Disclaimer: Los personajes y situaciones le pertenecen a Hiromu Arakawa, yo sólo los tomé prestados para crear mi historia, sin fines de lucro.

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Un futuro se vislumbra

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(II)

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Quiero que quemes y tritures mi espalda…

¡Qué estás diciendo! ¡No hay forma de que yo pueda…!

Si no puedo reparar esto, al menos evitaré que nazca un nuevo alquimista de la flama. Así los secretos que tiene mi espalda no podrán ser usados —se giró brindándole una mirada llena de seguridad—. Así podré dejar de lado los vínculos con mi padre y con la alquimia, para poder ser sólo Riza Hawkeye.

Él la observó abatido.

Por favor.

Y no pudo negarse más a su petición.

"¿A cuántos más tendré que quemar entonces…?"

Tomaron un camión lleno de militares, el cual los llevaría lejos de aquella ciudad. Las manos de Roy sudaban por la ansiedad de lo que tendría que hacer. La miró de reojo, ella lucía calmada. La máquina que los transportaba se detuvo.

Aquí nos bajamos —mencionó Roy levantándose y guiándola hasta la salida.

Estaban en Ciudad del Este, tomaron una carreta, la cual los llevaría a ese pueblo. No dijeron una palabra durante el trayecto, bajaron para comprar lo necesario para realizar los primeros auxilios y volvieron a subir. Rato después, vislumbraron la casa de Berthold Hawkeye. Ingresaron silenciosamente, todo estaba lleno de polvo y oscuro. Muy oscuro, pero no sabía si esa oscuridad emanaba de sus ojos o era que la misma casa estaba así. Riza abrió las cortinas llenas de telarañas. Se dirigieron a la segunda planta donde estaba su habitación. El colchón viejo estaba cubierto con sábanas de color melón. Le indicó que se quitara la ropa mientras él hacía los preparativos. No entendía cómo había mantenido la calma hasta ese momento. Sus manos y su frente nuevamente comenzaron a sudar. Se puso de pie al verla, pero se giró dándole la espalda, no miraría más de lo que ella le permitiera ver.

Riza Hawkeye se mostró ante él cubriéndose parcialmente sus senos, y se echó boca abajo como aquella vez que le mostró el secreto de su espalda. Y nuevamente estaba con él en aquella cama que había sido suya durante toda su vida. Pero esta vez sería diferente…

Él fijó su mirada a aquel tatuaje puesto en su espalda hermosa y de piel clara. No quería propinarle ningún daño, nunca pensó que algún día tuviera que hacerlo. Pero debía quemársela, dejarle una cicatriz que duraría toda su vida, esas llagas nunca podrían borrarse.

Hawkeye… ¿por qué mejor no vamos a Ciudad del Este? Allí hay mejores doctores que podrán curar tus heridas —finalmente habló sobre su deseo.

No. No quiero levantar ningún tipo de sospechas. Hágalo aquí.

Pero…

Hágalo, Mustang-san. Ya habíamos hablado de esto. Usted sabe cómo realizar los primeros auxilios, así que confío en lo que haga.

Pero no puedo…

Sí puedes. Hazlo, por favor… —dijo de manera informal, como en aquellos tiempos.

Cerró los puños fuertemente clavando sus uñas en sus palmas. Observó aquel guante blanco con ese círculo dibujado, nunca lo había odiado tanto y se lo colocó. Su mirada estaba llena de confusión y abatimiento.

No hagas esto más difícil, sólo hazlo, Mustang-san.

Y sin analizarlo más, lo hizo.

Ella en ningún momento lloró, sólo podía percibir su cuerpo tensarse y retorcerse ante el dolor. Su espalda se recogía y se curvaba hacia adelante, sus manos se cerraban en un puño clavando las uñas en sus palmas haciéndolas sangrar. Su mandíbula se tensó, sus ojos se cerraron fuertemente, las lágrimas de dolor comenzaban a salir, pero ella las detenía con sus dedos. El fuego es un elemento que causa daño permanente en la piel de un ser humano, esas quemaduras jamás podrían ser borradas. Una vez… dos veces… y una tercera y última vez. Tres cicatrices, tres quemaduras infringidas en su espalda…

Quémalo todo —mencionó con voz adolorida.

