Titulo: All I Wanna Do (Capítulo 2)
Rated: NC - 16 (M)
Categoría: Romance/Drama
Palabras: 1,470
Notas: Buenas noches (días o tardes) tengan todos ustedes, les dejo el siguiente capítulo de esta historia. De ante mano les agradezco todos y cada uno de sus comentarios, que fueron los que me hicieron retomar esta historia que comenzó solo como un one shot.
Tal vez este capítulo no tenga mucha historia o acción, pero es necesario para que conozcan la perspectiva de los personajes y como los vamos a ir enlazando en el siguiente capítulo. Cabe mencionar que mis personajes principales no son como los describen todos, Sebastian es diferente al que todos conocen y ni se diga de Kurt.
Espero les guste y me dejen su comentario (y/o cualquier cosa que les gustaría que apareciera en el siguiente capítulo)
¡Ahora si, a leer!
CAPÍTULO 2: PERSPECTIVAS.
Pasaban de las nueve de la mañana cuando por fin llegue a mi departamento, entre la ropa húmeda que aun traía y el dolor de cabeza que comenzaba a sentir no tenía ganas de nada más que descansar.
– Buen día amor, ¿buen polvo el de anoche? – exclamo Santana, mi mejor amiga y compañera de departamento. Su tono sarcástico se notaba a kilómetros de distancia, era lo menos que necesitaba esa mañana.
Santana era su mejor amiga de la universidad, ambos habían coincidido en varias clases en NYU en el área de leyes. Ambos eran abogados respetados y siempre trabajaban juntos. En cierto punto eran como hermanos, ambos con el mismo ingenio, carácter explosivo y gusto por el poder que solo dejaba el ganar un gran juicio.
– Buenos días Santana – respondí tratando de sonar lo menos frustrado posible, –
– ¿Entonces? – cuestiono ella mientras yo me acercaba a la sala para descansar un momento en el sofá.
– ¿Qué? – pregunté con fastidio
– Parece que te fue mal anoche, de hecho, ni si quiera parece que hayas hecho lo que sé que hiciste, – comenzó ella acercándose a mí, – ¿Tan mal estaba el tipo? –
– estoy cansado, Santana…. – comencé soltando un largo suspiro, – fue, solo… necesito descansar, por favor –
– Esta bien, quédate solo –dijo poniéndose de pie y dirigiéndose a la puerta, – iré a ver los últimos detalles de la boda con Rachel, – explico deteniéndose en la puerta – Sabes que Seb, siento que te fue tan bien anoche que por eso estas así… alguien difícil de olvidar, uhh – finalizo saliendo al fin del departamento.
Santana estaba en lo cierto, pensó Sebastian Smythe mientras alejaba del sofá para al fin llegar a su cuarto y tomar esa merecida ducha que necesitaba. Se sacó la ropa y entro directo a la regadera, dejando que el agua caliente le sacara todo lo que traía en el sistema.
Anoche, pensó, anoche fue perfecto. Ese último pensamiento le saco una amarga sonrisa mientras recordaba aquellos momentos en los que se encontraba alrededor de los brazos de aquel desconocido.
Era verdad que el joven de ojos verdes tenia encuentros casuales con hombres, pero aquel de la noche anterior había sido diferente; Y no lo decía de una manera cursi o romántica, era solo la manera en la que se habían suscitado las cosas, la manera en la que aquel desconocido había tomado las riendas de la noche y lo había llevado al límite del deseo, eran los recuerdos de saberse en los brazos de un extraño al cual había necesitado más que cubrirse de la lluvia.
Era extraño como el despertar aquella mañana y encontrarse solo en la habitación lo había llenado de una desazón extraña que nunca había sentido antes, bueno, no al menos con algún extraño, pensó él. La nota que encontró a un lado de la almohada fue algo aún más extraño, no pensó que aquel hombre fuese a dejarle algo así, bueno, al menos sabia con seguridad que eso había sido tan importante para aquel hombre –si es que acostarte con un extraño y tener los mejores orgasmos de la vida contaba como algo importante– como lo había sido para él.
Unos días después de aquel choque de pensamientos, Sebastian se encontraba desayunando con Santana y Rachel, la futura esposa de su amiga, en un bonito restaurant a las afueras de Nueva York. Era el día de recoger las invitaciones de la boda y Santana había insistido en que las acompañara.
– ¿No creen que son muchas personas a las que invitaron?, – pregunto Sebastian abriendo la caja donde se encontraba la gran cantidad de invitaciones para la boda de su amiga.
