Hola~
Bien, aquí el segundo capítulo. Es un capítulo bastante largo, aunque tal vez parezca algo aburrido.
Narra Midorikawa
.
.
—Ryuuji-kun, es hora de levantarse —escuché la suave voz de mi madre que abría las cortinas de mi ventana, mientras yo me cubría completamente con mis mantas para evitar que el sol me diera en la cara—. Anda, vamos, apenas es martes, cariño.
—Tengo sueño, mami —gruñí bajo las sábanas y oí su risa—. ¡Cinco minutos más!
—Como quieras, mi cielo —escuché que salía de mi habitación—, pero si no te apresuras, tu papá se comerá tu desayuno.
Al escuchar que mi delicioso desayuno estaba en peligro, me levanté de la cama de un salto. Luego de ir al baño, me puse rápidamente el uniforme del Raimon. Bajé al comedor a toda prisa, sentándome en mi lugar al mismo tiempo que mi padre en el suyo.
—Buenos días, Ryuuji-kun —saludó mi padre, dándome unas palmaditas en la espalda.
—Buenos días, padre —le sonreí, llevándome una buena bocanada de arroz frito a la boca.
Desayunamos tranquilamente, riendo y conversando de vez en cuando. Mamá me miraba con ternura, acariciando su vientre.
—Mami, ¿falta mucho para saber si el bebé será niño o niña?
—Sí, querido —me sonrió con ternura—, apenas tengo cuatro meses. Hay que esperar un poco más.
—Jo, pero ya quiero saber qué va a ser —suspiré, ella soltó una tenue risa—. ¡Pero estoy seguro de que será una niña!
—Claro que no, Ryuuji-kun, será un niño —intervino mi padre, sonriendo abiertamente—. ¡Para que pueda jugar fútbol con nosotros!
—Si es niña podría jugar con nosotros igual. Y quiero que sea una dulce niña, para cuidarla y consentirla mucho —contradije, por lo que empezamos a discutir como críos.
Estaba tan emocionado con la noticia de que tendría un hermanito o hermanita, mis padres me lo habían dicho hace un par de meses y no podía creerlo. Sabía que ellos estaban tan felices como yo, incluso más. Después de todo, tuvieron que hacer muchos tratamientos especiales para que mamá quedara embarazada y era la primera vez que tendrían un bebé en casa, ya que a mí me adoptaron cuando tenía seis años. Sé bien que es algo muy importante para ellos, entonces lo es para mí también.
—Lo importante es que nazca bien, si es niño o niña, da igual; le querremos como sea —intervino mi madre, a lo que ambos asentimos—. Amor, ven que te acomodo esa corbata, y tú Ryuuji-kun, ve a terminar de prepararte, que se les hará tarde.
Miré el reloj sobre la pared, que marcaba las ocho treinta, por lo que subía a mi habitación y fui a mi baño a cepillarme los dientes. Luego tomé mi mochila y cuando estaba por guardar mi celular, me percaté de que había un mensaje.
"Buenos días, Ryuuji.
Espero que hayas dormido bien, nos vemos el colegio."
—Hiroto —murmuré sonrojado, por culpa del mensaje que me había mandado mi amigo.
La voz de mi padre desde la cocina, me sacó de mi transe. Sonreí mientras guardaba el celular, bajé y vi a mis padres dándose un beso, luego de que terminaran me acerqué a despedirme de mamá.
—Cuídate, mami. Ya sabes, nada de esfuerzos —me dio un beso en la frente, yo dirigí una de mis manos a su vientre—. Quiero que estén bien.
—No te preocupes, cariño. Nos cuidaremos, que te vaya bien —ella asintió, riendo. Después, con una sonrisa pícara añadió algo que hizo que me sonrojara—, envíale saludos a Hiroto-kun de nuestra parte.
