¡Hola a todos! uff, de nuevo pelee con mi cabeza para sacar el capítulo -_-U (Odio cuando eso sucede)
Por fin estamos de vacaciones, además salieron los resultados del examen de admisión para la universidad y... ¡Lo logré! TTwTT
¡A celebrar con actualizaciones más seguidas, woow! *brofist* (bueno, no es seguro) XD
En Fin, les traigo el capitulo 10
¡Espero que les guste!
El frío lo despertó acompañado por una luz pálida que se filtraba entre las cortinas de la ventana. Haciéndose ovillo se cubrió hasta la cabeza con la gruesa manta pero ni así logró conciliar nuevamente el sueño; Con todo, optó por quedarse así un rato, dejando que el frío fuera lo único que ocupara un legar en sus pensamientos. En unas horas más volvería a su casa y ciertamente no era algo que le entusiasmara demasiado: Trabajo, verle la jeta a su Jefe y mil cosas más que carecían de interés para él. Pero en fin, ¿qué se le iba a hacer?
Finalmente reunió energías para levantarse. La sola idea de abandonar el calor de la manta lo hizo temblar, así que echándosela sobre los hombros caminó hasta donde estaba su mochila, tomó el cambio de ropa que llevaba junto con su abrigo y con una habilidad sorprendente —Definida por él mismo como "ser bien chingón"— mudó su vestimenta sin soltar la manta.
Una vez listo devolvió la manta a donde pertenecía, ordenó la cama y miró el reloj sobre la mesa de noche, marcaba apenas las seis treinta de la mañana, por lo que supuso que todos en la inmensa casa debían seguir dormidos; Parecería grosero salir sin despedirse pero por algún motivo no se sentía en condiciones de hacerlo, dejaría una nota de agradecimiento y saldría directo al aeropuerto.
Caminó hasta la puerta y con una mano sobre la perilla y otra contra la madera, abrió la puerta con lentitud, con la intención de no hacer ni el más mínimo ruido que pudiera delatarlo. Salió al pasillo orgulloso de su sigilo y se encaminó a la entrada de la casa.
— No pensé que estuvieras despierto, Meksika.
Y como siempre, sus planes nunca salían como quería.
— R-Rusia, ¿Qué haces aquí?
— Es mi casa, Meksika. —Respondió divertido ante la reacción del moreno, aunque no esperaba menos dado que lo había descubierto prácticamente a mitad de su escape— Creí que dormirías más tiempo.
— Sí, bueno…mi Jefe llamó, tengo que volver lo antes posible. Ya sabes hay que revisar documentos y obviamente él no los leerá, así que alguien tiene que hacerlo.
Rusia lo miró fijamente por un momento, como esperando que el mexicano extendiera aún más la evidente excusa, pero no sucedió.
— De acuerdo, da. — "fue fácil" pensó México— Pero no creo que sea seguro para ti salir con este clima, así que te acompañaré. —Agregó el ruso.
"Fácil".
Sí, claro.
Hubiese dicho algo para evitar que Rusia se tomara esa molestia, o mejor dicho evitarse él mismo la incomodidad que le causaba la idea de tener que despedirse personalmente, pero el euroasiático ya estaba poniéndose su abrigo y no había forma de hacer que cambiara su decisión. Para él no había nada que le impidiera pasar un poco más de tiempo con esa persona que tanto apreciaba.
Sobre todo, cuando más que nunca necesitaba de alguien que pudiera mantenerlo lejos de cualquier pensamiento doloroso.
Y hasta volviera a ser el de siempre, ese alguien sería él.
…
El camino hasta el aeropuerto no fue agradable en lo absoluto. Apenas abrió la puerta de la casa un viento frío impactó contra su cuerpo y lo hizo temblar, aparentemente no estaba lo suficientemente abrigado; Y vaya que lamentó no haber llevado seis suéteres más. Durante el trayecto —que tuvieron que hacer a pie debido a que la carretera no estaba en las mejores condiciones como para ser transitada— se la pasó abrazado a sí mismo en un intento por conservar el calor y de cuando en cuando le daba un vistazo a Rusia, quien por su lado, avanzaba entre la nieve como quien camina por una pradera en un día de verano.
Una vez en el edificio solo quedaba esperar. El día anterior cuando Rusia y Lituania recibieron al mexicano, éste se había ocupado de hacer los arreglos para su regreso en el mismo momento, por lo que solamente tendría que aguardar a que su vuelo estuviese listo.
