Una semana horrible sin Internet, y meses de tarea exagerada TT_TT
Después de ese trauma y en un momento de inspiración escribí el capítulo 3 de este Fic, ¡Ojalá les guste!
¿Cómo demonios había terminado en esa situación?
Negarse no había sido una opción, ni cuando su superior le habló de la reunión con Obama ni cuando Estados Unidos ―Que estaba frente a él acabando con la existencia de una hamburguesa triple― lo llevó literalmente arrastrando al Mcdonnal's en el que se encontraban.
No era tan raro. Después de todo, no era la primera vez que lo obligaban a hacer algo que no quería, aunque usualmente solía poner más resistencia, incluso cuando se trataba de sus líderes.
Pero…
Por motivos que él mismo desconocía ―o mejor dicho, no aceptaba―, no hizo ningún esfuerzo por liberarse del agarre del estadounidense cuando éste lo guió por la calle hasta dar con el primer "lugar sagrado" que se cruzó en su campo de visión.
Llevaba alrededor de diez minutos observando al americano comer, como buscando en su imagen una respuesta al sentimiento que durante siglos permaneció ajeno a él…
―Are you ok, Mexico? ―Debió haberse visto demasiado ensimismado para haber distraído a Estados Unidos de su hamburguesa.― ¡La tierra llamando a México!
― ¿Eh…?
― ¡RESPONDE MÉXICO!
― ¡Ya te oí, no estoy sordo!
― Podrías al menos contarle a the hero que es lo que hay en tu cabeza que te tiene tan distraído.― Dijo Estados Unidos dándole un pequeño golpe en la frente con el dedo.
El mexicano apartó la mano del rubio y se llevó la otra al lugar en que lo había tocado. En verdad le molestaba que hiciera eso, ya se desquitaría más tarde haciendo algún comentario sobre su peso, del que por cierto no entendía las críticas.
Desde su punto de vista la complexión del estadounidense le parecía adecuada, se veía sano….
Atractivo…
¡¿Pero en que chingados estaba pensando?!
― México...
― ¿Qué quieres?― Preguntó, aunque ya sabía el rumbo que tomaría la conversación.
― ¿Por qué no asististe a las reuniones?― No solo había dejado a un lado su comida, sino que la expresión en el rostro de Estados Unidos era bastante seria.
―Te lo dije al teléfono, no quería tener que lidiar contigo ni con los demás.―mintió― Así que decidí darme un descanso, ¿Hay algo malo en eso? Porque no me importa lo que opinen al respecto.
Por increíble que parezca, no hubo reacción por parte del rubio…
…al menos no inmediatamente.
Bien dicen que después de la tormenta viene la calma, aunque en este caso fue al revés.
Un momento estaba sentado tranquilamente frente a un gringo feliz que devoraba su hamburguesa como si no hubiera comido una en años, y al siguiente tiene al mismo gringo golpeando furioso la mesa con ambas manos en una actuación digna de un niño berrinchudo.
― O-Oye… tranquilízate, ¿sí?
― Please, dude!― reclamaba Estados Unidos― ¡No tienes idea de lo aburridas que fueron las reuniones sin ti!
― ¡Ahora resulta que soy tu chiste, pinche gringo pendejo!
― ¡Nunca dije eso! ―Se defendió el mayor.― ¡Y deja de insultarme!
― ¡El día que dejes de estarme chingando tal vez deje de hacerlo, imbécil!
México se había puesto de pie impulsado por ese algo que siempre lo llevaba a actuar como lo hacía cada vez que estaba con el rubio. Era lo que lo caracterizaba y lo hacía ser quien era.
O quién cree ser
― I just wanted to spend time with you…
¿Acaso había escuchado bien?
En más de una ocasión México se preguntó si Estados Unidos pensaba las cosas antes de decirlas. Era un aprovechado, eso sin duda; Pero de algún modo sentía que su forma de actuar frente al resto de las naciones no era su "yo" verdadero la mitad del tiempo. Si él era consciente de eso o no, era un misterio.
Después de lo que dijo, se preguntó si el Estados Unidos que alegaba ser el héroe del mundo era el mismo que estaba de frente a él mirándole directo a los ojos, expectante.
― Te recuerdo que nuestros territorios están juntos…
― Aún así no te veo más que por reuniones de trabajo y cada vez que voy a visitarte te molestas. ―dijo el ojiazul haciendo énfasis en lo último.
¿Cómo negar lo que era cierto en un cien por ciento?
―Yo…lo siento, ¿de acuerdo?― No podía creer que se estaba disculpando. Una vida de discusiones para terminar aceptando que él, México, tenía que hacer un par de ajustes a su actitud.
Aunque sabía que no cambiaría en nada la relación ―principalmente política y económica― entre ambas naciones.
Estados Unidos parecía más asombrado que él por la disculpa. En definitiva había algo extraño en la mente de su vecino del sur, y debía averiguarlo; Sin embargo, él también tenía asuntos que hablar con el moreno, asuntos muy importantes que debían ser discutidos en privado.
― E-está bien…―Fue lo único que pudo articular el estadounidense, aún pasmado.
― ¿Ya puedo irme a mi casa? No quiero que esta gente siga mirándome como si fuera el horrible payaso que tienen afuera del restaurante.
Efectivamente, la pequeña riña de hacía unos momentos los convirtieron en el centro de las miradas, incluidos trabajadores y clientes.
―Sí, ¡quiero decir, No! Tienes que quedarte, ¡las películas de terror esperan en casa!