Reí nervioso mientras salía de casa. Mamá sabía de mi cariño hacia el pelirrojo, pero creo que lo malinterpretaba. Porque sólo somos amigo, muy unidos. Siempre he sentido un gran aprecio por él, pero no es amor, ¿verdad?... Claro, es sólo amistad, o es lo que quiero creer.
Me aterraría enamorarme de mi mejor amigo.
—Vamos, hijo —vi a mi padre dentro del auto, mirándome curioso. Subí, sonriéndole para que ignorara mi distraído comportamiento—. Faltan quince minutos para las nueve, no quiero que llegues tarde.
Asentí y nos pusimos en marcha. Recordé a Fubuki, miré hacia su casa, pero estaba completamente cerrada, por lo que imaginé que ya habría partido hacia el Raimon. No tardamos mucho en llegar, por lo que le di un abrazo a mi padre y bajé, diciéndole que no era necesario que viniera por mí a la salida.
Ingresé por las grandes rejas del Instituto, a lo lejos vi a Kazemaru y me dirigí corriendo para encerrarlo entre mis brazos.
— ¡Kaze-chan! —grité cerca de su oído, mientras reía—. ¿Soñaste conmigo?
—No grites, Mido-chan, me das dolor de cabeza y es muy temprano —murmuró, sin intentar escapar de mi abrazo—. No, por suerte no tuve pesadillas contigo.
—Eres malo conmigo, y yo que te amo tanto —bromeé y él negó levemente, es algo que adoro de Kazemaru, nunca se molesta con mis bromas. Puse carita de perrito mojado, para seguir molestándole—. ¿Por qué no me amas, Kaze-chan?
—Pero si yo te amo, Mido-chan —volteó a mirarme, abrazándome por la cintura.
Ambos empezamos a reír. Hasta que unos murmullos nos sacaron de nuestro momento de diversión, me quedé helado cuando giramos, viendo que era Hiroto el que estaba llamando nuestra atención.
—Oh, buenos días Kira-kun —saludó Kazemaru.
Me sorprendió que el pelirrojo ignorara el saludo del peliazul, pero me impacté más cuando rechazó uno de mis abrazos y se marchó al salón, diciendo que no se sentía bien.
— ¿Ves lo que hiciste, idiota? —me reprochó el peliazul, lo miré sin entender.
— ¿Y yo qué hice, afeminado?
— ¡Hiciste enojar a Kira-kun por andar de meloso conmigo! Se habrá puesto celoso…
—Pues no entiendo por qué se pone celoso —me crucé de brazos, ofendido—. Él sabe que soy así contigo porque eres mi amigo, también soy así con él.
—No seas idiota —murmuró, negando con los ojos cerrados—. Sabes que él te quiere como algo más que un amigo.
— ¿Quieres dejar ese t-tema por la paz? N-no es verdad. Hiroto y yo sólo somos amigos, lo quiero c-como tal —me sonrojé, mientras traba de explicarle mi punto de vista.
—Que tú lo veas como un amigo, no quiere decir que él también lo haga —siguió, poniéndome más nervioso—. Se desvive por complacerte, siempre está dispuesto a hacer de todo para hacerte feliz, tiene muchísimos detalles contigo. ¿Eres ciego o idiota? Es obvio que te ama.
—Eso no es verdad. Hiroto tiene a medio Raimon detrás de él, muchas chicas hermosas morirían por él, ¿por qué se fijaría en mí?
—Lo mismo me pregunto yo —murmuró con pesadez, jaloneando unos mechones de mi cabello, solté un quejido—, si eres tan idiota como para no aceptar sus sentimientos, ni los tuyos mismos, lastimando así a ambos.
— ¡Es que no pudo aceptar algo que está mal! —grité, apartando su mano. No sé en qué momento sus palabras me hicieron sentir tan mal, como si un nudo se formara en mi garganta.
—¿Mi-Mido-chan?
—¡Porque estaría mal que me ame y estaría mal que yo lo ame! ¡Porque nos lastimaríamos y dejaríamos de ser amigos!
—¿Midorikawa?
