Disclaimer: Nada de Harry Potter ni las imágenes que uso para inspirarme me pertenecen.
Sumario: Harry tuvo una genial idea en un momento de aburrimiento. Abrumado por la posibilidad de contactar con una persona desconocida envía a Hedwig con su carta a por alguien especial sin darse cuenta que una cosa tan insignificante como esa abrirá las puertas a un amor que arrasará con todo, incluso con Voldemort.
NOTA: En mi perfil tenéis el link para ver las imágenes en photobucket, en el álbum "Una Carta de Amor".
7
Tradiciones por empezar
Gabrielle se despertó con una sonrisa y el rostro sonrojado; como le pasaba desde el día del baile. Había sido espectacular, no se habían separado ni para ir a buscar las bebidas. Gabrielle no recordaba muy bien el discurso de Dumbledore o la charla que hubo mientras comían en la mesa de los campeones, simplemente estaba demasiado absorta murmurando con Harry y evitando tirarse nada en su precioso vestido. Ni siquiera había visto a su hermana darle una bofetada a Davies después de su 'paseo' por los jardines o a Ron y Hermione discutir por su cita del baile.
Se había dado cuenta demasiado tarde que su espalda al descubierto haría que la mano de Harry tocara directamente su piel. Había sentido algo extraño en su estómago, extraño pero bueno, y había encontrado que sus piernas empezaban a temblar. La mano de su cita, tal y como quiso ella, estuvo puesta en su cintura toda la noche, aguantándola de pie. Ni siquiera le preguntó a Harry dónde había aprendido a bailar (intuía que había sido Hermione). Ellos, mucho antes del final del baile, habían dado una vuelta por los alrededores; habían esquivado por los pelos a Snape. Se habían sentado cerca del lago y, con la capa negra de Harry envolviéndola, sentada en su regazo, habían seguido abrazados durante mucho tiempo.
No supo cuándo se despidieron, él acompañándola hasta el carruaje, pero sí que se acordaba del beso del final. Sus manos habían estado posadas una en su pecho y la otra en su mandíbula, y las suyas habían estado en su cintura y en su espalda. Gabrielle se había estremecido al notar esa mano caliente en su piel. Incluso cuando se quitó el vestido, se desmaquilló, se soltó el pelo y se metió en la cama… parecía que lo único caliente en su cuerpo era esa zona que Harry había tocado. Se notaba extrañamente fría y con algo de tristeza, a pesar de la maravillosa noche juntos, deseó que Harry estuviera con ella de nuevo.
"¿Te gustaría acompañarme a Gringotts?", le preguntó en un susurro Harry cuando la acompañaba esa misma mañana al Gran Salón para desayunar, cogidos de la mano.
"¡Claro!", contestó ella. No importaba lo que hiciera con Harry, siempre se alegraba de estar con él y es que su mera presencia era capaz de alejar el aburrimiento de todo. "¿Vas a por…?"
"A por la herencia", murmuró, mirando de reojo a todos lados.
"¿Y por qué no vas ahora?", preguntó Gabrielle algo preocupada. "Cada segundo que pasa estás bajo la vigilancia de… de él".
Harry paró en seco y la miró, luego su expresión se volvió determinada. "Tienes razón, ¿te parece que vayamos ahora?"
Y así fue como dieron media vuelta y fueron de camino a Hogsmeade. Cuando Harry supo que las guardas del castillo las habían dejado atrás, sacó su traslador y se lo dio a coger. En menos de 5 minutos estaban en Gringotts, en una esquina oscura. Harry, por suerte, había tenido la sensatez de pedir a Hermione los encantamientos glamour que había usado en él meses antes, así que le puso uno en sus ropas y en su cabello y luego hizo lo mismo con las suyas y con sus ojos.
"Bienvenidos a Gringotts, ¿qué desean?", preguntó un duende rechinando los dientes, como si dar la bienvenida fuera una tortura constante.
"Buenos días, Meantongue", leyó Harry en la placa y luego sonrió sin enseñar los dientes. "Hace días recibí una carta de Gringotts informándome que ya podía recibir mi herencia".
Le enseñó la carta e inmediatamente fueron enviados a una oficina. Gabrielle se mantuvo callada pero cogida de la mano de Harry. Los duendes no dijeron nada cuando vieron que le acompañaba una persona. Allí se encontraron con el contable Potter, suponía ella, que se llamaba, a juzgar por su placa, Highwit. Les hizo pasar y sentarse. Harry le volvió a tender la carta y Gabrielle observó al duende asintiendo al verla.