— ¿Acaso todos en tu casa decidieron salir de viaje hoy? —preguntó México mirando todos asientos de espera ocupados y a las personas que iban de un lado a otro con su equipaje.
— Mucha gente sale de vacaciones en esta época del año, da.
— Ya lo creo.
México frotó sus brazos por centésima vez desde que llegaron; Claro que aquello no pasó desapercibido para la nación rusa, que en un movimiento sorpresivo abrazó al moreno por la espalda, cubriéndolos a ambos con la calidez del mismo abrigo.
— O-oye, ¿Qué haces? —cuestionó México, aunque sin hacer el intento de apartarse.
— Sentirás menos frío de esta forma —respondió Rusia—, al menos hasta que tu vuelo esté listo, da.
El mexicano no hizo ni una pregunta más; Aunque eso no significaba que estaría callado, al contrario, ahora que estaba más cómodo, comenzó a hablar hasta por los codos. Rusia, por su lado, escuchaba alegre los comentarios de su amigo.
— ¿Sabías que al gringo le gusta Japón? — Soltó repentinamente.
— ¿Hm?
— ¡Ja! El muy imbécil me pidió que le ayudara a declarársele, no me contó lo que hablaron pero estoy seguro de que lo rechazó. —Algo en su voz cambió. Algo en él cambió— Y luego tratar de hacerme creer que…
La forma en que la oración se fue apagando en su boca era indefinible, extraña en él, ajena al México que conocía, al México que valoraba.
— Meksika.
— No importa. —sentenció.
Finalmente se anunció por los altavoces el vuelo que llevaría a México de vuelta a casa.
Vaya martirio.
— Bueno, ya es hora. —Dijo México desprendiéndose del abrazo del ruso— Disfruté mucho la visita. —agregó.
— Vuelve cuando desees, Meksika. —En el rostro del ruso se dibujó una sonrisa tan grande que el mismo México no pudo evitar sonreír al verla.
— Gracias. ¡Nos vemos pronto!
El moreno se dirigió a la puerta de embarque despidiéndose con la mano y Rusia no le quitó la mirada de encima hasta que su figura hubo desaparecido entre el resto de los pasajeros, solo entonces, se dio la vuelta y se encaminó de regreso a su hogar, sin alejar sus pensamientos de aquello que tanto parecía atormentar al mexicano. Su amigo. Su "alguien" especial.
¿Sabía de qué se trataba?
Si, sabía de quien se trataba…
Y se encargaría de hacerle saber que absolutamente nadie podía lastimar a quienes consideraba sus amigos.
— Soyedinennyye Shtaty
…
— Ohayō gozaimasu. —Saludó Japón al tiempo que abría la puerta para averiguar de quien se trataba. — ¡Oh!, Amerika-san.
Estados Unidos no respondió al saludo, manteniéndose de pie frente a la puerta, el azul de sus ojos empañado por la pena contra la cual difícilmente lidiaba.
En que lamentable situación se encuentra el héroe.
…
— Aquí tiene —dijo Japón colocando frente al americano una taza de té—, bébalo mientras está caliente, lo hará sentir mejor, Amerika-san.
Estados Unidos tomó la taza entre sus manos y bebió de ella con lentitud; Si bien dudaba que cualquier cosa pudiese devolverle el ánimo no estaba de más intentarlo. Despegó sus labios del borde de la taza y la bajó sosteniéndola sobre su regazo.
— Thank you. —dijo en apenas un murmuro.
Japón no estaba muy seguro de si debía preguntar o no, pero de alguna manera se sentía culpable por la forma en la el estadounidense se había presentado en su casa: La misma imagen lamentable de cuando aceptó la verdad de sus sentimientos multiplicada por mil.
— Amerika-san ¿Qué fue lo que…?
— Lo arruiné todo —respondió sin que hubiera acabado de hacer la pregunta—. Japón, él me odia. Ni siquiera sé por qué pensé que sería diferente. Damn it, I'm a fucking idiot! —la ira en su voz era más que obvia. Apretó la taza entre sus manos fuertemente. — No me bastó escuchárselo decir tantas veces, debía llevarlo al punto de evitarme, de alejarlo aún más de mí…
El silenció hizo acto de presencia por un momento que simulaba ser una eternidad. Cuantas emociones negativas aparecieron a su alrededor: Dolor, angustia, frustración, tristeza… Pero, ¿Qué podía hacer él? ¿Qué podía hacer la persona que lo había empujado a revelar lo que sentía por su vecino?
