Sexto cap.

Al llegar, no sabía qué camino tomar así que decidí sentarme a pensar, pero intentar entrar al mundo de Castiel o Kentin realmente no era lo mío, Estaba 'Tratando' de pensar algo pero un grito de desesperación y angustia me sacó de mis pensamientos. ¿Sucrette? ¿Sería ella? Salí corriendo sin dudarlo hacia el lugar de donde vino aquel grito. No estaba muy lejos, al llegar era una casa, que estaba en buen estado, cosa que ciertamente me sorprendió, seguí mi camino y pude llegar a una habitación no muy grande, pude ver a Castiel y a Kentin, Kentin… Intentaba… Tocar a Sucrette, eso realmente me enojó. Ella estaba amarrada A la cama. Mientras Castiel solo observaba.

En el rostro de Sucrette, pude Notar tanto terror por su parte. Sin pensarlo dos veces me acerqué a Castiel quien estaba más cerca, ambos estaban de espaldas, agarre a Castiel por su cuello, asfixiándolo, dejándolo inconsciente, no podría imaginar matar a mi propio hermano. Al acercarme despacio a Kentin, Sucrette dejó de llorar y volteó a mirarme, coloqué un dedo en mis labios para que no hiciera ruido. Sin remordimientos ni pena, enterré una pequeña cuchilla en la garganta de Ken.

-¿! Ly...Lysa…Lysandro¡?-Gritó Kentin abriendo los ojos, Sin importar qué, mis lágrimas cayeron y en ese mismo momento me estaba arrepintiendo de todo, Kentin siempre fue mi mejor amigo pero asesinarlo no se compara a una traición… Yo acabé con su vida, el solo acabo con uno de mis deseos. Me alejé de él, limpié unas cuantas lágrimas y puse su cuerpo en la parte de afuera de la casa, sin dudarlo llevé a mi hermano al lado de donde estaba el bote y regresé a liberar a Sucrette.

-No sabía que iba a ser tan fácil para ti-Susurró ella levantándose-¿Qué es esto? ¿El secuestrador rescatándome?-ella soltó una risita. El olor de su sangre ya no me desesperaba, podía… Soportarla de alguna forma. Yo solo me silencié y comencé a caminar a la deriva.

-Hey, espérame ¡No te puedes ir!

-¿Por qué no? Ya estas a Salvo-Dije deteniéndome a mirarla.

-Porque… No te he dado las gracias… -Susurró ella corriendo a abrazarme. Correspondí a su abrazo, realmente ¿estaba tan agradecida? Ella levantó su rostro y sus ojos estaban bañados en lágrimas, besé cada uno de ellos, luego otro dulce beso en la punta de su nariz y sin dudarlo mi lengua pedía entrar a su boca y Nada le interrumpió, aquel beso se tornó a uno apasionado, respiré cerca de su cuello y mordí suavemente el lóbulo de su oreja.

Sucrette Besaba dulcemente mi cuello y yo acariciaba su cintura, besaba sus mejillas, mis labios caminaban por todo su rostro y sin dejar de hacerlo, comencé a guiarla hacia la cama que había en aquella habitación. Me recosté sobre ella y continué besando su cuello mientras mis manos acariciaban su cabello.

