Capitulo 7: ¡Tenías que irte!

Hola de nuevo Lectores… Hoy les traigo nuevamente otro capítulo, desde ya les advierto que será corto; pero espero que les agrade. Sé que este será un giro total hacia cierto sentimiento (no les diré cual, tienen que leer para saberlo) que tiene Katara, pero creí conveniente escribirlo… en un tiempo será con otra persona.


Diario Mío:

No tienes idea de cuan enojada me siento.

¿Es por mí? No. ¿Es por mi madre, mi hermano o mi abuela? Tampoco lo es. Es por causa de mi irritante padre. Todo lo que hace es trabajar, no tiene tiempo para su familia. Siempre está ocupado trabajando, inventando proyectos, siendo importante y necesario para otros; pero se olvida de que también estamos aquí. Digo, no deseo que deje de trabajar, el problema es su empleo. Su tonto puesto importante hace que deba alejarse por largo tiempo del país, y en ese tiempo deja de comunicarse por completo de Sokka, mi madre y conmigo. Nunca escribe, llama ni nada por el estilo. Y ahora, justo hace cinco minutos antes de mi infantil rabieta, me enteré de que nuevamente se marchará, pero esta vez será peor.

Verás, te contaré lo ocurrido:

Era domingo por la mañana, las ocho y media para ser más precisos. Desperté para correr las cortinas azules de mi ventana, pues el sol iluminaba radiantemente sobre mi cama y sobre mí, dándome mucho calor y alumbrando en exceso mi pequeña recamara. Cuando me dirigí a la ventana pude ser capaz de ver la casa de Aang, aquella enorme casa situada justo al otro lado de la calle, dos casas a la izquierda de la mía. Sonreí, y noté que iba saliendo con su abuelo, aquel hombre de cabeza calva cuyo andar es bastante ágil para su edad. Pero otro día he de contarte sobre él.

Y en cuestión de un parpadeo, un viento ligero entró a mi habitación, rosando todo mi cuerpo cual delicado par de manos finas. Tuve un mal presentimiento, pero pensé que eran tonterías típicas de mi locura y humor. Cerré las cortinas bruscamente y me dirigí nuevamente a mi desordenada cama, lista para tirarme sobre ella. Pero justo cuando comencé a deshacerme de las sandalias que portaba, mi nariz sintió un cosquilleo al olfatear un agradable aroma.

Se trataba del desayuno, aquel que mi madre cocina cada vez que está feliz. Bueno, en realidad era de esperarse, el sol irradiaba sobre nuestros techos y las aves cantaban melodiosamente por las ventanas, sin mencionar que se cumplían tres meses enteros desde que mi padre había dejado de viajar. Parecía todo tan, perfecto.

El aroma que desprendía esa comida, logró hacerme comprender que se trataba de un delicioso manjar, aquellas ciruelas apetitosas recubiertas con un jugo exquisito. Eso me hizo recordar una vez que le ofrecí unas cuantas a Aang, y él, al probarlas, me dijo que no le agradaron en lo absoluto. Nuevamente sonreí; que sorpresa me llevé cuando pude darme cuenta de que todo lo que veía en cierto modo me recordaba a aquel pequeño; o al menos la mayoría de asuntos me llevaban a pensar y hablar de él. Y de esa forma, sonriendo y rascando levemente mi cabeza, bajé por las escaleras y me dirigí al comedor.

Al llegar ahí, vi a mi padre y a mi hermano sentados en sus respectivos asientos, y mi madre me deseaba un buen día al tiempo en que servía el desayuno; mi nariz nuevamente había acertado, si eran ciruelas deliciosas, que desprendían humo por encima de ellas, y a su vez, este llenaba mis fosas nasales con su olor. Me senté justo al lado derecho de mi hermano, y a mi lado estaba situada mi madre. Comenzamos a dar gracias a los espíritus por un día más de vida y por estos alimentos que nos brindaban, también agradecimos por estar unidos y ser felices así. Al terminar nuestros agradecimientos, todos tomamos nuestras cucharas para adentrarlas en aquellos platos.

Así pasaron los minutos silenciosos, pero no eran para nada incómodos. Y de pronto, como si nada, mi padre habló. Dijo que nos debía de dar una noticia, y llenos de intriga, mi madre, Sokka y yo tragamos en seco el alimento. Lo vimos curiosamente y el bajó su cabeza, dirigiendo su mirada a la mesa de madera pulida, como si esta fuese lo más interesante que hay. Entonces, Habló.

-Familia, saben que los amo ¿Cierto?-

-claro que si papá, pero no entendemos. ¿Qué ocurre?- preguntó Sokka.

