Disclaimer: Los personajes y situaciones le pertenecen a Hiromu Arakawa, yo sólo los tomé prestados para realizar mi historia, sin fines de lucro.
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Un futuro se vislumbra
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(III)
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La noche se había mostrado con unas pocas estrellas alumbrando el raso cielo. Los flamantes esposos se habían retirado a seguir disfrutando de su luna de miel, la que habían empezado hace tiempo ya. Winry le había dado secretamente el ramo a Riza antes de que el baile empezara, al principio no quiso aceptarlo, pero tuvo que hacerlo ante la insistencia de la joven. Sólo lo tuvo un momento en sus manos y estando sola lo dejó en un pequeño árbol cerca, un árbol con flores blancas como las del ramo. Sacó flor por flor y la colocó en toda la extensión. Se guardó en su cartera la pequeña cinta granate que adornaba el ramo y pidió un deseo hacia el cielo. Por eso su rostro sonreía.
Las chicas de la fiesta pensaron que la novia se había olvidado de lanzar el famoso ramo, lo atribuyeron a que estaba demasiado contenta con su nuevo marido, así que una a una se fue retirando con desilusión. Los invitados poco a poco también comenzaron a irse. Havoc, Breda y Fuery con caras decepcionadas volvieron a la mesa, ninguna chica les había hecho caso. Pero sí se habían maravillado de los músculos de Armstrong… ¿qué les sucedía? Las pueblerinas buscaban lo contrario a las chicas citadinas.
—Qué mal gusto que tienen… —farfulló Havoc molesto colocándose un cigarrillo en la boca. Miró de reojo a la mesa donde el mayor continuaba enseñando su torso desnudo y se tapó los oídos ante los gritos de aquellas muchachas—. Ni siquiera Rebecca está acá para divertirnos… —murmuró un poco más para él mismo.
—Es una lástima… —Heymans Breda suspiró cansinamente—. ¡Oh! Al menos aquí tenemos otra opción —se alegró al ver una botella de vino intacta en la mesa de Gracia y Elicia, la cual por supuesto, habían dejado—, ¡¿quién se apunta?!
—¡Bah! Qué más da… yo lo haré —se acercó a él para ayudarle a abrirla.
—Creo que yo me voy a dormir —Fuery se sacó las gafas para frotarse los ojos. Estaba cansado, tampoco tenía ganas de soportar a esos dos, especialmente cuando bebían, ya que lloraban y gritaban juntos lamentando su soltería.
—Creo que yo también me voy —Riza que hacía un rato se había sentado en la mesa junto a su general, había escuchado toda la conversación y se unió al sargento en su huída. Esta noche sí tenía que volver a la villa militar también, pues al día siguiente tendrían que salir en el primer tren. Observó a su general de reojo, el cual había tratado de evitar su mirada en todo momento, tal vez arrepintiéndose de sus palabras. Pero ella no nombraría nada al respecto. Ambos se habían dedicado a observar las estrellas en silencio después de bailar tanto.
—Voy con ustedes —Mustang bostezó y se puso de pie siguiéndolos.
—¡Qué aburridos! —exclamaron juntos Breda y Havoc, siguiendo con su tarea de empezar a beber.
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Los tres habían comenzado a caminar en silencio. Por momentos alguno hacía un comentario casual sobre la fiesta o los novios, pero nuevamente volvían a callarse. El sonido de la música iba disminuyendo conforme avanzaban y la oscuridad iba haciéndose presente.
—¿Qué sucede? —Roy giró su rostro al ver que su teniente se había detenido de repente.
—Nada… sólo me quitaba los zapatos —dio un paso descalza, no estaba demasiado acostumbrada a ese tipo de tacones, eran muy altos para lo que generalmente usaba. Además que había bailado durante toda la tarde, obviamente sentía que quería deshacerse de sus zapatos.
—¿Te molestan mucho? —se acercó lentamente a ella—. Porque si lo hace, puedo llevarte en mi espalda.
—No es necesario. Estoy bien, señor —respondió con voz de regaño.
Los labios delgados del general se curvaron en una sonrisa.
—¿Qué sucede?
—Nada, sólo sabía que dirías algo así.
—Entonces mejor no hubiera dicho nada ¿verdad, general?
—Valía la pena intentarlo al menos —encogió los hombros y le dio una mirada de reojo. Su teniente curvaba una casi imperceptible sonrisa.
