Hola! y pues que les digo...hemos llegado al capitulo 13! :D siii...
ANTES QUE NADA: agradezco muchisisisisisismo a todos y todas por sus reviews, y gracias también a los que me dijeron su opinion acerca de escribir más Kataang o no, este capitulo va para ustedes. En un principio no se verá tanto pero prometo que habrá más que en el capitulo anterior, Y TENGAN SEGURO QUE HABRÁ MÁS AÚN EN LOS SIGUIENTES! XD
ahora sí, les dejo leer... (recuerden dejar sus reviews por favor)
Diario mío:
Jamás podrías adivinar lo que ocurrió, ni mucho menos sentirme como yo me siento en este preciso instante. Ni siquiera sé bien en que debo enfocar mi mente, lo único que me inundan son los llantos de una amiga, las palabras de desconocidos, el sonido de un auto y las imágenes de un horrible lugar.
Aquí es cuando agradezco a los espíritus el tener esta vida y ser quien soy, cuando doy miles de gracias al destino por no ponerme en el lugar de otros; cuando amo la cordura que la mayoría de veces me posee, ese sentido común que me impide hacer estupideces.
Todo este asunto fue tan repentino, de día me encontraba en un parque y ahora acabo de abandonar las instalaciones de un hospital…
Comenzamos en un hermoso día, Sokka salió con Yue, papá y mamá estaban en sus respectivos empleos y yo me encontraba caminando sin rumbo, no había nada que hacer y no tenía un lugar a donde acudir. Simplemente me dejé llevar por el viento, y sin saber cómo, llegué a un hermoso parque de la ciudad. Es invierno y hace frío, la nieve cae e inunda las copas de los arboles; la nieve cae y cubre las calles, el césped, bancas y demás. Los animales se esconden y no hay tanto ruido como de costumbre; solo el de algunos niños jugando con nieve en los jardines de infantes a donde sus padres los llevan para ser instruidos o cuidados. De vez en cuando se ven algunas máquinas ruidosas que despejan los senderos para autos y vehículos, y solo a veces un peludo canino sale por las noches a aullar. En mi ciudad, el invierno es hermoso y perfecto, por eso lo amo tanto, además me hace sentir viva y libre.
Ese parque al cual llegué era en verdad precioso, todo se veía blanco, y la pequeña laguna del centro estaba congelada, convertida en hielo. Pero toda esa belleza no fue lo que captó mi atención, sino más bien el hecho de que estuviera vacío y silencioso. No se oían muchos ruidos, únicamente el eco de mi voz; y en una forma ciertamente lejana se captaban las risas y ruidos de la población.
Sin pensarlo dos veces me adentré a ese parque, y entre un montón de arbustos encontré el paisaje ideal. Parecía sacado de cuento de hadas, ¡Era tan bello y perfecto! ¡Era único entre miles! Al entrar cada vez más a ese lindo y blanquecino parque, encontré entre diversos arbustos el que se podía llamar "mi lugar especial". Este se trataba, ni más ni menos que de un enorme árbol cubierto de nieve en la cima, y todos esos pequeños copos disminuían en cantidad conforme llegabas al tronco y las raíces; era algo así como un degradado de blanco, verde y marrón.
Y todo el césped que lo rodeaba se hallaba tan blanco, que en muchas ocasiones te perdías en tus puras ilusiones. Y no solo era eso lo que lo hacía parecer precioso, sino que un pequeño rayo de luz, fino y frágil como el cristal, atravesaba toda esa nieve y las hojas para llegar a dar a un agujero, en donde no se hallaba nieve, sino verde grama y delicadas flores de colores. Solo ahí se encontraba el equilibrio de estos elementos, y juntos en ese parque, era una vista singularmente especial.