"Ahora que está emancipado se puede poner su anillo de Lord Potter y entonces abriremos el testamento de sus padres", le dijo el duende y sacó una pequeña caja negra con el símbolo de los Potter en dorado. "¿Quiere que avise a su abogado para cuando se haga la lectura?"
"Sí, por favor. Me gustaría que Lord Greengrass tuviera conocimiento de lo que hay en el testamento, creo que será iluminador".
El duende asintió y, mientras enviaba a otro duende a por Greengrass, Harry había abierto la caja y se había puesto ya el anillo de oro con un escudo negro con una franja blanca en medio, 2 flores blancas arriba y una abajo, y un casco de caballero encima con unas plumas rojas y doradas. A cada lado del escudo un par de leones de pie, mirándose, lo sujetaban entre sus zarpas. Harry, como no, tuvo una reacción extraña: se cogió la frente y luego cerró los ojos, como si le doliera la cabeza. El duende se quedó mirando algo atónito la escena y ambos, Gabrielle y él, vieron a Harry chillar y algo salir de su cicatriz. Era como un humo negro que gritaba, el chillido más espeluznante que nunca habían escuchado. Cuando acabó la cicatriz de Harry había desaparecido. Gabrielle tenía la boca abierta del horror.
"¿Qué ha sido eso?", preguntó finalmente, atónita. Cogió la mano de Harry y le tocó el rostro. "¿Estás bien?"
"Ni idea", dijo Harry pero luego sonrió, asintiendo a su pregunta, antes de tomar una expresión incrédula.
"Eso era un horcrux", contestó una voz, era el duende, que tenía el rostro ensombrecido. "Y tengo la sospecha que sé de quién era ese trozo de alma…"
Harry y ella se miraron pero no dijeron nada; sentía que ni Harry estaba diciendo todo lo que sabía ni el duende. Unos golpes educados en la puerta se escucharon y luego entró un hombre rubio con ojos marrones y aspecto elegante. Enseguida supo que era Greengrass. Los siguientes minutos se pasaron volando a pesar de estar callada. Harry, que por fin había abierto el testamento de sus padres, estaba furioso. Sus padres en ningún momento quisieron que fuera con los Dursley. Por si fuera poco, ahí tenían la prueba de que Pettigrew era el guardador del secreto aunque no dijera que Sirius Black no lo era. Y lo peor de todo, Dumbledore había sido testigo del testamento.
Greengrass estaba sonriendo de oreja a oreja con una sonrisa maliciosa antes de irse. Harry, mientras tanto, no podía comprender la riqueza que su familia había amansado con el paso de los años. Su familia provenía de los Gryffindor y de los Peverell, eran la línea de sangre más directa y sus cámaras en Gringotts, y los votos del Wizenmagot, habían sido fusionados desde hacía siglos. Aunque él seguía siendo Lord Gryffindor y Lord Peverell esos títulos solo existían si uno era Potter. Casi se desmayó al ver que tenía una suma total de 5020 millones de galeones en el banco. Aunque claro… familias más de milenarias con cámaras e intereses sin que nadie las toque durante cientos de años tenían ventajas.
"¿Tiene Harry propiedades?", preguntó Gabrielle cuando vio que su nuevo novio estaba algo mareado por todas las noticias.
"Sí. Los Potter tenían 2 propiedades en el Reino Unido; una era Potter's Hill, el castillo que está medio destruido, y otra era la Villa de Godric's Hollow, que también está medio destruida. Las otras 2 residencias son de verano y una está en Languedoc-Rosellón, en buen estado, y otra en la Toscana, también en muy buen estado", comentó el duende mirando a través de los papeles. "Los Gryffindor tenían una mansión, que fue totalmente destruida pero de la cual conserva el terreno a su nombre, y los Peverell tienen un castillo en Irlanda del Norte que está derruido, la mayor parte".
"¿Sabe de alguien que pudiera reparar mis propiedades?", preguntó finalmente Harry. Tenía 6 propiedades y todas, salvo las de verano fuera del país, estaban inhabitables.
"Los duendes pueden hacerlo. Nos desplazamos al lugar, analizamos cuánto puede costar la reparación y luego acordamos entre el cliente y Gringotts un precio", contestó el contable y luego sonrió.
