El interior de la caverna era helado, ni sus uniformes de reclutas podían cubrirles del frío. Caminaban escoltando a Ghetsis y a Zinzolin entre el camino que era iluminado por el Ampharos de Jun, con pasos firmes que escondían el creciente nerviosismo.
Al final del estrecho túnel se encontraron con una cámara mucho más fría, recubierta casi en su totalidad por hielo. Adentro de ella estaba el carámbano más grande que jamás habían visto, un deleite para la vista y un castigo para el tacto; y una docena de reclutas terminando de colocar trampas alrededor del carámbano, con Colress coordinando la instalación de éstas. Leaf y sus amigos se quedaron de pie frente a la formación de hielo, esperando las instrucciones con la cara más seria que pudieran poner.
Ghetsis se paró frente a ellos, observando a cada uno con sumo cuidado. Su mirada era penetrante y a Leaf le transmitía cierta desconfianza.
Colress escondió su emoción durante ese momento. Después de mucho tiempo compartía el mismo espacio que Leaf. Su inexpresiva mirada estaba sobre ella, pero la joven recluta estaba más emocionada por el hecho de estar en una misión. Él dejó de lado todo lo demás para perderse en la visión de aquella persona en quien nunca dejó de pensar.
Ghetsis les dio la espalda un momento para admirar el enorme carámbano. Sus planes estaban saliendo a la perfección. Podía sentir que nada iba a salir mal.
-Los he citado aquí porque ustedes son sobresalientes -comenzó, aún dándoles la espalda; su voz resonó por todo el lugar y tomó por sorpresa al equipo de Leaf -Sus habilidades, sus esfuerzos, no han sido en vano, y el día de hoy los reconocemos con la importante misión de capturar al pokémon Kyurem
Dejó de mirar el carámbano para volver encarar a sus reclutas. Ellos seguían con un rostro serio, pero si hubieran tenido la oportunidad de mostrar su nerviosismo lo hubieran hecho.
-Se preguntarán dónde está Kyurem -señaló hacia el enorme pedazo de hielo con su bastón; ellos también miraron -Este enorme carámbano lo mantiene adentro. Se encuentra ahí, dormido
Explicó con cuidado la misión que debían cumplir. Bastante simple, de hecho: despertar a Kyurem atacándolo. Si los artefactos que Colress, en colaboración con otros científicos, habían fallado, atacar a Kyurem directamente y activar unas trampas reforzadas no sonaba tan descabellado.
Ghetsis se alejó al terminar de explicar la misión. Leaf agradeció en su mente que el hombre ahora estuviera alejándose y que no tendría que soportar más esa horrible mirada. Alvah dio la orden de rodear al carámbano, y así lo hicieron sus compañeros. Simultáneamente liberaron a sus compañeros pokémon, y esperaron a que Alvah diera la siguiente orden.
-¡Ataquen al mismo tiempo! -gritó
Beartic y Snorlax atacaron usando Demolición, Ampharos usó Puño Fuego, Linoone daba cabezazos fuertes y Luke concentraba energía para Aura Esfera. Atacaron con esa misma formación por varios minutos, pero no parecía funcionar. Alvah no podía comprender cómo es que nada servía, cómo es que un enorme pedazo de hielo no tenía ni un rasguño visible. Ghetsis estaba impacientándose y los otros reclutas comenzaron a notarlo.
-Si estos inútiles no pueden tendré que haberlo yo –murmuró
Colress le escuchó insultarlos, pero reprimió su enojo.
-Kyurem es un pokémon guerrero por naturaleza, ¿No es así? –la pregunta de Zinzolin llamó la atención de Ghetsis por unos momentos –Pronto desertará, sólo es cosa de esperar
Los pokémon seguían atacando, variando movimientos alrededor del carámbano, pero seguía casi intacto. Ahora Alvah estaba perdiendo su paciencia
-Tal vez si intentamos otra cosa... -sugirió Rena
-¿Cómo qué? Nuestros pokémon le están dando con todo
-Realmente no sé qué, pero aún podemos...
Les interrumpió un sonido fuerte, como si la tierra estuviera abriéndose. Sin más aviso, el carámbano estalló. Los pokémon usaron protección para salvaguardar a sus entrenadores, pero Luke, utilizando el poder que tenía para controlar el aura (y en un reflejo muy rápido) encerró en un campo de energía al carámbano, previniendo que cualquier pedazo de hielo lastimara a alguna persona. Del enorme trozo de hielo pronto pudieron ver emerger a un dragón. Su color gris, sus inexpresivos ojos y ese gruñido pronto llenaron el lugar. Luke cedió ante el cansancio de haber usado tanta energía, y a pesar de estar libre, Kyurem estaba fijo, sin atacar. Todos quedaron expectantes al pokémon, pero nada pasaba.
Alvah y sus compañeros se miraron entre sí. No sabían qué esperar o qué hacer. Estaban confundidos y algo asustados ante la visión de Kyurem. El dragón tomó un paso. Dos. Nick se crispó y ordenó un ataque a Snorlax.
