El día era de lo más aburrido. Rena y Alvah aprovecharon para jugar póker; Jun se entretenía con un Libro; Leaf dibujaba corazones y garabatos varios en una libreta mientras pensaba en Colress y Nick estaba fuera del dormitorio, dando un paseo por la fragata.

Seguía garabateando, soñando despierta en la reacción de sus padres el día que tuvieran que conocer a Colress. En su mente, ensayó lo que diría, cómo se movería, sus reacciones. Todo. Estaba emocionada.

Alvah la miraba de reojo. Sabía cuál era la causa de la radiante felicidad de Leaf. Le dolía, pero sintió que, si se atrevía a decir algo, podría perder su amistad.

Pasó una hora más. Seguían en su rato de ocio cuando Nick abrió la puerta de golpe. Miraron hacia la puerta; Nick venía con alguien más. Reconocieron al joven acompañante en cuestión de segundos, mientras Nick cerraba la puerta celosamente.
-¡Na-! –Leaf se detuvo; alguien podría escucharlos -¿Qué haces aquí?

Cansado y agitado por tanto correr, Nate se dejó caer en una de las camas. Suspiró fuertemente, tomando aire, mientras los otros le miraban expectantes.
-¿Recuerdan lo que dije? Dije que iba a detener al Equipo Plasma, y para eso estoy aquí. Mi amigo y yo casi los perdemos cuando entramos al Boquete Gigante
-Me dijo que Zinzolin y otros reclutas los atacaron. Lo encontré en la cubierta y decidí traerlo lo más pronto posible. Los otros están alertas, así que no fue tan fácil llegar hasta acá. Incluso puede que algunos estén a punto de atacarnos aquí
-Bueno y, ¿qué hacemos ahora? –preguntó Rena; nadie supo que contestarle
-¿Qué importa? –respondió Nick –Con Nate de nuestra parte, podemos salir directamente al ataque. Mejor vamos ya, no perdamos más tiempo pensando qué hacer y qué no

Alvah se levantó de su asiento, dejando sus cartas acomodadas y acomodándose el cabello. Su mente pensó en esa probabilidad, y la tachó de irresponsable. Aún así, sonrió. Con esa sonrisa desafiante, sus compañeros sabían que era momento de actuar, y asintieron. Nate no entendía nada, y se limitó a verlos.
-Muchachos, este es el momento que estábamos esperando. Tenemos que poner de nuestra parte para ayudar a Nate
-Seamos sinceros –interrumpió Rena –Los otros reclutas son un montón de debiluchos, la idea de salir y aplastarlos no me parece mala. Propongo ir en parejas

Alvah asintió decididamente. Meditó unos segundos y siguió hablando.
-Jun, Rena, ustedes vayan a la cubierta y controlen a los otros. Leaf y Nate se encargarán de detener a Ghetsis
-¿Estás seguro, Alvah? –Leaf estaba sorprendida ante la petición –Creo que deberías ir tú
-Iría, pero, ¿recuerdas quién es el que controla todas las puertas de emergencia, incluida la de Ghetsis? –Leaf comenzó a sonrojarse ante sus palabras –Creo que será mejor que vayas tú
-Entiendo… -miró hacia el entrenador –Nate, tienes que prepararte bien, a partir de ahora comienza la verdadera pelea
-Nick y yo mantendremos a raya el área de dormitorios –sus compañeros, a pesar de estar dispuestos a luchar, se veían preocupados –Todo va a estar bien. Piensen en ello como si fuera otra de las sencillas misiones que nos encargan. No se rindan, muchachos. Yo sé que lo vamos a lograr… ¡Adelante, es hora de la batalla!

