¡Hola a todos!
Bien, acabo de terminar de hacer una tarea HORRIBLE que solo a mi profesora se le ocurre dejar a una semana de hacer el examen para la Universidad (¡Estoy muy nerviosa!). Ahora mismo me acompaña una amiga de la escuela XD
En fin, ¡les dejo el capitulo, mi amiga (Jade) les manda saludos! :D
¡Espero que les guste!
Mentir es algo tan sencillo.
Quien dice no hacerlo es solo un mentiroso más.
Casi podemos decir que la mentira nace al nacer nosotros. Mentimos para evitar problemas, mentimos para obtener atención de quien la deseamos, mentimos para no hacer sentir mal a otros, mentimos respecto a cómo nos sentimos, mentimos para sentirnos seguros…
¿En qué se convierte la realidad entonces? ¿Es real el mundo? ¿La gente?
… ¿Somos reales nosotros?
Él comenzaba a dudar. Conocía la verdad, la comprendía, la sentía…y por esa razón luchaba por escapar de ella. Pero ya era tarde. La realidad lo había alcanzado igual que un depredador a su presa, clavó en él sus garras sin intenciones de soltarlo y su corazón, hambriento de la libertad que ésta prometía, cedió ante ella.
Él también cedería.
— Supongo que te debo una explicación — Dijo pudiendo apenas levantar la mirada. Avergonzado.
— Creo que se debe una explicación a usted mismo, Amerika-san.
Silencio. Por primera vez, Japón sintió la necesidad de llenar ese espacio de malestar, de sentimientos acallados.
— ¿Por qué lo hizo?
Era fácil responder, pero odiaba hacerlo. Pensar en aquello que lo llevó a expandir su mentira hasta ese punto lo hacía ahogarse en ese mar de culpa en el que poco a poco se quedaba sin aire.
— Japón, ¿recuerdas eso?
— ¿Hm…?
— Agosto de 1945, ¿Lo recuerdas?
Japón sintió como un escalofrío le recorría la columna.
¿Olvidar ese día? Como si pudiera ser así: Agosto de 1945, *Little Boy y Fat Man, horror y el fin de la Segunda Guerra Mundial…
—Lo recuerdo, Amerika-san. —Hubiese querido lo contrario pero era igual de imposible que hacer desaparecer la marca que dejó en su memoria. — Aunque no entiendo que tiene que ver…
— ¿Cuánto ha cambiado todo desde entonces? —Lo interrumpió. Notó como el rostro del japonés se ensombrecía ante la mención de lo que a él tampoco le era agradable recordar; No obstante era la única forma en que podía explicarlo. — Hicimos acuerdos de paz, tratados de comercio, formamos alianzas y dejamos eso en el pasado.
Estados Unidos se tomó un instante antes de continuar, las palabras que saldrían de su boca a continuación serían las más duras de pronunciar, las que dejaban una sensación de amargura en su boca y un peso insoportable no solo en su consciencia.
—Lo lastimé, Japón. —Su mano formó un puño que golpeó con fuerza la mesa frente a él, y si bien la fuerza sobrehumana de la nación no la destruyó, el impacto hizo aparecer algunas grietas en la madera— Lo he lastimado cientos de veces en el pasado y nada ha cambiado ni siquiera un poco.
— Amerika-san…
— No importa lo que haga, no puedo cambiar las cosas. Parece que cada vez que hago algo termino afectándolo… —su voz comenzaba a quebrarse— Si lo hiero como país qué me hace pensar que no lo haré como algo más.
La mirada vidriosa, los hombros caídos y la tensión en sus manos le daban un aspecto lastimero, un estado en el que Japón nunca imaginó ver al estadounidense, menos aún, sentir pena por él.
— ¿Creyó que de alguna forma podía dejar de sentir algo por Mekishiko-san si estaba con alguien más?
No hubo respuesta, pero eso le bastaba a Japón para entender que así era.
— Creo, Amerika-san, que lo más adecuado es hable con Mekishiko-san.
— ¿Esperas que se lo diga después de lo que hice? —No podía creer que el asiático pudiera pensar en algo tan estúpido.
Entonces…
— Todo este tiempo ha hecho suposiciones, Amerika-san. No puede pretender entender lo que en realidad no sabe.