-esto es muy difícil para mí. Yo…. Tengo que marcharme.- todos guardamos silencio; y como si el clima coincidiera con los pensamientos que rebotaban en mi cabeza, lanzó nubarrones enormes que cubrieron los rayos del brillante y enorme sol. Luego de ver que eso sucedía, mi padre se dispuso a comentar más. –Lo lamento mucho… pero debo hacerlo. Este viaje será más largo que los anteriores, voy a estar lejos por… un año entero.-

Y así sentí como mi vista se nublaba, a causa de las lágrimas enfurecidas que pasaban por mis mejillas y se derramaban en mi plato. Miré el techo y respiré profundo, entonces limpié mi rostro con mi brazo y bruscamente alejé mi silla de la mesa. Me puse en pie y golpeé la mesa con mis palmas, solo para voltear a ver a mi padre y gritarle llena de enojo.

Aguardé silencio y lo fulminé con la mirada por largos segundos, que después interrumpí yo misma al señalarle con mi dedo índice derecho.

-¡Tú! ¡¿Cómo eres capaz de decirnos eso?! Te apuesto a que lo dices poco tiempo antes de tu partida. Te apuesto a que ya tienes el boleto comprado, y que ya preparaste tu pasaporte y todos tus documentos. Te apuesto a que hasta ahora te das cuenta de que cometiste un error al hacerlo.-guardé más silencio y él me vio horrorizado, como si yo hubiese sido capaz de leer sus pensamientos. Sentí más lagrimas furiosas descender y deslizar por mis cabellos, y volví a hablar.- ¡Te puedo apostar que causarás más daño en nosotros, y todo a causa de tu estúpido trabajo!-

-Katara…- Al fin había dirigido sus palabras hacia mí con un tono de voz que era imposible de descifrar; no supe si era por horror, reproche, o si solo se había quedado sin un argumento a su favor; pues tal y como le dije, lo conozco a la perfección. El siguió pronunciendo mi nombre, pero no le dejé concluir con lo demás.

-Respóndeme algo, papá.-

-¿Q…Qué… cosa?-

-¿Por qué?-el hombre moreno que conozco como mi padre, ahora me veía como si…me tuviese miedo.

Esto me hizo aterrarme, jamás me había visto así. Él sabía, sabe y sabrá que yo tengo la razón en este asunto. Jamás en su vida lo ha confesado, pero sé que es así. Estaba asustada por la forma en que me observaba mientras esperaba que continuara mi pregunta, pero no quería demostrarme débil, quería ser… algo más.

- ¿Por qué fuiste tan cruel como para aguardar hasta este momento? ¿Por qué siempre tienes que hacerlo de la misma manera?- Y el silencio aguardó nuevamente, el no respondió; y mi hermano, quien no soportó más estar en ese lugar y en esa ocasión, se marchó silenciosamente a través de la puerta por la que se había adentrado.

Volteé a ver a mi madre, por primera vez en ese largo momento la recordaba. Ella veía a mi padre, con una expresión en su rostro que era indescriptible; y si creí que era dificil de por sí leer el rostro expresivo con el cual mi padre me observaba, el de mi madre... estaba mucho peor. Todo eso ocurrió en un corto lapso de tiempo, pero para mí, fue inmensamente largo.

–Sabía que no ibas a responder.-

Mientras intentaba calrmar mi enfurecida respiración, y probaba relajar un poco la tensa musculatura que pertenece a mi cuerpo, mi dedo índice dejó de apuntar a su rostro, y mis manos se formaron en puños. Los apreté con toda mi fuerza y cerré mis ojos también. Salí de ese lugar y con paso lento fui nuevamente a mi cuarto, me abalancé sobre la cómoda y de entre sus gavetas te liberé. Ahora quité su candado y con mis dedos pasé todas tus hojas: encontré la próxima que habría de ser llena y escribí todo esto en ti.


Espero algún día poder sonreír con los recuerdos, pero en este momento lo único que soy capaz de hacer, es molestarme y escribir llena de enojo. Ya no, no soy capaz de continuar escribiendo; al menos no en esta ocasión. Solo espero que Sokka y mi madre estén mejor que yo; aunque sé que en unos momentos, cuando logre estar más tranquila, tendré que ir a consolarles, o al menos a mi hermano, quien ama y respeta ciegamente a mi padre. Quien desea ser igual a él.

No entiendo por qué es así. Solo espero que jamás llegue a lograrlo.

Nos vemos mi querido diario, en una próxima ocasión.
Katara-