Es suficiente —respondió cortante quitándose el guante blanco y colocándolo en la pequeña mesa de noche.

¡No lo es! No dejes ni un rastro, no quiero que se vea nada de esto.

¡Es suficiente, Hawkeye! —exclamó—. Con lo que te hice, nadie más podrá saber el secreto de la alquimia de fuego. Borré la parte más importante, así que ya no debes preocuparte.

La mujer de cabellos dorados no respondió.

Ya que la intensidad y la profundidad era ahora parte de su poder, sólo le realizó quemaduras de primer grado, cuidando de que nunca más pudiera verse esa parte del tatuaje.Tomó un par de compresas frías y las colocó encima de las heridas. Esperó un momento, mientras sacaba otras de una cubeta de agua, y las volvía a poner. Finalmente, después de largo rato, hizo que Hawkeye se sentara y la cubrió con varias vendas, aunque el roce de estas provocaban un horrible dolor en su piel. Ella temblaba y sus ojos permanecieron cerrados durante el tiempo que realizó los primeros auxilios. Volvió a echarla boca abajo sobre la cama. Luego, esperó.

El silencio reinó durante mucho tiempo, ambos estaban mejor así, Riza, sin embargo abrió ligeramente los labiosLo lamento… —murmuró.

No digas eso, yo tengo la culpa de esto —replicó rápidamente Roy—. Confiaste en mí y me convertí en un asesino, yo soy el único culpable.

Así era, ella no habría tenido que pasar por aquel dolor de no haber sido por él. Nunca debió haberle dicho de su sueño ni que entraría en la milicia. Debió irse sin decir nada.

Riza se movió un poco, intentando sentarse.

Será mejor que esperes un poco más —mencionó.

Estoy cansada de estar tanto tiempo en esa posición.

No deberías…

Lo lamento... —pronunció en voz baja, su voz se quebró.

Hawkeye… —se dio cuenta que en ese instante de una gota de agua bajando por las mejillas de esa mujer.

Lo lamento… —volvió a repetir. Finalmente dejó salir todo lo que sentía en ese momento. Era la primera vez acabada la guerra de Ishbal que dejaba fluir su sentir. Tantos habían perdido sus vidas, tanta gente inocente, niños, adultos, ancianos, no hubo compasión. Ese no era el sueño que había perseguido, no era el sueño que quería cumplir junto a él. Sin embargo se había manchado las manos con sangre, había cometido ese pecado, le había quitado la vida a mucha gente. Las lágrimas cayeron sobre sus mejillas y se aferró a él.

La sintió temblar, sus lágrimas humedecieron su camisa, pero no atinó a decir nada, ¿qué podía decir para calmarla? Ellos eran cómplices de ese pecado, más adelante serían juzgados por eso…

Lo lamento… —y también lamentaba tener que quebrarse frente a él, tener que llorar frente a él, ella le había regalado su secreto por su propia decisión, había entrado al ejército para seguirlo, para ayudarlo en su sueño idealista, pero ahí estaba haciéndolo sentir culpable. Asió de nuevo fuertemente a su camisa y sintió los brazos de él rodeándola en la parte inferior de su cuerpo, en su cintura, donde no había rastros de las quemaduras.

Sus manos agarraron sus hombros delgados separándola para mirarla. Sus rostros estaban separados a escasos centímetros. El alquimista secó sus lágrimas dándole una ligera caricia. Y sólo obedeciendo a sus instintos la besó.

Esa fue la primera y la última vez que quebrantaron esa ley militar, aunque pensaba que después de aquello, ella no volvería a la milicia.