¿Seguirás jugando o vas a encarar la verdad?...
…
La sala de conferencias comenzaba a llenarse.
Observó a las naciones llegar una a una y tomaban sus respectivos lugares dentro del recinto sin quitar la vista de la entrada, esperando con ansiedad ver la figura de cabellos oscuros y tez morena cruzar por esa puerta.
Faltaban solo un par de minutos para dar inicio y no había señales del mexicano. Ya había pasado un mes, y después de todo lo que habló con Japón, de aceptar sus sentimientos tal cual eran, de dejar de lado sus temores, tenía la urgente necesidad de hablar con su vecino del sur. Sin mascaras, sin mentiras.
Dada la última llamada para comenzar, apareció.
Estados Unidos giró la cabeza para encontrarse con México. El azabache caminó por el pasillo hasta su lugar, al otro lado de la habitación, con toda la calma del mundo. Cuando tomó asiento, pudo escuchar claramente como le decía a Suiza —cuyo interés no estaba precisamente en su compañero de al lado— las "dificultades" que el tráfico le ocasionó de camino.
Aunque su cabello decía: "Se me hizo tarde por quedarme dormido y no me dio tiempo ni de peinarme"
La reunión empezó y desde el primer momento supieron que no sería como la última vez.
Apenas se dijo cual era el primer tema a tratar el caos hizo acto de presencia. Francia e Inglaterra por un lado se arrojaban todo lo que tuvieran a la mano, los Latinos no paraban de insultarse, Italia y China no dejaron pasar ni un segundo antes de preguntar a qué hora comerían, mientras que el resto se ocupaba de sus asuntos y de vez en cuando hacían un comentario "indirecto" —directamente— sobre los demás.
Estados Unidos dirigió su atención a México. Lucía más como el México que él conocía, comparado a la última vez que se vieron y de alguna forma eso lo tranquilizaba.
Pero su tranquilidad se esfumó cuando México se levantó de su lugar e iba a donde se encontraba Rusia.
¿Rusia? ¡¿Rusia?! ¿Pero qué…?
Cuando estuvo al lado del ruso, observó como le daba un golpe amistoso en el brazo y éste último le sonreía —una sonrisa sincera, a diferencia de la que parecía un tatuaje permanente en su rostro—. Sabía que eran amigos pero nunca los había visto hablar durante —ni antes ni después— de las reuniones.
¿Qué sucedía?
…
Tras una serie de esfuerzos, Alemania restableció el orden el tiempo suficiente como para cumplir con la agenda de temas a discutir, y pronto todos se dispusieron a marcharse
— ¿Qué acaso estás enfermo? —Dijo Inglaterra plantándose frente a Estados Unidos antes de que pudiera ir a buscar al mexicano. — Me sorprende que hayas pasado toda la reunión callado, ¿pescaste un virus o algo?
— Un héroe sabe cuándo debe escuchar a los demás —Respondió sin dejar de buscar a México con la mirada. — Oye, ¿sabes si México se fue?
— ¡Ja! Ese wanker salió como disparado a la salida en cuanto abrieron las puertas de la sala.
Inglaterra no había terminado de decir "sala" cuando el estadounidense casi lo arrolla para salir tras la pista del mexicano. Corrió por los pasillos esperanzado de alcanzar al moreno antes de que se fuera.
O se encontrara con alguien más.
Dobló en una esquina y chocó contra alguien que por el impacto podía deducir era más pequeño que él. Grande fue su sorpresa al descubrir que era su vecino con quien había chocado e ignorando completamente que ambos estaban en el suelo agradeció a cual fuera la fuerza misteriosa que lo había encontrado con él.
— ¡¿Quién chingados…?!
— Mexico!
El moreno lo miró con una combinación de conmoción y familiaridad en el rostro.
— Ah, eres tú. —Ambos se levantaron y sacudieron un poco sus ropas para retirar cualquier rastro de polvo que pudiera notarse en sus trajes. — ¿A dónde con tanta prisa, gringo?
— Eh, pues…te estaba buscando. —No podía explicar por qué, pero se estaba poniendo un poco nervioso. — ¿Tienes tiempo?