-¡Doble Filo!
Snorlax se lanzó hacia Kyurem. Golpeó la cabeza del pokémon, el cual al recibir el golpe fue empujado. La paz que Kyurem pudo haber tenido se disipó cuando lanzó un Rayo Hielo hacia Snorlax, congelándolo. Nick se asustó y corrió hacia su pokémon. Comenzó a golpear el hielo que mantenía apresado a Snorlax, con la fútil esperanza de liberarlo él mismo.
-¡Beartic, Garra Sombra!
Beartic alzó su garra derecha, la cual estaba envuelta por un aura negra. Golpeó también la cabeza de Kyurem, el cual volvió a responder el ataque con Rayo Hielo. Beartic se defendió con Protección. Al ver que Alvah atacó, Rena, Jun y Leaf también entraron en acción.
-¡Ampharos, Rayo!
-¡Linoone, Giga Impacto!
-¡Luke, Pulso Dragón!
Los tres atacaron al mismo tiempo. Kyurem lanzó Aliento Dragón, parando el ataque de Ampharos y Luke y, de un solo coletazo, mandó al suelo a Linoone. La batalla se extendió por varios minutos, los cuales no pasaron en vano. Tanto los pokémon de estos cinco reclutas como el mismísimo Kyurem estaban visiblemente agotándose.
Los ataques iban y venían por parte de los pokémon ante la mirada de Ghetsis y los demás. Estaba observando el poder de Kyurem. Con un pokémon así nadie podría vencerle, ni arruinar sus planes como había pasado dos años antes.
-Activa las trampas –ordenó a Colress; lo vio titubear -¿Estás sordo? He dicho que las actives
-Pero ellos siguen ahí –replicó –No sólo van a electrocutar y paralizar a Kyurem, también a los reclutas y a sus pokémon
-¿De verdad piensas que me importa? –Colress retrocedió ante esas palabras –Son reclutas, son pokémon comunes. Los puedo reemplazar en cualquier momento. Pero Kyurem es único
Colress apretó con fuerza el control que activaba las trampas. No quería permitirle el gusto de atrapar a Kyurem a costa del bienestar de los otros reclutas y sus pokémon, y más importante aún, no quería que Leaf resultara herida. El gusto le duró poco. Ghetsis le empujó, haciéndole perder el equilibrio, pero sin derribarlo. Colress dejó de apretar con tanta fuerza el control mientras evitaba caer, y fue ahí cuando Ghetsis le arrebató el artefacto.
-Eres bueno para la ciencia –le dijo –Pero terrible para seguir órdenes
Los pokémon seguían atacando. Snorlax había logrado liberarse del hielo, rompiéndolo desde adentro con todas sus fuerzas y estaba listo para apoyar a sus compañeros. Pero Ghetsis no estaría dispuesto a perder más tiempo. Activó las trampas, las cuales liberaron poderosas descargas eléctricas. Al científico no le quedaba más que observar con impotencia lo que pasaba.
Habían pasado tres días desde el incidente. Kyurem fue capturado exitosamente y ahora la fragata sobrevolaba el área de Opelucid. Leaf poco a poco despertaba. Lo primero que vio al abrir los ojos fue el techo de la enfermería. Miró hacia los lados; a su izquierda se encontró con Alvah y Jun, ambos descansando en una camilla propia. A su derecha estaban Rena y Nick, tambien descansando.
-¿Qué pasó? –se preguntó. Se sentía débil, adolorida y confundida.
Recordó a Kyurem. Quiso levantarse para averiguar qué había pasado, pero escuchó pasos que se acercaban; ahora estaba temerosa. Vio entrar a Colress y se relajó. Él la miró. Su expresión era de una interminable preocupación, la cual se disipó poco a poco para dar paso a una sonrisa. Él estaba visiblemente cansado, como si no hubiera dormido por días. Colress se acercó a ella, y al estar lo suficientemente cerca, acarició la cabeza de la chica. Ella pudo descifrar una amorosa mirada en él, pero sólo le devolvió una mirada llena de confusión.
-¿Cómo te sientes? –le preguntó aún acariciándola
-Me duele todo
-Tuviste suerte –detuvo los gentiles movimientos de su mano –Perdóname
Ella no entendía, ¿perdonarlo por qué? Apenas iba a preguntarle, cuando él se inclinó hacia ella y tomó sus manos entre las suyas. Leaf apenas se había dado cuenta que él no tenía la bata de laboratorio, ni los guantes. Pudo sentir sus cálidas manos y se sintió protegida. Colress soltó sus manos, y lentamente la abrazó con suavidad. Él no encontró las palabras exactas para decirle que estaba feliz por haberla visto bien, sólo sabía que tenía que abrazarla. Leaf tampoco sabía qué decirle, sólo supo que tenía que corresponderle el gesto tan amoroso.