—¡Y yo no quiero nada de eso, no lo soportaría! ¡No soportaría lastimar a Hiroto! ¡No soportaría que dejáramos de ser amigos!
—¡¿Midorikawa?!
—¡Él me odiaría! ¡No me querría ver más! Como… como mis padres biológicos…
— ¡¿Midorikawa, estás llorando?!
Entonces me percaté de que amargas y frías lágrimas cubrían mis mejillas. Estaba llorando, tenía un agujero en el pecho, me dolía. Era un llanto angustioso, desesperado.
Lloraba de incertidumbre, con rabia y profunda tristeza. Me prometí jamás enamorarme, para que nunca me dañaran. ¡No permitiría que me enamoraran para llevarme a la cama! ¡No dejaría que se metieran en mi corazón para creerse dueños de mi vida!
No quiero, no debo, no puedo.
Escuché como el timbre de inicio de clases sonaba, pero mi mente estaba en otra parte. La voz de Kazemaru me sonó lejana e incluso cuando comenzó a sacudirme por los hombros, no pude sentir nada.
—Rayos, no puedes entrar a clases así —sentí que tomaba del brazo, mientras sacaba su celular y al parecer mandaba un mensaje. Me arrastró fuera del Raimon, pero no dije nada.
Recordé las veces que me sentía mal o desanimado, entonces Hiroto venía con esa sonrisa brillante y me abrazaba, susurrándome que todo estaría bien, antes de que escapáramos del Instituto, a jugar fútbol o a comer helado… Porque el pelirrojo siempre sabía lo que necesitaba y estaba dispuesto a dármelo, sin importarle nada más.
Paramos a un par de cuadras del colegio.
—Estas hecho un mar de lágrimas —murmuró Kazemaru, afligido. Levanté vagamente la mirada e intenté decir algo, pero de mi garganta no salían más que gemidos lastimeros—. ¡Maldición! ¡Midorikawa, deja de llorar, por lo que más quieras! ¡Me harás llorar a mí también!
Me abrazó y no dudé en corresponderle. Como si fuera a quebrarme y él pudiera evitarlo, como si fuera mi última esperanza. Como si Kazemaru fuera un salvavidas y yo un náufrago el pleno mar.
Necesitaba saber que todo estaría bien, aún si no fuera cierto.
—Lo siento mucho, Mido-chan. Te forcé a afrontar cosas que no querías —se apartó un poco de mí, para secarme las lágrimas con aire fraternal—. Soy un idiota, lo sé. Te compraré mil helados, ¿vale?
Reí un poco, aun sin sentirme del todo bien. Por lo menos el llanto se había detenido, aunque el peso en mi pecho seguía torturándome.
—N-no tenías m-malas intenciones, jamás harías a-algo para la-lastimarme —tartamudeé—. Supongo q-que necesitaba s-sacar lo que s-sentía…
—Pero no debí presionarte, no soy nadie para eso. Te hice llorar, no me lo perdonaré.
— ¡No te atormentes por eso! Luego me lo cobraré —bromeé, haciendo que sonría—. ¿Volvemos al Raimon? Tenemos clases.
—Dudo mucho que nos dejen entrar, pero no te preocupes, le envié un mensaje a Fubuki, diciéndole que no te sentías bien y que te acompañaría a casa.
— ¿Por qué no estaba contigo?
—Tachi-chan me lo robó apenas entramos, no quiere separarse de su sempai favorito.
— ¿En serio? Qué desvergonzado es ese niño.
—Seguro ya se enamoró de Fubuki —comentó, riendo, a lo que asentí—. Después de todo, muchas chicas miraban con cariño al albino cuando llegamos hoy al Raimon.
—Tiene un talento natural para atraer personas, sin duda.
De repente se quedó callado, como si estuviera pensando en algo. Sentí escalofríos al ver la sonrisa que puso, suele tener ideas raras de vez en cuando.
— ¿Kaze-chan?