Siguieron caminando en silencio, el sonido de la hierba de sus pisadas y unos cantos de grillos los acompañaban.
—Teniente... ¿ya tomó una decisión? —dijo de pronto en tono formal.
Riza se sorprendió ante la pregunta tan directa de su general. ¿No estaba preguntándole sobre lo que hablaron en el baile? ¿O si? —¿A-a qué se refiere? —titubeó.
Él se giró a verla, por primera vez ella estaba malinterpretando las cosas. Sonrió hacia sus adentros —Me refiero a la propuesta que nos hicieron, acero y su esposa. A ser padrinos de su primogénito —Roy no quiso ahondar más en el asunto, todavía no era el momento adecuado de hablar respecto a lo que dijo en la fiesta.
El cuerpo de la rubia se destensó por completo y lanzó un largo suspiro —Aún no lo sé...
—Creo que deberíamos aceptar. No es un gran asunto de todas formas —mencionó con voz relajada—. No creo que tenga nada de malo.
Ella lo pensó un momento y luego asintió segura —Sí, creo que sí.
—Mañana les mandaremos una misiva desde Ciudad del Este entonces.
—¿Y por qué no decirles ahora?
—¿Piensa regresar? Si mal no recuerdo, le duelen sus pies...
Riza volteó molesta, pero pronto volvió a suavizar sus facciones —Sí, será mejor —respondió finalmente. De pronto, se percató que alguien ya no los acompañaba —¿Y el sargento Fuery? —preguntó de pronto mirando hacia ambos lados.
—Se fue hace un momento —el joven de gafas había desaparecido de su vista, a pesar de que aún quedaba al menos un kilómetro y medio de recorrido para llegar a la pequeña villa en la que se habían alojado todos los militares. Al parecer había corrido velozmente—. Supongo que no quería interrumpir.
—Señor, ya no haga esas bromas —lo reprendió.
—¿Acaso no piensas lo mismo?
Por supuesto que pensaba igual, el joven de gafas se había ido porque se habría sentido incómodo con la pequeña conversación que había tenido con Roy, a pesar de que no tenía por qué estarlo. Aún así, ya no era una sorpresa para ella el que todo el mundo sospechara de su relación con Mustang, ya se había resignado hace tiempo. No le importaba lo que los demás pensaran, y si querían importunarlos, tampoco podrían probar nada pues siempre habían sido profesionales al respecto, así que ya no se preocupaba. Pero eso era algo que jamás admitiría frente a él. Súbitamente recordó el día que habían hecho aquel compromiso.
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—¿Así que pretende engañarse a sí misma y seguir ensuciándose las manos?
—Correcto. Nosotros los soldados debemos ser los únicos que debemos ensuciarnos las manos y derramar sangre. Debe ser suficiente que sólo nosotros pasemos por algo como lo de Ishbal. Como los alquimistas dicen, la verdad de este mundo debe ser mostrada a través del intercambio equivalente. Así que la nueva generación que nacerá, podrá disfrutar de la felicidad. Para pagar ese costo, tendremos que cargar con cadáveres y cruzar un río de sangre —esas habían sido sus duras palabras. El pasado estaría siempre allí guardado en su memoria y no cambiaría. La única vez que se quebró lo hizo ante la presencia de ese hombre, pero ya no volvería a hacerlo, llorar sobre la leche derramada ya no era una opción para ella. Ni para él. Así que apuntaría hacia el futuro, uno que todavía estaba en sus manos.
Roy nunca se imaginó volverla a ver en aquellas instalaciones, no después de lo de Ishbal. Pero ahí estaba, aquella fuerte mujer. Se puso de pie y exclamó con voz seria y formal —Estoy pensando en recomendarla como mi asistente. Quiero que me cuide la espalda, ¿entiende? Confiarle mi espalda significa que usted podrá dispararme desde atrás en cualquier momento. Si me salgo del camino dispáreme y máteme con esas manos, le doy permiso para hacer eso. ¿Me seguirá? —quería confiarle su vida a esa mujer, lo deseaba. Ambos habían cometido el mismo pecado y habían sido partícipes de aquella masacre. Y también sabía que compartían el mismo sueño idealista. No encontraría jamás a alguien como ella. Sabía que nunca lo dejaría salirse de su camino, sabía que lo protegería con su vida, después de todo así era Riza Hawkeye.
Y no se equivocó.
—Entendido. Si ese es su deseo, entonces lo seguiré hasta el infierno.
