¡Hola! TTwTT

*snif* primero que nada, quiero agradecer a quienes le han dado oportunidad a este fic, quienes se han tomado la molestia de leerlo y quienes han dejado su comentario *snif* ¡Eso me hace muy feliz y me ha motivado a seguir escribiéndolo!

¡ Muchísimas gracias!


Amor…

¿Qué es eso? ¿Quién puede definir lo qué es el amor?

Si es un sentimiento tan hermoso como dicen los viejos textos de la época del romanticismo, tan sólido como muestran las películas y tan real como el hecho de que no es algo que uno mismo decida, sino que nace desde lo más profundo sin aviso alguno que lo haga evitable…

¿Por qué duele tanto?

Los días que siguieron a la reunión de su superior con el de Estados Unidos estuvieron vacíos: Solo trabajo, papeleo y llamadas inútiles.

Aunque a estas alturas ya cualquier cosa parecía inútil…

― Pues, no lo sé…solo ve y díselo.

Eso fue lo que respondió cuando el estadounidense le confesó que había comenzado a sentir algo por Japón; Sin embargo parecía ser que el rubio no tenía idea de cómo acercársele a dicha nación.

― ¡No es tan sencillo! ―exclamó en respuesta a la idea del mexicano.― ¿Qué tal si lo asusto? Conoces a Japón, sabes cómo podría reaccionar con algo tan repentino.

― Eso creo.

OK! Pensaré en eso después. ―Estados Unidos caminó hasta un armario y sacó un par de mantas.― oh man! Se siente bien poder hablar de esto con alguien. ¡De verdad quería que fueras el primero en saberlo!

Le tendió las mantas a México, quien las tomó sin dejar de mirar al suelo bajo sus pies, sentía que esa era la altura a la que había caído su alma entera.

¿Lo habría escuchado?

¿Habría escuchado Estados Unidos el sonido de su corazón quebrándose igual que una ventana a la que han arrojado una roca?

― Te dejo descansar. ―dijo el rubio dirigiéndose a su habitación y volteando hacía él a mitad del camino.― R-recuerda que si t-te da m-miedo mi habitación está en…

― Ya vete a dormir, pinche miedoso. ―la sonrisa cansada de su rostro lo hacía irreconocible.

Sin decir más Estados Unidos desapareció escaleras arriba.

México esperó hasta escuchar la puerta de la habitación cerrarse y solo entonces el nudo de su garganta se transformó un llanto acallado únicamente por las mantas que presionaba contra su rostro.

Había caído muy bajo…

Mostrándose tan débil como para llorar en un lugar como ese, por un amor que nunca tuvo oportunidad alguna de alcanzar.

Que estúpido había sido, permitiéndose sentir tal cosa como el amor, permitiéndose pensar por un momento que el sujeto que tantas veces lo había lastimado, que tantas veces se había aprovechado de su posición podía sentir lo mismo que él sentía y que lo estaba destrozando.

No había otro culpable de su dolor más que él mismo.

Ni siquiera Japón, ni siquiera Estados Unidos…

…Solo él.

― ¿México?

Su superior sostenía unos papeles y trataba de llamar la atención del moreno.

― ¿Escuchaste algo de lo que dije?

― No realmente.

― Al menos finge que te interesa.

― Debo decirle que lo que menos me interesa es estar en una reunión del G20. ―respondió aburrido el mexicano.― ¿Por qué no ocuparnos de los asuntos internos del país en lugar de perder el tiempo en discusiones que no nos llevarán a ningún lado?

Su superior lo miró en silencio, bastante sorprendido por la reciente actitud de la nación.

Las últimas semanas, había estado asistiendo sin falta a cada reunión del congreso, iba de arriba abajo revisando documentos oficiales, luego desaparecía sin avisar y regresaba pasada media hora con gesto de quien ha tenido que pasar días sin dormir trabajando frente al computador.

― ¿Cómo han estado las cosas para ti últimamente? ―se atrevió a preguntar.

― Usted es el presidente, imagino que lo sabe.

― No hablo de ti como país. ―dijo con total seriedad― Pregunto cómo ha estado Eduardo, no la situación de México.

Hubo una pausa durante la cual el superior de la nación morena reparó en lo joven que lucía éste.

En apariencia, no parecía mayor de veinte años; Pero si consideraba todo por lo que había pasado, lo que había tenido que ver, soportar, y lo que sintió en su momento…

― Con todo respeto, señor, debería usar su tiempo para ocuparse del país, no de la vida personal de otros. Entraré a la sala, con su permiso.

Y se retiró dejando a su superior sin oportunidad de preguntar nada más.

¿Qué estaba pasando?

La reunión se estaba llevando a cabo en Rusia, sorprendentemente todo parecía muy tranquilo, los diálogos se realizaron de manera civilizada con solo un par de discusiones que no pasaron a mayores en ningún momento.

Incluso México ―que rara vez permanecía atento a lo que se trataba en la reunión― expuso varios puntos que resultaron de interés para las otras naciones.

― Estoy impresionado. ―comentó Inglaterra un tanto convencido con el discurso del mexicano― aunque debo admitir que nunca me esperé tales aportes de tu parte, México.

― Ya te habrás dado cuenta entonces de la falta que te hace escuchar a los otros. ―respondió la nación de tez morena sin perder la seriedad en su voz y expresión.