—Vamos, vamos, ¡quiero visitar a alguien! —empezó a correr, lo seguí.
—¿Qué? ¿A dónde vamos? ¿A quién quieres ver? ¿Tiene helados?
— ¡Veremos al "Dios del Amor"! —señaló una mansión, que reconocí de inmediato.
Ambos empezamos a correr más rápido, terminamos compitiendo por ver quien llegaba primero.
— ¡Gané, gané, gané! —grité frente a la puerta de la casa, a lo que el peliazul me miró mal.
— ¡No mientas, cabeza de helado!
— ¡Acepta tu derrota, emo!
— ¡Que no soy emo, niño extraterrestre!
Seguimos discutiendo tontamente, hasta que una voz calmada y divertida, nos sacó de nuestra pelea.
—Disculpen, amores, ¿podrían dejar de discutir frente a mi casa? Espantan a mis pretendientes.
Giramos hacia la puerta de la casa y efectivamente era él. Melena larga y rubia, alto, ojos carmín que te llegaban al alma. De sonrisa dulce y simpática. Electrizante, encantador, perfecto. Ese era Terumi Afuro, mejor conocido en toda la ciudad como Aphrodi; el Dios del Amor.
— ¡Aphrodi! —gritamos el peliazul y yo al unisón, antes de saltarle encima.
Los tres nos abrazamos, como siempre hacemos al estar juntos. Entre risas y empujones, el de ojos rojos nos llevó hasta la planta superior de la mansión, a su enorme habitación, para ser más precisos. De inmediato corrí a instalarme frente a su plasma, con mando en mano, me puse a jugar a la play.
—Qué infantil eres, heladito —habló Kazemaru, quien estaba recostado en la cama del rubio—, siempre que venimos a ver a Aphrodi haces lo mismo, creerá que sólo vienes a eso.
—No te preocupes, Ichi-chan, no me molesta que lo haga —la voz del dueño de casa sonó dulce, mientras me palmaba la cabeza y se sentaba en el lado contrario al peliazul en la cama—. Yo casi no uso esa cosa, por lo que es más para las visitas.
Sonreí victorioso mientras seguía jugando.
—No es por ser grosero, pero me gustaría saber a qué vinieron.
— ¿No podemos simplemente venir a visitarte? —cuestionó el de ojos miel.
—Claro que pueden, amores —rió el rubio—. Pero es martes y si no me equivoco, deberían estar en el Raimon. Sé que soy irresistible, pero algo me dice que hay otra razón para que vinieran.
—Bueno, si quieres saberlo… Tenemos un problema de amor.
Mi cuerpo se tensó al oír las palabras del peliazul
— ¡Pues han venido al lugar indicado! —soltó alegre el de ojos carmín, mientras que se levantaba y emocionado caminaba por toda la habitación—. ¡Porque yo soy sinónimo de amor!
Sé que Aphrodi es conocido por dar los mejores consejos amorosos y entonces entendí que por eso Kazemaru quería venir a verlo.
Pero yo no necesito consejos amorosos, no estoy enamorado de Hiroto.
—Bueno, bueno, los escucho, amores.
Kazemaru comenzó a contarle todo lo que había pasado, con detalles. El rubio lo escuchaba concentrado, mientras yo estaba inmóvil. Apreté más el mando, molesto. Sé que Terumi es nuestro amigo, que somos inseparables, ¿pero quién le dio permiso al peliazul para contarle mis problemas? Traté de mantenerme sereno, respiraba lentamente, alejando los malos pensamientos.
—Así que Ryuu-chan tiene problemas de amor, muy interesante —me sonrojé al oír lo que dijo el de ojos carmín—. Es maravilloso saber que por fin te has dado cuenta del inmenso amor que sientes por Kira-kun.
Seguí jugando, ignorando lo que decía. Estaba seguro de que si volteaba a verlos, nada bueno sucedería.
—Dime, ¿cómo piensas encarar al pelirrojo? —preguntó el rubio.