Los seis salieron de la habitación y sin más pusieron en acción su irregular plan.

oOo

Rena y Jun fueron los primeros en separarse del grupo. Les pareció raro que en su camino nadie les detuviera o les siguiera. Fue todo tan raro que les causó escalofríos.
-Sabes –comenzó Rena –Nunca me había dado tanto miedo caminar por aquí. Todo parece tan lúgubre…
-Lo sé ¿había algo planeado para hoy?
-No sé, no recuerdo nada… probablemente Nick y Nate los hayan derrotado en su camino a nuestro dormitorio
-Ojalá

Sus pasos hacían eco, lo cual acrecentaba el miedo de Rena. Jun lo notó y comenzó a reír.
-¿De qué te ríes, tonto?
-De ti –la mirada de la chica cambió –No tengas miedo. No pasará nada, te lo prometo. A lo mejor no encontremos nada en la cubierta, así que tú quédate tranquila
-¿Cómo puedes estar tan tranquilo?
-Estoy más emocionado que nervioso, debe ser eso. En unos días más podré regresar a Johto con Ampharos. Dejaremos ésta horrible vida por fin. Esa debe ser razón suficiente

Caminaron unos minutos hasta llegar a la cubierta. El cielo estaba despejado, y el sol brillaba fuertemente. No había nada peligroso, sólo varios reclutas maldiciendo a Nate y a Nick por tan humillante derrota.
-¡Al fin aparecen! –uno de los recluta corrió hacia ellos –Su amigo nos ha traicionado. En vez de ayudarnos a deshacernos del entrenador se puso de su lado. Tenemos que detenerlos antes de que cause más problemas
-No –la voz de Jun fue firme
-¿Cómo?, ¿Ustedes también…?
-Así es, nosotros también estamos de acuerdo con Nick. ¿No están hartos de vivir con miedo?, ¿No están hartos de ser perseguidos en todas las ciudades?, ¿acaso no extrañan a sus familias?, ¿no extrañan sus vidas? Yo sí… yo extraño mi casa en Fortree… no voy a desaprovechar ésta oportunidad de ser libre
-Y ni se les ocurra intentar atacarnos. Sabemos que no pueden, ¿por qué arriesgar a sus compañeros pokémon? Si saben lo que les conviene… ríndanse. Les aseguro que hay mejores cosas que trabajar para el Equipo Plasma

Los otros reclutas estaban confundidos. ¿En verdad eran éstas personas los reclutas más temidos? Se miraron entre sí, sin saber qué decir o cómo moverse mientras Rena y Jun seguían ahí de pie, con esas sonrisas llenas de confianza y satisfacción.

oOo

Nick y Alvah caminaban por los pasillos haciendo bromas. No parecían preocupados por algún ataque sorpresa. Siguieron caminando hasta encontrarse frente al antiguo dormitorio de Leaf. Alvah paró en seco, recordando el día que la acompañó hasta ahí para recoger sus cosas. Aún podía verla tomando sus pocas pertenencias con suma rapidez, evadiendo las miradas e insultos de sus compañeras.
-Aquí empezó todo, ¿no? –Nick le tomó por sorpresa por su pregunta –Todavía recuerdo lo mucho que nos temía
-Está feliz, al menos…
-Pero desearías ser tú, y no el señor de los cabellos raros
Los dos rieron fuertemente.
-¿Cuánto fijador crees que tenga que usar? –siguió Alvah; su risa acrecentó

Entre sus risas se escucharon unas pisadas y varias puertas abriéndose. Montones de reclutas salieron de los dormitorios, alertados por la risa de los jóvenes. Los otros miraban esperando los movimientos de Alvah y Nick, pero parecían, por primera vez, no representar una amenaza.
-¿Les importaría decirnos de qué demonios se ríen? –comenzó uno
-Eh… ¿acaso está prohibido reír? –contrarrestó Nick; los otros no les respondieron -¿Ya se olvidaron de lo que es eso?
El silencio reinó en el lugar. Nick y Alvah se miraron en confusión.
-Por lo visto lo han olvidado… ¿qué más ya no saben hacer? Parece ser que todos dejaron de ser personas para convertirse en los robots de Ghetsis, ¿No aspiran a más?

