Nuevo capítulo sin beta, con lo que los errores son sólo míos. En serio espero que esto no esté resultando muy confuso, cualquier duda, queja, lo que sea, hacédmelo saber. LiaCollins, eri-san uesugi, eminahinata, Dee Spiegel: Millones de gracias por vuestro apoyo. CellyLS : Miles y millones de gracias porque sabes que sin ti nada sería posible y que te tengo ya entre mis mejores amigas.


CAPÍTULO 13

Miedo: Perturbación angustiosa del ánimo causada por las ideas de un peligro.

Terror: Es el sentimiento de miedo en su máximo exponente. En casos extremos puede llegar a provocar una parálisis completa del cuerpo, sudoración fría y en casos graves, la muerte por paro cardíaco.

Eso era lo que experimentaba en ese momento Steve Mcgarrett. Jamás su fama de ser frío como el hielo había sido tan acertado como en el preciso instante en que oyó cómo sus compañeros marines disparaban a la que, con total seguridad, había sido la persona más importante de su vida.

Sabía que el autocontrol era esencial en ese momento, que era necesario que respirase lentamente, dejase la mente en blanco y no se dejase llevar por el estado de ánimo.

Todo eso era fantástico como teoría, o cuando el miedo era a morir uno mismo. Nadie le enseñó en la marina cómo afrontar algo así.

Su cabeza le incitaba a abalanzarse salvajemente sobre Stuart y John y matarlos ahí mismo, con sus propias manos. Tal vez, lo único que le impedía hacerlo en ese momento era esa sensación de ahogo, como si le hubiesen privado de aire que respirar.

En cierto modo, así era.

Sentía sus ojos arder con las lágrimas que luchaban por salir mientras a su alrededor todo ocurría en cámara lenta.

-Verás cuando se enteren los Superiores de que acabas de vaciar el cargador en una rata- musitó John.

-Es que odio a esos bichos, en serio, me dan mucho asco.

-Pues vaya SEAL que estás hecho.

Steve se apretó contra el muro en el que estaba apoyado temiendo que sus piernas dejasen de sostenerlo de golpe de tan grande como era el alivio que sentía. Sin embargo, poco duró ese relax, ya que, si bien era cierto que los marines no habían disparado directamente a Danny- de hecho, ni siquiera habían averiguado aún su paradero-, los disparos se habían realizado muy cerca de donde éste se encontraba, con lo que, probablemente, una bala perdida hubiese cumplido indirectamente la misión a la que habían sido encomendados aquellos dos hombres.

Si hubiese tenido una bomba de humo en uno de sus bolsillos, la hubiese lanzado al extremo opuesto para crear una distracción y conducir a los dos marines al extremo opuesto de aquel lugar, lejos de Danny.

-Anda tío, vámonos. No hay nada por aquí.

Haciendo un verdadero esfuerzo y demostrando una fuerza de voluntad capaz de superar cualquier prueba, Steve esperó un par de minutos antes de correr para comprobar que su amigo estaba ileso.

-¡Danny! ¡Danny!- sus susurros resonaban frenéticos en el silencio del abandonado lugar.

-Steve…

El Comandante apenas pudo distinguir la silueta del rubio en la oscuridad que reinaba, se apresuró para encontrarse con él y dejó que la adrenalina acumulada desde que oyó el primer disparo se adueñase de su voluntad. Sus manos comenzaron a inspeccionar al detective, en busca de posibles heridas y, cuando estuvo satisfecho con la comprobación, lo atrajo hacia sí para abrazarlo con fuerza.

-Estoy bien estoy bien- le aseguraba el detective sorprendido por el comportamiento del moreno.

Durante un rato estuvieron así, Steve apretaba al rubio, reconfortándose con su mera presencia y apartando los temores que se habían apoderado de su mente.

-¿Tengo que estar al borde de la muerte para que te pongas cariñoso conmigo?- dijo Danny sin pensar. Su voz no sonaba enfadada, ni siquiera molesta, sino más bien divertida, y aliviada.

-Creí que…- el marine aumentó la fuerza con la que abrazaba a su amigo, incapaz de dejarlo ir. Como si temiese que aquello era una alucinación provocada por el shock y que Danny estuviese solo en un rincón, desangrándose hasta morir mientras él era incapaz de reaccionar.