– Son justo las necesarias, – explico Rachel Berry, mostrando la sonrisa más grande y feliz que podía encontrar en un momento como ese, –entre la familia de Ohio y los amigos de Nueva York apenas y pudimos acortar la lista a ciento veinte personas –
– Preocúpate cuando sea el día de tu boda Smythe – dijo Santana – si es que te casas, claro – finalizo, diciendo ese último comentario en broma.
– Ja-Ja – comenzó – lo que sea, Santana. Mejor cuéntenme, Rachel ¿Quién es el otro padrino para el gran día? –
– Es mi mejor amigo desde la preparatoria, su nombre es Kurt Hummel…
Era una tarde de jueves cuando Sebastian caminaba por las calles de Nueva York, frente a él se veía el gran edificio donde descansaban las oficinas d asociados, el buffet de abogados donde el trabajaba, esa tarde su día laborar había terminado temprano así que había decidido caminar un poco, tal vez hasta llegar a su departamento.
Estaba a punto de dar la vuelta en una calle cuando su mirada se perdió en el caminar de unas personas a pocos metros de él.
Ahí fue cuando lo vio.
Caminando de la mano de otro hombre estaba aquel desconocido.
Trato con todas sus fuerzas de seguir su camino, pero había algo que definitivamente estaba jalando a Sebastian a caminar directo hacia aquellos hombres.
Necesitaba saber… ¿Qué necesitaba saber?
Aquel hombre se veía demasiado apuesto, alto, con el cabello castaño y peinado de manera perfecta –no como el hombre que iba a su lado, quien se pone tanto gel en esta época, pensó–, ojos azules –oh por dios, sus ojos son diferentes, se dijo a sí mismo– y una mirada perdida que no le decía mucho, no expresaba casi nada.
Se detuvo en cuando noto que aquel hombre lo miraba fijamente. Ambas miradas hicieron conexión al menos unos segundos en los que sintió que el tiempo se detenía –Te estas escuchando Sebastian, pensó, pareces una quinceañera hormonal–
Cuando regreso a la realidad y noto al hombre que estaba aún acompañando a aquel desconocido –porque ese es su sobre nombre ahora, muchas gracias– se dio cuenta que no tenía sentido el ir ahí y hacer una escena solo por una estúpida sensación en su estómago. Dándole una última sonrisa a aquel hombre, Sebastian se dio la vuelta y regreso a su camino rumbo a casa.
Que gran pérdida de tiempo, pensó Sebastian para calmar un poco sus ansias.
¿Ansias de que…?
Era tarde cuando Kurt ayudaba a Rachel a limpiar el departamento que dejaría a penas en un par de semanas, pues ya se acercaba el día de su boda.
Kurt estaba algo ansioso así que solo lo dejo ir…
– Engañe a Blaine –, soltó Kurt después de varios días sin poder sacarlo de su cabeza. No era que se sintiese culpable, ese era el problema, por eso tenía que decirlo.
– ¿Qué? –, preguntó Rachel Berry, sin entender nada de lo que su amigo decía. Estaban en el departamento de ella, recogiendo algunas cosas para antes de la boda –¿Con que lo engañaste, Kurt? –
– No es con qué, Rachel, es con quién – comenzó él mientras cerraba unas cajas y las acomodaba en una esquina, – Blaine se había encontrado con su ex otra vez, me enoje, peleamos, salí del departamento enojado, fui a un bar… no sé, Rachel, encontré a ese hombre a mitad de la calle y en lo único en lo que pensé en ese momento era en las ganas que tenia de acostarme con el – explico conteniendo el aire.
– Auch – respondió Rachel dejando de empacar cosas y acercándose a su amigo, – ¿Fue algo importante? –
– No, Blaine me lo explico todo después, creo que exageré con eso… –
– Eso no, tonto… – dijo mientras ambos se sentaban en el sofá que había frente a ellos, – lo tuyo con el tipo de la calle – continuo mirando el cambio de expresión de su amigo.
– Claro que no – dijo con seguridad, – solo fue algo de una noche y ya, es solo que… – se detuvo contemplando un poco lo que diría a continuación, – se sintió bien, fue un escape rápido a todos los problemas que tuve con Blaine, fue algo fácil, rápido… ¿Si me entiendes, Rachel?, lo que me tiene así es que no siento culpa por Blaine – finalizo poniendo ambas manos en su rostro.
– Oh, Kurt… no te puedo decir que eso sea algo normal en todas las relaciones, pero es comprensible lo que te paso – dijo ella tomando la mano de su amigo, – Desde que llegamos a Nueva York todo tu mundo a girado en Blaine y ya era necesario un descanso, eso no quita el hecho de que lo amas y están juntos a pesar de todo… – explico ella como si esa fuese la respuesta de todo.
– Tal vez tengas razón, solo estoy exagerando –
…
TBC
¿Les gusto?
¿Le sigo?