—Tendremos que ayudarles, ya sabes cómo son de tímidos los dos.
— ¡Serían una pareja de lo más tierna!
— ¿Te los imaginas caminando de la mano, comiendo helado?
— ¿Y en la graduación? Recibiendo sus diplomas, pensando en el futuro que les espera juntos.
—Luego un casamiento de cuento de hadas.
—Formarían una familia, adoptando a un niño que necesite su amor.
— Finalmente, trabajarían juntos en la empresa de los Kira.
—Y jamás se separarían, se amarían para siempre.
¿Cómo podían decir ese tipo de cosas? Tan idóneas, tan ilusas… tan perfectas. Me fue insoportable oírlos, como si cosas así pudieran pasar tan fácilmente. Estaban equivocados, demasiado equivocados. Sólo debían callarse, todo el mundo debía callarse. Dejar de meterse en mis asuntos.
—¡Ya basta! ¡Cállense! ¡No pueden decir tantas idioteces juntas! —me levanté de golpe, tirando el mando al suelo. Les miré molesto, me habían hartado, sin saber por qué—. Me voy, quiero estar solo.
Bajé corriendo las escaleras, los escuché seguirme, por lo que aumenté la velocidad. Salí a toda prisa de la casa, escuchándolos llamarme, pero no quería volver, no sería lo mejor. Sabía que me seguirían, así que hice todo lo posible para perderlos de vista.
Cuando me percaté de donde me encontraba, me sentí un idiota.
—¿Cómo demonios llegué aquí?
Me sorprendió que la puerta estuviera abierta, pero aun así me adentré en ese lugar abandonado, que apenas se mantenía en pie. Recorrí todo con la mirada, los muebles llenos de polvo, algunos escombros, juguetes por todos lados, recuerdos en cada rincón.
Sin darme cuenta, llegué a la que alguna vez fue mi habitación mientras vivía ahí, en el Sun Garden. Estaba tal y como la recordaba, con un poco de polvo aquí y allá, pero tenía esa sensación de seguridad que me daba cuando niño, esa que necesitaba justo ahora. Me senté en la que fue mi cama, notando como algo brillaba en la mesita de noche, bajo una fina capa de tierra, lo tomé y sonreí.
—Así que estabas aquí, eh —acaricié el fino cristal del portarretrato, antes de guardarlo en mi mochila.
Seguí recorriendo, notando lo precario que se veía todo, por suerte la directora del orfanato había conseguido un nuevo edificio para irse con los niños. Acabé en el patio de juegos, acercándome de inmediato los columpios en los que Hiroto y yo pasábamos todo el día.
Recordé que los demás niños no querían jugar conmigo, decían que era muy raro o que los asustaba por mi manera extraña de hablar. Hasta que un día, Hiroto se acercó y me invitó a jugar fútbol. Me sentí especial, desde entonces nos hicimos inseparables. A donde él iba, yo lo seguía. Si él me necesitaba, ahí estaba para ayudarlo.
Me senté en uno de los columpios, mis pies colgando, me aferré a las cadenas, meciéndome suavemente. La brisa me relajó, cerré los ojos. Al fin tenía la tranquilidad que tanto anhelaba.
Mi cabeza se despejaba y sólo podía pensar en los mejores momentos de mi vida, en todos y cada uno, Hiroto estaba presente.
—¿Por qué? —pregunté al viento, jamás me respondió.
Seguí ahí, meciéndome sumido en mis pensamientos y mis recuerdos. Sentía el pecho más pesado y el ambiente más frío, pero no me importó. Creo que pasaron unas cuantas horas, cuando el hambre me invadió, sonreí. Miré el reloj de mi celular, notando que la hora de almorzar había pasado ya hace rato.
¿Cuánto tiempo llevaba en mi propio mundo?
Estaba por guardar el móvil, cuando un mensaje de cierto pelirrojo de apellido Kira, llamó mi atención.