Al final acordaron que los duendes visitarían todas sus propiedades por reparar y le enviarían una carta informándole de los precios estimados. Antes de irse del banco, Harry y ella visitaron sus múltiples cámaras y vieron que, tal y como pensaba su madre, las cosas de Harry y de su familia estaban guardadas allí. Volvieron a Hogsmeade con una sonrisa en el rostro y un anillo en el dedo. Caminaron juntos cogidos de la mano y se sentaron frente a Neville, que parecía estar más dormido que despierto, aun siendo medio día, pero con una sonrisa.
"¡Harry!", exclamó viendo su dedo y él asintió sin decir nada.
"Ahora Dumbledore ya no puede controlarme", susurró él y todos empezaron a comer más contentos. Lo celebraron chocando sus copas de oro con zumo de calabaza.
…..
Sirius se mordió las uñas viendo, escondido en el bosque, como Harry entraba en el lago helado y oscuro. Su ahijado había tenido la perspicacia de colocarle a Gabrielle, quien iba a ser seguro su captiva, un localizador en sus ropas. Una vez más, Harry había hecho lo más simple y lo que nadie había pensado: había nadado sin hechizo alguno hacia el centro del lago, encima de la ciudad de los merpeople, y luego se había puesto una burbuja de aire. En menos de 10 minutos Harry había rescatado a su novia y ambos salían a la superficie, donde todos gritaban y silbaban y vitoreaban.
Sirius Black rio ahogadamente cuando vio el rostro enfadado de Karkaroff, que parecía haber pensado que ya Harry no les podría sorprender con trucos simples y fáciles. Estaba equivocado. ¿Quién iba a pensar que el sujetador de Gabrielle iba a estar encantado? ¿Quién iba a pensar que Harry no se iba a sumergir? En realidad nada de la pista del huevo de oro decía que no pudiera ir a nado. Una vez más, Harry no se esperaba a recibir su puntuación. Fleur, que tuvo que rescatar a Davies (Sirius intuía que los jueces no sabían de su "discusión" con Davies), simplemente movió su varita para secarles a todos y luego se fueron directos al castillo.
Él, que ya había visto bastante, se volvió a transformar y fue hacia su cueva. Allí le esperaba Remus. Harry, como no, les había contado sobre su visita a Gringotts y eso le había dado que pensar a ambos. ¿Qué podría ser ese espectro que le había salido de la cicatriz? Según el duende era un trozo de alma y según Harry era la segunda vez que lo veía; la primera siendo el diario de Tom Riddle Jr. (que resultó ser Voldemort) en segundo curso. Se encontró visitando la casa de sus padres en busca del término horcrux. Encontró también una daga preciosa con una funda a juego que, una vez se cercioró de que no estaba maldita, se la regaló a Harry. Eso y un juego entero de Quidditch, con sus pelotas y su maletín de mantenimiento y sus reglas por escrito, que había enviado a Remus a comprar por él.
Le debía a Harry exactamente 24 regalos, uno por su cumpleaños y otro por Navidades desde que había sido encarcelado. Obviamente sabía que, de haber estado libre, no habrían sido 24 regalos los que le hubiera regalado en 13 años, sino muchos más. Tenía el dinero y adoraba a su primo y ahijado. Así pues, se había hecho una lista de cosas y Harry ya había recibido 5 regalos: su Firebolt, los espejos, la daga, el pendiente encantado y el equipo de Quidditch. Su próximo regalo iba a ser un gran armario nuevo equipado con ropa y una pensadera, y para su décimo sexto cumpleaños Sirius ya tenía el regalo perfecto: una moto. De solo pensarlo notaba su imaginaria cola moverse.
"¿Cómo ha ido?", preguntó Remus.
"Bien, bien. Harry les dejó por idiotas una vez más", se rio Sirius algo cruel.
Remus bufó divertido y cambió de tema. Hablaron de cosas serias y de cosas sin sentido, recordando viejos tiempos. Remus, quién le había acompañado a Grimmauld Place número 12, estaba inmerso en su investigación sobre la cicatriz de Harry y el espectro pero de momento no había encontrado nada en la biblioteca de los Black. Le quedaban muchos tomos todavía. Sirius, no obstante, estaba pensando en un regalo muy especial que iba a hacerle a Harry ese mismo verano por su cumpleaños.