Seguían sin escuchar respuestas. A los reclutas se les hacía raro ver al feroz Alvah y al salvaje Nick hablar de humanidad. De hecho, muchos no les habían escuchado hablar alguna vez. El ambiente se hacía cada vez más raro para los dos jóvenes. Sintieron como si estuvieran hablando con niños pequeños que le tenían miedo al mandón profesor.
-¿No tienen ganas de ir afuera? –la voz de Alvah se escuchaba melancólica –Sí… a disfrutar de los lugares de Unova. Yo sé que muchos de ustedes están aquí porque no les queda de otra. Están aquí para sobrevivir. Que no les de pena decirlo, no teman decir qué es lo que desean.

Empezaron a escucharse leves murmullos. No sabían si era bueno o malo, pero era un gran avance al silencio que tenían unos segundos atrás.
-Ustedes son muy valientes al estar aquí –siguió Nick –Aguantar los regaños de Ghetsis, la constante presión, el huir de la policía, y el dejar atrás a sus familias… Pero, ¿no extrañan la libertad?, ¿no extrañan a sus familias? Yo creo que el estar aquí nos ha hecho más fuertes, a nosotros como entrenadores y personas, y a nuestros pokémon como compañeros de toda la vida. ¿No quieren volver a ver a sus amigos? A toda esa gente que dejaron atrás para venir acá…
-Ghetsis no es más que un tirano. Sin nosotros es nada. Si nos unimos en su contra, podemos terminar con él, yo lo sé… Si no fuera por nosotros, ¿creen que hubiera llegado tan lejos en la captura de Kyurem? ¡Por supuesto que no! Desde los reclutas con las tareas más mundanas hasta los científicos más brillantes, todos dieron lo mejor de sí. Ghetsis no les reconoce nada, no le importa nada más que lo que sea para su propio beneficio. Mis amigos y yo lucharemos hoy por nuestra libertad. Son bienvenidos los que quieran unirse

Alvah y Nick siguieron de pie frente a los otros reclutas. El barullo se agrandó.

oOo

Nate corría a la par de Leaf. Estaba acostumbrado a correr, pero ésta vez se le hacía difícil: estaba emocionado, temeroso e inspirado por los amigos de Leaf. Llegaron a un área donde había una barrera electrónica. El joven quedó sorprendido mirando la barrera, mientras Leaf buscaba una tarjeta entre sus bolsillos.
-Recibí ésta tarjeta de parte de mi… de alguien muy especial –comentó mientras se acercaba a una máquina en una pared –Nos dará acceso a casi cualquier lugar, incluido éste
La miró teclear una clave, y la barrera comenzó a disiparse frente a sus ojos. Nate estaba impactado con lo que veía, y Leaf al notarlo, rió.
-Hay gimnasios con trampas más sorprendentes que ésta simple barrera electrónica –le comentó
-Eso creo…
-Sígueme. Tenemos que ir por aquí para poder entrar a la oficina de Ghetsis. Es una pena que no podamos abrir su puerta de golpe…
-Eso lo alertaría y huiría, ¿cierto?
-Así es, por eso tenemos que hacer tanta caminata

Unos pasos más, y Leaf se detuvo en seco al ver a Kyurem. El pokémon se veía más débil que otros días, como si estuviera enfermo.
-Pobre pokémon –dijo Nate, sintiendo una genuina pena
-Yo le hice esto… perdón, me siento algo sentimental. Me arrepiento de haber capturado a Kyurem. Debe sentirse horrible estando ahí…
-¿Y qué harás?, ¿Romper el cristal para que huya? Ese cristal es indestructible ¡Nunca liberarán a Kyurem!

Zinzolin les tomó por sorpresa. Leaf apretó los puños, estaba enfurecida con el anciano. Nate avanzó hacia él, decidido a darle la peor paliza en una batalla pokémon.
-Jovencito, tú no sabes cuándo rendirte. Y me sorprende de ti, muchacha, ¿crees que tu traición pasará desapercibida por aquellos a quienes amas?
-¡Tú no sabes nada! –respondió ella; Nate miraba sin entender
-Por supuesto que lo sé. Tu comportamiento no pasa desapercibido por mi o por el señor Ghetsis. Con éste acto subversivo estás sellando el doloroso destino de la persona a quien amas. ¿Crees que no sabía? Pobre científico, su vida no vale nada… el señor Ghetsis no tendrá reparos con desaparecerlo
-Leaf, yo me encargaré de él –tomó una de sus pokébolas, estaba listo para luchar

