Basado en la serie Sherlock de la BBC

Tema de inspiración: The East Wind de David Arnold & Michael Price

(Sherlock BBC, OST Tercera temporada)

NUMB

Por DarkCryonic

Capítulo 7

Cuando John despertó no supo que lo confundió primero. Si el no estar tan adolorido como debía según sus antiguas experiencias o el aspecto de su habitación en el hospital. Hasta donde él sabía no deberían verse así. Supuso que lo último tenía que ver con la frase típica de su compañero: El crimen no duerme.

Apoyado a su derecha, Sherlock Holmes estaba medio mal sentado en una silla con el cuerpo inclinado hacia la camilla dejando su cabeza oculta entre sus brazos a escasos centímetros de su mano. ¿Cuánto tiempo había pasado desde el disparo?¿El tipo había muerto realmente? ¿Cuánto tiempo llevaba allí dormido?

Su pulso se aceleró, lo que la máquina en el cuarto afirmó con el sonidito molesto. No quería que la enfermera de turno apareciera y rompiera la tranquilidad en la que estaba, así que obligó a su mente a concentrarse en algo más. Sus ojos se dirigieron a su cama en la que parecía haber algunas carpetas de esas que solían aparecer en Baker street por arte de magia desde Scotland Yard y que el Detective Inspector Lestrade no demoraba en ir a buscar siempre gritando amenazas que nunca cumplía.

En la pared frente a su cama había una que otra foto pegada junto a otros papeles que no podía identificar. Trató de levantar su cuerpo, pero al instante notó que se sentía más pesado de lo que creía. Por lo menos, no se encontraba en una camilla en un campamento de campaña en medio de la nada esperando a que un helicóptero lo trasladase a una zona más segura antes de que alguien decidiera borrarles del mapa a punta de granadas.

El brillo opaco que se colaba a través de las cortinas le indicaba que era temprano, quizás demasiado para estar conciente. ¿Seguiría estando tan frío allá afuera? Tenía que recordarle a Sherlock el hacer revisar el calefactor en casa, ya no quería tener que andar envuelto en una manta por el lugar.

Su mano derecha se movió hasta la maraña de cabellos oscuros y ondulados quedándose allí para percibir la tibieza del otro que no dio indicios de darse cuenta del contacto. ¿Qué había hecho Sherlock mientras él estaba allí? ¿Qué cara tendría al verle? ¿Le había perdonado, en verdad, por dudar de la existencia de su corazón?

Respiro de forma profunda, por primera vez desde hace mucho tiempo. No quitó su mano y lucho contra la necesidad de apretar los rizos entre sus dedos. Aquello parecía tan correcto que le dolía pensar que estuvo a punto de morir la noche anterior, antes siquiera de volver a sentir que el muro ya no les separaba. Que la conexión espontánea que los había unido la primera vez, podía sobrevivir al paso de los días… Que podía volver a creer que no se perdería, que podría seguir dependiendo de su existencia…

Era afortunado. Sí que lo era. ¿Cuántas personas estaban allá afuera tratando de encontrar a alguna persona que los entendiera... que los mirara y que supiera todo antes siquiera de que cruzara el cerco de sus dientes? No quería perder aquello. Una amistad así no se encontraba tan fácil, y él sabía suficiente de sufrimiento como para reconocer el regalo que estaba consiguiendo al estar allí, aunque tuviera un agujero de bala, aunque hubieran pasado por las cosas más extrañas…aunque a veces no se comprendieran del todo por medio de las palabras…

Respiro de nuevo, llenando sus pulmones a todo lo que le permitiera la herida, necesitaba absorber la vida misma, saber que seguía allí, que aun podía seguir allí. Que aún no estaba lo suficientemente desquiciado como para perderse en la oscuridad de la noche. Que seguían allí, que el juego seguía rodando frente a ellos.

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..

Cuatro días estuvo en el hospital. Había tratado de tomárselo como unas vacaciones de sus comprar en el supermercado y de las muchas veces aburridas consultas en la clínica. Pasaba la mayor parte del tiempo hojeando algunas carpetas de casos que Sherlock dejaba cerca de su mano libre de intravenosas o contestando los saludos de sus conocidos desde su móvil. A veces sólo se quedaban en silencio, mientras el detective se perdía en su palacio mental y él se dedicaba a masticar su gelatina sin azúcar.

Los ojos de Sherlock le habían seguido en cada gesto el primer día. Había tratado de estar no tan conciente de esos ojos, pero más de una vez, le había devuelto la mirada. Cuando podía ver aquel puntito dorado en el iris derecho del detective, caía en cuenta de que le había estado mirando demasiado.

Sherlock parecía el de siempre, pero a veces percibía la misma mirada que le había dado cuando le había curado después de la explosión. A toda costa había intentado quitar esa mirada, aunque aún no supiera como nombrarla, pero que le causaba tristeza y le provocaba unas ganas de acercarle a él y abrazarlo. Si estuviera seguro de que él otro no saldría corriendo, lo habría hecho; pero quien mejor que él para saber que Sherlock no era amistoso ante el contacto que no iniciaba el mismo. Así que se conformaba con sonreír levemente y comentar cosas sin mucha importancia, ganándose a veces comentarios sobre la vida secreta de las enfermeras que lo cuidaban o de los médicos que pasaban a saludar al colega aventurero.

..

Lestrade se había dejado caer una vez al día. Sherlock le había mirado con inquietud, más después de haber sido increpado por convertir el cuarto de hospital en el salón del 221b de Baker Street, calavera incluida.

Aquella vez el detective había salido dejándoles solos, y había notado el cambio en el semblante de Greg. Había comentado cosas sobre el caso, le había hecho notar su imprudencia y le había mirado con algo de inquietud.

-No quiero si quiera pensar en lo que podría pasar si un día de estos te mueres…-Comentó por lo bajo sentándose en la silla que solía ocupar Sherlock.—Nunca le había visto tan perdido...—Agregó mirándole con una pequeña sonrisa mientras él entendía de qué estaba hablando. Sonrió en respuesta.

-Entonces no moriré. No queremos que esté suelto por ahí haciendo pataletas.—Respondió tratando de aligerar el peso que había sentido en el pecho cuando su mente absorbió las palabras del inspector.

-No entiendo como le dejas que arme este desorden… se supone que debes estar tranquilo…-Agregó haciendo un gesto sobre los cambios en el cuarto.

-El crimen no duerme… aunque tenga una herida de bala.—Contestó tratando de no reír, ya que aún le dolía el cuerpo.

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Su sillón nunca se había sentido tan bien. Ya daba las gracias de haber salido de esa cama y poder moverse por su casa a su propio gusto, aunque aun no pudiera hacerlo con tanta agilidad. Unas semanas más y estaría como nuevo, listo para hacerse cargo de las compras y de las consultas en la clínica.

DC, Chile, 15-02-2014 18:55:17