Sirius no había tenido nunca una relación seria, ni le había gustado comprometerse ni pensar en niños. Todo había cambiado cuando tuvo por primera vez a Harry en sus brazos. Sin duda era el bebé más adorable que nunca había visto y se adoraban mutuamente. Desde el principio Harry había tenido favoritos, siendo él el más solicitado. A Sirius no le gustaban los niños, salvo Harry, y como no pensaba tener descendencia el nombre Black moriría con él. Si no quería que Draco Malfoy se convirtiera en el próximo Lord Black tenía que hacer su Heredero a Harry, cuya abuela paterna era Dorea Black.
Esa misma tarde, cuando ya no supieron de qué hablar, Sirius hizo una lista de las cosas que necesitaría para adoptar mágica y biológicamente a Harry. Si aceptaba el 31 de Julio tendría un hijo y Heredero.
…
Harrison, como sus padres le llamaban en el testamento, Harry, James Potter miró el calendario de Febrero. Solo un día para San Valentín. Ya había planeado concienzudamente su regalo a Gabrielle y sabía que todos estarían pendientes de él. Al parecer su conquista había sido de lo más romántica y la más comentada en cientos de años en Hogwarts. Observó su regalo, todavía por envolver en un papel de seda negra con un lazo rojo, y esperó que le gustara.
"¡Dobby!", llamó.
El pequeño elfo doméstico apareció con un 'pop' y una sonrisa. Rápidamente mandó que fuera a buscarle más flores, esta vez un ramo de rosas rojas y amapolas blancas y envuelto en papel de seda negro. Mientras tanto, cerró la tapa de terciopelo de su regalo y lo envolvió meticulosamente; dio gracias a Petunia, mentalmente, por haberle obligado a envolver los regalos de Dudley. Apareció Dobby con su ramo y en seguida supo que era perfecto.
"¿Puedo hacer algo más Lord Harry Potter?", preguntó botando en su sitio. Dobby se sentía cómplice en el regalo de Gabrielle y, en cierto modo, lo era. Había sido él a quién había mandado a por las flores y quién las había dejado, sin que nadie se diera cuenta, en la mesita de Gabrielle.
"Sí, sí. ¿Puedes ir a comprar la caja de bombones más exquisitos que existan? No sé dónde se puede comprar eso pero que no sea una caja muy grande o muy pequeña, mediana, y que la caja no sea muy ordinaria. Gracias Dobby", informó Harry, más preocupado por la siguiente parte del plan que por los bombones.
Sin decir nada el elfo se transportó con otra sonrisa y Harry sacó un pergamino de alta calidad, como se había acostumbrado a comprar desde hacía un año y medio, y su estilográfica regalo de los Delacour. Se le hacía extraño estar escribiendo una carta cuando tenía a Gabrielle a menos de 10 minutos pero sabía bien lo que quería.
"Querida Gabrielle,
Quizá te preguntes qué estoy haciendo escribiendo esta carta cuando estamos tan cerca. Lo cierto es que fue en papel como te conocí, se lo debo todo a una carta. Algo que todos hemos recibido durante años, en menor o mayor cantidad, y que todos damos por sentado. ¡Oh, qué triste me habría sentido si no hubiera recibido tus cartas cuando las recibí! A veces me preguntó qué hubiera pasado si no hubiera hecho semejante tontería. ¿Estaríamos juntos ahora? ¿Seríamos al menos amigos?
¿Sabes lo que le dije a Hedwig cuando me miró, preguntándose a quién tenía que llevarle mi carta? Hedwig, llévasela a alguien especial. No sé cómo pero lo hizo. Mi lechuza, un animal que, también, todos dan por sentado y que muchos creen poco inteligente, lo hizo… Te llevó mi carta aun cuando no te conocía, ni ella ni yo. Y el simple hecho de haberte conocido gracias a Hedwig hace que la adore un poco más cada día. No sé qué haría sin ti. Es aun en carta, cuando tengo tiempo de explicar mis sentimientos que todavía no sé cómo hacerte ver lo profundo de mi amor.
Alguien dijo que un gesto vale más que mil palabras. Resultó ser cierto. Creo que entendiste con las flores todo aquello que yo no sabía cómo decirte y estoy feliz de que esa idea diera resultados. Aun así sé que a veces gusta que te digan a la cara que alguien te quiere, pues Gabrielle, aunque no sea a la cara quiero decirte que te amo. Aunque eras mi amiga antes de conocernos, y compartimos todo por escrito, cuando te vi por primera vez fue como si todo hubiera cambiado. No quería dejarte ir.
