2. Un Stark siempre hace lo correcto.

-Desembarco del Rey

Arya detestó Desembarco del Rey tanto como a Sansa y a Bran les encantó. A Jon le causó indiferencia, o al menos, fingía indiferencia. A los pocos días de su llegada, Lyanna lo había visto entrenar en el patio y había insistido en que se convirtiera en caballero. Para eso tendría que rezar en el sept y ser ungido en la Fe de los Siete, cuando Jon seguía enteramente a los dioses del Norte, pero la idea de ser caballero lo atraía. Demasiado, para el gusto de Arya. Jon había fingido que necesitaba tiempo para decidirlo, pero Arya lo había oído murmurar por los rincones. Ser Jon decía, para probar como sonaba, creyendo que nadie lo oía. Luego siempre sonreía.

Lo peor de Desmbarco era el calor. Un calor que Arya empezó a combatir pasando tanto tiempo fuera como podía, recibiendo la brisa marina. A veces bajaba con Bran a la playa, escoltados por Jory, y recogían conchas de nácar, con los pies metidos en el agua. A veces venía Jon, y de vez en cuando, hasta Sansa, aunque ésta última estaba demasiado ocupada preparando ropajes nuevos para todos para que asistieran al torneo.

Ésta vez estaba sola. Jory estaba sentado en los escalones de piedra que daban a la playa, tallando algo en un trozo de madera arrastrado por la corriente. Arya recogía piedrecitas de colores, usando su falda de lino para sujetarlas.

-Arya- la llamó alguien en la distancia.

-Tía Lyanna- dijo Arya.

Lyanna se acercaba a ella, con el cabello oscuro al viento, mezclándose con las amplias mangas de su vestido azul. Detrás de ella, junto a Jory, se quedó Ser Barristan. A Arya le sorprendió no ver al eunuco. Casi siempre estaba con su tía.

-Te vi desde las almenas y decidí venir a hacerte compañía.- dijo su tía.- Si no te molesta, claro.

-¿Siempre hace tanta calor aquí?

-Te comprendo. No hay día en que no rece para que llegue el cuervo blanco que señala la llegada del otoño.

-Si eso significa que va a hacer menos calor pintaré yo misma un cuervo.

-Ojalá sirviera de algo- suspiró Lyanna, quitándose los escarpines para entrar en el agua.- A veces me siento culpable por desear que llegue el invierno. Cada vez que pienso en el Invierno no puedo evitar recordar a la Vieja Tata y sus horribles cuentos. ¿Sigue viva?

-Ella y Hodor.- respondió Arya.- ¿A vosotros también os contaba los cuentos sobre los Otros y la Larga Noche?

-Por supuesto. Seres de hielo que mataban a todo aquel que tuviera sangre caliente, sin compasión alguna. La Vieja Tata nos contaba sus cuentos y todos nos pasábamos la noche en vela, muertos de miedo. Y al día siguiente íbamos a buscarla para que nos contara más. Pero los Otros no me dan miedo ya.- dijo Lyanna, alzando una ceja.- Mi hermano Benjen está en el Muro, y no dejará que pase ninguno.

-Jon quiso unirse a la Guardia de la Noche- dijo Arya- Pero tío Benjen no lo dejó.

La reina se alzó para mirarla, dejando que las conchas que había recogido cayeran al agua.

-¿En serio? No. Ese no es lugar para Jon.

-Lo mismo dijo tío Ben. Dijo que esperara unos años antes de unirse a la Guardia.

-Muy bien dicho, Benjen.- alabó Lyanna-La Guardia de la Noche es un lugar honorable en el que servir, pero no es para Jon. Además, estoy segura de que el principal motivo por el que quiere unirse a la Guardia es porque no se sentía a gusto en Invernalia. No te ofendas, pero tu madre no se ha portado bien con ese niño.

