Se había cansado de golpear la puerta del almacén de limpieza para salir. Las lágrimas que habían fluido por el temor de estar encerrada eran reemplazadas por rabia. Un nuevo nivel de furia que nunca había conocido se había apoderado de ella.
Le pareció injusto que le odiaran por una razón tan tonta, si es que dicha razón existía. Le pareció injusto que se comportaran tan mal con alguien con quien nunca habían hablado. Y era injusto que sus compañeras terminaran encerrándola ahí, en un espacio solitario, entre objetos de limpieza.
El silencio fue interrumpido por sonidos de batalla. Todos estaban allá afuera, defendiendo su cuartel, su hogar. Lo que contaba era que estaban allá afuera.
Nunca había sido partidaria de los lugares cerrados, pero tenía que cooperar con ello y seguir esperando. Sabía que él no estaba en esos momentos en la fragata; que se encontraba en un torneo en una ciudad portuaria a la cual apenas habían llegado. No sabía si el torneo había terminado o si apenas había empezado, y mucho menos le importaba si él ganaba o perdía, quería que él volviera a lo que ahora era su hogar.
Tenía la esperanza de que Colress notara que ella no estaba, que la buscara. Que fuera él quien la rescatara.
Pero él nunca llegó.