¿Qué podía hacer alguien que, a pesar de lo que veía con sus propios ojos, no se arrepentía de haberle aconsejado tal cosa?
— Debí haber dejado las cosas como estaban, entonces tal vez no estaría sintiéndome así, no lo hubiese hecho sentir a él que lo estaba utilizando…
— Amerika-san, —Dijo el japonés— puede que no signifique nada para usted ahora, pero es mejor sentir dolor que no sentir absolutamente nada.
Estados Unidos volteó a verlo con cierta impresión en el rostro.
— No puede cambiar las cosas ahora. Es cierto, Mekishiko-san y usted tienen una historia complicada; Pero no debe olvidar que somos naciones, nuestra existencia entera está rodeada de complicaciones. Usted mismo lo dijo, estamos sentados aquí conversando incluso después de la Segunda Guerra Mundial…
— Japan…
— Solo ustedes deciden hasta que punto dejarán de ser países y comenzarán a ser personas.
La determinación con la Japón hablaba era sencillamente contagiosa, sus palabras se instalaron en la mente del estadounidense atravesando ese pared de pesimismo que se había autoimpuesto. De alguna forma una nueva esperanza nació en su corazón, acallando a la voz de la inseguridad que por meses estuvo acosándolo. Estados Unidos no podía reparar el daño, pero alguien más cercano era capaz de empezar de nuevo.
Japón se percató de que su pequeño discurso lo había hecho ponerse de pie y un poco avergonzado por ellos volvió a sentarse acláranos la garganta con un tenue sonrojo en las mejillas.
— Ah… Sumimasen…
— No, tienes razón. —Dijo Estados Unidos poniéndose de pie justo frente al japonés— Gracias. —Su boca se curvó en una sonrisa, la primera en días enteros. — Tengo que irme, See you!
Japón estaba perplejo ante el repentino cambio de ánimo del americano. Nunca se imaginó dándole consejos a Estados Unidos, —a excepción de los relacionados con dietas— menos aún que los siguiera. De un modo eso lo hacía sentir bastante bien consigo mismo; No obstante, estaba al tanto de lo cercano que el mexicano se estaba volviendo con Rusia, todos lo habían notado pero se abstenían de hacer comentarios al respecto.
Y de cualquier forma, él tampoco podía hacer nada.
O quizá sí podía.
Caminó hacía el teléfono de su casa. Si, podía hacer algo; Sin embargo no era él quien decidiría lo efectivo que pudiera llegar a ser ese algo. Levantó el audicular y marcó el número.
…
Estados Unidos caminaba rumbo al aeropuerto. Aquella conversación con Japón logró tranquilizarlo, le había abierto los ojos ante una oportunidad de arreglar lo que su mentira había ocasionado.
— Japón podría escribir un libro.
Si, parecía que el estadounidense que se hacía llamar "héroe" había vuelto. El sonido de su teléfono lo distrajo. Sacó el aparato de su bolsillo y contestó sin mirar siquiera quien lo estaba llamando.
— Hello!
— Privet, Soyedinennyye Shtaty. —Respondieron al otro lado de la línea.
Se paralizó, que él lo estuviera llamando no era del todo común; Y podía decir que era con quien menos tenía deseos de hablar por el momento.
— Russia.
— Da. ¿Cómo has estado?
— ¿Desde cuándo eso te preocupa? —preguntó cortante.
— Meksika vino a visitarme. —El ruso fue directamente a lo que tenía que decir— Actuaba un poco distinto. ¿Sabes por qué, Soyedinennyye Shtaty?
Una presión invadió su pecho. ¿Por qué estaba pasando eso? ¿Por qué de un día para otro México buscaba solo la compañía de Rusia?
— I…
— Escucha, —comenzó Rusia en un tono sombrío— Meksika es muy importante para mí, no paso mucho tiempo con a él, pero debes saber que es consciente de que yo siempre estaré a su lado cuando lo necesite.
— ¿Por qué estas diciéndome todo esto? —le interrogó comenzando a enfurecerse.
— Sé lo que sucedió. — ¿Acaso México se lo había contado?— No permitiré que juegues con sus sentimientos.
—...The hell...you?!
— Nos vemos en la próxima reunión. Da svidaniya, Soyedinennyye Shtaty.
Terminó la llamada antes de que pudiera decir algo más.
¿Aún crees que tienes oportunidad?
Japón es un gran terapeuta :3
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