NUMB

Capítulo 3

Por DarkCryonic

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Evitó a John Watson una semana. Sabía que el médico estaba ansioso por tener una de sus conversaciones molestas para seguir hablando del maldito tema. No lo iba a hacer. No tenía asunto gastar tiempo en aquello. Ya hasta le daba lo mismo. Watson era como todos… No. Él era el mismo, siempre sería el mismo. El médico tenía derecho a darse cuenta de esa verdad. El muro se había alzado… No. Siempre había estado allí. Había fingido no verlo. Pero a contraluz, bajo la lluvia o en medio del silencio siempre había estado allí separándoles… aún cuando sonreían después de un caso con un par de tazas de té entre ellos.

El fin del caso no ayudó a mejorar las cosas. La niña apareció flotando en el Támesis como él mismo había adelantado la primera vez. Y no, la pena del doctor o la preocupación sin límites de los policías, no había ayudado… había sido sólo un impedimento, nada que ayudara a encontrarla con vida. Por otro lado, el encontrar al asesino un día después había sido gratificante, sólo hasta que le vio el rostro y comprendió los móviles.

El puzzle se había cerrado. Había vuelto a quedar en cero a la espera de otro acontecimiento. John no había emitido comentario, ni siquiera había llegado a insinuar el escribir sobre el caso en el blog. Supuso que la muerte de la niña y la captura del asesino no contaban como algo digno de ser narrado. No lo comprendió, pero tampoco dijo nada sobre el asunto. De todas formas había sido un caso burdo. Los móviles, las acciones, el asesinato… no había sido más que viles acontecimientos sin gusto unidos por una mente mediocre y enferma. No había clase. No habían sido más que acciones unidas de casualidades que habían detonado una solución que a nadie parecía llenar. Todo destilaba ordinariez por donde se le mirara.

Pasó aquella tarde sentado en su sillón apretando sus piernas contra su pecho balanceándose levemente hacia adelante y atrás para detener el tránsito de sus pensamientos. John había ido a su trabajo después de quedársele viendo unos minutos. No había querido levantar la vista y responderle la mirada. No había tenido ganas de una afrenta. Las cosas estaban extrañas… el muro era tan visible que John parecía borroso tras de él cada vez que habían intercambiado miradas los últimos días.

Cerró los ojos esperando.

Los cristales habían volado a su alrededor. Los había visto flotar desde sus espaldas. Sus sentidos se dispararon haciendo que su cuerpo se contrajera aún más en su sillón, al mismo tiempo que su cerebro trataba de registrar los datos y sus oídos empezaban a emitir un sonido molesto que le recordaba las pocas veces que había nadado hasta el fondo de la piscina cuando pequeño y había intentado quedarse allí más de lo que su cuerpo había querido.

No supo cuantos minutos estuvo en esa posición. Algo húmedo caía por un lado de su cabeza, cosa que lo hizo reaccionar y mirar a su alrededor. La luz de sol de la tarde entraba sin piedad por las ventanas destrozadas. La explosión había sido lo suficientemente fuerte para hacer estremecer el edificio, pero no para hacerlo sucumbir. Un coche bomba… dijo su mente mientras empezó a registrar el salón y los escombros. El respaldar de su sillón tenía cientos de cristales incrustados, si aquella hubiera sido su espalda no estaría vivo para contarlo.

Bajó apurado al primer piso. A los pies de la escalera se encontró con una asustada señora Hudson. La mujer le abrazó con fuerza. Sherlock aún no podía escucharla, así que se limitó a observar la puerta de entrada que parecía haber sido desgarrada de su lugar. ¿Cuántas posibilidades había de que aquello fuera sólo una casualidad? ¿10 por ciento?

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Para variar no había dejado que le llevaran en la ambulancia. Ni siquiera había dejado que le tocaran. Le había gritado a Lestrade que se fuera y le dejara en paz justo en el momento que un alarmado John Watson aparecía en el salón más alterado de lo normal y le miraba con sorpresa.

-Sherlock…Estás sangrando. — Dijo acercándosele sin mediar palabra con las demás personas del lugar. El detective reaccionó quedándose tranquilo y dejándose hacer cuando fue empujado al sofá para ser revisado. John aprovechó la presencia de los paramédicos para pedirle las cosas que necesitaba para curarle. Lestrade había sonreído al ver a Sherlock tan quieto. Los ojos de John estaban allí atentos a cada uno de sus gestos. Le miraba de forma diferente. Como si fuera importante. No había dejado que los paramédicos intervinieran en la curación. Y había hecho que la mitad de las personas que estaban en el lugar se fueran, sólo con una orden y una mirada a Lestrade. Eso le había hecho sentirse tranquilo, de una forma que no había sentido en las últimas semanas… como si sus demonios hubieran retrocedido unos pasos y el muro hubiera dejado una grieta para que pudiese mirar y respirar a través de ella.

