Desde el diario de Makoto Kido

~ El reflejo en el espejo ~

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¿Quién es quién veo ahí?
Su mirar fijo en mi…
Y que en mi reflejo no reconocí.

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Los días siguientes, la rutina había regresado. Con normalidad, acostumbrado a que en su casa se vivía día a día…

Día a día.

Su madre los llamó pasada las siete treinta, apremiándolos a vestirse, preparar sus cosas y, finalmente desayunar. Makoto se removió incómodo antes de seguir los pasos de su gemelo qué, al segundo llamado, estaba arriba.

Se pregunto sí Kazuma utilizaba la voz de su madre como una alarma, Makoto no podía estar seguro.

—Ya voy —musitó, desperezándose y bostezando.

Eso de dormir a intervalos no parecía ayudarle con el insomnio.

Se levantó tras un tercer (o cuarto) llamado de Mariko, y finalmente, se dirigió hacia el cuarto de baño. Envidió, en el trayecto, a Bukamon y Crabmon, qué continuaban durmiendo. Incluso tuvo la tentación de despertarlos, pero decidió qué era más importante alistarse y desayunar.

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Al llegar al umbral de la puerta, Makoto vio a su madre peinando a Kazuma. Su hermano protestaba, como siempre, pero terminaba cediendo.

—A la mesa, Makoto —dijo su madre, sin mirarlo durante más de un segundo.

Obedeció y se sentó frente a su desayuno. Entendía qué su madre tuviese obsesión por la primera comida del día pero exageraba un poco en ese aspecto. En la mesa había una jarra de jugo de naranja. Y Makoto sabía qué era exprimido, una bandeja llena de tostadas con mermelada, una caja de cereales -por sí querían agregarle al gran vaso de yogurt- y café. Bien, el café era para ella y para su padre quién, otra vez, se había marchado temprano y no estaba sentado en el extremo de la mesa.

—¡Ya basta, mamá! —Se quejó Kazuma, sacudiendo la cabeza. —Quiero desayunar.

—Sólo me falta el flequillo, Kazuma.

Makoto agradeció a su mata de pelo porque él, a diferencia de Kazuma, tenía mechones rebeldes qué no obedecían a los peinados de su madre. Por eso, Mariko se limitaba a negar con él rostro cuando intentaba ganar la lucha contra su insurrecto cabello azul.

Ese día, sin embargo, algo era diferente.

—Péinate, Makoto.

—Lo hice...

Mariko le tendió el peine, sin decir nada. Sus ojos lo atravesaron. Makoto frunció el ceño, sintiéndose ligeramente incómodo.

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Séptima entrada

Septiembre, 28.

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¡Lo siento! ¡Lo siento!

Estos últimos días han sido tan extraños qué me he olvidado por completo de escribir.

¿Novedades? Pues . Estoy castigado hasta nuevo aviso.

¿Y lo peor de todo? No fue mi culpa, yo no hice nada, aunque nadie lo cree. Ni siquiera Kazuma.

Es por eso qué no hablamos…

Ayer en el colegio sucedió algo muy extraño. Mientras estaba en el salón de clases, me pareció que el aula se llenaba de agua y todo a mí alrededor desaparecía. Hacía frío y estaba muy oscuro, pero eso no era lo más preocupante.

Las mariposas negras de mis sueños se presentaron en mi clase.

O, mejor dicho, mis sueños se presentaron en mi clase. Debo admitir que no puedo precisar en qué momento me quedé dormido, pero no es mi culpa. No duermo por las noches, en algún momento tengo que descansar.

Sí, también sé que no debería haberme dormido en clase. No pude evitarlo.

Además…

Mamá está enfadada conmigo desde el otro día, porque me ofrecieron participar del club de computación.

Fue gracias a mi primo, Tensho, quién sabe cuánto me gustan las computadoras. Podría decirse qué es, más que nada, gracias a Reiko qué heredó de tía Miyako todo lo qué sabe y me lo enseña cuando se lo pido —hace muecas y se queja, pero termina ayudándomesin importar el tiempo que lleve.

De todas formas, la pregunta es ¿por qué mi mamá se enfada?

No estoy seguro, pero creo —creoqué es porque ella quería qué estuviese en otro club.

Además, Kazuma no ha sido invitado y ella no entiende por qué no. Yo tengo peores notas qué él, a sus ojos y aunque no son tan malas en mi opinión, y soy invitado a formar parte de un club.

Eso me molesta, ¿sólo porque somos gemelos tenemos qué hacer todo igual?

Somos dos personas completamente distintas, no tenemos porque ser tratados como una sola.

