Aquí tenéis un capítulo más... libre de sufrimientos... y no, aún no se responde a ninguna pregunta de las que os estaréis haciendo... pero pronto, pronto...


CAPÍTULO 5

-Lo siento.

Cuando entró en la casa, Danny se encontró con su hija de doce años que le esperaba sentada en el suelo. Sus ojos estaban rojos y el rostro sucio de haber llorado. El rubio se apresuró a su lado, se arrodilló y la abrazó con fuerza. Grace rompió a llorar de nuevo.

-No es cierto, Danno, no te odio.

El detective apretó a su hija con fuerza, hundiendo su rostro en el cabello de la niña, respirando el suave aroma del champú afrutado que ésta usaba.

-Ya lo sé, cariño.

Habían discutido, por supuesto que habían discutido. Grace era ya una adolescente y Danny un padre sobreprotector, así que los roces estaban más que asegurados. Además, era evidente que ahora, más que nunca, la niña necesitaba a su madre.

Por su parte, la pequeña Williams no podía creerse que, en un arranque de rebeldía, hubiese sido capaz de decirle a su padre todo lo que le había dicho. Y sus últimas palabras, ese "te odio" gritado justo cuando su padre salía de casa para ir a trabajar…

Mentiría si no dijese que se había arrepentido de decirlas en cuanto éstas abandonaron sus labios, pero el propio peso de la frase le impidió reaccionar, correr hacia su padre y decirle que aquello no era cierto.

¿Y si ocurría algo y Danny moría pensando que su hija le odiaba?

Darse cuenta de que podía ser capaz de decir semejantes cosas a un hombre que había sacrificado todo por ella, y no solamente una vez, le hizo sentir una de las peores personas sobre la faz de la tierra. Y allí estaba Danno, abrazándola con amor infinito y diciéndole que todo estaba bien.

El pequeño Charles oyó llegar a su papá y se apresuró a recibirlo con el último de sus dibujos en su manita. En él, se podía ver a los tres miembros de la familia tomando unos helados en el parque. Cuando vio a su hermana y a su padre abrazados, se quedó muy quieto, sin comprender. Danny lo vio y le hizo un gesto con una sonrisa para que se uniese a ellos.


-Entonces, cuéntame- dijo Sheila-, ¿quién es?

-Se llama Daniel Williams. Al parecer fue miembro de la policía de Newark y perteneció a una unidad de élite del gobierno de Hawaii.

-¿Y ahora es detective privado? ¿Lo han echado del cuerpo por algo oscuro?

Jennifer negó con la cabeza haciendo que su negro cabello se moviese hacia los lados.

-No. Su ex mujer murió y se quedó la custodia de los niños, decidió que ser policía era demasiado arriesgado, que no podía permitirse morir y dejarlos solos, así que se le ocurrió que investigar a maridos infieles sería más seguro.

-Oh. Guapo y con hijos… ¿Cuánto has tardado en sucumbir a sus encantos?

-Sheila, no seas así. Lo único que me intriga es la tristeza de su mirada. Algo o alguien le destrozó el corazón.

-Su ex, probablemente.

-No lo sé. Sus ojos brillan con alegría sólo cuando habla de sus hijos. Quiero saber qué pasó.

-¿Hablas como licenciada en psicología?

-Es posible.


-Necesito que investigue eso para mí- los ojos color café de la mujer que estaba sentada frente a él le miraban suplicantes. Danny observó la foto que había sido puesta sobre la mesa.

-¿Por qué está tan segura de que le ocultan algo?

-No lo sé. Hay algo en todo esto que no me convence. Algo me dice que no me han contado todo lo que ocurrió en realidad.

No podía negarse, no ante esa mirada de angustia.

-No le puedo prometer nada, pero veré lo que puedo hacer. La llamaré en cuanto tenga alguna noticia.

La mujer se incorporó y le tendió la mano, agradecida, antes de irse. El detective contó mentalmente hasta tres y sonrió cuando los esperados golpes resonaron en la puerta. Jennifer asomó la cabeza con expresión ansiosa.

-¿Tenemos nuevo caso?

-¿Tenemos?

La joven hizo un puchero.

-¿No me vas a querer contigo?

-Creí que habías dicho que necesitaba una secretaria que cogiese el teléfono y llevase los papeles.

-Pero a veces puedo ser de ayuda. Puedo ayudarte con algún perfil.

Danny podría decir que esa joven le recordaba a Lori, pero, de momento, la muchacha era un torbellino de energía que se dejaba llevar por el entusiasmo. Sólo deseaba que lo que le esperaba a lo largo de su carrera no estropease esa frescura aunque sabía que era un iluso solo por pensar que la joven sería inmune a los horrores que presenciaría.