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Abrió los ojos, en estos momentos viajaba hacia Resembool en el tren. Había sido un sueño. No, no fue un sueño, su mente trajo a la luz aquel recuerdo distante. ¿Cuántos años habían pasado? ¿Diez? ¿Doce?

—¿Está bien, señor? —escuchó la voz de Riza Hawkeye que estaba sentada a su lado observándolo con un rostro de preocupación.

—Eh… sí. Tuve un sueño extraño…

—¿Un sueño?

—No, es… es un recuerdo de hace años —titubeó.

Ella bajó la mirada, intentó decir algo pero el silbato del tren anunciando la llegada la detuvo.

Finalmente se acercaba el día de la boda de Edward y Winry. Habían pedido dos días de franco para poder asistir, sin embargo muchos no pudieron llegar, entre ellos la General Olivier Armstrong ni sus subordinados, Miles ni Falman. Así como el Emperador de Xing, Ling Yao; ni su fiel asistente, Lan Fan. Aunque la pareja de rubios quiso hacer algo muy pequeño, la cantidad de invitados lo evitó.

Winry lucía un hermoso vestido color perla, aún no se notaba casi nada su embarazo, a pesar de que había subido algo de peso. Era un vestido strapless, pegado hasta la cintura que luego se abría en un corte princesa hasta los tobillos. Tenía pequeños adornos brillantes en la parte superior que bajaban curvándose. Su abuela la había ayudado con el peinado y el maquillaje. Llevaba una cola de caballo pero esta vez iba hacia el lado izquierdo de su cabeza, estaba ondulado y caía como cascada por sus hombros. Su maquillaje era espectacular, suave, pero notorio.

Ed, por su parte estaba siendo ayudado por su hermano menor, Al, que había llegado dos días atrás con su acompañante, Mei Chang. Edward le había pedido a él primero ser el padrino de su hijo. Sin embargo, Al se negó aduciendo que era de mala suerte y no sé qué cosas e ideas tontas que oyó en aquel país del oriente. Aunque al principio se molestó, luego lo dejó pasar.

Y ahí estaban nuevamente ambos hermanos juntos en la casa Rockbell, Alphonse intentaba arreglarle la corbata que se encontraba chueca.

—Tranquilízate, hermano. Todo saldrá bien. Luces más nervioso que la novia —le mencionó calmándolo.

—Quisiera que estés en mi lugar para que sepas, Al.

—Todavía no… —respondió girando su cabeza y su mirada hacia la pared de su habitación.

—¿Estás esperando que la chica enana crezca más entonces? ¿eh? —le dijo haciendo avergonzar a su hermano menor.

—No es eso…

—Pues parece que ella se encariñó mucho contigo, si hasta te siguió hasta acá. Claramente le gustas…

—No es que me haya seguido, yo la invité.

—¡Siendo mi boda! —refunfuñó.

—Ya basta, hermano.

—Estás desesperado…

—¡¿Yo?! ¿Es en serio? Mira quién habla… ¿Y tú no pudiste esperar un poco para tener un hijo? —contraatacó, Al.

—¡Cállate, Al!

—¡No, tú hazlo! ¡Siempre eres tan desesperado!

—¡Pues a ti nunca se te acaba la paciencia!

—¡Se me acaba contigo!

—¡Es cierto!

Se miraron con rencor, luego ambos suspiraron y soltaron una carcajada.

—Todo saldrá bien… —replicó finalmente, Al—. Tenemos que hablar mucho al respecto sobre nuestros viajes.

—Sí —murmuró el mayor de los Elric—. Aún me tienes que contar todo lo que descubriste sobre el Rentanjutsu. Y también sobre ti y la chica enana.

—Lo haré, lo haré. Pero primero cásate —dijo riendo.