-Él no tiene culpa de nada. Nunca entendí porqué madre le hacía pagar por los pecados de padre…

-Ser madre debe de ser difícil…-musitó ella, con los ojos perdidos en el agua- Ned tuvo a Jon a los pocos meses de su matrimonio. Catelyn debió de verlo como una afrenta. Y Jon es el recuerdo constante de esa afrenta. Ella es una dama sureña, y una dama sureña jamás echa en cara nada a su marido. Así que la pagó con el crío. Y supongo que siempre temió que le quitara el lugar a sus hijos. Si Ned hubiera hecho que letigimizaran a Jon, hubiera quedado segundo en la línea de sucesión, por delante de Bran. Y si a Robb le ocurriera algo, los Dioses no lo permitan, Jon sería el heredero de Invernalia. El corazón de una madre está lleno de temores.- suspiró- Pero eso no importa. Ahora Jon está aquí y nosotras nos encargaremos de que sea feliz y nunca más piense en la Guardia de la Noche. Tal vez deberíamos buscarle una esposa ¿no crees?

A Arya no le hacía ninguna gracia compartir el afecto de Jon con otra, pero si eso significaba que se iba a quedar cerca, estaba dispuesta.

-Buscaremos a alguien apropiada- continuó Lyanna- Tal vez la heredera de una casa no muy grande. Los Mormont. Creo que la heredera es una mujer, ya que el chico huyó a las Ciudades Libres cuando lo pillaron con esclavos.

-Creo que la heredera está ya casada.

-Lástima. Ya pensaré en alguien. Al torneo llegarán un montón de chicas buscando marido.

-No creo que a Jon le haga mucha ilusión que le arregles un matrimonio, tía.

-No le estoy arreglando nada. Solo traeré un montón de chicas bonitas, a ver si surge la chispa. ¿Sabes quién es perfecta para él? Margaery Tyrell. Pero ese viejo de Mace no consentirá en que su hija se case con un bastardo…-añadió con decepción.- Ya se me ocurrirá algo. ¿Y tú, Arya? ¿No quieres casarte?

-¿Eh? ¡Puaj!

Lyanna se echó a reír.

-Yo también pensaba eso a tu edad. Pero me prometieron con Robert igualmente. Él era guapo y apuesto, aguerrido. Pero no soy estúpida. Tuvo su primera bastarda a los dieciséis, antes de la boda, de la rebelión. Cuando me comprometieron con él me quejé, amenacé, luché, incluso lloré. Pero no sirvió de nada. Tarde o temprano, más pronto que tarde, Ned te buscará un marido. Y tampoco creo que a Sansa le queden muchos días de soltería.

Arya se mordió el labio. Por mucho que quisiera negarlo, sabía que Lyanna tenía razón.

-No creo que sea tan horrible. Ned te quiere. No te casará con ningún viejo, o alguien cruel. Os quiere demasiado para eso, a ti y a Sansa. Pero es algo que hacen todos los señores cuando llega la hora. Necesitan afianzar sus casas con alianzas. Y no hay mejor alianza que la delo matrimonio. Él lo sabe. Lo padeció en sus carnes.

-¿A qué te refieres?

-No debería hablar contigo de esto- dijo Lyanna- Pero no quiero que odies a tu padre, no quiero que lo veas como alguien que comercia con sus hijos. Sabes que tu padre no estaba prometido con tu madre, si no que era mi hermano Brandon quien lo estaba, y que cuando éste murió, tuvo que ocupar su lugar y casarse con Catelyn. Pero lo que no sabes es que tu padre estaba enamorado de otra.

Arya se quedó sin palabras, posiblemente, por primera vez en su vida.

-Él la amaba y ella lo amaba. Supongo que se hubieran casado cuando llegara loa hora. Pero tu padre tuvo que casarse con tu madre y ella murió.

-¿Quién era?

-Se llamaba Ashara Dayne. Era muy hermosa. Se tiró desde lo alto de una torre cuando Ned…cuando Ned mató a su hermano, que guardaba la torre donde yo estaba, allá en Dorne.- Lyanna carraspeó.- Pero dejemos ese tema. Ni siquiera tenía que haberte contado esto. Júrame que no se lo dirás a Ned. Ahora es feliz con tu madre. No quiero traer recuerdos dolorosos. No se lo cuentes a nadie.