― ¡¿Qué tratas de decir, tú wanker?!

Angleterre, comprendo que sea muy de tu estilo, pero no comiences con peleas ahora que todo va tan bien, s'il vous plaît.

― ¡Cierra la boca, Frog!

― De cualquier forma, ―dijo Alemania levantándose de su asiento con unos papeles en mano, procurando evitar una discusión― ya hemos debatido todos los temas de la agenda, sugiero que demos por terminada la reunión.

Estados Unidos no le quitó la mirada de encima a México durante toda la reunión, pues esa conducta por parte de su vecino del sur le era sencillamente desconocida.

Lo había notado extraño desde la mañana siguiente del día que pasaron juntos.

Era como si todo el espíritu de alegría del mexicano se hubiese esfumado en un abrir y cerrar de ojos, dando paso a una persona indiferente, sin ánimos de nada…

Fría…

México daba una última ojada a los documentos que le habían proporcionado cuando una bola de papel cayó casi inadvertida frente a él.

"¿Sucede algo?"

Al reconocer la ortografía, su mirada se dirigió inmediata a donde se encontraba el emisor de la nota y asintió con una de sus mejores sonrisas falsas.

El estadounidense hizo un par de señas tratando de hacerle entender que quería que le devolviera el mensaje, con lo que el mexicano tomó su bolígrafo, escribió algo debajo de la nota original y con suma precisión ―y discreción― la lanzó de vuelta al rubio de lentes.

"Ocúpate de tus asuntos, gringo, ¿ya hablaste con Japón?"

Estados Unidos puso los ojos como platos al leer eso último, como si México lo hubiese gritado a todo pulmón en medio de la sala de reuniones. Se sonrojó levemente, escribió nuevamente y reenvió la nota.

"Aún no, ¡necesito tu ayuda!"

"Tendrás que rogar"

"PLEASE! ¡Te lo pediré de rodillas si es necesario!"

En verdad estaba enamorado…

"Bien, ¿Qué quieres que haga?"

¿Por qué le ofrecía su ayuda? ¿Por qué no podía simplemente mantenerse al margen de esa situación que lo estaba destrozando por dentro?

Pero…de cualquier manera, ¿Qué importancia tenía ya?

Las heridas cicatrizan…las cicatrices sanan…

Tras hacer oficial el término de la asamblea del G20, cada país tomó su rumbo, dejando la sala vacía poco a poco, no sin antes sostener un par de conversaciones fuera de los temas de trabajo con sus aliados.

― Japón. ―Lo llamó México antes de que se retirara, se acercó al país del sol naciente mientras algunas otras naciones todavía sostenían sus pláticas.

Mekishiko-san, su participación de hoy fue admirable.

― Muchas gracias, el tuyo también fue un gran discurso. ―respondió pareciendo muy tranquilo. Completamente opuesto a su sentir verdadero.

Ponto iniciaron una charla acerca del comercio entre ambas naciones que se extendió hasta que el resto de los países abandonaron la sala por completo; Entonces, el teléfono del mexicano comenzó a sonar.

― Bueno, debo atender así que me voy. Te veré en la próxima asamblea, hasta luego.

México salió de la sala al tiempo que Estados Unidos entraba y le daba un golpe amistoso en el hombro, en señal de agradecimiento, al cual no obtuvo respuesta alguna.

― ¡Hola, Japón! ―saludó animosamente una vez que se encontraron solos él y el asiático.

― Oh, Amerika-san, imaginé que ya se habría ido a casa.

―No, de hecho…ejem, quería hablar de algo contigo.

Estados Unidos se plantó justo delante de él, evitando todo contacto visual y fuertemente sonrojado.

― ¿De qué se trata, Amerika-san? ―preguntó al notar la cohibida actitud del rubio― ¿Hay algún problema que quiera discutir?

―Ah…no, no es nada de eso, yo….lo que quería saber era si tú…

Japón miraba con extrañeza al que normalmente podía decir lo que quisiera sin importarle realmente de quien se tratara. Debía ser sin duda algún asunto importante como para que Estados Unidos se viera tan nervioso.

― Puede decirlo son problemas, Amerika-san

― Bien, lo que traro de decirte es… ―dijo finalmente el estadounidense― I really like you!

La expresión en el rostro del japonés permaneció inmutable, aunque sin duda estaba bastante sorprendido por tal declaración y no pudo evitar sonrojarse un poco, por una parte debido a la imagen del americano y por otra la súbita forma en la que todo ocurrió.

Fuera de la sala, a tan solo centímetros de la puerta una joven nación de tez morena, cabello oscuro y traje luchaba por contener las amargas lágrimas que amenazan con botar de sus ojos café-rojizos, en una incontrolable oleada de arrepentimiento.

Arrepentimiento por haberse enamorado de quien pareciendo estar tan cerca, estaba separado por más que un simple muro de concreto y acero…

Se alejó de la puerta y caminó por el largo pasillo hacía la salida, rogando no toparse con nadie que pudiese verlo en ese estado.

¿Por qué debía ser él y no alguien más?

¿Por qué él, México, debía enamorarse de Estados Unidos?

Que error más grande…

―…estoy confundido…


Capítulo 5

:)