Pienso en el futuro y en todas las situaciones y realidades siempre pienso en ti. ¿Sería descabellado querer que seas mía para siempre? No me perteneces pero sé que ahora eres mía, y yo tuyo. Quiero que sepas que voy a hacer lo que haga falta para que, por tu propia voluntad, siempre estés conmigo. Eso significa regalos, flores, declaraciones de amor y lo que sea… A raíz de esto se me ocurrió algo: una tradición. Sé que a veces las tradiciones hacen más daño que bien pero creo que esta no será como las demás.
Por cada año que estemos juntos, en cada San Valentín te escribiré una carta de amor. Quizá dentro de 20 años estemos juntos y puedas leer todas las cartas que hayas acumulado de mí, con una sonrisa en los momentos difíciles y como aliento para que hagamos funcionar nuestra relación pase lo que pase. Porque sé que a veces no será fácil pero seré feliz si estamos juntos. Porque me gustaría compartir contigo todos las primeras experiencias que se puedan tener. Todo.
Gabrielle… Adoro tu sonrisa cuando me miras, como tus ojos brillan cuando estás feliz incapaz de esconder tus sentimientos, o hundir las manos en tu cabello conteniéndome para no besarte como quiero porque, aunque lo olvido, todavía eres demasiado joven. Cuando te tengo entre mis brazos no quiero dejarte ir, es como si pudiera estar contigo, abrazados, una eternidad. O como no tenemos que hablar para decir lo que queremos, como el silencio contigo no es pesado sino un confort. O como me besas las comisuras cuando en realidad sé que quieres besarme en los labios pero no puedes porque todos nos miran. O como te sonrojas porque puedes notar la pasión de mis miradas y en mis actos aun cuando yo no hago nada especial.
Realmente eres única. Veela o no, no dejes que nadie te diga lo contrario. Eres especial y, aunque no eres perfecta, eres perfecta para mí. Gabrielle, te amo, te adoro. De solo pensar en ti me quedo sin aliento, eres lo mejor que me ha pasado y espero que estemos juntos para siempre. Dicen que el primer amor no se olvida nunca… creo que si no te tuviera moriría.
Con amor,
Harrison".
Harry suspiró entrecortadamente. Nunca se había abierto tanto a nadie; si Gabrielle le rechazara ahora le partiría el corazón de una forma irreparable. Dobló el pergamino cuidadosamente y lo metió en el sobre. Escribió el nombre de Gabrielle y selló la carta con su nuevo anillo; su primera carta como Lord Potter, pensó con una nostalgia divertida. No tendría duda alguna de quién se la mandaba. Esa noche se fue a dormir nervioso. Era su primer San Valentín en pareja y lo mejor de todo era que estaba enamorado de ella y su amor era correspondido. Antes de dormir mandó a Dobby para que colocase, una vez estuviera Gabrielle dormida, el ramo, los chocolates y su regalo en la mesita de noche.
…..
Fleur chasqueó la lengua cuando vio a todas las chicas de Beauxbatons en pijama frente la puerta de Gabrielle. Sabían que ella iba a entrar y estaban paradas allí delante por si podían ver algo. Fleur no hizo caso alguno de sus preguntas y tocó un par de veces la puerta de su hermana. Escuchó a Gabrielle decirle que pasara con la voz extasiada. Ella sonrió, al parecer Harry estaba haciendo de las suyas de nuevo. Lo único que alcanzaron a ver las chicas de Beauxbatons fue a Gabrielle en la cama, con un par de paquetes aun envueltos, y un ramo de rosas rojas y amapolas blancas. Las más enteradas del significado de las flores suspiraron con adoración y envidia.
Fleur se sentó en la cama, dejando que su hermana leyera la carta que le había escrito Harry y observó los paquetes intentando descubrir su contenido. Cuando escuchó a su hermana sacar un pañuelo se giró a mirarla, estaba llorando. Lo primero que observó era que no de tristeza sino de felicidad. Fleur se quedó boquiabierta. ¿Qué le había escrito Harry? Su hermana estaba llorando, sonriendo y sonrojándose a la vez. Su curiosidad por saber lo que estaba escrito despegó pero supo que esa carta no iba a ser una de las que Gabrielle le habría dejado leer.
