Scott no aparecía por ningún lado, no sabía nada de él, ni de su paradero. Había pasado una semana de exhaustiva búsqueda por parte suya y cinco días, por parte de la policía. Y mientras más buscaba una frustración mayor se agolpaba en su pecho, advirtiéndole del peligro, que ignoraba o no pretendía escuchar, todo por su amor, su único amor.
La lluvia se aproximaba en forma de nubes grises, y algunos relámpagos alumbraban el cielo mientras sus parientes hacían retumbar la tierra con su sonido, la gente se mete a las casas y el coge a dos chicos al hombro, preguntándoles por el pelirrojo.
No lo hemos visto, pero si quieres puedes dejar la foto aquí, en este local. Te ayudamos?-
Gracias- Susurra de forma queda, lamentándose en su interior; maldita sea.
Venga, estoy seguro de que lo vas a encontrar-
Sinceramente, empiezo a dudarlo- Sus ojos se ponen turbios, los chicos pegan la foto y le dicen al vendedor que no la quite, el les da la su agradecimiento y sigue buscando a otras personas.
Serle fiel todos los días.
Mira hacia arriba y unas pequeñas gotas caen en su cara, baja el rostro sintiendo estas en su cuello y ropa, convirtiéndose en una lluvia duradera, aunque dulce, como el roció.
No puede evitar recordar el tiempo que estuvieron juntos, y -no podía olvidar, no aun- que seguían estándolo y esta era una prueba impuesta; le volvería a ver, sin importar que fuera lo último que hiciera.
No deberías estar llorando por ese idiota, Little Rabbit-
El rubio lloraba y gemía en una de las bancas del parque, no de impotencia, no de tristeza, sino de una rabia incontenible, la que solo podía mostrar de esa manera. Porque ese golpe en su brazo derecho no sanaría fácilmente, además de que debía seguir sangrando y todo por culpa de ese bastardo, bloody luck, bloody Alfred y a la mierda su vida, ¿cuál era la razón de que siguiera con ese animal? La respuesta. Que el americano era un psicótico, obsesionado consigo, sin miedo a matar para tenerlo y el saber que le "ama", entre comillas, porque ya no lo hace. Pero, no puede dejarlo en soledad, o acabara con lo que le queda de esperanza, sus padres, sus hermanos; tiene mucho de donde escoger.
Como si se lo mereciera- una sonrisa amarga cruza su cara, recordando –el solo necesita algo de compañía, aunque no creo que yo sea el correcto-
Te equivocas-
Me lo esperaba-
Eres tú el que necesita una compañía verdadera, alguien que te quiera y no que te desee-
Scott- Sus lágrimas paran y ve a su hermanastro a los ojos, el cual le toma suavemente la cabeza.
Tú también tienes de donde escoger, no lo olvides nunca- Roza sus narices con una suavidad infinita, y se va, dejando a un sonrojado y confundido Arthur, más que todo enamorado.
La lluvia crece y ve a chicos corriendo por refugio, el camina normal hacia su parque natural favorito, el cual está lleno de arboles y demás, una real belleza.
Luego de eso los sucesos de ese tipo siguieron, cada vez más íntimos y llenos, al punto de que, con miedo, rompió con Jones, y se aguanto la golpiza que casi lo deja en coma. No les importo lo que dijeron sus padres ni sus conocidos, y se escaparon desde Estados Unidos hasta Escocia y luego se fueron hasta Liverpool en Inglaterra, intentando rehacer sus existencias.
Entonces, en ese lugar que se encontraba en medio de su mirada.
Sabes, hace tiempo que no me sentía tan bien- Ambos estaban sentados en el pasto, bajo la sombra de un roble, al tiempo que recibían calor y una leve llovizna, un clima muy inusual.
Yo tampoco, aunque molestarme se te hizo un muy buen pasatiempo no?-
Eso desde siempre, lo sabes- Ve a su novio a la luz del sol, el cual avivaba sus rojos cabellos y lo ponía más guapo de lo que era, dándole al rubio la sensación de que veía un sueño.
Te quiero demasiado -Da un gran respiro y sonríe de forma pura y sincera, maravillando a su captor.
Se nota- Las risas siguen y de pronto el menor se encontraba boca arriba en el suelo, con Scott encima, quien repartió besos en toda su cara y terminando en sus labios, rozándolos solamente.
Quie-res casarte conmigo, Arthur-
¡CLARO QUE SI, I-IDIOTA!- Se suena los mocos y sus cachetes están rojos, algunas gotas escapan de sus ojos, mostrando su felicidad.
Va hacia al enorme árbol, se queda un tiempo y luego vuelve a su casa, agotado. Tira las llaves, deja su maletín lleno de fotos en el sofá y prepara un té, sin saber lo que viene.
Y todo a la mierda.