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Riza Hawkeye se vio en el espejo por última vez. Su vestido era de color granate con dos tiras pequeñas sujetadas a los hombros. No se podía dar el lujo de mostrar su tatuaje y su espalda quemada por lo que optó por cubrírsela con una pequeña chaqueta color negra como sus zapatos. El vestido era escotado, algo que a ella le gustaba, sin embargo sí era corto para sus estándares, le llegaba un poco más arriba de las rodillas, pero eso finalmente no le importó. Debido a que sus cabellos rubios estaban cortos, sólo se colocó un adorno delgado alrededor. Además llevaba poco maquillaje en los ojos y los labios.

Salió de la habitación que le había proporcionado Winry y Pinako para cambiarse, pues sería difícil caminar desde la villa militar en la que todos los militares se habían alojado, ya que quedaba a casi tres kilómetros de la casa Rockbell, y se dirigió a ver a la novia.

Los invitados esperaban impacientes a que todo comenzara. Había arreglado la parte del jardín, colocaron sillas y un toldo para cubrir a los invitados del sol y una pequeña mesa con un mantel blanco en la parte delantera en donde los novios se detendrían para firmar sus votos.

Mustang y sus subordinados se encontraban ubicados en la parte media. Unas sillas más allá paralelamente a ellos se hallaban Gracia y Elicia un poco más grande. A Armstrong lo sentaron detrás para que no obstruyera la vista a los demás, mientras Maria Ross y Denny Brosh lo acompañaban.

Roy esperaba a su teniente que se tardaba demasiado, pero simplemente recordó que ella era la dama de honor. Intentó imaginarse cómo se vería en vestido elegante, nunca había tenido la oportunidad de verla así. Un leve pero pervertido sonrojo cubrió su rostro.

—Cambie esa cara, general. Alguien de la milicia podría verlo y créame que a nadie le gustaría tener a un Führer tan pervertido —habló con sarcasmo su hermosa teniente que se había aparecido repentinamente a su lado, luego se dirigió a los demás subordinados que se encontraban sentados detrás, Kain Fuery, Heymans Breda y Jean Havoc se quedaron estupefactos al verla y empezaron a observarla larga y detenidamente con las bocas bien abiertas—. Y eso va para ustedes también.

Todos retomaron la compostura excepto Roy y Fuery. La verdad nunca habían tenido la oportunidad de ver así a su ahora teniente coronel. La imagen que se apareció frente a ellos era mejor de lo que se imaginaron, Riza era realmente hermosa.

—Con permiso… —y se dirigió hacia la parte de atrás para acompañar a la radiante novia.

Roy la siguió con la mirada, no podía dejar de observarla.

—Me acabo de dar cuenta que la teniente es mujer —habló Havoc en son de broma.

—Por supuesto que es una, idiota —Breda volteó los ojos por el comentario estúpido del teniente.

—Qué maleducado, ella es una mujer hermosa —dijo el chico de lentes que no se había tomado nada bien lo dicho por Havoc.

—¡Silencio! ¡están prohibidos de hablar sobre mi teniente! ¡tampoco la observen tan detenidamente! —Roy Mustang se había girado hacia ellos haciendo el ademán de sacar uno de sus guantes blancos del bolsillo del pantalón.

—¿Por qué, jefe? —el teniente Havoc le dirigió una mirada acusadora—. ¿Estás celoso acaso?

—Calma, calma, no querrás que el general cause un incendio en plena boda. Acero se molestará —Fuery intentó calmar los ánimos.

—Es suficiente, es una orden, sólo quédense callados —y se volvió a girar dirigiendo la vista hacia adelante.

—Es demasiado obvio, ¿no crees? —le susurró a Breda, quien sólo asintió haciendo una mueca parecida a una sonrisa.

—Ya cállense, sólo molestarán al general.