-No soy una chivata.

-Ni siquiera a Jon.

-Pero…

-No, Arya.

-Pero Jon quiere saber quién es su madre- se quejó Arya- Padre no quiere contarnos nada. Si hay una posibilidad de que sea lady Ashara…

-No lo es. Cierto que lady Ashara tuvo un hijo, pero fue una niña y nació muerta. Dicen que tenía a la niñita en brazos cuando se arrojó al mar.

-Oh.- musitó Arya, desilusionada.

-No importa quien fuera la madre de Jon, Arya- dijo Lyanna- Importa la gente que lo quiere. Bran lo quiere. Ned lo quiere. Robb lo quiere. Sansa lo quiere. Rickon, tú, yo…nosotros lo queremos. Su madre…puede que un día lo quisiera, pero pensara que estaba mejor con su padre, que es un gran señor. Puede que muriera.- se mordió el labio- Para tu padre fue muy duro mancillar el honor de tu madre y el suyo propio llevando a Jon a Invernalia. Podría haber pagado a alguien para que lo criara, o entregarlo a sus banderizos para lo mismo, como hace Robert. Así habría mantenido su honor intacto. Pero no lo hizo.

Arya frunció el ceño.

-¿Por qué no? Hubiera sido lo más fácil.

-Somos Stark, Arya. No lo olvides. Nosotros hacemos lo que es correcto, por encima de nuestros propios intereses. Ya lo comprobarás, el día en que llegue la hora de elegir.


-Pentos

Dany apenas recordaba cómo eran las cosas antes de vivir en la DoncellaTímida.

Sabía que antes había vivido con Ser Willen Darry en una casa de Braavos, una casa con un limonero en el patio y una puerta roja. Ella fue feliz allí. Pero Ser Willen murió y un día vino una septa de cabellos castaños y los llevó con ellos.

Así fue cómo llegaron al barco de pértigas que sería su hogar.

Dany no podría olvidar jamás la cara que puso Viserys cuando le pusieron delante a un niño de pelo azul y le dijeron que era el legítimo heredero de los Siete Reinos. Por encima de Viserys.

Desde entonces Viserys empezó a darle miedo. Pero no importaba, porque estaban Griff, Pato, Haldon, Lemore y el Joven Griff, que nunca permitirían que le hiciera daño.

Ellos la habían acogido y cuidado. Lemore le contaba cosas sobre Poniente y Aegon jugaba con ella al cyvasse. Viajaban de ciudad en ciudad en el barco de pértigas y el sol les tostó la piel y les aclaró el cabello. El Joven Griff lo llevaba teñido de azul, que hacía que sus ojos parecieran del mismo color, pero Viserys y ella no. Si alguien preguntaba, eran huérfanos lysenos. Los lysenos tenían rasgos cabello rubio y ojos púrpuras. En las Ciudades Libres había tal revoltijo de razas y culturas que a nadie le extrañaba ver lysenos con tyroshis. Aunque siempre se preguntó porqué Joven Griff tenía que teñirse el cabello religiosamente cada semana y no podía decir que era lyseno como ellos. Es demasiado peligroso le respondió Griff. Se parece demasiado a el príncipe Rhaegar

Aún así, pese a los miedos e intrigas, ella había sido feliz allí. Era una vida sencilla, humilde. Ellos la habían protegido, la habían hecho feliz. Eran su familia. Así que era justo que ella hiciera esto por ellos.

Pensaba en eso, una y otra vez, allí sentada, con Khal Drogo, su marido, a su lado. Viserys y los demás estaban sentados bajo ellos, en un lugar de menos honor, pero Joven Griff y Lemore giraban la cabeza hacia ella constantemente, con miradas de preocupación en el rostro. Eso le daba ánimos. Se preocupaban por ella.

``Estoy entregándole un ejército a mi sobrino. Estoy ayudando a su causa. Cuando él se siente en el Trono de Hierro, me llevará a casa.´´ Joven Griff, o mejor dicho, Aegon, se lo había prometido. Le había jurado que una vez estuviera en el Trono de Hierro no tendría que seguir siendo la esposa del khal, si no lo deseaba. Y Pato le había asegurado que él se ocuparía de que el niño cumpliera su palabra.

