Disclaimer: Los personajes son propiedad de Capcom
Capítulo 3 : Revelaciones
Elisa paladeaba su bebida , al otro lado de la mesa. Había estado en silencio durante los dos primeros platos. Ada apreciaba su capacidad de disfrutar del silencio y no forzar la conversación para rellenarla.
Sabía que su amiga entendía que tenía muchas cosas en la cabeza y necesitaba disfrutar de su Margarita antes de hablar.
Había invitado a Elisa a cenar por que necesitaba a alguien que no conociera a detalle los pormenores de su trabajo y también por que deseaba hablar con alguien sincero. La mayoría de la gente le decía lo que quería oír. Pero Elisa era una de las pocas personas que conocía, que no titubeaba al hablar. Ada no era de pedirle a nadie consejos románticos. Aunque, después de conocer a Leon, se preguntaba si de verdad conocía también a los hombres como ella creía. Sabía que Elisa le diría claramente lo que pensaba sobre Leon.
La relación de ellos era un desastre. Con bajos y altibajos. Un día se encontraban atrapados en un elevador y podían dejarse llevar por la adrenalina de sus cuerpos y en la siguiente ocasión se apuntaban directamente con sus armas.
-¿Cómo sigue Leon?- preguntó al fin Elisa.
-Recuperándose, pero sigue sin recordar nada.
-¿Incluida la discusión?
-Sobre todo la discusión- Ada suspiró.
Antes de que Leon partiera a sus vacaciones obligadas, sin saber bien como, logró dar con su ubicación. Tomándola por sorpresa. Sabía que Ingrid Hunningan estaría detrás de eso. Ya después saldaría cuentas con la agente en telecomunicaciones. Pero, en ese momento, su preocupación era saber como demonios Leon se atrevía a ir en su búsqueda y solo para exigirle respuestas. Las cuales no tenía intenciones de revelarle a nadie. Ni siquiera a él. Leon no se lo tomó como ella esperaba, esta vez, iba decidido a saber en que estaba involucrada, para ser perseguida internacionalmente. Ella le había dicho que podían hablarlo cuando volviera. Y se fue, como solo ella sabía hacerlo, dejándolo nuevamente con más preguntas que respuestas.
Días después recibió una más de tantas llamadas. Intuía que sería una oferta más de trabajo, para recuperar una muestra de virus o robar información de una compañía. En lugar de ser su contacto de siempre, era una mujer la que le llamaba.
-Ada, tengo algo importante que decirte- dijo muy seriamente, la mujer a la cual identificó como, Ingrid Hunnigan.-El avión de Leon se estrelló y se encuentra de gravedad en el hospital
A ella se le nublaron los ojos. Parpadeó para disipar las lágrimas y se armó de valor para regresar a la vida entera, se centraba en ser la mejor espía. Y de pronto, en unos segundos, el tiempo necesario para contestar una llamada, todo había terminado. Se acabó.
"Controlate Ada"
-¿Dónde está?- preguntó ella, con la voz quebrada.
-Te dejaré la dirección del hospital.
Ada sabía que si llegaba a vivir doscientos años, nunca olvidaría esa llamada.
Lo peor del asunto, es que Ada sospechaba, que ese accidente no había sido casualidad. Unos reportes a los cuales tuvo acceso, indicaron que varios de los pasajeros muertos, presentaban lasceraciones y en sus muestras de sangre, se encontraron rastros de pequeños virus, los cuales no tuvieron explicación. El avión de Leon se había estrellado y él había despertado con amnesia. Le pareció cruel dejarlo solo y decidió esperar a que se recuperara y marcharse después en espera de la siguiente misión que se presentara. Esa había sido la idea desde el principio. Pero la situación se estaba complicando. Por eso contactó a Elisa para que le ayudase a aclarar sus ideas.
-¿Hablaste con él?- Elisa preguntó, recordándole que no se encontraba sola.
-No. Hablaré con él cuando le den el alta. Casi nunca estamos solos en el hospital. Después de eso, volveré a mis actividades.