Trío de idiotas, pensó Mustang, como si no pudiera escucharlos. Havoc había visto a través de él, y no era el único, todos lo pensaban ¿tan obvio era? Ellos siempre habían intentado mantener la distancia y la seriedad frente a los demás. Ni siquiera se trataban de manera familiar, pero aún así, al parecer llevaban demasiado tiempo juntos como para fingir distanciamiento. Ellos tenían una confianza implícita y única en cada uno de sus actos, tanto que hasta acero se había dado cuenta. Y sí, había estado celoso. Pensaba que era el único que podía apreciar la belleza de su siempre seria teniente. Y quería ser el único que pudiera observarla de esa manera. ¿Por qué demonios no podía tenerla? ¿ese podría ser su castigo por lo que había hecho en Ishbal? Probablemente sí.

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La boda transcurrió con total normalidad. La felicidad de los novios emanaba por todo el lugar. Edward incluso había besado a Winry larga y tendidamente frente a todos, algo que nunca nadie esperó de él. Para lo que le importó, de todas maneras pronto se enterarían que había tenido algo más que un beso con su ahora flamante esposa.

Las copas comenzaron a sonar y los borrachos empezaron a reír y cantar en las mesas. Los recién casados reían y disfrutaban cada minuto de la noche juntos. De vez en cuando la gente los iba a saludar y felicitar, Alex Louis Armstrong lloraba de la emoción y los abrazaba, siempre intentaban huir de él, aún así no podían evitarlo. A pesar de esos inconvenientes se notaba la felicidad en sus rostros juveniles y apasionados.

Fuery, un poco empujado por el vino, ofreció bailar a su teniente. Riza que estaba sentada en la mesa aceptó de buena manera, a pesar de que era más alta que el joven de gafas. Sí, era seria y responsable, pero no iba a evitar divertirse al menos esa noche. En la mitad del baile fueron interrumpidos por Breda, qué cosas, él también quería bailar con la teniente coronel. Luego llegó Al, que acababa de danzar con Winry, Gracia, María Ross y Elicia. Ed también se ofreció a ser su acompañante.

Havoc hizo lo mismo que los demás, llevándosela hacia el centro de la pista. El ahora teniente primero era un buen bailarín. Riza sonreía por el atrevimiento de sus subordinados, aunque no estuvieran haciendo nada malo.

—Oye, Hawkeye… deberías usar vestido más seguido.

—No empieces, por favor.

Havoc rió fuertemente y acercó un poco su rostro al de la rubia —¿No te resulta gracioso el general? Míralo, para mí que está celoso.

—No digas esas cosas, teniente. Es imposible —sin embargo, no pudo evitar observarlo de reojo.

El general les dedicó a cada uno de sus subordinados una mirada asesina. Quienes huyeron rápidamente a sacar a algunas chicas solteras que vieron unas mesas más allá. Así no tendrían que lidiar con su furioso superior. Su furibunda mirada le recordó a Riza un poco al día en que quiso siniestrar a Barry the Chopper. Sonrió hacia sus adentros.

Ojalá las cosas fueran más sencillas entre ellos. En un instante de distracción ya lo tenía entre ella y el rubio, interrumpiéndolos.

—Toma, teniente, Havoc —habló mostrándole una cajetilla de cigarrillos—. Es mi turno de bailar con mi teniente.

—Adelante, por favor. Ya era hora —respondió tomando los cigarros entre sus manos.

Mustang la tomó de la cintura rápidamente y la atrajo hacia él, en un gesto sumamente íntimo.

—Señor, no creo que sea apropiado…

—¿Y fue inapropiado bailar con todos sus subordinados entonces? ¿Y con el enano y Alphonse? —preguntó acercando un poco más su rostro al de Hawkeye.

—Ellos fueron bastante respetuosos, general.

Ah, maldición… ¿no podría llamarlo por su nombre alguna vez? Incluso estaría contento si le dijera sólo "Mustang".

—Está bien, está bien —replicó aflojando un poco la mano que tenía sobre el cuerpo esbelto de Riza. No perdería esta oportunidad por una idiotez—. Discúlpame, Hawkeye.

