― Espero que estés listo para la reunión de hoy
Miró a su superior y se limitó a asentir cansadamente. Después de la noche que pasó no tenía ánimos ni para discutir.
― Creo que es crucial comenzar a planear como se llevarán a cabo los acuerdos sobre seguridad junto con nuestro aliado. ― Siguió hablando su superior sin ser del todo escuchado. Y por supuesto, la falta de atención de la nación mexicana no se hizo a esperar ser notada― ¿Hay algún problema?
Claro que hay un problema, no puedes ir a gringolandia sin que haya un problema implicado Pensó, y sin embargo respondió con un "en lo absoluto"
Por razones que solo el mismo México entendía, hoy no lucía exactamente como el país alegre y fiestero que era. Tenía bajo sus grandes ojos café rojizo unas muy marcadas ojeras de varios días de dormir a medias.
Sumado a eso, su traje parecía quedarle más holgado, sin mencionar que era el mismo traje que llevó a la última reunión del congreso y no se había ocupado de plancharlo ni de colocarse la corbata adecuadamente.
"Solo es saludar a un par de reporteros" dijo cuando se lo mencionaron. "además Quiq...Digo, el señor presidente es quien hablará durante la reunión, no yo"
El avión aterrizó en suelo estadounidense sin que México hubiera reparado en el tiempo de viaje. Ambos, él y su superior, bajaron del avión y solo en ese momento se percató de la situación en la que se encontraba.
―Mierda…
― ¿Qué dijiste?― su presidente le lanzó una mirada de reproche.
―Eh…hablaba de… ¡La comida del avión! ―respondió riendo nerviosamente. Él mismo reconocía que había sido una evasiva estúpida considerando que no había comido nada en el avión.
―No es muy común escucharte hacer bromas sobre la comida de avión
El azabache se giró al reconocer la voz de su vecino del norte. Luchó contra el impulso de salir corriendo y rogarle al piloto del avión que lo llevara de vuelta a su país.
Incluso llegó a pensar en esconderse detrás de su presidente como si fuera un niño pequeño que corre a los brazos de sus padres después de tener una pesadilla.
Solo había dos fallas en ese plan: La primera, él era más alto que su superior, y segunda, la prensa estaba presente y Estados Unidos ya estaba frente a ellos para darles la bienvenida.
― ¡Me da gusto que estén aquí!― Dijo Estados Unidos dándole la mano al presidente mexicano y repitiendo la acción con la nación de tez morena. México miró la mano de su anfitrión como si devolverle el saludo fuera un acto de suicidio.
Finalmente, él también extendió su mano y tomó la del estadounidense. El tacto del americano lo envolvió de una sensación de calidez que hacía mucho no había sentido. Le miró a los ojos y por un instante se perdió en ese azul profundo que lo observaba con un brillo de emoción típico de Estados Unidos.
―Señor, debemos darnos prisa ―La voz de uno de los oficiales de seguridad que se dirigía al rubio lo sacó de su distracción. Soltó la mano de Estados Unidos como si se hubiera quemado al tocarlo.
― ¡Bien! ¡Hora de irse! ―Exclamó la nación de la libertad ignorando el movimiento del mexicano, no era extraño que actuara de esa forma. Además, le ayudó a comprobar que su vecino seguramente había resuelto el problema por el cual no había estado asistiendo a las reuniones.
Los condujeron hasta un vehículo que los llevó hasta el lugar designado para la reunión, allí, el presidente Obama los estaría esperando para dar inició al dialogo con el presidente Peña Nieto.
A México lo aburrían esas reuniones, de todas formas, ¡¿A qué chingaos iba?! Él nunca hablaba —de alguna forma comprendía a Canadá―. Y no era el único.
Sabía de sobra que Estados Unidos tampoco quería estar ahí. Después de todo, él era el héroe. No tendría por qué pasar horas de pie escuchando hablar a su superior. ¡No! Él debería estar combatiendo al villano de algún videojuego o haciéndose el valiente mientras ve una película de terror.
Llegaron al recinto y fueron recibidos por el superior de Estados Unidos, quien por su parte sonreía con desánimo, nada contento de tener que asistir a esa reunión es específico.