Aunque, en tal caso, yo sería parte de Kazuma, porque mamá siempre lo ha preferido a él.

Yo lo sé.

Siempre lo ha preferido. Siempre.

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—Mako —Crabmon lo llamó y el hijo menor de Jou se giró, para mirar a su compañero —¿Estás bien? Llevas resoplando largo tiempo.

—Sí —Susurró, en respuesta a su digimon —No te preocupes, estoy… —Comenzó, pero se quedó sin saber muy bien que decir.

—¿Haciendo tarea? —Cuestionó Crabmon, y Makoto asintió, sin decir palabras.

Esa era una de las cosas que más le gustaba de Crabmon, a diferencia de Bukamon, no necesitaba saber lo que estaba haciendo a cada momento. Se limitaba a jugar, a estar en su mundo, a… dormir. Justo como él.

Había sido en una competencia que su Coelamon digievolucionó en Crabmon, siendo el segundo digimon en alcanzar el nivel novato a temprana edad.

El Nyaramon de Koichi había digievolucionado antes en un Salamon.

Recordaba que aquella tarde habían estado en el digimundo, y entonces un digimon se salió de control. Habían estado ellos y los mellizos Takaishi un poco más alejados de los demás —nada fuera de lo común—cuando ese digimon los atacó. No recordaba su nombre, así que carecía de importancia. Nyaramon se interpuso cuando a Tokomon lo atacaron y quedó inconsciente, entonces, sorprendentemente digievolucionó.

Coelamon siguió sus pasos.

Salamon y Crabmon, sin embargo, eran apenas dos digimons novatos, así que quedaron malheridos y ellos, Koichi y él, habían corrido a socorrerlos…

Y no podía recordar mucho más. Por alguna razón, algún motivo desconocido, no sabía que había sucedido después.

Esa había sido la primera vez que vio las mariposas, a principio de ese mismo año.

Luego habían llegado las pesadillas…

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Octava entrada

(continuación)

¿Sabes? Acabo de recordar algo que antes no le había dado importancia.

Mi Coelamon digievolucionó hace más de siete meses. Recuerdo que habíamos decidido pasar el final del año en el Digimundo, algo que hacíamos a menudo. (Creo que la costumbre se originó en el 2003) y el primero de enero, cuando volvíamos a estar allí, sucedió algo muy extraño.

Koichi, Tsubasa, Kazuma y yo nos alejamos de los demás —que estaban preparando la comida, o simplemente distraído en otras actividadespara competir entre nosotros.

Tsubasa generalmente es quien se enfrenta a Kazuma, lo que me deja a mí, enfrentarme a Koichi. Es difícil hacerlo, porque Koichi es un gran deportista y yo tengo dos pies izquierdos.

Sin embargo, Tsubasa y Kazuma tienen otros métodos de pelea, hacen una competencia sobre quien puede leer más libros. El rubio piensa que mi hermano es un obseso con los libros de tío Takeru. La serie se llama Crónicas del Digimundo, y narra los relatos que ellos, nuestros padres, vivieron en el digimundo cuando eran unos pequeños.

Creo que podría considerarse uno de los clásicos que se leen en todas las casas en esta época. Mi madre dice que está a la altura de los grandes clásicos infantiles, especialmente. Como la bella durmiente o cenicienta. ¿Qué clase de nombre es Cenicienta, a todo esto?

Pero me fui de tema. Estaba hablando de la digievolución de Coelamon. Ese día nos atacó un digimon, y mi hermano fue a buscar a los adultos, cuando nos quedamos indefensos —atacó a nuestros amigos digimon—

Allí vi las mariposas negras por primera vez.

Entonces todo se vuelve borroso.

Lo siguiente que recuerdo es la cara de mi padre, diciéndome que me había desmayado.

Después de eso, empecé a tener esos sueños extraños.

Tsubasa, Koichi y yo no volvimos a alejarnos tanto del grupo nunca más. De hecho, hace mucho tiempo que no paso demasiado tiempo con ellos. Están… Distantes. ¿O acaso soy yo el que se distancia?

¿Puede ser que el problema sea mío?

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—¿Mako? —lo llamó, entonces, la voz de su hermano. —¿Sigues enfadado conmigo?

Makoto suspiró largamente, cerró el cuaderno, y lo escondió entre sus brazos, antes de devolverle la mirada a Kazuma.

—¿Tu qué crees? —dudó, seriamente —No me molesta que no me hayas defendido en el salón, porque no tenías porqué hacerlo. Pero el castigo de mamá no es por eso, y no dijiste nada. Sabes que lo que sucedió no fue mi culpa

—Anoche apareciste en la computadora de mamá, y luego, los archivos aparecieron borrados.