La rubia suspiró. Era la primera vez en mucho tiempo que él se sobrepasaba así —No se preocupe ya...

Y continuaron con la danza. Sonó una canción, luego otra, pero ellos no se detenían, simplemente querían seguir disfrutando de esa cercanía disfrazada de baile. Perdieron la noción del tiempo mientras se miraban el uno al otro. Se sentían tan bien así…

—Hawkeye… —susurró muy despacio —¿Por qué no podemos…? —mil imágenes del día prometido se le vinieron a la mente en ese corto instante. La filosa espada cortándole el cuello, el líquido carmesí manchando sus ropas y ella desplomándose en el duro suelo… se odió a sí mismo por haberlo permitido, por haberla descuidado de esa manera, por no haber podido protegerla. La desesperación lo consumía y sin embargo, no podía hacer nada al respecto, se sintió impotente e incapaz. ¿Qué hubiera pasado si ella…? No quería ni pensarlo. La observó una vez más, estaba bien, y bailaba con él, sentía su cuerpo cálido, estaba viva junto a él.

Riza notó su mirada y lo sintió presionando su mano en su espalda con mayor intensidad. No como cuando la atrajo a sí mismo la primera vez de forma posesiva, sino como necesitando su protección, su calor. La canción sonaba lentamente y él colocó su mentón en el hombro de la teniente. Se permitieron un momento así. La fiesta estaba por acabarse y nadie les prestaba atención.

Pero la realidad y las responsabilidades volvieron de nuevo a sus mentes.

—Señor…

—¿Podrías esperarme? No sé cuánto tiempo demore llegar a la cima… prometo no tardar mucho esta vez —susurró casi rozando sus labios con su oído, en un gesto que la estremeció por completo.

Ella no respondió, sabía a lo que él se refería. Para poder convertirla en su mujer, y estar juntos de esa manera…

—Hawkeye… Riza… —su aliento chocaba sutilmente con su piel.

—General, me duelen los pies de tanto bailar —lo alejó cuidadosamente y con absoluta delicadeza—. Quiero ir a sentarme un momento —le brindó una sonrisa llena de ternura.

Él comprendió —Sí, está bien…

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Continuará…

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Notas: Hola, heme aquí de nuevo. Soy de las que creen que ellos jamás han roto la ley de antifraternización, creo que son demasiado profesionales como para hacerlo, aunque hayan tenido ganas, creo que ninguno pasaría esa línea. Pero no puedo asegurar que no lo hayan hecho antes de que él entrara a la milicia, miren que tenía que haberla visto desnuda de la cintura para arriba al estudiar el tatuaje, jaja. Eso me parece super sexy y erótico, no sé por qué. Bueno,tampoco es que sea tan cerrada en el asunto de romper las reglas, pues también me gusta imaginarme que sí lo hacen. De todas maneras hay varias cosas que me parecen raras entre ellos, en dos ocasiones recuerdo haber visto en el manga que ellos se cambian de ropa en frente del otro (no me acuerdo los tomos), una cuando estaban luchando contra Gluttony y otra cuando Roy va a enfrentar a Wrath, de repente en una escena están con una ropa en el carro y en la siguiente con sus trajes militares, ¿se acuerdan?

Bueno, sobre la primera escena, me parece que nunca muestran el lugar donde Roy le quema la espalda. Yo creo que lo hicieron de manera muy privada, primero por el secreto que esconde su tatuaje, no creo que Riza hubiera querido que alguien más lo viera. Tampoco creyera que lo haya hecho en Ishbal. Pero esa es mi idea nomás, tal vez piensen distinto.

El siguiente será el último capítulo, ya lo tengo escrito también.

Les agradezco a Mire2006 y Nya-chanlol por comentar. Y a todos quienes marcan la historia en favoritos y followers.

Gracias por leer, no se olviden de comentar, es muy importante para mí. Es lo que me alimenta como escritora :)

Un beso.