G A L L E T A S

Esas galletas eran horribles.

Aduras penas pudo tragarlas. Nunca pensó que esa niña fuera tan mala cocinera.

Después de poder tragar eso no podía rendirse. No importaba que, pero no le entregaría su báculo. Era más que seguro que lo dejaría allí, solo para que la bruja se lo comiera.

Por algún motivo lo lastimo mas el pensamiento de que ella fuera capaz de abandonarlo; que la sensación de galletas quemadas pasándole por la garganta.

-¡Azare al lobo a fuego lento!-

La bruja había comenzado a empujar la jaula, en donde estaba el, hacia el enorme y calorífico horno. Ya no tenía ninguna esperanza.

Pero esa niña se interpuso. ¡Ella siempre se metía en medio de todo!

Pero ahora trataba de salvarle la vida. ¿Confiaría en ella? No. Podía ser un truco. El quería creerle, pero…

Ella no se apartaba.

Quizás. Por esta vez. Confiaría en ella.

Ella le salvo la vida. El no dejaría que le pasase nada.

Pero luego le daría un castigo. Nadie que hiciera galletas tan feas podía permanecer impune.

Bueno, quizás ella podría mejorar un poco.

Y quizás las galletas no estaban tan malas.