Leaf caminó por los pasillos de la fragata con mucho cuidado; el cuerpo aún le dolía y lamentó haber salido de la enfermería tan rápido. Todo le pareció sumamente escalofriante, pues el lugar estaba vacío. No escuchó ningún ruido, ni voz, y no vio a nadie más pasar por ahí.
Se acercaba al laboratorio, y pronto comenzó a olvidar el dolor. Pero justo antes de llegar, algo más le hizo detenerse. En el gran salón que antes estaba vacío pudo ver ahora un enorme contenedor, el cual estaba ocupado por Kyurem; estaba lleno de máquinas que lo mantenían débil. El enorme dragón le reconoció rápidamente, y le gruñó ferozmente pese a estar tan débil. Leaf retrocedió: era la primera vez que un pokémon le gruñía con tanto resentimiento. Asustada como nunca, quiso acercarse nuevamente. Tocó con cuidado el cristal que le separaba de Kyurem, estaba arrepentida de haberlo hecho prisionero de Ghetsis. Lo miró fijamente, olvidándose de todo, y por ello no escuchó unos pasos detrás de ella.
-¿Qué diablos haces aquí? Se supone que todos los reclutas están allá abajo, en Opelucid
La voz era de un recluta. El chico caminó impacientemente hacia ella. La tomó por sorpresa jalándola del brazo violentamente, y comenzó a arrastrarla de nuevo hacia el pasillo.
-Necesitamos más gente allá abajo y tú estás aquí parada como sí nada –jaló nuevamente con fuerza –Ese chico es un problema… así que procura detenerlo
-No sé de qué estás hablando, no tenía idea de alguna misión –le respondió, resistiéndose
-No creas que te vas a quedar aquí sin hacer nada…
-¡Acabo de decirte que no sé de qué cosa hablas!
El recluta le dio una fuerte bofetada que la derribó. Leaf permaneció en el suelo unos segundos, tocando su adolorida mejilla.
-No vuelvas a levantarme la voz –le dijo en un todo enfadado mientras Leaf se levantaba. Pronto retrocedió, chocando con el cristal que hace poco había estado tocando.
La puerta del laboratorio se abrió, y Colress salió. Miró lo que pasaba, bastante desconcertado.
-Si te atreves a tocarla una vez más… -su voz estaba llena de angustia y furia
El recluta lo miró desafiante. Se acercó a él, intentando verse imponente, pero Colress seguía furioso, sin ninguna impresión.
-¿Crees que por ser un jefe del Equipo Plasma te tendré miedo? Vuelve a tu madriguera a hacer ciencia, no necesito que me des órdenes –apretó su puño, conteniéndose –Eres un inútil, pero desde que ésta chica llegó te has vuelto un debilucho, una completa molestia
El soldado salió de ahí, hecho una furia. Colress se acercó a Leaf, tocando la mejilla que estaba roja en cuanto estuvo lo suficientemente cerca.
-¿No te hizo nada más? –ella lo negó con su cabeza –Es un alivio… aunque ese golpe…
-Gracias –le dijo finalmente; Colress separó su mano de la mejilla de Leaf –Siempre estás salvándome que no sé ni de qué forma te lo puedo agradecer
-Eso hacen los amigos –le dolió usar esa palabra, pero no quiso evidenciarse más de lo que ya lo había hecho
-Alvah me dijo que habías estado junto a mi estos días que estuve dormida. Discúlpame, pero no creo que un "amigo" haga algo así
Él suspiró. Supo en ese momento que cualquier cosa que se atreviera a decir como defensa no serviría de nada.
-¿Tan obvio fui? –preguntó
-Sí. Estaba esperando que dijeras algo, pero creo que hubiera muerto y aún así tú no dirías nada
Hubo silencio entre ellos, y cada que intentaban verse a los ojos, desviaban sus miradas mientras se sonrojaban. Ninguno pensó en hallarse en tal vergonzosa escena.
-Me alegro haberme acercado más a ti, y no a tu pokémon
Leaf se sorprendió de escuchar eso. No entendía de qué hablaba.
-¿Qué tiene que ver mi pokémon con…?
-En realidad es bastante simple –interrumpió –Cuando te conocí en Castelia tuve la idea de atraerte al Equipo Plasma para estudiar a tu pokémon. Pensé en observar los cambios que podría haber si su ambiente cambiaba tan bruscamente; es decir, si su fuerza aumentaba o disminuía, o si su comportamiento cambiaba. No me imaginé que aceptarías mi propuesta de venir, si te soy sincero. Pero nunca llevaste a Luke contigo hasta ese día que me contaste sobre tu primer Lucario, y para ese momento el estudiar su comportamiento y su fuerza ya no me interesaba más
Terminó de hablar, pero ella no quiso decir nada más.
-Ya veo… -atinó a decir –Bueno… gracias…
Comenzó a retirarse, de pronto se sintió mal.
-Eh… ¿A dónde vas?
-Me duele el cuerpo. Ese tipo me lastimó más
-Te acompaño –su voz se había hecho más enérgica, pero Leaf volteó a verlo. Tenía en el rostro una expresión indescifrable
-No, está bien. Debes tener mucho por hacer en este momento. No quisiera quitarte más tiempo. Sólo venía a agradecerte.
Cuando se alejó lo suficiente, se recargó sobre la pared, mirando hacia el suelo.
-Claro… la ciencia… ¿Cómo pude olvidar la prodigiosa ciencia? –se dijo a sí misma en voz alta.
No regresó a la enfermería hasta que las lágrimas y todo rastro de ellas se había borrado.