Un sonido se hizo presente. Eran varios reclutas, y frente a ellos Alvah y Nick guiaban el camino.
-No canses a tus pokémon con ésta basura –Nick señaló sin reparos a Zinzolin
-Muy cierto, necesitarás que estén fuertes para enfrentarte con Ghetsis –Alvah miró a Leaf a los ojos; ella entendió que debían seguir su camino hacia Colress -¡Sigan, nos vamos a encargar de que obtenga su merecido!

Leaf tomó la mano de Nate y corrió con él, guiándolo por el camino. Estaban a punto de llegar al laboratorio cuando se le ocurrió gritar algo que hizo que hasta que Nate se avergonzara.
-¡Corazón, abre la puerta!
-¿Co-corazón? –susurró Nate, ¿en qué clase de situación se había metido?

oOo

Colress estaba mirando las computadoras de su laboratorio. Se encontró increíblemente aburrido en ese lugar. Estaba aburrido y cansado, a punto de quedar dormido cuando lo alertó un grito.
-¡Corazón, abre por favor!

Reconoció la voz de Leaf afuera de su laboratorio. Se levantó lo más rápido que pudo, evitando caer en su ímpetu. Abrió la puerta del laboratorio, y comenzó a acomodar su bata blanca.
-Qué bien que llegaste, estaba pensando en ir a verte justo ahora…

Leaf empujó a Nate para entrar, desconcertando a Colress completamente.
-No hay mucho tiempo para explicar, tienes que abrir la puerta de Ghetsis para que Nate pueda ir a derrotarlo
-Tranquila, estás temblando –parecía más alerta por verla temblar que por la presencia del otro entrenador
-Es que no hay tiempo –respondió ella –Por favor… ábrela
-Colress –Nate llamó su atención -¿Me recuerdas? Nos encontramos en el PWT de Driftveil, y después en la Ruta 22. Leaf y sus amigos me han ayudado en mi camino por la fragata. Necesitamos que abras la puerta para que pueda enfrentarme a Ghetsis

Leaf se aferró a él, estaba desesperada, y sus sentimientos se arrebataron de su cuerpo. Quería que las cosas terminaran lo más rápido posible. Colress la miró a los ojos. Su petición parecía ser muy importante. Y esa fe ciega en un muchacho que él apenas había visto unas pocas veces. Inclusive, vagamente lo recordaba. Se quedó pensando unos segundos en lo que podría pasar si el muchacho no lograba vencer a Ghetsis. Pero, ¿y si lo lograba?, ¿Sería el final del Equipo Plasma? Y si Leaf y los otros le ayudaron tanto a éste chico, ¿por qué no confiar?
-La guarida de Ghetsis está a la izquierda del salón donde Kyurem está encerrado. Cuando estés ahí la abriré

Nate suspiró aliviado. Un gran peso se quitó de su alma en ese momento.
-Muchas gracias... prometo que derrotaré a Ghetsis
-No pierdas tu tiempo aquí. ¡Ve! ¡Mucha suerte en tu batalla!

El entrenador desapareció rápidamente. Muchos estaban esforzándose por ayudarlo. Es algo que no olvidaría.

Leaf seguía temblando. Después de mantener tanta calma para no preocupar a Nate, accedió y soltó sus lágrimas. Colress la abrazó, esperando pacientemente a que se calmara.
-Tu trabajo… tu investigación sobre el poder de los pokémon… todo se ha echado a perder por mi culpa…
-No digas eso. No importa –le aseguró con la voz más tranquila –La ciencia no lo es todo, ¿verdad?

Besó la frente de Leaf. Eso le hizo dejar de llorar para así poder sonreír. Ojalá él hubiera sido tan valiente como Nate y se hubiera decidido a enfrentarse a Ghetsis él solo. Resolvió ayudar al entrenador si perdía contra el tirano Ghetsis.

No podía creerlo, pero su intervención no fue necesaria.