Y ahí fue cuando realizaron aquel pacto.
Riza giró la manija de la puerta para retirarse, sin embargo se detuvo antes de hacerlo y sólo mencionó —Mustang-san… —se permitió llamarlo así por última vez—. Entonces a partir de hoy, tú y yo sólo seremos parte de la milicia. Sólo serás mi superior y yo tu subordinada.
Él la miró sorprendido.
—Para que puedas alcanzar la cima…
—¿Hawkeye?…
—Sólo así… —dudó un poco—, puedo permanecer a tu lado. Es nuestro deber nunca romper ninguna ley marcial —aspiró un poco de aire y mencionó con mayor seguridad—. Por eso, voy a convertir tu sueño en el mío también. Es mi meta de ahora en adelante el verte convertido en el líder de este país. Será mi satisfacción al igual que la tuy… que la de usted —se corrigió.
Mustang sonrió —Sí, subteniente Hawkeye.
—Buenas tardes, Teniente Coronel Mustang —se despidió formalmente y salió por la puerta.
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—¿Teniente Hawkeye? —preguntó una vez más acercándose peligrosamente a Riza.
No había un alma alrededor, sólo se divisaban las luces de algunas casas a lo lejos. El brillo de la luna y las estrellas alrededor alumbraban su camino.
Volvió rápidamente de su estado de ensimismamiento, cuando se dio cuenta tenía al general a un palmo de distancia mirándola con vehemencia, lo cual, la hizo retroceder por instinto. Aún tenía el recuerdo de sus brazos rodeándola mientras se movían al vaivén de la música. Y tenía en su oído la sensación de su aliento cálido…
Roy notó sus mejillas ligeramente sonrosadas y hasta ahí llegó su autocontrol. No supo en qué momento, ni cómo y en un instante ya la había rodeado con sus brazos. Ella no opuso ninguna resistencia, pero tampoco correspondió, los zapatos cayeron de sus manos en ese instante, mientras sus hombros se tensaban.
—¿Señor…? —murmuró con la voz ahogada.
—Sólo… un momento… Sólo por esta vez… no hay nadie alrededor… —sintió nuevamente el aliento cálido de él en su oído.
Riza intentó resistirse con un leve movimiento hacia atrás, pero no fue lo suficientemente fuerte para alejarlo. Y sólo se dejó hacer, sabía que no debía, no quería romper las leyes de la milicia, nunca lo habían hecho. No quería ser una carga ni un impedimento para su objetivo, aún así tampoco pudo con su autocontrol. Era algo que había estado esperando tanto tiempo atrás, era como un vaso que acababa de llenarse e iba a rebalsar. Ninguno podía más con esa situación.
—El día prometido, tú me dejaste hacerlo… —susurró mientras reafirmaba el abrazo. Era cierto, pero también era una situación diferente. Ella estaba herida y él sólo la había tomado entre sus brazos de forma impulsiva. Sin ni siquiera darse cuenta de que los observaban.
Después de verla tan cerca de la muerte… esa vez supo que los sentimientos que la unían a ella iban más allá de todo, más allá del mutuo respeto, más allá que la amistad, incluso iban más allá de ese profundo amor. Tuvo la certeza de que quería permanecer a su lado, no como su superior, no como su amigo, no como su amante, no sabía cómo, pero la quería para él por el resto de su vida. Sabía que no debía, sabía que eso entorpecería cualquier plan, pero no le importó.
Ella finalmente levantó sus brazos y los colocó en su espalda ancha. Estuvieron un largo rato así, sólo sintiendo el calor que emanaba del otro. Ella sintió sus brazos fuertes y él los suyos protegiéndolo como siempre lo había hecho. Pronto se separaron, pero sin romper el abrazo se observaron fijamente. Roy levantó su mano derecha y le brindó una leve caricia en su mejilla y se acercó.
—Permítemelo, sólo esta única vez… —su dedo pulgar viajó hasta su labio inferior. Su aliento chocaba con el suyo. Sólo un roce, tal vez algo más, quería probar sus labios en ese instante. Ella no estaba resistiéndose…
Pero la mano de Hawkeye lo detuvo. Tapó su rostro con ella y lo empujó levemente hacia atrás. Bajó la cabeza tímidamente, mientras seguía tocando su nariz, sus mejillas y parte de su boca.
