¡Saludos! Bueno, este es el primer capitulo formalmente, advierto el uso de palabras altisonantes, es una historia sobre México asi que no puedo suprimirlas XD
¡Ojalá les guste!
Se despertó al sentir el frío del suelo contra su piel morena. Se levantó tratando de recordar en qué momento se había quedado dormido y se dirigió al baño con la intención de tomar una larga dicha caliente, tal vez eso lo ayudaría a despejarse y a no pensar en nada por un rato.
Abrió ambas llaves y pasó varios minutos sin moverse, sintiendo el agua caer sobre su cansado cuerpo, no era nada agradable pasar toda la noche en suelo y ahora se daba cuenta del por qué, tenía la espalda adolorida y los brazos y piernas entumecidos.
Salió del baño vistiendo solo unos bóxers, fue hasta los cajones en donde guardaba su ropa y eligió una camisa y unos pantalones de mezclilla que estaban sobre la cama, después miró por la ventana. Eran más de las diez, para entonces la reunión ya debería haber comenzado.
Era la tercera vez que faltaba a una reunión con los demás países. Aunque realmente no le importaba, de cualquier forma sería lo mismo de siempre: Francia e Inglaterra discutiendo, China tratando de calmarlos con dulces, Italia preguntando lo que comerían después de la reunión y Alemania estaría histérico e intentaría inútilmente poner el orden mientras Japón le da la razón en todo al imbécil del gringo.
Se hizo a la idea de estar ahí ahora… y ser ignorado, otra vez. No igual que Canadá quien probablemente estaría esperando su turno para hablar y que por cierto nunca llegaría.
Para él asistir a las reuniones era una rutina de cinco pasos: "Di lo que tienes que decir en menos de ocho minutos, haz dibujitos en los papeles que te pongan enfrente, toma una siesta mientras todos discuten, despierta y dile a Rusia que no quieres ser uno con él y al final, sal de la sala sin haber llegado a ningún jodido acuerdo."
Si, esa era su rutina.
¡Oh! había olvidado por completo un último paso: "hacer oídos sordos a todo lo que diga el estúpido come-hamburguesas"
Se imaginó en ese momento, discutiendo con su molesto vecino respecto al tema del petróleo para acabar mandándolo a saludar a su mamá, gritarle insultos en español y en inglés junto con alguna seña obscena y al final ir a parar a un bar y discutir con Argentina sobre futbol.
Terminó de vestirse y bajó las escaleras hacia la cocina, hoy se daría el lujo de desayunar como Dios manda. No pensaría en el trabajo atrasado ni en nada de lo que le había hablado su nuevo superior, por un día no se iba a hacer cargo de las obligaciones de ser un país.
Tras acabar con su desayuno tomó la decisión de pasar el día entero frente al televisor, se sentó en el sillón, no sin antes preparar un tazón lleno de botanas y tomar un par de cervezas de su "reserva especial", o mejor dicho, del six-pack que escondía al fondo del refrigerador cuando tenía invitados.
…
Ya eran las cuatro de la tarde y por alguna razón el que parecía un plan perfecto se había convertido en las horas más aburridas de su vida.
―De saber que estaría así hubiera ido a la reunión― se dijo dejando caer el resto de su cuerpo pesadamente sobre el sillón.― ¡¿Es que no pasan nada bueno los Lunes?!
Para las seis de la tarde parecía haberse quedado dormido con los ojos abiertos mientras pasaban una novela que recién se estrenaba. Hacerse cargo de las obligaciones de un país no se veía tan mal ahora. Pensó por un instante que quizá, tan solo quizá, iría casualmente a buscar algo que por mera coincidencia estaba en su desordenada oficina entre los documentos que llevaban meses acumulándose sobre su escritorio.
Sí, eso era exactamente lo que iba a hacer
Se puso de pie y se desperezó antes de hacer el camino hacia su oficina, en ese momento sonó el teléfono. Dejó que siguiera sonando, no tenía planeado contestar llamadas de nadie hoy, además, si era urgente llamarían de nuevo.
Y así fue.
No estaba ni a dos pasos de su oficina cuando el aparato volvió a sonar, lo dejó pasar otra vez, y volvió a sonar. ¡¿Qué chingados es tan importante como para seguir marcando?!
El teléfono sonó una cuarta vez y enfurecido el mexicano optó por contestar el maldito aparato. Seguramente era Argentina, un día antes había jugado la selección y por increíble que pareciera, no le había llamado para restregarle el triunfo en la cara. Respondería y antes de que el argentino se diera cuenta ya lo habría insultado y habría colgado dejándolo hablando solo, era un plan brillante.
― ¡Metete tus jodidos tres goles por donde te quepan! ― Gritó justo al levantar el audicular.
― ¿Mexico?― Preguntó alguien del otro lado de la línea― ¿Eres tú?
Se paralizó tan solo al reconocer esa la voz del estadounidense preguntar por él. Sintió que sus piernas cederían bajo su peso y por un instante todo a su alrededor le pareció completamente ajeno.
― ¿Q- Quién más va a ser, idiota?― Logró articular con bastante esfuerzo
― ¡Sabía que estarías ahí! ― respondió el rubio riendo de esa forma tan particular y que podía hacer explotar los nervios de cualquiera― Volviste a faltar a la reunión y estaba un poco preocupado, llamé a tu jefe pero dijo que no estabas recibiendo sus llamadas así que decidí llamarte yo mismo, ¿Te pasa algo?
¿Preocupado?
Sus manos comenzaron a temblar y sus cuerdas vocales se tensaron dolorosamente, su pulso se aceleró en una repentina sensación de peligro.
― ¿Mexico?― repitió Estados Unidos con cierta intranquilidad ante repentino silencio del mexicano― ¿Sigues ahí? ¿Por qué no fuiste a la reunión?, responde.
― ¡Si no fui a la reunión es porque no quería tener que aguantarte a ti y ni a los demás! ― respondió furioso― ¡y no necesito que me llames, puedo arreglar mis problemas solo!
Colgó el teléfono con violencia y se pasó una mano por el rostro. Había terminado la llamada justo a tiempo, ahora las lágrimas resbalaban por sus mejillas incontrolablemente.
Se dejó caer en el suelo con las piernas flexionadas contra su pecho y envueltas con sus brazos. Había confirmado aquello que rompía el silencio de su casa con sus sollozos.
Tienes miedo, México
Volvía a escuchar esa voz en su mente, se había dedicado a atormentarlo por semanas y ahí estaba de nuevo.
Es él, México. Él te tiene aterrado.
No le temía. Nunca le tendría miedo a Estados Unidos. Pocas cosas lo asustaban y el americano no era una de ellas; sin embargo…
No va a desaparecer.
Le temía. No por ser quien era: la primera potencia mundial, su vecino…
Siempre lo supiste.
Su amigo.
Pero no querías aceptarlo.
Le asustaba lo que esa llamada le hizo entender después de cientos de años, miles de insultos e innumerables peleas.
Ahora te está matando.
Había experimentado gran cantidad de sentimientos por el estadounidense.
Puedes ocultarlo.
Ese día descubrió uno que había permanecido reprimido por su orgullo…
Pero no se irá.
… Era amor…
¿Qué vas a hacer, México?
