Y acabe! No creo que les guste el final, pero bueno...
El te negro hierve a los cinco minutos que lo pone en la estufa, el olor se desprende por toda la casa, deleitando sus fosas nasales y trayendo mas recuerdos. Sus ojos de aguan, toma la bebida caliente de un solo trago y camina por el pasillo barroco, sigue con su camino y llega hasta las escaleras. Pero un sentimiento le acecha y da la vuelta.
Sus pupilas se dilatan buscando algo, el florero de color negro sigue ahí y todos los cuadros están en su lugar. Sin embargo, no se calma y la sensación se vuelve mas fuerte, escucha pasos, potentes y rítmicos, marcando un Tip-Tap Tip-Tap. Y ese simple sonido hace que sus piernas tiemblen, la respiración se le haga complicada y su corazón de un vuelco.
Sonríe ampliamente y corre hasta el centro del zapateo, la sala, donde el cuerpo al parecer va en círculos por las frecuencias que escucha. Esta muy feliz, ese caminar solo podría hacerse con las botas de Scott. Oh dios, hace tiempo que no se sentía así, le gritaría por haberse perdido tanto tiempo y por toda la maldita preocupación que tuvo, que no admitiría nunca, pero el lo sabría, como siempre.
Antes de entrar a la habitación, se ve en el espejo que esta justo en el marco de la entrada, arreglándose algunos cabellos despeinados, y el sonido para. Siente una mirada penetrante a su costado derecho, pero no es el escoses. Lo sabe, lo siente.
Tu has deseado este final?
Voltea con miedo. Las orbes azuladas le miran con prepotencia y soberbia, se relame los labios de una forma tan lujuriosa, y... Arthur corre, corre por su vida, por su mierda de vida. Sube las escaleras a velocidad luz al tiempo que es seguido por el americano, que posee una mueca psicótica y un gran bate, ya va ha llegar a la gran ventana del segundo piso.
Y un jalón a su cabello, le devuelve. Luego logra ver un puño a dos centímetros de su cabeza, un golpe, dos golpes. Hacia las piernas, hacia su torso y sus brazos, ya son siete y el bate cumple su función. Kirkland ya no puede moverse y la contusión lo aturde, huele la sangre y la siente regarse por todo su rostro. Alfred toma sus tobillos y lo arrastra hacia el cuarto principal, dejando un enorme rastro de liquido rojizo.
Ya en la puerta lo alza por la camisa y lo lanza hacia la cama. Las sabanas sirven como amarras, el bate como consolador, sus dientes como aguijones, y sus puños para mantener controlado al ingles. Se harta y le deja en la cama desnudo y demacrado. Pero vuelve, con una pistola calibre 45, y la mete dentro de su cuerpo.
Arthur llora y pide que pare, que hará lo que sea, que no siga. Alfred no le escucha, no le responde, el simplemente le gustan sus ruegos y su dolor, le exitan y lo llenan, saca el arma y se mete de lleno en el británico. El cual en ese momento empieza con las mentiras...
Si...
Alfred, t-e lo ¡AHH! ju-ro, es-ta-re siempre con ¡MGH! ti-go. Solo deja-me, por fa-vor- Y la risa lunática suena en el lugar, los ojos azules se abren desencajados y lo miran muy de cerca, y no, Arthur no puede.
Enserio?-
Y-yo- En un momento de lucidez, puede ver en su mente la vez en que Scott le pidió matrimonio, cuando le ayudo, todo lo que le amo. Mierda, por que?- No- Sus lagrimas salen y le da un cabezazo con la poca fuerza que le queda, intenta soltarse, pero no lo logra y el americano lo mira rabioso, aunque no se compara con la cara que hizo luego.
Yo nunca te amare mal-dito yankee, porque Scott es mi vida, mal-dito imbécil-
¡Ah, Si!- El bate vuelve en la mano derecha y la pistola en la izquierda -Dulces sueños Arthy. Espero que seas feliz en el infierno, con tu estúpida, como le dijiste? V-I-D-A?-
¡No!
Me-jor que con-tigo- Y dedico una sonrisa altruista, perfecta. Demostrando su victoria. Alfred se descontrola y le mete el arma de fuego de nuevo, pero esta vez, dispara. El ingles grita y luego el americano le da un fuerte batazo en la cabeza, matándolo.
Se va de la casa y mira hacia el cielo, esta lluvioso. Se entrega y ven la clase de atrocidades que cometió. Las autoridades le dan cadena perpetua, por su locura. Y un día cualquiera ve hacia arriba otra vez, esta escampado.
Perfecto para la celebración que se da en los cielos. Un pelirrojo con una sedosa camisa negra y un pantalón blanco, igual que la rosa que lleva en el pecho; espera en un lugar parecido a un santuario. Espera a su conejo, que entra con las mismas prendas, solo que la camisa es blanca y la flor... roja. Le tiende su mano y se dan un casto beso, para después tomarse los rostros y chocar sus frentes con eterno cariño. Los aplausos suenan y las trompetas tocan, mostrando la unión eterna.
Demostrando su amor.
Fin! Espero que les haya gustado, y nos vemos luego con otra historia::: y actualizare AiY, creo :::