—Lo siento…
No podían…
Él suspiró entrecortadamente. La rubia retiró su mano y dio un paso hacia un costado. Levantó sus zapatos negros y pasó al lado de él sin mirarlo.
—Debemos irnos.
—Hawkeye…
Ella detuvo sus pasos por un momento —No diga más, general. Así son las cosas, así deben ser —su voz no mostraba enojo ni seriedad. Era suave, pero sincera. Reanudó su marcha.
—Lo lamento… —expresó con calma y vio la espalda de ella relajarse en señal de resignación.
—Tampoco hay nada que lamentar… —dio unos pasos más para volver a detenerse. No, no había nada que lamentar, no habían hecho nada malo. Sólo un abrazo, eso no era nada.
Sin embargo ella lo quería… lo deseaba… ese algo que faltaba.
Quizá sólo por una vez…
Una única vez…
Sus dedos se encogieron y formaron un puño. Roy continuaba observándola. ¿Por qué no decía ya nada? ¿Por qué no empezaba a caminar de nuevo? Así sólo podría seguirla sin tener que verla a la cara.
Sólo una vez…
Estuvo a punto de dar un paso cuando vio a su teniente girarse e ir rápidamente hacia él. Y tomándolo completamente desprevenido puso la mano en su nuca atrayéndolo hacia ella.
Ella nunca actuaba por impulso, sin embargo esta vez no pudo evitarlo. Tiró sus zapatos a un lado y con pasos firmes y decididos se acercó a él y poniendo su mano derecha segura en su cabeza, lo acercó hacia su persona, hacia sus labios.
Sus bocas se golpearon de manera brusca y determinada, Roy podía sentir sus labios tensos moviéndose alrededor de los suyos con avidez. Nunca en su vida se habría imaginado una situación así. Siempre era él quien tomaba la iniciativa, aunque sólo contaba esas dos únicas veces en la que aún eran jóvenes y no tenían que preocuparse por alcanzar sus objetivos como ahora. Cerró sus ojos para corresponder el gesto apasionado.
Lo sintió tomarla de la cintura, aproximando su cuerpo al suyo. Abrió sus labios deseosamente para sentirlo con mayor ímpetu. Él hizo lo mismo, explorándola, entremezclando sus alientos, sintiéndose cada vez más cerca el uno del otro, probando cada parte de sus labios suaves y su boca. Sus brazos recorrían su cuerpo con pasión. Sólo la luna era testigo de aquello.
Sin embargo, había llegado el momento de detenerse antes de que desearan algo más. Le regaló pequeños roces en sus labios. Y finalizó todo con un corto y suave beso.
—Riza… —habló finalmente.
—Es… suficiente… —dijo ella, aún intentado recuperar el aliento. Puso ambas manos en las mejillas de Roy, acariciándolo y observando cada facción, cada detalle de su rostro aniñado pero contradictoriamente varonil. Y le sonrió. Lentamente se fue separando de él, y recogiendo nuevamente sus zapatos volvió al camino.
—Cuando por fin llegue a mi objetivo, creo que finalmente nosotros podremos… —habló el alquimista.
—Primero preocúpese por conseguir su meta. No sabemos qué pueda pasar más adelante y… —replicó volviendo a la realidad.
—Me esperarás, ¿verdad? —exclamó interrumpiéndola. Mustang no se había movido de su sitio y la observaba maravillado. Se sentía mareado, ebrio, no sabía que a su edad aún podía experimentar ese tipo de sensaciones. Esa mujer lo volvía loco.
Riza se detuvo como tantas veces había hecho esa noche. Dio un pequeño suspiro y sus labios, aún hinchados y enrojecidos, se curvaron en una sonrisa.
—Tal vez… pero por ahora usted es mi general y yo soy sólo su teniente —respondió reanudando su caminata nuevamente.
Roy cerró los ojos y sonrió. Sí, ella había dicho "tal vez". Nunca sonsacaría una respuesta afirmativa de su teniente en aquellas cuestiones de índole privada. Pero esas palabras habían significado un certero "sí" para él. Por ahora lo dejaría así.
El resto del camino transcurrió silenciosamente. Finalmente llegaron a la pequeña villa militar.
Ella colocó su mano derecha en su sien realizando el conocido saludo.
—Buenas noches, general.
—Hasta mañana, teniente coronel Hawkeye —expresó haciendo el mismo gesto. La vio entrar y se quedó un largo rato de pie frente a esa puerta de madera con la cara anonadada y feliz.