Vio a su hermana secarse las lágrimas y guardar la carta, después de leerla un par de veces. Luego abrió el paquete más grande. Resultaron ser bombones Valrhona, con una preciosa caja negra con el nombre en dorado y motivos blancos en una esquina. Gabrielle sonrió ampliamente y cogió uno. Con un pequeño bocadito sus ojos se abrieron de la sorpresa.
"Mon Dieu… ¡Está buenísimo! ¡Coge uno!", y Fleur cogió uno que resultó estar divino.
Se encontró pensando que su hermana, de 11 años, era más afortunada con su primer novio que ella con todos los que había tenido. Por primera vez, al darse cuenta, sintió un poco de envidia. Rápidamente se le olvidaron sus pensamientos al ver a Gabrielle abrir el siguiente envoltorio, mucho más contenta y casi saltando en la cama del entusiasmo. Ambas jadearon de la sorpresa cuando abrió la tapa aterciopelada azul y vieron, en un cojín negro, el precioso y elegante collar con cadena de oro blanco y un zafiro, grande como su uña del pulgar, rodeado de diamantes. Era tan bello que ambas se quedaron sin palabras.
Fleur no quería saber cuánto le había costado a Harry ese regalo pero obviamente era un colgante mágico, a juzgar por ese brillo interior del zafiro, y por la fineza del collar en sí. Debía haber sido creado por los duendes. Sin que se lo pidiera con palabras, Gabrielle le dio el collar y se giró, levantándose el cabello. Fleur cogió el regalo con delicadeza y se lo puso a su hermana. Ambas se quedaron mudas durante un cuarto de hora, mirando el reflejo de Gabrielle en el espejo. Realmente Harry y Gabrielle habían sido de lo más afortunados al haberse encontrado, pensó con expresión gentil al ver las lágrimas de felicidad en el rostro de su hermana, que se tocaba el collar con delicadeza.
Ayudó a su hermana a vestirse y a guardar todas sus cosas y luego salieron. Allí afuera les esperaban todas ellas, algo insólito, y quedaron tan mudas y boquiabiertas como Fleur cuando vieron el colgante brillar con luz propia en el pecho de Gabrielle. Les dio tiempo a llegar al castillo en silencio de lo estupefactas que estaban todas. Allí, cada persona que pasaba se quedaba de piedra mirando el collar de su hermana. Fleur empezó a reír. Gabrielle echó a correr cuando vio a su novio y se tiró en sus brazos abiertos, dándole un beso justo en la boca.
Las noticias del regalo de Harry volaron como la pólvora, todos especulando cuánto habría costado. La única persona que se dignó a preguntar fue ella y casi se desmayó al saber que había costado 11.800 galeones. Harry se había gastado cerca de 1 millón 200.000 libras en un solo regalo. No quería saber qué pensaba regalarle a Gabrielle el próximo San Valentín. Su hermana ya había recibido en las Navidades un vestido negro y blanco precioso y para su cumpleaños a finales de Enero un perfume personalizado mágico con cremas, sales de baño, champús y geles a conjunto. Dónde lo habría encontrado no tenía ni idea pero a Gabrielle le había encantado. Ahora siempre olía a jazmín, a flor de cerezo y a rosas.
Las semanas pasaron tremendamente rápido. Harry y sus amigos ya habían conseguido transformar la mayor parte de su cuerpo en sus respectivos animales; todo salvo la cabeza y el torso, así como la cola. Gabrielle había aprendido más estudiando con ellos que en lo que llevaba de curso en Beauxbatons. En la intimidad del carruaje su hermana le comentó que estaba dispuesta a estudiar más para saltarse el segundo curso. Fleur sabía por qué. Mientras que Harry solo le quedaba 3 años para acabar Hogwarts, a Gabrielle le quedaban todavía 6 años. Eso significaba que cuando Harry empezara a trabajar o dejara la escuela su hermana seguiría sin verle nada más que por Navidades, Semana Santa y en las vacaciones de verano.
Quizá hubiera tenido que decirle a su hermana que se tomara la escuela con menos furor pero sabía que eso haría daño a Gabrielle; sería como decirle que olvidara a Harry durante 9 meses. Así pues, Fleur lo que hizo fue ayudar a sus amigos a estudiar con su hermana. Pronto se dio cuenta que los 4 Gryffindor habían estudiado ya cuarto curso y empezado quinto. Eran muy buenos en sus respectivos campos; Hermione en Encantamientos y Transfiguración, Harry en Runas y Defensa, Ron en Aritmancia y Neville en Herbología.