-¿Desde cuando volviste a ser la cruel Ada que todos conocemos y amamos? -ironizó Elisa
Ada negó con la cabeza. Una parte de ella deseaba que lo fuera. De esa manera, podría irse , como siempre lo hacia, sin sentirse culpable. Pero desde el accidente, era una mujer distinta. Le estaba costando adaptarse a los cambios que veía en ella. Incluso disfrutaba el visitarlo en el hospital y le tenía sin cuidado encontrarse a los hermanos Redfield, en especial al mayor, que no disimulaba su molestia por encontrase con ella, y en lugar de responderse fríamente, se marchaba sin decir nada más.
-Es como si hubieras sido reemplazada por otra Ada igual que tú.
-Ya tuve suficiente con una- ironizó Ada.
-¿Ves cambios en Leon?- quiso saber su amiga.
-Cada vez que voy a verlo, observo como les pregunta a todos como se encuentran. Es amable, considerado, respetuoso… el accidente no parece haberle cambiado en absoluto.
-Sonríes cuando hablas de él- Elisa se inclinó hacia adelante con el ceño fruncido. -¡Te gusta!- acusó.
La barbilla de Ada empezó a temblar y tuvo que tensarla con fuerza.
"Dile lo que piensas de Leon" Pero la idea de desnudar su corazón delante de ella, parecía inmovilizar la lengua de Ada. Así que, en vez de ello, solo pude responderle a su amiga:
-Me agrada estar con él.
-¿Solo te agrada?- No era la respuesta que Elisa esperaba escuchar.
-Los médicos dicen que su amnesia puede ser temporal. Puede recordar todo en cualquier momento.
-Posiblemente temporal pueda significar posiblemente permanente.
-No importa- Ada movió la cabeza- Puede que Leon no recuerde lo que hice, pero yo siempre lo sabré. No podrá volver a confiar en mi.
-Esta podría ser tu segunda oportunidad. No le tengas en cuenta un pasado que no recuerda. Podrías perderte algo fantástico.
Elisa había dicho justo lo que Ada temía pensar. Estar con él era recordar aquellos tiempos cuando se conocieron en la estación de policía. Pensaba en Leon cuando tendría que concentrarse en el trabajo .Esa tarde, había sentido un innegable cosquilleo cuando se tocaron. No sabía si era por lo cerca que estuvo Leon de la muerte, pero en su mente, una parte de ella, quería seguir el consejo de Elisa.
Sin embargo, aunque no lo quisiera admitir, la antigua Ada seguía dentro de ella. Esa mujer desagradable que no dudaría en pisotear sus sentimientos con tal de conseguir lo que buscaba. Tarde o temprano resurgiría.
Ada ni siquiera tenia una relación con Leon, pero estaba segura de que no iba a entregar su corazón, su libertad y mas años de su vida a esa relación, si es que se le podía considerar una relación.
-¿Cuándo tiempo hace que se conocen?- inquirió Elisa.
-Quince años- respondió.
-¿quince años y aun no pasa nada?
-Es difícil de explicar.
-Amiga, te daré un consejo.
Era típico de Elisa animarla a arriesgarse.
-Para empezar , deberías buscar un trabajo más normal, donde no te veas obligada a viajar tanto y que no ponga tu vida en riesgo, ni la del bebé y…
-Espera…¿cuál bebé?- la interrumpió Ada.
-Los que tengas con Leon.
¿Qué sabía ella de bebés, niñas y niños? Nada, salvo que le daban pavor. Ni siquiera le había cruzado la idea por la mente.
-Sabes, una vez que salga del hospital, sería buena idea que conocieras a los padres de Leon y buscar una linda casa en un suburbio, donde más adelante puedan tener hijos…
"Creo que el hablar con Elisa, no fue la mejor decisión que he tomado"
Desde que Elisa se casó, dejó de ser la chica sensual que provocaba suspiros y que era capaz de ligarse al mejor postor de la fiesta, solo para pasar un buen rato. Pero, sin embargo, no pudo evitar sentir una opresión al escucharla.
Una sensación de angustia invadió a Ada al pensar en ello. Tenía treinta y nueve años y dentro de poco, no podría llevar el mismo ritmo de trabajo. Cuando eso sucediera, Leon seguramente estará jubilado o casado y lo más probable era que ella pasara lo que le restara de vida encerrada en una prisión de máxima seguridad. Envejeciendo y soportando a otras reas malhumoradas. Eso no sucedería si podía evitarlo.