-Está bien, no me han dado. Puedes soltarme, Steve.

-Sí, hum… perdona.

-No tenemos tiempo que perder, tenemos que ir al puerto. Iba a ir yo pero te llevaste mi coche después de dejarme en un criadero de polvo y ratas en la oscuridad completa mientras unos tarados intentan matarme.

-¿Al puerto?

-Ahí es donde tienen a Charlotte- y, a pesar de la oscuridad, Danny sabía perfectamente cuál estaba siendo la reacción de su compañero- Cierra la boca, Steven.

-¿Cómo sabes que está en el puerto?

El detective soltó un bufido.

-Pues porque cuando me llamaron, pude distinguir con total seguridad la sirena de un barco. Es más, a esa hora sólo atraca uno en concreto, un crucero de esos de excursiones, con lo que casi puedo definir en qué zona concretamente se encuentra. ¿En serio aún dudas de mis capacidades como policía? ¿Crees que hubiese sobrevivido estos años como detective privado si no supiese hacer las cosas?

-No es eso, Danny, solo que

-Mira, si quieres venir conmigo está bien, me alegro de que quieras ayudarme, sobre todo teniendo en cuenta de que los que me persiguen son tu gente, pero lo haremos a mi modo.

-Danny…

-No, Steve. No soy una princesa en apuros que necesita ser rescatada por el valiente príncipe que viene a lomos de su blanco corcel.

-¿Blanco corcel?- Steve no pudo evitar sonreír.

-Sí, corcel, caballo… ¿Qué pasa, no te leían cuentos de pequeño? En fin, si te vas a poner en modo superhéroe, es mejor que me dejes a mi aire. Soy capaz de manejarme bien sin tus poderes mágicos.

-Creo que le lees demasiadas historias a Charles.

-Porque no tienes ni idea de educar niños. Y como no salvemos a Charlotte y quede contenta, no tendrás que preocuparte por el número de cuentos que le leo al niño, así que, por favor, decide ya si vienes o no, porque tengo que sacarla de ahí.

Steve le miraba con expresión confusa. Abrió la boca para preguntar, pero el detective le interrumpió.

-Ahora no, Steve. Sólo dime qué vas a hacer.

-Muy bien, tus reglas.- dijo el comandante tragándose su orgullo. Si de verdad quería recuperar a Danny, tenía que demostrarle que confiaba en él, y no es que no lo hiciese, simplemente que estaba acostumbrado a ser quien tomase las decisiones, elaborase el plan a seguir y diese las órdenes pertinentes. Caminaron en silencio hasta el coche, y, una vez dentro, Steve se atrevió a hablar de nuevo- Catherine me envió las coordenadas exactas del lugar en donde está la prisionera.

-Si me hubieses preguntado, te hubieses ahorrado mucho tiempo, pero claro, eres el gran Steve Mcgarrett, el que siempre tiene razón.

Vale, se dijo Steve, se había acabado la tregua por el susto de los disparos, había vuelto el Danny traicionado, y más dolido que nunca, ya que el marine había vuelto a fastidiar las cosas actuando de forma impulsiva.

-Te llevaste mi móvil, Steve. ¿Y si tus amigos han decidido invitarme a otra fiesta?

-No quería que nos localizasen.

-¡Pero es que así tampoco puede localizarme mi hija!

-Grace está en contacto con Chin y Kono, que, por cierto, deben estar a punto de llegar a la ciudad. Jennifer también está pendiente de ella e irá a recogerlos al aeropuerto.

-Espera, espera. Alto ahí. ¿Jennifer? No me digas que está participando en todo esto. ¡Steve! ¿Tú has visto lo joven que es? ¡Había logrado mantenerla al margen de todo esto por su propia seguridad!

Steve se pasó una mano por la cara, había anticipado esto.

-Es que no pude, en cuanto supo lo que ocurría comenzó a hablar y hablar y no hubo forma de detenerla.

-¿Le dijiste tu nombre?

-Sí.

-¿Qué hizo?

-Me abofeteó- Steve sabía que debía sentirse humillado por la risa afectiva que salía de los más profundo del detective, pero sabía que se lo merecía, así que suspiró y esperó con paciencia a que su amigo terminase.


En serio, adoro a Jennifer... igual que adoro a las dos personas en las que está basada!

Gracias por leer y comentar!