``Lo soportaré, ya veréis´´ se dijo ``Conseguiré ese ejército. Al fin y al cabo, no seré la única. Viserys y Aegon también se casarán por conveniencia. Y pronto, ya no queda mucho, estaremos de vuelta. En casa´´


-Yo debería haber ido con Daenerys- se quejó Viserys- A Vaes… a donde quiera que fuera que se la llevan.

-Es una tradición dothraki- explicó Lemore- ¿Acaso tú eres un dothraki?

-¿Y si se le llevan y no vuelven? ¿Y si no nos dan a los guerreros.

-Illyrio aseguró que lo haría.- dijo Griff-Illyrio nunca nos ha mentido.

-Hasta ahora.- añadió Viserys.

-Basta ya.- dijo Griff- Deja de quejarte. Khal Drogo cumplirá su promesa. Tú has ido porque era demasiado peligroso. Un solo desliz, una ofensa y perderíamos el ejército.

-O la vida- añadió Pato- He escuchado muchas historias sobre los dothraki, y en ninguna hablaban de amabilidad y compasión.

-¿Creéis que Dany estará bien?- preguntó Aegon. –Tal vez no debimos dejarla sola… yo podría haber ido con ella.

-Estará bien.-dijo Lemore- El magister no la habría entregado a alguien que la fuera a hacer daño. Además, tú tienes otro sitio al que ir.

-Y qué más da- bufó Viserys- Ya ha cumplido con su papel. Se ha casado con el bárbaro ese.

-Entonces cuando tú te cases con Arianne Martell y tengamos las lanzas de Dorne, ya no nos servirás de nada y nos dará igual lo que te pase. ¿Es eso así, Viserys?- preguntó Lemore con gesto sarcástico.

-Es distinto. Yo soy el príncipe de Rocadragón.

-Solo hasta que Aegon tenga un hijo- dijo Griff.- El príncipe de Rocadragón es el heredero al trono.

-Serás el señor de Dorne cuando muera Mace Tyrell.- explicó Haldon- Príncipe de Dorne y de la corona, hermano del Rey y miembro del consejo, si así lo deseas. Yo no me quejaría demasiado. Y Dany será khalesi, y princesa de la corona. Los dothrakis no viven mucho, son demasiado violentos. Entonces podrá casarse con quien quiera. Podríamos casarla con el heredero de Roca Casterly. Obviamente, mataremos a Tywin Lannister y a sus hijos, pero la chica está casada y tiene dos varones. Si casamos a Dany con uno de ellos tendremos todo el oro de la Roca.

-No adelantes tanto- dijo Lemore.-Primero sentemos al niño en el trono.

-¿Qué pasará con los Lannister?- preguntó Aegon- Cuando vean que llevamos las de ganar y que no vamos a aliarnos con los que mataron a mi señora madre y a mi hermana mayor. Tienen mucho oro. con oro se pagan ejércitos.

-Apoyarán a Robert, porque saben que si ganamos no habrá perdón. Será complicado, porque Tywin es un gran estratega y la flota de los Greyjoy lo apoyará, porque tiene a esa hija suya casada con el mayor. Pero para entonces tendremos Dorne, la Compañía Dorada, los dothrakis y el Norte. Otras Casas se nos unirán. Los Tyrell siempre han sido fieles a los Targaryen y los Tully apoyarán a los Stark, seguro. La hija favorita de Lord Hoster está casada con lord Stark. Y puede incluso que el Valle nos ayude, si jugamos bien nuestras cartas, porque la señora de éste y lady Stark son hermanas. Cuando vea que podemos ganar, el Banco de Braavos nos respaldará. El oro de la Roca no me asusta.

-La mitad del plan se basa en el apoyo del Norte.- murmuró Aegon- ¿Y qué, si la loba se echa para atrás? O si el Norte no apoya a su hija…

-Las dudas no ganan batallas, Aegon- dijo Griff. –Tú asegúrate de hacer bien tu parte. Del resto ya nos ocuparemos nosotros.

