¡Saludos a todos!

Este es el capitulo que más me ha costado escribir desde que comencé el Fic, no sé si es porque me costó entrar en el papel del gringo o qué pero creo que fácil lo borré tres veces antes de llegar a lo que a continuación verán :3

Es más cortó de lo habitual (a excepción de los prólogos) pero bueno...

¡Espero que les guste!


El silencio del japonés lo estaba matando, era como estar en una de esas películas de suspenso Hollywoodenses en donde no sabes que pasará a continuación.

La expresión en su rostro no era muy diferente a la de todos los días, —sencillamente imposible de descifrar— inclusive cuando todavía se le veía ligeramente ruborizado estaba muy lejos de saber lo que pasaba por su mente, tan complicada como un cubo de rubix. Aunque si de algo podía estar seguro era de que lo había sorprendido, y mucho.

Con cada segundo que pasaba sin una respuesta sus esperanzas lo amenazaban con irse por el caño.

Amerika-san, —comenzó Japón tras lo que al rubio le pareció una eternidad— yo... Aprecio mucho sus palabras, enserio.

¿Escuchó bien? ¡¿De verdad estaba ocurriendo?!

— Pero…

Oh, no. "Pero" no era una palabra que anunciara nada bueno, Ya lo había visto cientos de veces en las películas, un "pero" era equivalente al rechazo absoluto o peor aún, Friendzone.

—…estoy confundido…

—Bien, se que fue repentino, —dijo Estados Unidos con una mano tras la cabeza. Debía sacar la conversación de terreno peligroso— pero tenía que decírtelo de una forma u otra.

— Lo comprendo, Amerika-san, es solo que…

— Puedes tomarte el tiempo que quieras para pensarlo, ¡No te presionaré!

Dos interrupciones bastaban para que Japón se diera cuenta de que el estadounidense no lo estaba escuchando, tendría que recurrir a otra estrategia para hacerse oír, pronto.

Amerika-san, —Le llamó, haciendo al de lentes dejar de lado por un momento lo que fuera que había seguido diciendo— Creo que…necesito meditar las cosas, ¿le importaría si lo discutimos la próxima vez que nos veamos?

— ¿Hablas de la reunión del próximo mes?

— No es necesario tanto tiempo, ¿Le parece si nos reunimos en mi casa dentro de una semana?

— ¿Eh? ¡Oh¡ ¡Por supuesto! —respondió Estados Unidos entusiasmado. Después de todo, una semana no era mucho tiempo comparado con el tiempo que tardó en confesarle lo que sentía, así que esperaría paciente.

— De acuerdo, entonces si me disculpa debo irme. —Tomó su portafolio e hizo una pequeña reverencia. — Hasta la próxima semana, Amerika-san. Con permiso.

Japón abandonó la habitación con la misma serenidad que lo definía, como si nada acabara de sucedes. Su mente, por otro lado, trabajaba a toda velocidad; No entendía el por qué de esa confesión y menos por qué—evidentemente— Estados Unidos había incluido a México en su plan para mantenerlo en el edificio hasta que solo quedaron él y el rubio.

Nada tenía sentido.

Los días pasaron lentos y aburridos para la nación americana, pero la espera valió la pena, ahora se encontraba a unas calles de las casa de Japón.

Caminaba seguro de sí mismo y con una brillante sonrisa que, pareciendo la de siempre, no lo era. Una sombra de inquietud oscurecía sus ojos desde la mañana posterior a la reunión, cuando lleno de emoción llamó a Mexico —quien le dijeron regresó a casa en cuanto terminó la asamblea— para contarle lo que sucedió y no atendió su llamada.

Lo dejó pasar imaginando que tal vez el mexicano estaría celebrando a su manera alguna victoria en el futbol o algo por el estilo.

Transcurrieron dos días más y no tenía una sola señal de vida de su vecino del sur. Intentó llamarlo una vez más antes de hacer el viaje de visita a Japón pero no tuvo éxito.

Estaba preocupado, sí; Pero tenía la certeza de que si se tratara de algo grave tanto su superior como él ya lo sabrían, por lo que optó por ocupar su mente en hacerse a la idea de lo que Japón finalmente respondería.

Lo único que esperaba, lo único que necesitaba, era ser correspondido.

Pobre héroe enamorado…

— Bienvenido, Amerika-san.

Japón lo recibió con su clásica formalidad. Lo invitó a pasar, se ocupó de servir té y hasta preparó algo de comer, previendo que quizás —o mejor dicho seguramente— su invitado tendría hambre después del viaje.

— ¡WOAH! —Exclamó Estados Unidos al ver todos los preparativos de su anfitrión— ¡Todo luce estupendo! You're awesome, Japan!