—¡Te dije que no se cómo llegué a la computadora!

—Quizás eres sonámbulo

—Gracias por la ayuda, Kazuma —musitó, y se arrojó en su cama, mientras guardaba disimuladamente el diario bajo la almohada. Cuando Kazuma se durmiera, lo dejaría, nuevamente en el lugar secreto.

—Lamento no haberte defendido.

—También yo —masculló, y le dio la espalda a su hermano. Lo que más le molestaba de Kazuma era que, cuando más quería su ayuda, se la negaba. Sabía que el despistado nunca se enteraba de nada, pero aun así le molestaba.

Kazuma, aunque Makoto lo necesitase, nunca sería…

Kazuma nunca elegiría…

Makoto estaba… solo.

—¿Por qué estás tan enfadado? —Cuestionó Kazuma, sentándose sobre su colchón y mirando la espalda de su hermano. Había encendido la luz de su velador, que estaba en la mesa de luz contigua a la de Makoto.

—Porque a veces, Kazuma, no actúas como si fueses mi hermano.

Uh.

—¡Siempre actúo como tu hermano!

Makoto se dio vuelta y sus ojos negros se enfrentaron a los de su hermano. —Yo no lo veo así. Quizás me guste la competencia, pero no soy el enemigo.

Kazuma miró a su hermano, con el ceño fruncido, cavilando las palabras del menor.

—Mako… —Kazuma tomó la cadena de colgante plateado y se la enseñó a Makoto —¿Mako y Kazuma, recuerdas? Soy tu hermano, lo siento.

—No estoy enfadado solo por eso.

—No tengo la culpa de las reacciones de mamá.

—Y yo tampoco. ¿Por qué tengo que lidiar yo con ellas? —cuestionó retóricamente, se volvió a girar—. Apaga la luz, quiero dormir.

—¿Quieres que diga que soy un mal hermano?

—Quiero dormir.

—Lo siento, soy un mal hermano.

—Kazuma, hoy estoy de mal humor. Sea lo que sea que digas, no ayudará, déjame dormir, por favor.

La luz que estaba a sus espaldas se apagó.

No podía sentirse mal por estar enfadado, sabía que tenía razón. Sabía que no tenía que enfadarse por la actitud de su madre, o, si tenía que hacerlo pero no con su hermano. Pero, a veces, era tan frustrante. Era como vivir creciendo como una sombra.

Kazuma es un gran niño…

Kazuma es muy amable…

Kazuma es tan inteligente…

¿Quién recordaba a Makoto, el menor, el gemelo?

Eso es lo que más le molestaba, parecía que, como eran gemelos, era más fácil compararlos, más fácil hacer que se sintiese peor, más fácil…

Escuchó, a lo lejos, las voces de Bukamon y Crabmon, la respiración suave de Kazuma y percibió el movimiento de las cortinas de la ventana.

Cerró los ojos, decidido y se perdió en el mundo de los sueños.

Era más fácil así.

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Novena entrada

Octubre, 4.

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Había niebla en los rincones, una densa niebla que lo cubría todo, menos a mí. No podía ver nada, pero estaba solo.

Eso era algo seguro.

Una voz repetía mi nombre, una y otra vez. Era una voz arrulladora, aunque a la vez, daba escalofríos. Mis pies me guiaban como si supieran el camino que recorrían y caminé entre la niebla…

Y, entonces, lo vi.

Había allí un espejo. Un espejo enorme, con un marco dorado, brillante. No podía ver mi reflejo porque estaba dado vuelta, enfocaba otro sector, por lo que caminé hacia el espejo.

No sabía exactamente lo que hacía, ni por qué me sentía asustado.

Hasta que mi reflejo se rió.

¿Era mi reflejo? Eso creo, aunque tenía el cabello azul, de un azul desvaído, opaco que nada tenía del vivaz color que lo caracterizaba. Los ojos de un negro profundo, como el azabache, rodeado de sobras que delataban cansancio y pupilas que carecían de emociones, pero cubiertos por sus gruesas gafas. La piel grisácea, enfermiza, y los labios secos.

Junto a mí, había una sombra gigantesca que sujetaba mi brazo con sus afiladas garras plateadas. Las mismas garras que se hundieron en mi brazo, cuando forcejeé, para liberarme de su agarre.

Sin embargo, eso no fue lo que más me preocupó de mi pesadilla.

Lo que me preocupó, en verdad, es que cuando desperté, una mancha de sangre cubría mi camiseta.

Y la herida de mi brazo también estaba allí.