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Ada miraba a Leon pasear por su departamento, como si fuera un corredor de arte, examinando en cada rincón del lugar.
Leon condicionado por la rigidez de los músculos, se movía lentamente. Le habían cambiado la escayola del brazo por una férula para que pudiera quitársela para ducharse. Si no fuera por la leve cojera, nadie sabría por que tipo de trauma había pasado.
Antes de salir del hospital, le cortaron los trozos de cabello quemados por el fuego dejando el desastre por una melena corta y lacia. Era un cambio que Ada había admirado cuando lo vio. Siempre lo recordaba con cabello largo.
Ada se dio cuenta de que Leon observaba una fotografía en la sala de estar. Una donde él aparecía al lado del presidente de los Estados Unidos, Adam Benford. Pensaba que al verse, le llegaría un recuerdo de esa escena.
Pero no ocurrió nada. Siguió mirando la fotografía en silencio. El sonido de su móvil la distrajo un momento. Leon siguió examinando el departamento.
Ada volvió a guardarse el móvil en su funda y fue en su busca. Lo encontró en su recamara. Con la mirada pérdida.
Empezó a observar su colección de armas personales que tenía guardadas dentro del armario.
-AF, AB-50, Wing Shooter, Sniper, Lightning Hawk... ¿Son mias?- preguntó visiblemente sorprendido.
-Todas lo son. Tienes permiso para tenerlas.
-¿Cómo es posible que reconozca los nombres de estas armas, y sin embargo, desconozca los nombres de ustedes y de mi familia?
Era una buena pregunta. Ella no tenia ni idea de cómo funcionaba la amnesia. Sacudió la cabeza.
-Tal vez solo recuerdas lo que tenía más importancia para ti.
Leon se volvió hacia ella. La expresión de sorpresa se había borrado del todo.
-¿Prefiero las armas a todos ustedes?
-No lo sé- se encogió de hombros-. No me decías nada sobre asuntos personales cada que nos encontrábamos.
Leon perdió interés por las armas y salió de la habitación. Ada le siguió hasta el recibidor donde lo encontró en el sofa.
-¿Estás bien?- preguntó ella.
-Me siento como si todos vieran un fantasma que yo no puedo ver. Si te hago unas preguntas, ¿las contestarás? ¿con sinceridad?
Ada arrugó la frente, pero asintió y se sentó a su lado. Era hora de hablar.
-¿Tu y yo tenemos algo?
-No- contestó ella. Leon fue directo al punto y ella también lo haría. Endulzar la verdad no ayudaría en nada.
-Entonces, ¿por qué me dijeron lo contrario en el hospital?- sus grandes ojos azules parecían decepcionados.
-Es algo complicado de explicar- respondió
-Pero…-Leon intentó decir algo, pero lo dejó en el aire.
-Nos hemos visto pocas veces- explicó ella-. Cuando nos conocimos tiempo atrás, no pensé que nuestros caminos volverían a cruzarse. Pero me equivoqué. De alguna u otra manera, pareciera que el destino nos pone en el camino.
-¿Vas a quedarte?- la miró con ojos esperanzados que a ella le atenazaron el corazón.
- Me quedaré unas semanas más en lo que te recuperas. Luego me iré.
Leon asintió como si lo entendiera.
-¿Siempre fue así? ¿El que me abandonaras después de encontrarnos?
Ada pasó saliva y bajó la mirada. Estaban hablando como esperaba hacerlo y la verdad aunque no le gustara, por difícil que fuera, era necesario.
Miró el rostro de él, tan familiar, pero tan distinto. Sus ojos la miraban suplicantes y vio en ellos motas doradas que no había visto antes. Deseó descubrir otros detalles que le hubieran pasado desapercibidos. Sin embargo, en ese momento quería conocer mejor al hombre que tenía ante si. Quería ayudarlo a explorar el mundo y a descubrir quien era y lo que era capaz de hacer.
-Siempre fue así.
-La verdad- dijo él pensativo- me molesta no recordar nada de lo que veo en esas fotografías. Pero, tal vez sea mejor así. No recordar y empezar de cero.