— Te diría que sí, pero la verdad es que no, ¿Por qué?
— I want to talk with you about something important…
No quería decírselo allí, esperaría a que estuvieran a solas en un sitio más adecuado para lo que le expresaría.
México pareció pensarlo bastante antes de responder, —curioso como también tenía que soportar la espera de una respuesta con la persona que en verdad le gustaba— rodó los ojos y dijo:
— Esta bien, pero no ahora, tenía planeado ir a disfrutar un rato a solas en un bar pero ya que es tan "importante"…
— Ok! Te busco a las ocho, See you later!
Y se fue con una sonrisa, dejando a un muy confundido mexicano en el pasillo.
…
— ¿Entonces qué te dijo?
México y Estados Unidos estaban sentados frente a la barra de un bar que estaba a unas cuadras del hotel en que se hospedaba el mexicano, después de todo, la reunión tuvo lugar en New York.
— Hablamos de muchas cosas, —el rubio le contó acerca de su visita a Japón, omitiendo claro, la parte en la que la verdad salió a la luz. — pero digamos que no tocamos el tema.
— Apuesto a que lo asustaste y te cerró la puerta en la cara, ¡ya me lo imagino! —Bromeo el mexicano ya con un par de cervezas en su organismo. — Necesitará meses de psicoterapia para superarlo, ¡pobre Japo~!
…
La noche avanzó tan rápido como las bebidas —al menos para México— y cuando llegó el momento de regresar al hotel, Estados Unidos se vio prácticamente arrastrando a su vecino fuera del bar.
— Apenas son las… ¿qué hora es?, ¡Bah! ¿Qué importa? ¡Es muy temprano como para irnos!
— No creo que el dueño piense lo mismo. —el de lentes ayudaba al muy borracho mexicano a mantenerse en pie.
— ¡Si así serán todas nuestras salidas habrá que hacerlo más a menudo! —Dijo entre carcajadas etílicas. — Hablando de eso, ¿qué tan seguido te dejará salir tu novio?
¿Debería decirle ahora que no habría nada entre Japón y él?
¿Debería decirle ahora que él era la persona que amaba?
— N-No lo sé. Oye, Mexico, yo…
— No me digas que el héroe se volvió tan rápido un mandilón. —Presionó un dedo contra el pecho del estadounidense a manera de burla. — Bueno, ya que no podremos salir más a beber juntos tendré que pedirle a Rusia que me acompañe.
¿Esperarás a que alguien más se gane su corazón?
Estados Unidos se puso frente al mexicano tomándolo de los hombros y encontrando su mirada con la suya. Era ahora o nunca.
— ¿Y 'ora que te pasa?
— Mexico, I-I love you!
Los niveles de alcohol que había en el cuerpo del moreno se redujeron al mínimo en un instante. No sabría definir la expresión de su rostro pero no cabía duda de que en sus ojos había rabia.
— Bebiste más de lo que creí.
— No estoy ebrio, te estoy diciendo la verdad, I love you!
— ¿Sabes qué? —Se soltó del las manos del estadounidense con una brusquedad que el mismo Estados Unidos nunca vio en él. — Debí suponer que harías algo que arruinara la noche, ya decía que me estaba divirtiendo mucho como para estar contigo.
México comenzó a caminar en dirección al hotel pero fue detenido por el rubio.
— Mexico! Hablo en serio, Please!
— ¡¿Cuándo carajos te cansarás chingarme la vida?! —le gritó y soltándose una vez más y alejándose de Estados Unidos tan rápido como se lo permitieron sus piernas.
Solo, en medio de la calle, el héroe del mundo sentía resbalar por sus mejillas todo el dolor que lo sucedido le causaba.
I'm an idiot
México había llegado hasta la habitación del hotel sin ver a la cara a nadie, sin decir una palabra. Una vez dentro, al cerrar la puerta, colapsó.
"No es verdad, ¡No es verdad!"
I really love him.
"Está mintiendo."
I love you, Mexico"
"Él no quiso decir eso"
But now…
"El ama a Japón, no a mí"
I lost a friend
"¿Por qué…?"
I lost him
"¿Por qué tengo que ser yo quien lo ame?"
I lost the only one I love…
