demandando por tanto tiempo, se había cumplido.
Una junta conformada sólo por machos, nada de mujeres, no quería saber nada con las novias de sus amigos, por muy amigas que sean de él también, pero quería volver a aquellos tiempos en los que estaban todos juntos y podían hacer lo que quisieran, sin que ellas se quejaran por lo asquerosos que resultaban ser.
Él y Ken se organizaron para que la junta coincidiera con el clásico entre el Real Madrid y el Barcelona, cosa que motivó inmediatamente a Tai, si había comida y fútbol de por medio, él sería el primero en llegar.
—Hasta que al fin llegaste con las cervezas… —comentó Izzy al notar al rubio llegar con varios sixpack.
—Y con cigarros también. —agregó, eran necesarios para él.
Ya estaba todo listo, la televisión en el patio, lista y dispuesta para los siguientes 90 minutos de fútbol que se vivirían en aquel recinto ocupado sólo por hombres, las cervezas heladas esperaban ser consumidas, así como también la carne, y cigarros por parte de Matt.
El pelirrojo arrugó la nariz y casi instantáneamente comenzó a toser, no siendo el único. Volteó hacia Tai, el encargado de hacer el fuego para el asado.
—¿Qué carajo pasó aquí?
—¿Ah?
—Te dejamos haciendo el fuego por una razón, porque eres el que mejor lo hace, y no dejas la tremenda humareda como ahora… ¿Te pasa algo? —preguntó algo preocupado Izzy.
—¿Qué te sorprende? Tai y la estupidez van de la mano, son como almas gemelas. —comentó Matt burlándose de mejor amigo al mismo tiempo que llevaba un cigarrillo a su boca y lo encendía, sólo había algo raro en todo ello.
No sentía el humo del tabaco invadir sus pulmones, por más que intentara aspirar.
—Está al revés, Matt… ¿Y se supone que el estúpido soy yo?
De pronto Tai no sabía encender correctamente el fuego para la parrila, y lo más extraño de todo, Matt desperdiciaba un cigarrillo prendiéndolo al revés…
Una sonrisa comenzó a formularse en los labios del pelirrojo y asintió sugerente.
—Ya veo lo que está pasando aquí… Por eso andan tan idiotas los dos. —comentó él, causando que Matt y Tai intercambiaran miradas, como si de algo realmente malo se tratase. —Parece que les tocó bueno anoche.
Ambos en su interior sonrieron.
Porque después de todo lo que habían tenido que pasar… Después de días de incertidumbre, ambos al fin podían decirlo.
Misión cumplida.
AL FIIIIIIIIIIIIN!
Después de meses por fin nos actualizamos y le dimos un final digno (esperamos) a Macho que se respeta :D Al fin se hicieron respetar este par de mamones, ya era hora xD después de cuatro capítulos de andar llorando como los weónes xDDDDDD
Saluditos especiales y agradecimientos a todas las hermosas niñas que nos dejaron un RR a lo largo de este fic xD En especial a Faty *-*, Meny (x3) xD, MimatoxLove, Aria05, Ivymon y Jell :D que comentaron el capítulo anterior :)
No sabemos qué más poner xD Como se pudieron haber dado cuenta, la inspiración nos tardó mucho en llegar, y ahora no será la excepción :B
Así que eso, adiós~
Row&Len, Las HOMÓFOGAS xD