Eso había dicho Elisa, que podría ser una segunda oportunidad. Ada se preguntaba si Leon estaría dispuesto a ofrecérsela. Ella lo había traicionado y abusado de su confianza.¿Cambiaba algo el que no lo recordara? Estaba incierta.
-Tu memoria puede regresar en cualquier momento. Cuando ocurra, puedes volver a ser agente del gobierno o seguir como estás.
En este hombre había algo que la incitaba a confortarlo. Nunca había sentido antes eso con nadie. Incapaz de resistirse, le deslizó el pulgar por la mejilla.
La hinchazón casi había desaparecido.
-Siempre te preocupas por cuidar de los demás.
-Gracias por decir eso-. Dijo él-. No sé que pasó entre nosotros, solo lo imagino por lo que me contaron. ¿Crees que podríamos perdonarnos por lo que hicimos en el pasado?
Lo reconcomían los remordimientos por pecados que no recordaba. No le pedía que volvieran ni que se quedara con él. Solo suplicaba su perdón. Verlo así, pasar tiempo a su lado esas últimas semanas, la había llevado a sentir cosas nuevas y distintas por él. Sentimientos que podían acabar hiriéndola y que rechazaba de plano. Pero tal vez si podía ofrecerle su absolución. Para comenzar.
-Quizás lo que ambos necesitamos sea empezar desde cero.
-¿Qué significa eso?
Era una buena pregunta. Ella no estaba lista para responder, pero al menos podía intentarlo.
-Significa que nosotros también comenzamos de nuevo. En realidad no nos conocemos, no tenemos razones para confiar el uno en el otro. Lo que ocurra entre nosotros lo dirá el tiempo.
Leon asintió y una leve sonrisa le curvó los labios. Sus ojos se encendieron con el optimismo de nuevas oportunidades. Tras semanas, de verlo derrumbado, parecía brillar. Estaba guapo. Tanto que sintió el irreflenable deseo de acercarse.
Se inclinó y le plantó un rápido y sonoro beso en la mejilla. Fue poco más que un roce, una silenciosa confirmación de que todo iría bien, incluso si no seguían juntos.
Esa, al menos había sido su idea. Pero todo su cuerpo reaccionó al contacto. Deseó tomar su rostro entre sus manos y beber de su boca. No se atrevió. Por un lado, no estaba curado del todo y por otro. Era descender a un pozo del que no podría salir.
-No necesitamos opiniones de nadie guapo y menos de tus amigos- susurró cerca de su boca. Después se apartó antes de hacer algo de lo que podría arrepentirse.
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Leon no se sentía guapo. El beso seguramente había sido por lástima para que se sintiera mejor tras comprender que no quedaba nada de la sombra de su pasado. Era obvio que ella se sentía incomoda y cuando sonó el móvil aprovechó la oportunidad para atender afuera. Y lo dejó solo para que volviera a acostumbrarse a su nuevo-antiguo hogar.
El problema era que no tenía sensación de hogar. No había ningún mueble que lo incitara a sentirse cómodo. Al sentirse fuera de lugar, fue a su dormitorio a ver televisión. Cuando se cansó de ver la programación en su mayoría infomerciales, decidió darse la primera ducha desde el accidente. Tras pasar media hora bajo los chorros del agua se sintió más normal, pero la sensación se evaporó cuando se puso de frente al tocador al intentar ponerse el tratamiento.
Elizabeth, su madre, le había impedido verse al espejo durante semanas. Leon no sabía que aspecto tendría que tener, pero no le hacia falta ver su reflejo para saber que había sufrido cambios . La expresión de los que lo conocían lo dejaba muy claro.
Su madre, era una mujer atractiva y su hermana Lucy, se parecía a ella. Pero tal vez se parecía a su padre, Edward, que era un hombre imponente, era su único rasgo dominante.
Mirarse en el espejo fue difícil, pero terminó acostumbrándose. Su madre le había llevado una caja llena de fotografías para recordarle a su familia y amigos, pero él no aparecía en ninguna. Nadie le había enseñado una foto antes del accidente. El doctor les pidió que evitaran enseñarle su imagen, ya que podría sufrir un ataque post- traumático y su memoria se perjudicaría. Al menos eso fue lo que les recomendó el médico.