Por eso decidí recostarme, y para mi suerte traía en mi bolso un lápiz y papel. Era la última hoja de mi cuaderno de dibujos, y justo en esa hoja plasmaría este momento especial. Solo estaba yo. Ni Yue, ni Sokka, ni papá, mamá o la abuela interrumpieron mi paz y tranquilidad. Y fue tal la serenidad que por un largo rato me quedé dormida, luego de terminar mi dibujo comencé a respirar profundo, y cuando menos me lo esperaba, caí a descansar.
Al despertar pude notar que ya era la tarde, pues el cielo azul y despejado tomó tonos rosados y anaranjados. También escuché un par de ruidos, y salí de ahí para ver si se trataba de un niño perdido o un animalillo al cual ayudar; después de todo aún tenía algo de tiempo, había observado mi reloj, el cual marcaba las seis, y papá y mamá regresaban supuestamente hasta las siete.
Y salí de ese bello escondite, solo para encontrarme con algo perturbador. La hermana menor de Yue, Toph, estaba siendo perseguida por un muchacho que con actos vulgares le intentaba cortejar; y ella, como la valiente y ruda chica que es, se le enfrentó, aunque de eso salió perdiendo. Ahora estaba apoyada en un lugar donde no había salida, y el chico se acercaba peligrosamente a ella. Por eso tomé impulso y con todas mis fuerzas lo alejé de ahí, pronto Toph pudo salir y yo corrí detrás de ella. Llegamos a una línea de cruce peatonal y estábamos dispuestas a pasar, pero un conductor se saltó el alto, y antes de que Toph llegase, este ya se había estrellado contra ella.
Sonó un horrible estruendo y pude oír como un par de vidrios se quebraron. Luego voltee a ver a Toph, y ella estaba todavía peor. Estaba tosiendo sangre y con sus últimas fuerzas gritaba de dolor; luego de manera histérica yo grité su nombre, y entre todo eso, ella cayó.
Tomé mi celular y lo primero que marqué fue al celular de Sokka; él llamó a una ambulancia y yo me senté con Toph en mi regazo a esperar. Calculo que transcurrieron cinco minutos, en los cuales Sokka llegó junto con Yue, y seguido de ellos los paramédicos aparecieron.
Así se la llevaron hasta el hospital más cercano, y cuando los alcanzamos nos recibieron inmediatamente, indicándonos donde se encontraba Toph y cuál era su condición. Ella estaba grave, y si no moría por lo menos algo más habría de pasar. Aún recuerdo su reacción al vernos, en ese momento me esforcé por no llorar. Ella, con sus parpados pesados, realizó un fuerte intento por abrir sus ojos y vernos, creo haber memorizado sus palabras, las cuales fueron algo así:
"Ka-Katara….Yue, Sokka…. Ayúdenme. M-mi cuerpo… él no se mueve y duele mucho. Y n-no veo m-muy bien, cada vez se pone más borroso todo… Está oscureciendo… ayúdenme a mo-moverme, o-o yo n-no podré jugar…"
Y luego de esas palabras cayó inconsciente por tercera o cuarta vez. Yo ya había perdido la cuenta y solo me enfocaba en el dolor punzante que se colocaba en mi pecho; y en el llanto de Yue que lo empeoraba, ella estaba mucho peor que yo. No la he de culpar, Toph era su pequeña hermana, una chica de tan solo diez años que lo único que quiso fue salir a jugar un rato más. De inmediato llegó una enfermera, revisó su pulso y salió corriendo, literalmente, hasta poder encontrar a un doctor. Él nos obligó a abandonar la habitación un momento, que para los tres fue desesperante y eterno. Y cuando salió no llevaba una buena cara, pues no iba a darnos una alegre noticia.
La buena: Toph Bei Fong se había salvado. La mala: había entrado en coma. ¡Un bendito coma! ¡Y no sabíamos cuánto más duraría! Eso podría pausar su vida por poco tiempo, pero así mismo la podría detener por años, por algo es que se llama coma, porque pausa la vida de las personas. Estábamos agradecidos enormemente porque no era el punto final de su vida, más aún así sentimos gran pesar al saber que lucharía en un coma, y que solo podríamos observar impotentes, sin saber cómo ayudarle a un recuperamiento veloz. Y Yue volvió a estallar en llantos, aturdiendo mi corazón, el cual de por sí ya se había puesto muy frágil.