"¡Ryuuji! ¡Por favor, dime dónde estás!
Kazemaru me llamó diciendo que había discutido contigo y que habías salido corriendo, me tienes preocupado.
¿Estás bien? En cualquier momento comenzará a llover, imagino que no te habrás dado cuenta, nunca lo haces. Vamos, confía en mí, iré por ti a donde sea."
Solté una risa, mirando al cielo que estaba pintado de un amenazante gris. ¿Por qué el clima cambia tan rápido en esta época del año?
Debía ser una broma… todo el maldito mundo está en mi contra.
Seguí columpiándome mientras le contestaba.
"¡Hiro-chan, los columpios son muy divertidos~!
Pero… me aburro un poco sin tu compañía."
Guardé el celular y una gota de agua fría cayó en mi nariz, pero no le di importancia. Tome más impulso, columpiándome más fuerte. La lluvia también empezó a caer con más fuerza, como haciéndome competencia.
Luego de algunos minutos, fui parando, sin ganas de nada. Mis piernas se sentían cansadas, estornudé. Me bajé del columpio, abrazándome a mí mismo, tenía algo de frío.
Caminé tambaleante hasta la salida, tiritando.
— ¡Ryuuji, Ryuuji! —escuché mi nombre y levanté la mirada, encontrándome con unos enormes ojos verdes mirándome preocupado—. ¿Estás bien? Mírame, estás pálido.
— ¡Hiro-chan, si llueve no podremos columpiarnos! ¡No es justo! —lloriqueé, abrazándolo.
—¿Pero qué dices? Estás mal, anda vamos —me tomó por los hombros, metiéndome en su limusina, para ponerme su chaqueta—. Marukawa-san, llévenos a mi casa, por favor.
El chofer sólo asintió y sonrió, poniendo en marcha el vehículo.
—Hiro-chan, ¿cómo supiste que estaba aquí? —le pregunté, recostando sobre el asiento, apoyando mi cabeza en su regazo.
—Tu mensaje, en cuanto lo leí, pensé en este lugar —contestó calmado, mis ojos se cerraron—. Ryuuji, ¿qué pasó?
Mi ceño se frunció y murmuré que tenía hambre, antes de caer dormido.
Llegué al mundo de los sueños y me vi a mí mismo, rodeado de una espesa niebla. Caminé lentamente, tratando de hallar una salida, pero a cada paso, la visibilidad disminuía. Unos murmullos llamaron mi atención, pero sin importar a donde mirara, me encontraba completamente solo.
¿De dónde venía esa voz? Era de un niño, sonaba angustiada y quebrada. ¿Quién podría ser? Me parecía tan familiar.
—¡Mamá, papá! ¡¿Por qué se van? ¡
Esas palabras…
—¡No me dejen solo, me da miedo!
¿Podrías ser…?
—¡Mamá, no te vayas! ¡Papá, prometo portarme bien!
No, otra vez no…
—¡No quiero juguetes, no me enfermaré, pero quédense! ¡No me abandonen!
Ese momento…
—Ryuuji será un buen niño, vuelvan…
Ellos no me escucharon, no se apiadaron de mí. Me dejaron, me lastimaron, me enseñaron que no debía confiar por completo en los demás. ¿Por qué se fueron? ¿Será cierto que mi destino es estar solo? No, yo tengo amigos y una familia. Pero mis padres, los que me dieron la vida… fueron los mismos que me quitaron la ilusión de creer en la completa felicidad…
Abrí los ojos incorporándome rápidamente, sudando frío. Miré a mi alrededor, temeroso de seguir dentro de aquel sueño que se repetía mucho últimamente, torturándome.
Me encontré en una habitación que no era la mía, en una cama sumamente cómoda. Claro, qué más se podía esperar si me encontraba en la mansión de los Kira.
—Ryuuji, al fin despertaste —mi pelirrojo amigo entró en la habitación, sonriente se acercó a mí—. ¿Qué tal dormiste?