México, por otro lado, estaba intranquilo. Quería que todo ese desmadre terminara rápido para poder irse a su casa y quedarse ahí todo el año de ser necesario. Pero ahora tenía que preocuparse por otras cosas.
Estaba al corriente de que después de la reunión Estados Unidos lo interrogaría, no sin antes llevárselo arrastrando al McDonnal's más cercano y luego convencerlo de quedarse a dormir en su casa. ¡Claro! Porque el "héroe" necesitaba que alguien durmiera con él después de ver todas las películas de Juego Macabro.
No saldría vivo de ahí si dejaba que eso sucediera…
…
Cuando la reunión se vio por terminada, México se acercó a su superior actuando lo más natural posible.
―Todo salió excelentemente ―Le dijo su superior cuando estuvo a su lado. El reloj apuntaba las cinco con cuarenta minutos de la tarde.
¡Gracias virgencita! Soltó el moreno para sus adentros.
La reunión había concluido temprano, por lo que no tendrían que pasar la noche en "territorio enemigo" como decidió llamarlo México desde ahora, aunque era evidente que el término era lejano a la realidad.
El presidente Obama se acercó para despedirse por última vez, ante las cámaras, del presidente mexicano.
― ¡Bah! Como si fueran los mejores amigos del mundo― murmuró por lo bajo México caminando hacia la salida, seguro de que nadie le prestaba atención.
― ¡Mexico~!
Maldita sea…
El aludido no se molestó en darse la vuelta, de hecho, prefería no hacerlo. No quería tener que hacerle frente a las preguntas del rubio ojiazul que corría hacia él.
¿No podía mentir? Era bueno mintiendo, pero no con ciertas personas y bajo ciertas situaciones. ¿No se le ocurre alguna excusa? ¡Por favor! Si las excusas pudieran venderse ya habría pagado sus deudas y tendría a todos los Europeos trabajando para él en su casa.
Vas a quebrarte, tú lo sabes.
De nuevo esa voz en su cabeza. Esto no podía estarle pasando…
― ¡Mexico!― Ahora sí, estaba acabado.― ¡De verdad me alegra que hayas venido! Me dejaste preocupado cuando te llamé y tú me gritaste y colgaste de repente. Creí que…bueno, que estabas enfadado conmigo.
Había tal matiz de desolación en esa última frase que su corazón dio un vuelco.
¿Vas a huir ahora?
― ¡Claro que estaba enojado, güey! ―Se cruzó de brazos y evitó su mirada marrón se cruzara con la de Estados Unidos.― ¡Acaso no supiste que la selección perdió contra el estúpido de Argentina!
Se quedaron callados por unos segundos que parecieron horas; Entonces el de lentes rompió el silencio.
― ¡Menos mal que era eso! ―Parecía aliviado. Empezó a reírse llamando la atención de algunas personas que pasaban a su lado.― ¡Llegué a pensar que tendría que ir a sacarte de tu casa!
―Sí, claro. ―México dejó escapar una risita nerviosa. Sabía que el estadounidense era capaz de recurrir a eso.― Como si yo fuera a dejar entrar a un gringo come-hamburguesas como tú a mi casa.
Un nuevo silencio surgió entre ambos. Estados Unidos no dejaba de sonreír. México solo quería salir de ahí, YA. ¡¿Por qué carajos tardaba tanto su superior?!
― ¡Muero de hambre! ―Exclamó el rubio y sin demora agarró al moreno por la muñeca y lo arrastró hacia afuera.― Juraría que vi un McDonnal's a unas cuadras, ¡Yo invito!
No le dio tiempo de responder siquiera.
Pinche Peña, y ya me caías más o menos bien, cabrón Pensó mientras era jalado calle abajo por Estados Unidos, quien no dejaba de hablar sobre lo fácil que fue terminar todos los videojuegos de Resident Evil y lo lindos que se veían los zombis.
No va a dejarte ir tan fácil.
Mientras más tiempo pasara con él todo se complicaría.
―Por cierto, renté algunas películas, ¡Veámoslas juntos después de comer!
No iba a poder con eso…