Vimos a Toph por última vez y le prometimos que iríamos a verle al día siguiente. Luego nos marchamos los tres a la residencia de los South; Yue no deseaba estar sola en casa, y para colmo, sus importantes padres habían asistido a un viaje de negocios. Cuando papá y mamá llegaron a casa, les contamos lo sucedido y accedieron a hospedar a Yue por el tiempo que ella quisiese. Luego, en forma desanimada tomamos la cena, y todos nos fuimos a dormir.
Ese día no tuve tiempo de escribirte, pero hoy si he tenido más tiempo para hacerlo. Es el día siguiente, el cual tampoco fue lindo, fue casi igual a ese ayer que anhelo poder omitir y olvidar, colocarlo, si se pudiese, entre miles de puntos suspensivos… saltarlo para no regresar a él NUNCA JAMÁS.
Hoy me senté en el parque más poblado, en una de las frías bancas a pasar el rato y divagar. No estaba observado, pensando ni mucho menos sintiendo algo, hasta que noté que alguien se sentaba a mi lado y me tomaba entre sus brazos. Al sentir esa calidez y seguridad que me transmitía, yo no lo pude evitar, y comencé a llorar todas esas lágrimas que por bien a los demás no había podido derramar. Pasé así con ese desconocido por un par de minutos, y mientras yo más sollozaba, el más duro me abrazaba. De pronto volteé a ver su rostro, y vaya sorpresa la que me llevé. A mi lado, abrazándome, se encontraba ese único que me podía consolar, el único que podía darme fuerzas…
el único… Aang.
Por un par de segundos nos vimos a los ojos, y al terminar ese pequeño y mágico instante, limpió con la delicadeza de sus manos las lágrimas en mis mejillas. Me dijo que odiaba ver a una amiga así, y me pidió que le contara lo que sucedía. Así le conté todo: el paisaje, mi siesta, esa tarde, el chico y el accidente; le mencioné cuán culpable me sentía por no haber podido evitar esa fatalidad. Al terminar yo de narrarle todo y de desahogarme aún más, él mencionó unas últimas palabras, se puso de pie y extendió su mano hacia mí. Ahora ya no tiene doce años, acaba de cumplir trece y pronto lo rebasaré más cumpliendo quince años. Ahora le permiten salir más tiempo, y gracias a eso es que pudo encontrarme, consolarme, verme y hablarme. Como último gesto me encaminó a casa, y al llegar allá se despidió de mí con un beso en la mejilla. No sé que le ocurrió a Aang hoy, él no suele ser así de dulce. Y probablemente estaría sonriendo ensoñadoramente en otros momentos, en otros días. Pero hay cosas más importantes por el momento, y el romance habrá de venir después.
Ahora, en estos últimos instantes del día, todas esas ideas y palabras rebotan por mi mente, pero las que más tengo presentes son las que me dijo ese mismo chico que por momentos me logró consolar.
"Katara, tú no eres culpable de esto. Si pasó fue por una razón, los espíritus no permiten accidentes sin alguna causa, de seguro algo bueno habrá de salir de todo eso. Solo deja de sentirte así…. Y si necesitas apoyo, confía en tu familia y amigos. Pero no te aísles y no sufras por este accidente en el que tú no fuiste culpable."
Y quizás, solo quizás, le dé la razón a ese niño en esta ocasión. Por eso mi querido diario, es que poco a poco le fui tomando gran aprecio; por lograr hacer de mi vida una vida aún mejor.
Nos vemos luego mi querido diario, prometo llenar otra página en cuanto Toph despierte y continúe un nuevo y distinto capitulo en su vida;esta vez sin comas, y faltando mucho para un punto y final.
Gracias por aclarar mis pensamientos, te quiere,
Katara South.