-Y aunque perdamos y muramos todos- sonrió Pato- al menos será divertido intentarlo.


-Desembarco del Rey.

Lyanna estaba sola, de pie en la galería que daba al patio de la Torre de la Mano.

Desde allí podía ver a sus sobrinos, a todos. Bran, Jon y Arya practicaban esgrima en el patio, ajenos a que su tía los observaba desde arriba. Bran y Arya justaban entre sí, y Jon les daba consejos, observándolos con los brazos cruzados sobre el pecho. A veces se adelantaba y ponía el brazo en una posición o en otra, pero Lyanna no podía oír lo que decían desde allí. Arya llevaba una espada corta y fina en la mano. Aguja, le había dicho que se llamaba. Cuando Lyanna tenía su edad siempre quiso tener una espada, pero su padre, lord Rickard, jamás lo consintió.

Y sin embargo, mientras los observaba, no podía dejar de pensar en su propia infancia. Era como ver el pasado repetirse otra vez ante sus ojos. Eso le daba miedo.

``El pasado no puede repetirse´´ le había dicho Varys.``Cada momento es único, distinto del anterior. El pasado solo puede recrearse, como en una obra de teatro. Y ésta vez seremos nosotros quien tiremos de los hilos´´

Miró a los títeres. Jon era tan adusto y serio como Ned. Arya era como ella. Bran era Benjen. Oyendo a Sansa hablar de su familia, estaba claro que Robb era como Brandon. Y Sansa…

``Ella no estaba antes´´ pensó.

Giró el rostro para mirarla. Sansa estaba en el salón de la torre, visible a través de la puerta entornada. Estaba de espaldas a ella, sentada frente a un gran bastidor en el que bordaba con primor y serenidad. El sol que entraba por los ventanales de vidrio amarillo volvía sus cabellos rojos como el cobre.

``El otro tampoco, Rickon. El que está en Invernalia. Pero él no importa. Es demasiado pequeño. Sansa es más una oportunidad que un imprevisto. Aún así…tantos niños, idénticos a los del pasado. No puede ser una coincidencia. Es una señal de los Dioses. Tiene que serla´´

Tenía dos cartas bajo el fajín del vestido. Una estaba muy estropeada, pues venía del Muro.

``Por favor, detente´´ decía la carta. ``Es muy peligroso. Ya sabes cómo acabó todo la última vez. Por favor, Lya, te lo suplico. No quiero más muertes. Aquella vez fue todo un gran error. Una locura. Aún estáis a tiempo. ¿Quién morirá ésta vez, Lya? ¿Quién? Yo me convertí en Hermano Juramentado para lidiar con mi sentimiento de culpabilidad. Luchar por mi tierra, defenderla de la oscuridad que acecha. Del Invierno. Pero sobre todo para pagar por mis crímenes. Lyanna, por favor. Aún estás a tiempo´´.

``Pero tú no viste los auténticos crímenes pensó Lyanna. Aún tengo las capas. Varys las guardó para mí. Las capas ensangrentadas donde estuvieron envueltos los cuerpos de los hijos de Rhaegar, y de su esposa. Poco importa que Aegon hubiera sido ya cambiado. Un bebé muerto es un bebé muerto. Y la niña era la auténtica Rhaenys. Era demasiado mayor, demasiado conocida. Me dijeron que la reina lloró a mares cuando supo que solo podrían salvar a uno de sus hijos. ¿Eso no son crímenes, Benjen? Padre, Brandon…ellos eran señores, guerreros armados. ¿Acaso la niña tenía una espada? ¿Había recibido Aegon, de meses de edad, sus espuelas de caballero?´´

Lyanna volvió a su despacho y quemó la carta de Benjen.

``Lo siento, hermano´´ pensó mientras removía las cenizas para destruir cualquier evidencia.

Luego sacó la otra carta de su fajín y comenzó a responderla.

``¿Ves, Arya? Un Stark siempre hace lo correcto...al precio que sea´´