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-Cuando tenga más información sobre lo que pasó vendré a contaros. Mientras, sería bueno que aceptaras la oferta de tu hermano y se fueran al refugio en donde está la señora Hudson... No pueden quedarse aquí. —Dijo el Inspector de Yard antes de irse con parte de los policías que se habían dedicado a recoger muestras de la explosión bajo el ojo crítico de uno de los dueños de casa.

-No quiero…-Murmuró Sherlock mirando de reojo al médico que estaba sentado a su lado con la vista fija en el desastre del salón, demasiado callado.

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Eran las 11 de la noche cuando John le puso la cuarta taza de té por delante. Se habían mantenido en silencio la mayoría del tiempo. Sherlock aún no entendía que pensaba por la cabeza de John que todavía no se iba con la señora Hudson.

-Ya no tenemos cristales. —Dijo John como si nada. —Esta es la segunda vez que pasa, deberíamos pensar en poner vidrios blindados… quizás Mycroft podría ayudar en eso.

Sherlock se removió inquieto.

-La señora Hudson quizás también los necesite. Además hay que cambiar la puerta de entrada, que no creo que resista ni siquiera un portazo más.

Sherlock miró la oscuridad fría que se colaba por la ventana más cercana. No habían encendido las luces por seguridad.

-Por otro lado deberíamos agradecer que aún estamos en verano, o no podríamos quedarnos aquí… y las reparaciones tardarían más si lloviera o nevara.

-¿Por qué estás aquí?—Preguntó Sherlock cansado de escuchar la conversación sin sentido.

-Porque es mi casa. —Dijo simplemente John mirándole como siempre que sabía que Sherlock metería la pata con algún comentario.

-No tenemos cristales. —Dijo el otro como si la frase de John repetida por él tuviera un significado más profundo. Se puso de pie y caminó hacia la ventana para mirar la calle que aun seguía cerrada y vigilada por un carro de la policía. Supuso que su hermano también debería tener personas allí observando.

-Y no olvides lo de la puerta. —Dijo el médico con un tono relajado dejando la taza a un lado antes de acomodarse en su sillón y mirar hacia un rincón, y fue cuando vio el violín de Sherlock destrozado. Algo dentro de él se volvió de piedra.

-¿Crees que fue casualidad?—Preguntó el detective mirándole fugazmente por sobre el hombro antes de volver a concentrarse en la calle.

-Ni idea. Pero por lo mismo, me gustaría que no te pararas cerca de la ventana. —Dijo el médico acodando su brazo derecho en el sillón para apoyar su cara en su mano mientras miraba al otro esperando el berrinche o lo que fuera.

Sherlock bufó y volvió a sentarse en su sillón como si nada. Los ojos del médico estaban lejos de ser lo de días antes. Ahora había una especie de chispa lista a explotar. Como si estuviera listo para volarle la cabeza a cualquiera que se atreviera a aparecerse en el lugar. Aquello le hizo sonreír.

-Necesito cobrar venganza por mi violín. —Dijo volviendo a tomar la taza de té ya frío entre sus manos.

-La cobraremos. —Dijo sonriendo el otro aún con la sensación inquietante dentro de él. Había estado a punto de quedarse sólo de nuevo. Si la explosión hubiera sido más fuerte, si Sherlock hubiera estado junto a la ventana tocando su violín o si la señora Hudson no hubiera estado en su cuarto…

El peso dentro de su cuerpo fue más notorio. Y fue en ese momento que deseo poder ser más como Sherlock… ver las cosas con distancia, ser más insensible… levantó la vista que había bajado sin darse cuenta y lo pensó de nuevo mientras le veía perdido en sus pensamientos. Y lo comprendió de golpe. Había estado ciego… las manos apretadas de Sherlock alrededor de la taza de té le estaban dando más información de la que estaba preparado para tener. Había cometido un error. Dios… le había fallado como todos los demás. Se había dejado engañar por la máscara del detective. Ese hombre era cualquier cosa menos insensible.

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Continuará…

DarkCryonic

25-12-2013 2:06:22

Chile.