Había creído que lo inquietaría y al verse en una imagen, le llegarían los recuerdos de los que todos le hablaban, pero cuando se miró en aquella fotografía, junto a un hombre mayor, fue una experiencia vacía, como mirar la foto de un desconocido.
Leon comenzó a ponerse la crema que le habían dado en el hospital la cual hidrataba, mejoraba y aceleraba el proceso de cicatrización. Esperaba sentirse bien en su propia piel, y no era el caso. La crema no arreglaría eso.
-Apuesto a que has disfrutado la ducha después de tantos baños de esponja.
Leon volvió la cabeza y vio a Ada apoyada en el umbral.
Se sentía a gusto con ella, pero le incomodaba estar casi desnudo. Si tiempo atrás se llegaron a ver desnudos, no lo recordaba. Ahora eran desconocidos.
Ella lo miró. Estaba más delgado, sus costillas sobresalían . Al contemplarlo, se dio cuenta de que estaba observando algo muy íntimo. Se volvió y salió de la habitación para dejarlo a solas.
Regresó unos minutos después y lo encontró con el rostro brillante y abotonándose la camisa.
-Leon, hora de comer- le ordenó.
Le sirvió una sopa de verduras hecha con tomate y carne, caliente y arómatica, espesa por el quingombó. Leon apoyó las manos junto al tazón, mientras luchaba contra el impulso de lanzarse a la sopa como un animal.
Era la mejor sopa que había comido en su vida. Leon comió incrédulo por su buena fortuna. Después de tener que comer la insípida comida del hospital. Ella solo pellizcó un trozo de pan tostado. Leon se detuvo.
-¿Qué pasa?- le preguntó ella- No cocino seguido, ¿algo está mal preparado?
-No. En realidad es la mejor sopa que he haya comido jamás. Pero, ¿Dónde está tu plato?
- No tengo mucha hambre- le explicó
Los ojos de Leon parpadearon un instante.
El mantuvo los hombros rígidos, preguntándose que pensar sobre Ada Wong, que parecía tan autoritaria en algunas ocasiones y soñadora en otras.
Después de la cena, Ada fue a buscar una almohada y un cobertor limpios y luego lo guió hacia su cuarto.
-Lo mejor será que descanses- dijo ella.
-Te estoy agradecido por la cena. Eres una buena cocinera- se sintió bien consigo mismo, de poder decirle lo que sentía.
-¿Te irás?- Leon no quería quedarse solo. Pasó toda la tarde, confuso, esperando que algo le reactivara la memoria.
-Dormiré en la otra habitación, buenas noches, Leon.
-Buenas noches, Ada.
Ada asintió y salió de la habitación. Poco después oyó la puerta cerrarse.
Leon se desabotonó la camisa y la colgó en la perilla de la puerta. Después, se sentó en el colchón, se quitó las botas y las colocó a un lado. De pie, dejó caer los pantalones vaqueros en el piso. Luego, con un rápido movimiento, se trepó en la cama. Hundió la cabeza en la almohada y se estiró sobre el suave cobertor. Tenía la barriga llena, su piel olía a jabón, y en alguna parte, allá afuera, existían personas a las que les importaba, como: Claire, Sherry, Chris, Helena y Ada que le ofrecían alternativas. Personas que no dudarían en ayudarlo a que recordara su pasado. Aunque le agradaba la presencia de Ada, no pudo evitar preguntarse, el por que de todas las personas que lo visitaron en el hospital, terminó siendo, precisamente ella, la que lo llevara a su departamento, cuando en el hospital, se alejaba lo más posible de él. Le preguntaría un día de esos. Por ahora. Solo deseaba conocerla más.
"Dame una oportunidad. Por favor, quédate Ada"
...
¡Disculpen la demora en actualizar!
Espero que les haya gustado este capítulo, el cual fue un poco más largo que los anteriores, el otro, puede que sea del mismo largo o menos, les pido su opinión .Cualquier sugerencia o comentario de la historia, les agradecería mucho sus reviews que me inspiran a seguir escribiendo.
Muchas gracias y hasta el siguiente capítulo.
