Estaban recostados sobre el suelo del laboratorio, acostados al lado del otro, tomados de la mano. Era relajante estar así, mirando el techo, y cómo cambiaba la iluminación del laboratorio mientras la iluminación natural del mundo cambiaba.
"¿Deberíamos ir afuera?" Se preguntó él. Ir afuera, y mirar el cielo. Respirar aire puro: lo único puro que había cerca del Equipo Plasma. Pero no quería compartir con nadie más la dicha que sentía en ese momento. No quería compartir el regalo que era ver a Leaf.
"¿Deberíamos besarnos otra vez?" Se preguntó ella. Sabía que los hombres no eran fáciles de complacer, y que tomar su mano mientras estaban recostados en el suelo no era suficiente ni para él ni para ella. Lo deseaba sólo a él, al único que vio en ella algo especial.
Colress la soltó y se levantó y ella, mirándolo desde el suelo con cuidado, no perdía ninguno de sus movimientos. Él extendió su mano, y Leaf entendió que tenía que levantarse del suelo.
Cuando estuvo de pie, junto a él y aún agarrando su mano, sintió un agradable cosquilleo dentro de ella que se extendía desde su pecho. Lo abrazó, y cerró sus ojos, como si supiera que estaba imaginando cosas. Pero él no era producto de su imaginación. Podía sentirlo, después de esperar tanto tiempo.
-Te quiero –le dijo
Él se quedó en silencio. No sabía qué contestar.
-Gracias… -fue lo único que atinó a decir
Ella seguía abrazándolo, sin importar que esa respuesta era tan plana y vacía. Dentro de ella, ese "gracias" significaba un "Yo también te quiero". Colress supo que su respuesta era incómoda e indeseable, y para remediarlo, abrazó con suavidad a Leaf. Cuando ella levantó la mirada para observar sus ojos, él plantó un beso en la frente de la chica.
-Tú eres todo lo que tengo en el mundo –dijo ella
-Tú… -susurró, aunque sólo estaban ellos dos –Tú eres mi mundo…
Saldría después del laboratorio. Lo amaría después con más calma. El tiempo sobraría cuando el Equipo Plasma estuviera fuera de sus vidas.
