NUMB
Capítulo 4
DarkCryonic
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"Desolation comes upon the sky.
Now I see fire,
Inside the mountain.
I see fire,
Burning the trees.
And I see fire,
Hollowing souls.
I see fire,
Blood in the breeze.
And I'll hope that you'll remember me"
I see fire. Ed Sheeran.
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Se queda quieto en medio de la oscuridad. Deja que la respiración sea la única compañía. El alma pesa en aquellos minutos alargados eternamente. Quiere tantas cosas. Habría querido tantas más si supiera que se siente estar conectado a la vorágine de la vida. Pero no es así. La pared está allí alejándole de todo. De todos. Pero ¿qué le hace diferente? ¿Acaso el color de su cabello? ¿El de sus ojos?
Quizás no hay nada diferente y todos son como él mismo, fingiendo que saben lo que hacen fingiendo que les importa el resto. Fingiendo que saben lo que hay que hacer y a donde ir. Quizás todos se ocultan. Sería un poco decepcionante que fuera así, que todo el esfuerzo que hace para entender y actuar como ellos no sea más que un trabajo sin razón.
Algunas veces se cansa. Más de las que quisiera. Y es cuando necesita la oscuridad. El silencio. Su mente fuera del mundo. Sus manos tanteando la inmaterial esencia que rodea su cuerpo dentro de él. El frío diferente. El más vibrante. Aunque le deje plano, aplastado y perdido; para luego elevarle y traerle márgenes de la vida que cree que están allá afuera esperando por él. Sólo que las dos últimas veces que ha querido coger esos márgenes con sus manos, su cuerpo le ha congelado y le ha hecho sufrir. Ya no es como antes, ¿verdad? Aún no entiende cual es la diferencia.
Cuando joven le daba algún sentido de alivio, y pasabas horas mirando las estrellas a través de la ventana abierta dejando que el frío le llenara… y ha intentado volver a sentirlo… pero qué ha pasado. Qué está haciendo diferente. Sigue siendo el mismo. ¿O no?
En medio de la oscuridad, sentado en el suelo del cuarto, esperando a que la noche se cuele de lleno por la ventana abierta trayendo la brisa que trae a la vida. Pero no pasa. La vida parece quedarse afuera, decidir quedarse afuera esta vez, y quizás las anteriores en que falló también. ¿Por qué la vida hace eso?
Por las mañanas todo vuelve a ser lo mismo. Se levanta esperando que tras la puerta todo tenga sentido. Que todo gire en un compás que pueda manejar al cien. Pero se estrella con el primer "buenos días" que le sale al camino. Estuvo sólo mucho tiempo. Es una especie de ermitaño de ciudad. Podría pasarse todo un día sin hablar. Todo un día sin comer… varios días sin dormir. Pero desde que está allí la primera pequeña batalla del día es devolver el saludo y mirarle. Parecer interesado. Aunque seamos claros, son dos palabras que no significan nada relevante. Aún no entiende porque siempre gastan tiempo en repetirlas, más cuando los días son comúnmente más bien malos por la falta de casos…
A veces sólo le mira antes de dejarse caer sentado en el sofá. Las cosas se han vuelto un poco diferentes desde lo del incidente del coche bomba. No es su culpa. Sólo fue una casualidad que terminara allí. Los terroristas no les estaban viendo a ellos. No había conexiones. Mycroft lo había más que certificado. Pero el médico no parecía creérselo. Tampoco podía juzgarle por no creerle una palabra al gordo mentiroso de su hermano. No habían podido vengar a su violín, el cual había terminado secuestrado por su hermano en medio de una pelea en la cual lo habían tironeado como cuando se peleaban en la infancia. John había intervenido cabreado a más no poder. Le había mandado a sentarse al sofá y a Mycroft a un sillón al otro lado del salón. Se había quedado con el violín entre las manos mirando a ambos. Y había murmurado un "No sé cómo los aguanta vuestra madre… debe ser una santa."
Mycroft le había lanzado una mirada suspicaz a las espaldas de John. También le había escuchado. A todas luces el verdadero santo estaba allí de pie mirando el violín sin saber muy bien que hacer con él.
-Arreglarás el violín de tu hermano. Evitaras molestarlo mientras no vuelvas aquí con su instrumento reparado y brillando. —Había dicho John sin mirarle, volteando a ver al gordo mentiroso. Aún no entendía porqué siempre terminaba aceptando los ofrecimientos de su hermano. ¿Que no había aprendido algo en todo este tiempo? Era el engaño con paraguas. El villano de todos los cuentos. Mycroft había sonreído tanto que el estómago le dio un apretón lleno de maldad justo en el momento que John volteaba a verle y le sorprendía con el arma en la mano.
-Y tú, evitarás matar a tu hermano con mi arma…—Dijo quitándosela de entre las manos con una facilidad que le sorprendió.
Cuando le oyó bajar las escaleras deseó tener macetas en la ventana para lanzarle una. Pero si tuviesen probablemente serían de John y tampoco le dejaría usarlas para tamaña acción humanitaria. Quizás debería cultivar algunas plantas en la ventana para las futuras eventualidades.
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John Watson había pasado los primeros días limpiando. Mycroft se había encargado de hacer poner todos los cristales y de hacer reparar la mayoría de los destrozos. Supuso que se había sentido culpable, si es que era posible de tal sentimiento, de no haber protegido a su pequeño hermano de un accidente de tal tipo.
Por su parte se había tomado unos días libres del trabajo y había mantenido su atención en su compañero y en su casera que volvían a desempeñar sus papeles de una forma tan rápida que lo desbalanceaban cuando menos se lo esperaba. Y se encontraba preguntándose si no sería él el que necesitaba más sostén, más acompañamiento y una gran manta naranja sobre los hombros.
Sus ojos se mantenían en las manos de su compañero cuando se quedaba a la vista y no estaba escondido en la cocina tras el microscopio o en su cuarto golpeando cosas. Parecían demasiado quietas. Acalambradas. Extrañas. Estuvo un par de veces tentado a tomarlas y verlas de cerca. Lo habría hecho si Sherlock hubiera sido menos escurridizo, menos infantil.
Era bastante claro que no había sido el único en sentir pánico ese día de no volver a ver al otro una vez más. Aquellos ojos le habían visto asustado cuando le había curado la frente. Un brillo diferente, que pasaba desapercibido para muchos. Para él también hasta que se habían quedado en medio de la oscuridad y la epifanía le había pateado en el suelo de ser posible. Se había sentido tan tonto. Tanto.
Pero como arreglas lo que ya está roto. Como construyes puentes que nunca has querido atravesar. No podía dejar de ver un largo camino frente a ellos. Uno que no sabía si podría terminar.
Era difícil. Estaba allí tratando de que un erizo* se dejara abrazar por otro. Ambos tan lastimados que daban pena. Y terminaba rezando para que el violín volviera pronto de su viaje a Italia por reconstrucciones. Rezaba por que la mente de su amigo se mantuviera quieta y descansara. Rezaba para que las miles de imágenes que inventó su mente antes de saber los resultados de la bomba se borren totalmente de sus retinas. Rezaba.
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DarkCryonic
12-01-2014 0:59:55
*Referencia al Dilema del erizo.
