Cap. 2: Angustia
Abrió los ojos, pero no vio ninguna diferencia. Todo seguía obscuro. ¿Donde estaba? ¿Por que no recordaba nada?
El último recuerdo borroso que tenía era una pelea. Arturo iba a luchar con el rey Olaf por estar con Viviane, pero ya no recordaba nada más.
De pronto escucho un ruido, parecía un lamento, un llanto, y se había escuchado muy cerca de ella.
Volteo hacia arriba y vio una pequeña luz en medio de toda la obscuridad, intento mover las manos, moverse para llegar hasta la luz, pero descubrió que estaba encadenada, encadenada a la pared. ¿Qué estaba pasando?
Intento moverse, la desesperación la invadía, no sabía que estaba pasando y la obscuridad la asfixiaba.
Volvió a escuchar el lamento y se inquieto, pero de pronto ese sonido le hizo recordar muchas cosas.
Recordó que había estado herida y algo la había salvado, recordó que ya no era más la primera dama de Camelot, sino que ella había intentado acabar con el reino y tomar el trono, recordó de pronto todos los años que había olvidado.
Se sentí muy mal, débil y conforme iba amaneciendo el único rayo de luz que entraba en su prisión, se iba recorriendo poco a poco hasta llegar a Morgana.
De pronto vio algo moverse a su lado, algo blanco y grande.
-¡Aithusa!-dijo en un murmullo.
Pero el dragón no se movió, ni dio muestras de oírla.
-¡Aithusa!-dijo más fuerte más fuerte y con desesperación.
El dragón se movió y volteo hacia ella.
Morgana suspiro sintiendo que un alivio la recorría, pero a la vez recordó las preocupaciones que tenia.
Cada vez, cada día Aithusa crecía, cada vez su cuerpo estaba mas grande y cada vez el pequeño espacio que tenían, se acababa cada vez más.
Tenían que escapar. Eso ocupaba la mente de Morgana, tenían que huir antes de el Sarrum volviera.
Necesitaba ayuda, la ayuda de alguien, de quien fuera. Estaba desesperada, angustiada, daría su vida por algo de bondad, se sentía mal, débil.
Aunque fuera Arturo, Merlín o Gwen quienes la ayudaran, lo aceptaría de buen grado.
Pero no esperaba eso, sabía que estaba sola, no tenía a nadie, sabía que Arturo desconocía donde estaba. Extrañaba tanto, en esos momentos a su hermana, a Morgause, para que la consolara y apoyara. Pero no. Estaba sola.
Las emociones la invadían y la angustia y la tristeza reinaban. Lagrimas recorrían sus mejillas, de forma silenciosa.
Pero no podía dejarse llevar por sus emociones tenía que controlarse, como otras, muchas veces lo había hecho.
Debía mantener la calma y pensar en una forma de escapar y llevarse a Aithusa con ella.
De pronto recordó su magia, podría utilizarla para escapar. Pero debía esperar el momento adecuado para huir, esperar a que el Sarrum le prestara menos atención para actuar, aunque se sentía muy débil para usar su magia, debía hacer un esfuerzo, por ella, por su dragona.
-Aithusa-dijo de nuevo mientras el dragón la contemplaba, con expresión triste-No te preocupes, pronto saldremos de aquí, lo prometo, estaremos a salvo y nadie podrá dañarnos más, lo prometo.
Intento acariciarla pero estaba encadenada de las manos a la pared y le ra imposible moverse.
Pronto iba a ser libre, se repetía a sí misma, pero una vez más las lagrimas la vencieron y no pudo evitar ser invadida por una profunda angustia.
Un poco corto pero espero le haya gustado! ;D
