Capitulo 11:

Hola de nuevo! VINE A DARLES MÁS POR LEER!

verán, me sentí terrible por dejar de escribir tanto tiempo, y aunque he dejado de ver Avatar por un par de meses, su espíritu aun corre en mi imaginación.
Este es un capitulo que se me ocurrió una noche en la que escribía; sé que algunos lo esperan en secreto… wuajajaja 3:D Dejen un review, una señal de vida por favor! Se despide: GirlBender.


Oh, mi amado diario secreto, nunca podrías adivinar lo que me ocurrió recientemente.

Ni yo misma lo habría creído en el pasado, pero creo que todo este tiempo de espera y amor incondicional dio sus frutos. Él… Aang, lo hizo. Verás, habíamos estado muy unidos últimamente. Y aunque pasase largo tiempo entre los días en los que le veía y los que no, yo siempre le recordaba. Cada vez que veía las estrellas, yo lo recordaba. Recordaba su sonrisa, su forma de ser, sus imprudencias y su madurez, su amistad… recordaba todo en el. A veces llegaba a olvidar el chico tan hábil y diestro que puede llegar a ser, porque siempre se muestra con una enorme y juguetona sonrisa ante todas las dificultades que el mundo le pone enfrente.

También recuerdo esos momentos en los que me partía el corazón verle triste, o escucharle decir que había perdido su esperanza. Refresqué en mi memoria entonces esa semana tan tortuosa, en la que él no estaba presente. Parecía ido, solo hallaba su cuerpo ante mí; pero su espíritu vivificante y esa risa llena de alegría y esperanza se había esfumado. Él no tenía la misma mirada de antes y simplemente comenzó a ignorarme. Eso dolía mucho, yo jamás sentí tanto dolor hasta ese entonces; el verle sufrir me hacía sentir peor, enferma… no había experimentado nada peor hasta ese tiempo. Aún así fui perseverante y continué apoyándolo, sonriéndole y escuchándolo. Esos días se volvieron pesadillas, pero así como todo sueño, terminó. Él…. Aang volvió a ser el mismo de antes, y cuando el regresó, yo lo hice también.

Y cada vez que pongo mi vista en las estrellas, yo le recuerdo.

Atesoro en mi mente sus palabras y su progreso. La primera vez que lo vi, el parecía tan seguro de sí mismo; se veía que era alguien alegre, fuerte y audaz. Él, con tan solo verle una vez, trajo a mi esa esperanza. Con ver sus ojos una vez, pudo devolverme la fuerza. Porque si yo no l hubiese visto, habría seguido con esa vida sin propósito alguno, esa vida sin sentido que vivía a diario. Porque ya nada me importaba en este mundo hasta que lo conocí. Me bastó con ver sus ojos para enamorarme de él. Para enamorarme de ese gozo que él emanaba.

Luego el comenzó a hablarme, y pude sentirme aún más viva. De pronto tenía la valentía para enfrentarme a todo y a todos, y yo sin darme cuenta, me enamoré de ese chico al que conozco como Aang. Ahora, cada vez que despierto y tomo un respiro más, antes de abrir mis ojos ante la luz del día, yo pienso en él, y albergo en mi corazón la esperanza de poder verlo aunque sea un minuto, antes de que acabe ese día. Y como si el cielo en verdad se llevara consigo mis sueños, le veo justo cuando siento que he de caer nuevamente. Él no lo sabe, pero siempre aparece cuando siento que no puedo dar más de mí. Cuando lucho por caminar cada paso que doy y por tomar aliento cada vez que inhalo, cuando lucho por contenerme y no quebrarme cual vaso de vidrio, cuando más agotada estoy…. Aang aparece ante mí. Y justo en el momento en que lo hace, yo puedo exhalar tranquila. Yo puedo sonreír llena de paz.

Pero no me fijo en todas las estrellas del cielo. Eso sería juntar demasiadas memorias que se esparcen por los vientos. Solo veo una. Se ubica del lado izquierdo de la luna y brilla mucho, es muy grande y siento como si me escuchase. Cada noche la veo, y le pido que le envíe mis saludos a ese chico que me envía las fuerzas para seguir mi vida. Gracias a él tengo esperanza, ese chico me trajo algo que hace tiempo había perdido: la risa.

Fue por eso y mucho más que aún no te he mencionado, que yo me enamoré de Aang.

Le profesé mi amor día con día, y aunque él no lo notase, estuve ayudándolo y prestando toda mi atención en él. Así ha pasado el tiempo y no se fijó hasta ese entonces. Hasta el día que más feliz he sido en toda mi vida.

El día en que la estrella más rediante concedió mi más profundo deseo. El día que yo no creí que llegaría.

Yo estaba ahí, corriendo hacia él, viendo como el auto de sus padres encendía sus motores para salir y él estaba ajustando sus maletas para marchar por un buen tiempo. En verdad quería despedirme, por si no lo volviese a ver jamás. Cuando él posó sus ojos al horizonte, me vio corriendo a donde él estaba, y yo pude sentir como… como sonrió para mí. Esa sí era una sonrisa para mi persona, únicamente para mí. Al fin lo alcancé, sintiendo como el aire me faltaba y como la energía corría por mi cuerpo. Le dije cuanto le echaría de menos y me acerqué a abrazarlo, entonces aspiré su aroma. Ese aroma que no sentiría por un largo tiempo y que necesitaría recordar. No sentí nada a mi alrededor más que sus brazos, y en un movimiento que jamás he logrado descifrar, el me tomó y me besó.

Él besó mis labios y yo fui más feliz que nunca. Sabía que era correspondida y que todo el amor que profesé no había sido en vano. Comprendí en ese momento que todas mis luchas por que él siguiera siendo el mismo sí fueron apreciadas. Estaba más cerca que nunca, y podía sentir su calidez y afecto.

Pero entonces pasó lo que temí.

Como todos los sueños que terminan, ese terminó. ¡Había sido un tonto sueño! Otro de esos montones que he tenido. Ese día sentí temor de que fuese un sueño, y me convencí de que no lo era, pero el radiante sol en mi ventana me envió a la realidad de nuevo. Suspiré y me puse de pie, solo estaba dormida, nuevamente. Quizás algún día, él si llegue a quererme y yo sea correspondida. Pero por ahora, tendré que conformarme con hablarle por medio de estrellas y verle en sueños.

Me despido,

Katara.