-¿Así que te llamas Lysandro?-Preguntó ella en medio de unos pequeños gemidos. Yo solo me silencié y comencé a bajar lentamente la cremallera de su vestido, Sucrette no se resistía y yo lo notaba con claridad, comenzamos a llevarnos por la pasión, empezábamos a desearnos cada vez más y más, llegue a tal punto que mi deseo de poseerla era más fuerte que beberme hasta la última gota de su sangre, este deseo era inimaginable, empezábamos a entregarnos, la pasión se hacía más grande, mi lengua no podía evitar acariciar cada rincón de su boca, comencé a acariciar suavemente sus senos aun con su vestido puesto mostrándole que la situación estaba mucho más que encendida, ese cuerpo que parecía hecho sólo para complementarse con el mío me volvía loco; Después de haberle despojado su hermoso vestido. Su corset dibujaba muy bien su figura, Sucrette realmente era sensible, ya que solo le daba pequeños besos en la espalda mientras le desabrochaba su corset y ella soltaba gemido tras gemido, después de ver ese hermoso cuerpo por fin desnudo, cada poro de su cuerpo reaccionaba a mis besos. Me acerque a darle otro beso, este duro menos pues mi misión era bajar por ese pecho, el cual ya estaba despierto, esos hermosos pezones eran tan irresistibles que me puse a jugar con ellos. Ella con cada lamida o mordida, gemía, realmente esos gemidos estaban despertando ese animal que está dentro de mí, fui siendo más brusco pasando por su abdomen y llegando a su vientre parándome allí un largo tiempo, donde yo solo observaba que ella quería lo mismo que yo. Sucrette hizo que me recostara y comenzó a desabrochar mis pantalones oscuros, ella palmó suavemente aquella zona que se ahogaba entre mi ropa interior, Sus mejillas estaban ruborizadas, era… tan bella…. Continué besando cada centímetro de su cuerpo, Su piel era suave y cálida, lo contrario a la mía, fría. Puse mis manos en sus piernas bajándolas suavemente al ritmo que mis besos bajaban por su abdomen, Levanté mi mirada y logré ver el rostro de Sucrette, con sus mejillas sonrojadas y su cuerpo remojado en muy poco de sudor. Noté cierta preocupación en el rostro de Sucrette.

-¿Tienes miedo?-Le pregunté subiendo de nuevo en busca de sus labios.

-No, confío en ti-susurró ella volteándome, enfocando su mirada en mis ojos, ella besaba dulcemente pero de una forma muy tímida mi pecho, Saboreando el momento, compartiendo caricias y besos.

Sucrette estaba temblando mientras le quitaba las braguitas, dejándola desnuda ante mi ardiente mirada. Y tembló también al verme desnudo, totalmente excitado, una imagen desconocida, pero fascinante para ella. Era maravilloso, magnífico, y se apretó contra mí, buscando mis labios, tímidamente. Quería complacerla, hacerle feliz, quería que la noche fuese perfecta. Sentí como el miedo desaparecía mientras la besaba y tocándonos por todas partes como dos seres sedientos. Sucrette estaba húmeda de deseo, por lo que me tome mi tiempo, con las manos y boca la hacía experimentar un placer que no sabía que existiera; Cuando por fin me coloco sobre ella, el deseo de hacerla mía era tan profundo que necesitaba ser saciado de inmediato. Sabía que Sucrette era virgen así que no quise ser brusco, abrí lentamente sus piernas, dándoles suaves besos a cada una, subí hacia su rostro de nuevo y besé su cuello mientras mi dedo índice buscaba la entrada a su cuerpo, aquella entrada tan cálida y suave que me podría llevar al cielo en segundos. Mi dedo entró de una manera muy fácil, podía ver a Sucrette mirándome fijamente, soltando uno que otro gemido y ahí fue cuando me di cuenta que no era suficiente, inserté otro dedo y las mejillas de Sucrette se comenzaron a ruborizar y gemía más fuerte cada vez más y más. Quería darle más placer, mostrarle un mundo desconocido para ella, mis labios y mi lengua bajaron por todo su torso en busca de su botón de placer, mi lengua saboreaba su ingle y comenzaba a bajar hasta saborear su parte más sensible, podía escuchar los gemidos de Sucrette, Aquellos gemidos que me motivaban a continuar; Sucrette aun sin dejar de estar sonrojada buscó intensamente mi parte intima, la saboreó, lamió y hasta mordió muy suave, soltaba pequeños gemidos de placer mientras ella lo hacía. "No aguanto más" dije para mí mismo y pose suavemente a Sucrette en la cama, ella cerró los ojos y su cuerpo y el mío, ahora estaban conectados, entré muy suavemente en su cuerpo, Sucrette soltaba gemidos que me llevaban ciertamente al límite del placer. Cada vez salía y entraba más rápido de ella, besando sus pechos. Pude notar que Sucrette estaba cansada, así que paré. Di un último beso en sus labios y me acosté a su lado, poniendo una sábana sobre nosotros, ella estaba acostada boca abajo mientras yo acariciaba su espalda y daba pequeños besos.

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