—Oh, Hiro-chan, ¡muy bien, gracias! —cubrí mi cara con las cobijas, riendo, tratando de dejar de lado el mal sueño—. ¡Qué lindo es despertar y oír tu voz! ¿Qué hay de merendar?
—¿Merendar? Dirás cenar, amigo —quitó las mantas de mi rostro, sonriéndome como sólo él sabía—. Son más de las nueve de la noche, dormiste mucho, me preocupé bastante.
—¡¿Cómo dices?! —me bajé corriendo de la cama, buscando asustado mi celular en mi mochila—. Mis padres van a matarme, o peor aún, ¡me dejarán sin helado una semana!
—Tranquilo —rió ligeramente—, llamé a tus padres apenas llegamos, diciéndoles que teníamos que hacer un trabajo para mañana y que te quedarías a dormir.
—¿Ah? —volteé a verlo, sin duda siempre estaba un paso más adelante que yo—. ¡Hubieras inventado algo menos aburrido!
—Eh, en verdad si tenemos que hacer un trabajo para mañana —hice una mueca al oír eso, las clases apenas empezaban y ya teníamos trabajos que hacer, ¿qué se creen estos profesores? —. Pero lo resolveremos mañana a última hora, como siempre hacemos. Primero vamos a cenar, que no has comido nada en todo el día.
Salió y lo seguí, apenas bajamos al comedor, vi esa larga mesa, repleta de comida, mis ojos se iluminaron y en menos de un minuto ya estaba comiendo todo lo que me servían las criadas en mi plato.
—Hiro-chan, ¿y tu familia? —pregunté sin dejar de comer, mirando al susodicho, que comía tranquilamente en el otro extremo de la mesa.
—Mi hermana dijo que tenía unos asuntos que atender en el orfanato y que no llegaría para la cena, y mi padre está en un viaje de negocios.
—¡Qué aburridos! Espero que cuando crezcas no seas como ellos, trabajando y trabajando, ¡pobre de quien se case contigo!
—Ryuuji, no digas eso, ¿no te gustaría casarte con alguien como yo? —al oírle preguntar eso, me atraganté y los colores se me subieron a la cara—. ¿E-estás bien?
Asentí, mientras seguía comiendo. Miré de reojo a las empleadas, que reían disimuladamente. ¿Qué les parecía tan gracioso? El resto de la cena transcurrió en silencio absoluto por parte de ambos.
—¡Gracias por la comida! —grité a las mujeres, antes de subir saltando las escaleras, seguido del pelirrojo.
Llegamos a la puerta de mi habitación temporal, me sentí nervioso de golpe.
—Dejé un pijama para ti, y les pedí a las mucamas que te prepararan un baño —revolvió mi cabello, mientras yo sólo asentía, avergonzado—. Que descanses, mañana hablaremos seriamente.
—G-gracias, Hiroto, ¡eres el mejor amigo del mundo! —murmuré, viendo que de pronto su expresión se volvía sombría, pero le resté importancia, entrando rápidamente a la habitación.
Me di un baño lento en la tina, era demasiado relajante, todo el cansancio desaparecía de mi cuerpo, pero no de mi mente. Al salir me puse el pijama y caí desplomado en la cama, acurrucándome en ella.
Mi alma no daba para más, seguro mañana sería un día largo. ¿Kazemaru estaría preocupado por mí? ¿Y Aphrodi estaría molesto por mi comportamiento?
No quería pensar más, sólo dormir. Caer en la inconciencia absoluta, esperando no revivir la pesadilla que me atormentaba, me rendí ante mundo de los sueños.
.
.
.
Mmm, creo que hice sufrir mucho a Midorikawa, pobre, con lo que yo lo amo. Pero necesitaba que conocieran un poco al chico detrás de la eterna sonrisa. ¿Mido merece un helado, luego del día que tuvo? ¡Hasta el próximo cap!
¡Besos, helados y abrazos! Bye~