-¿Sabes? Cuándo me dijiste que te ocuparías de mis hijos creí que te referías a que te ibas a quedar cuidando de ellos- farfulló Danny mientras caminaban bajo la lluvia. Justo tenía que llover el día en que el detective no había encontrado una plaza de aparcamiento cerca de su casa. Jennifer le dedicó una sonrisa mientras en su rostro se dibujaba su mejor expresión de inocencia.

-Sheila es muy buena con los niños. Están en buenas manos.

-No es eso lo que me preocupa- siguió protestando el rubio algo aliviado al ver su Ford a pocos metros. Por supuesto que echaba de menos su Camaro Plateado, pero le traía demasiados recuerdos dolorosos. Además, este nuevo coche se ajustaba mejor a su actual vida familiar.

-Me necesitas, y lo sabes.

-Hasta ahora me las he arreglado muy bien yo solito, la verdad.

-Oh, venga… ¿Qué puede ir mal?

Danny suspiró, la joven era incorregible.

-Muchas cosas pueden ir mal, muchas. ¿Saben tus padres que estás dedicando parte de tu tiempo a jugar a Sherlock Holmes?

Los hoyuelos que se formaban en las mejillas de Jennifer aparecieron ante la entusiasmada sonrisa de la muchacha.

-Para saberlo tendrían que contratar a un detective privado. ¿Quieres que les pase tu número?

-Deja- dijo Danny estremeciéndose ante la idea de conocer a los padres de la chica. Solo imaginarse cuál sería su reacción al descubrir que su Grace había sido contratada por un detective que permitía que le acompañase en sus casos, hacía que temiese por su vida. Definitivamente, cuanto menos supiesen, mejor. Pensó seriamente en esposar a la joven a su mesa para evitar males mayores.

-¿Has hecho esto alguna vez?- la morena se removía entusiasmada en el asiento de copiloto. El detective no pudo evitar sonreír con un aire casi paternal.

-¿Colarme en los archivos de la policía? Nunca me hizo falta, yo era policía. Pero realmente no vamos a colarnos- dijo riendo ante el gruñido de desaprobación de su compañera y cogiendo una carpeta que había en el asiento trasero-. Vamos a ver a mi buen amigo Barry, que me dejará entrar para comprobar los antecedentes de este hombre tan simpático de aquí.

Jennifer abrió la carpeta que su jefe acababa de depositar sobre sus rodillas y leyó la ficha.

-Ron Procter. Acusado de varios robos a mano armada y por violencia doméstica. Justo el hombre que mi mamá quisiera para mí. Pero aquí tienes toda la información que puedes necesitar…

-Bueno, Barry no lo sabe.

El teniente Barry Tepper, de homicidios, sonrió alegre al ver aparecer a Danny. Se habían conocido hacía muchos años, en unas conferencias de la policía y se habían hecho amigos en seguida. Cuando Barry se enteró de que el rubio se había mudado a San Francisco, se había mostrado entusiasmado y feliz ante la posibilidad de que ambos pudiesen trabajar juntos. No pudo evitar que la desilusión se adueñase de él al saber que Williams había renunciado al puesto que el departamento le había ofrecido para dedicarse a la investigación privada.

-¿Has venido a visitarme o a ayudarme con el papeleo?- preguntó señalando con un gesto del brazo la torre de papeles que se acumulaba en su mesa-. Creo recordar que se te daba bastante bien.

Danny soltó un gruñido y le tendió la foto de Ron Procter.

-Necesito información sobre este tipo.

Barry estudió la imagen. Sus azules ojos miraron a los de su amigo con suspicacia, pero, aún así, asintió y condujo a los dos investigadores al piso inferior.

-¡Hola, preciosa!- a la encargada de custodiar los archivos se le iluminó el rostro ante la presencia del teniente quien parecía no darse cuenta y continuaba-. Sally, este es Daniel Williams y ella es…- levantó las cejas mientras observaba divertido cómo Danny enrojecía por la vergüenza de no haber realizado las presentaciones pertinentes.

-Jennifer Westwood- apuntó ésta. El teniente asintió.

-Tienen mi permiso para consultar los archivos el tiempo que les haga falta. Si necesitan ayuda y puedes echarles una mano me harías un gran favor.- añadió con una sonrisa tímida. La encargada simplemente asintió y Barry se volvió hacia Danny-. Ni se te ocurra irte sin decirme nada. Y a ver cuándo vienes para invitarme a unas cervezas…

-Tienes razón, Barry. Cuenta con ello. Muchas gracias.


Muchas gracias a quienes lean este fic.

Y millones de besos a los que se han molestado en dejar sus impresiones, sin vosotros, esto no tendría sentido