— No es la gran cosa. —Respondió el japonés, a quien a esas alturas ya no le sorprendía la reacción de americano— Creí que sería una buena idea comer algo para iniciar la tarde. Sírvase lo que guste, Amerika-san.

No lo pensó dos veces antes de dar el primer bocado a unos tekoyaki que parecían resplandecer sobre su plato, y ciertamente, sabían tan bien como se veían.

¡Estaba delicioso!

Hacía tiempo elaboró una lista mental de los países que a su gusto hacían magia en la cocina — aunque ni la palabra magia incluía a cierto inglés en la lista— y Japón era sin duda una de ellos. Nunca fallaba, igual que Francia o China… ¡México también!

La comida que el mexicano preparaba —a excepción de la exageradamente picante con la que ya la había pasado mal antes— siempre le pareció exquisita. Nunca dejó pasar la ocasión de pedirle a su vecino preparar algo para él, y pese a que en un principio se negaba diciendo cosas como "No soy tu chacha", al final terminaba, sino cocinando, llevándolo a algún restaurante de comida típica y después de un rato de platica y risas cada quien tomaba su camino.

En verdad disfrutaba el tiempo que pasaba con el moreno…

Un sentimiento de nostalgia lo inundó de repente.

¿Por qué cada uno de sus pensamientos lo conducían a recordar a México?

"Estás con Japón, no lo eches a perder ahora" dijo para sí.

Los héroes siempre salen vencedores, lástima que este héroe está perdiendo su propia batalla…

El resto de la tarde transcurrió entre paseos en los alrededores y conversaciones irrelevantes sobre anime y las últimas tendencias tecnológicas, conversaciones que por un momento hicieron olvidar al americano el motivo de su visita.

Tal vez porque no había nada en ese día que lo distinguiera — descontando el hecho de que fue una visita planeada— de las tantas otras veces en que pasaba un tiempo en casa de Japón. Al caer en cuenta de ello, comenzó a preguntarse por qué la nación asiática no tocó en ningún momento el tema que a él lo mantenía en intriga.

Sentados uno frente al otro con una pequeña mesa de por medio, Estados Unidos consideró que era hora de saber la respuesta a los sentimientos que hacía ya varios días se había atrevido a revelar al japonés.

No estaba exigiendo ser amado, solo deseaba que le dieran una oportunidad. Una oportunidad de demostrarle a la persona que amaba que no era quien seguramente creía, alguien egoísta cuyo afecto estaba exclusivamente dirigido a sí mismo.

No quería obligarlo a amarle, aún cuando su corazón anhelaba su cariño…

Estás en el lugar equivocado

Amerika-san —se adelantó a decir Japón antes de que el de lentes pudiera abrir la boca siquiera.

— ¿Si? —trató de sonar lo más tranquilo posible.

— Ese día, después de la reunión…

Permaneció callado, dejando que fuera Japón quien hablara.

—No comprendo que fue lo que sucedió, Amerika-san.

— ¿A qué te refieres?

— Hablo de la confesión, quiero decir, ¿por qué hizo tal cosa?

¡¿QUÉ?! ¡¿Acaso Japón le daba tan poca importancia a eso que era capaz de olvidar algo así en una semana?!

— ¿Por qué preguntas eso de repente? —sentía que en cualquier momento explotaría. — I-I told you, I really like you!

Era exagerado pensarlo pero tal vez esa teoría acerca de las "conspiraciones" del universo contra algunas personas no era del todo falsa. Si, podía apostar a que en ese momento los planetas se alinearon para atormentarlo.

Amerika-san,—continuó Japón— Creo que ahora su corazón está desconcertado.

— ¡No entiendo por qué estás diciendo todo esto! —exclamó desesperado.

¿Por qué tan nervioso?

— Digo lo que veo, Amerika-san.

Será que tal vez…

— Pues no creo que estés mirando con atención, For the love of god, I like you, Japan!

Japón sabe más de lo que parece…

— Hace unos meses vino aquí, Amerika-san, ¿Lo recuerda?

— ¿Tiene algo que ver? —Sintió como el calor de su cuerpo lo abandonaba, entendía muy bien lo vendría.

Mira a donde te ha llevado todo esto…

— ¿Recuerda lo que me dijo ese día?

No respondió, ya no tenía caso decir nada.

Estás entre la espada y la pared…

Amerika-san, —dijo Japón mirándole directamente a los ojos, haciéndole sentir que perdía toda su fuerza y que eso que había construido se derrumbaba sobre él. — Usted dijo amar a Mekishiko-san.


:O !

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