― Voy tarde para encontrarme con mi superior― se excusó en mexicano, ya habiendo muerto sus esperanzas de que el rubio hubiera olvidado lo de las películas― Yo no decido cuánto tiempo quedarme, así que me retiro.
―Relax!― le dijo Estados Unidos dejando el dinero de la cuenta sobre la mesa y llevándolo fuera del restaurante con un brazo alrededor de sus hombros― Ya llamé a tu superior para advertirle que te quedarás.
― ¡¿Qué?! ¡¿Pero cuándo…?!
―Cuando pasaste al baño y dejaste tu celular.
―Eres un…
― ¡No perdamos tiempo! ―exclamó el rubio haciendo parar a un taxi y arrojándolo dentro para luego entrar él.
…
Comida chatarra, sodas y una maratón de películas de terror no era parte del plan original de la "visita de trabajo". Más bien parecía que Estados Unidos se había aliado con su superior para torturarlo, ¿Extraño? Tal vez no del todo, pero aún así no pudieron elegir una manera más malvada de hacerlo.
No es que él le haya hablado al presidente de sus sentimientos hacia su vecino del norte, ―Antes que eso habría acudido a ese tal Julio Esteban, personaje que un comediante de su casa interpretaba.― Simplemente todo parecía confabular en su contra para acercarlo más al estadounidense cuando lo único que quería era alejarse de él lo más posible.
Y conforme las escenas de monstruos, fantasmas y sangre seguían y seguían en una película tras otra, alejarse se hacía cada vez más difícil.
En especial cuando "el héroe" estrujaba un almohadón y se acercaba al punto de estar casi sobre el mexicano.
― Invades mi área del sofá ―Le dijo cuando sintió como se movía hacia donde él estaba, dejándolo sin espacio.
― S-solo me a-aseguraba de que n-no tuvieras m-miedo…―rió con nerviosismo volviendo la vista a la pantalla en donde la imagen de cierta chica de cabello largo y oscuro salía de un televisor.
Antes de que pudiera ver la escena que seguía, México ya tenía a Estados Unidos abrazado a él, lloriqueando como una niña.
No supo definir qué era lo que más estaba afectando sus oídos: Los gritos del gringo o el retumbar de su propio corazón. Respirar se hacía más complicado, y aunque podía decir que se debía a como estaba siendo apretujado por el estadounidense, sabía bien que la causa era otra.
― ¡Quítateme de encima, estúpido! ―exclamó haciendo esfuerzos desesperados por apartar a Estados Unidos.― ¡Es solo una película, maldición! ¡Si tanto miedo te da solo quítala!
― ¡T-tienes razón!― Tomó el control remoto y apagó la televisión, acto para el cual debía separarse del moreno, cosa que ese último agradeció.― ¡Pero no es porque estuviera asustado! Solo lo hice porque me lo pediste.
Le lanzó una mirada que podía leerse como un: No ma*es, güey…
― Hacía tiempo que no pasábamos la tarde juntos. ―Dijo Estados Unidos en un suspiro nostálgico y esbozando una sonrisa demasiado sincera para temor de México.― Me hace feliz que hayas venido.
― Bien…fue divertido, supongo. ―no quería hacer comentarios respecto a ello, pero no tenía otra opción.― En especial ver tu cara de horror durante la película.
― ¡No era una cara de horror! Yo solo… ¡Estaba abrumado por efectos! Cada vez son mejores.
― Como digas.
―Oye… ¿Puedo preguntarte algo?
― Me quedaré a dormir solo porque no tengo dinero para pagar un hotel, pero ni creas que dormiremos en la misma cama.― Respuesta rápida a una pregunta que evidentemente el rubio haría, conociéndolo.
― No es eso. Bueno, si es eso, pero se trata de algo más.
Por segunda vez en el día, la expresión en el rostro de Estados Unidos se tornó de completa seriedad, solo que ahora no lo veía a los ojos, sino que agachaba la mirada y había un ligero rastro de rubor en sus mejillas.
― ¿Alguna vez…te has enamorado?
La sola pregunta hizo que se paralizara por completo. Su mente trabaja a toda velocidad tratando de encontrar las palabras para una respuesta que no estaba en condiciones de otorgar.
― No realmente. ―finalmente dijo, sintiéndose en peligro.
El ojiazul lo miró con sorpresa y el silencio se hizo presente en la habitación. Ninguno se molestó en hablar.
― Ya deberíamos dormir. ―México se puso de pie y estiró los brazos.― Usaré el sillón así que muévete.
― ¡Espera! ―exclamó el estadounidense levantándose también.― Es que yo…creo que estoy enamorado. No, estoy seguro, es solo que…
México quería que aquello terminara de una buena vez, pero Estados Unidos estaba parado justo frente a él, cerrándole toda posible salida.
Esa cercanía lo estaba poniendo nervioso; Sin embargo otra sensación despertaba en su interior, aunque más que una sensación se trataba de una…
…¿Esperanza?
¿De verdad eso estaba ocurriendo? Si, no podía ser nada más. Una parte de él había aceptado sentir algo por Estados Unidos, esa parte estaba asustada, pero ¿a qué le tenía miedo realmente?
¿Miedo a la persona de la que estaba enamorado?...
¿Miedo a ser rechazado?...
¿Qué es lo que tanto te asusta, México?
― ¿Cómo puedo decirlo? ―El rubio repentinamente lo había sujetado por los brazos, completamente sonrojado y con cierta inseguridad en su voz.
―México, ¿Cómo puedo decirle a Japón que me gusta?
Dolor.
Tienes miedo de sentir.
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