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Riza entró a la pequeña habitación donde se encontraba alojada y se apoyó en la puerta, rozando sus labios con sus dedos.
No sabía si volverían a hacerlo, probablemente sí. A pesar de que él hasta ese día no había intentado nada parecido. Aunque su corazón le pedía a gritos su cercanía, ellos siempre se habían mantenido al margen de todo, ocultando esas emociones, prometiéndose a sí mismos nunca dejarse llevar. Pero ya habían dado ese paso a pesar de todo lo que implicaba. Tal vez si nadie los viera, tal vez si se ocultaran un poco. Se dio un leve golpe con su palma en la sien por haber reconsiderado el hecho, porque si volvía a besarlo, la próxima vez es posible que no pudieran controlarse y eso era extremadamente peligroso.
Cerró los ojos intentando rememorar el hecho y lentamente fue sentándose en aquel piso de madera envolviendo sus brazos en sus rodillas y agachando ligeramente la cabeza.
"Me esperarás, ¿verdad?"
Las palabras de Roy Mustang resonaron en su mente.
¿Lo esperaría realmente hasta cumplir su objetivo?
¿Y qué sucedería cuando Amestris fuera convertida en una democracia? Seguramente ellos serían juzgados por sus pecados. Después de todo, un héroe de guerra se convierte en un asesino en tiempos de paz.
A pesar de todo, esperarlo era una idea alentadora. Quería convencerse de que quizás, serían perdonados por todo lo que habían hecho. Y tal vez todo lo que habrían pasado después de Ishbal; los homúnculos, la muerte de todas aquellas personas importantes y valiosas; más el día prometido, era suficiente sufrimiento para ellos. Y finalmente, el estar prohibidos de amarse era el castigo final que estaban recibiendo.
El tiempo se encargaría de hacérselo saber. Por eso seguiría viviendo por su sueño y lo ayudaría hasta el final para alcanzarlo. Un sueño que también era suyo.
Pero antes, sólo se detendría a disfrutar un poco más de ese recuerdo, aún podía sentir sus brazos cálidos sobre su cuerpo y sus labios deseosos fundiéndose con los suyos.
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Fin.
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Notas: Bueno, finalmente aquí está el tercer y último capítulo. Me gustó mucho escribir este fic. Ya lo había dicho en otra ocasión, pero esta es una pareja que me encanta. Siento que se podrían escribir mil cosas sobre ellos.
Bueno, quería dejarles mi impresión sobre Riza. Ella me parece muy cálida en realidad, yo había leído por allí, que la ven tan seria, tan apegada a las normas, tan rígida, tan maniática del orden, hasta algo irritable, etc. Sin embargo creo que esa es la impresión que causa el primer anime (en la que la cambiaron en su totalidad, igual que a Roy, aunque sea algo mujeriego, yo creo que es una fachada más creada por él mismo, aunque también el cuerpo tiene sus necesidades, por lo tanto, al no poder tener a Riza, pienso que buscaría a alguna chica como un hombre de su edad, lo mismo va para ella). Aunque sí me parece bastante apegada a las normas y profesional en todo sentido, no creo que sea tan rígida en su pensamiento, creo que no se haría mucho de rogar si Roy se le acercara un poco. De hecho, creo que es una mujer enamorada. Y sonríe mucho también, siempre está brindándole a él miradas, incluso de coquetería. Es por eso que su relación con él es tan implícita, me gusta cómo bromean entre ellos, pero siempre la broma termina en buenos términos, ya saben sonriéndose el uno al otro. También me parece que sí se quebraría ante él así como él lo hace con ella, ambos comparten tanta confianza y se conocen bastante bien. Esa es la impresión que me dejó el manga. No sé a ustedes.
Otra cosa es que sí parece que ambos cargaran con mucha culpa y creo que eso es lo que no les permite ser felices en su totalidad o que vayan a aceptar más adelante su castigo, así sea sacrificándose ellos mismos y su relación. Creo que eso es más que todo lo que les impide estar juntos.
En fin, ya no los aburro más, gracias por escuchar también mis desvaríos Royai, jeje.
Gracias también a todas las personas que acompañaron este fic: Mire2006, Nya-chalol, Misao. Aino, Diana Carolina y Fandita-lp. A las personas que ponen alertas y favoritos y no comentan también. Les agradezco por tomarse su tiempo.
Un beso.