Cuando llegó Marzo Bagman les habló de la tercera prueba. Harry y ella, esa misma tarde, hicieron un boceto del laberinto. Otra idea de Harry al ver el camino desde la colina. Fleur todavía no entendía cómo podían ser tan idiotas los jueces y los creadores de la prueba. También vieron a Crouch Sr. salir del bosque y al Profesor de Defensa encargarse de él. Harry sabía que Crouch Sr. ya debía haber sido asesinado por su hijo pero, como fue el quien metió sin un juicio a Sirius en Azkaban y el que selló el testamento de sus padres con la ayuda de Dumbledore, no movió ni un dedo.
"Qué cosa más extraña…", murmuró ella cuando se dieron la vuelta y entraron en el castillo, encogiéndose de hombros.
Harry, que había sobrevivido las primeras pruebas, sospechaba que algo iba a pasar en la tercera y última prueba. Muy fácil había sido todo. ¿Para qué iban a poner su nombre en el cáliz y luego a dejarle ganar la competición como si nada? Estaba claro que Moody, el mortífago, tendría respuestas. Esa misma noche, después de despedirse con un beso de Gabrielle delante del carruaje, ideó un plan.
"¡Dobby!", llamó Harry y apareció el elfo. "¿Puedes conseguir Veritaserum de Snape sin que se dé cuenta?"
"¡Claro, Lord Harry Potter, sí!", y se marchó. Reapareció con un vial de pociones en mano y Harry, gracias a las amenazas de Snape, sabía que con solo 3 gotas podría interrogar a Crouch Jr. durante una hora.
Sacó el mapa merodeador y su capa de invisibilidad. Como pensaba, Crouch estaba en su oficina. Con el espejo mágico no podría acercarse sin que lo viera, no obstante…
"¡Dobby!", volvió a aparecer el elfo. Le dio la poción. "¿Podrías ponerle 3 gotas de esto en el frasco de Moody sin que lo viera? Una vez que se lo des átalo, por favor".
"¡Sí, Lord Harry Potter! Dobby lo hará con mucho gusto y drogará al malo mortifago".
Minutos después Dobby le daba una respuesta positiva. Cogió su capa y el mapa y salió de los dormitorios. Evitó a Snape y a Filch y fue directo a la oficina de Defensa. Allí encontró a Crouch como Moody atado de brazos y piernas a una silla. Parecía estar mirando las musarañas. Se encogió de hombros y supuso que eso era un efecto secundario de la poción.
Durante los siguientes 40 minutos estuvo interrogando a Crouch. Para su estupefacción resultó que la copa era un traslador; inicialmente transportaba al principio del laberinto pero Crouch había cambiado el destino sin que nadie se diera cuenta. Seguía siendo un traslador, al fin y al cabo, nadie iba a sospechar que estuviera amañado. Borró las memorias de Crouch y se fue desatándole de la silla. En 20 minutos recuperaría el control. Cuando se tumbó en su cama esa noche, de repente muy cansado, se preguntó qué debería hacer.
Obviamente se lo diría a Fleur pero, ¿qué pasaba con Cedric y con Viktor? Si les contaba la verdad sabrían que él sabía que Crouch había ideado todo. Salvaría sus vidas pero, ¿lo escondería Dumbledore? ¿Qué pasaba si él se enteraba que Harry estaba enterado? ¿Qué pasaría si decidía borrarles las memorias? Lo había hecho antes… Se despertó al día siguiente con mala cara. Sus amigos y Gabrielle lo notaron en seguida. Cuando llegaron a la Sala de los Menesteres no pudo contenerse más y les explicó qué pasaba.
"¿Voldemort quiere usar tu sangre en un ritual para recuperar su cuerpo?", preguntó Hermione con cara asqueada.
Fleur estaba pálida; ella podría haber cogido esa copa antes que Harry, ¿y luego qué? No quería imaginarse qué le hubieran hecho de haber aparecido ella, o quien fuera salvo Harry, allí. Gabrielle había cogido fuertemente el brazo de Harry, parecía apunto de hiperventilar. Ron y Neville tenían el rostro serio y pensativo.
"Bueno, ahora que lo pienso es fácil, ¿no?", preguntó con una sonrisa pícara Ron y los demás supieron que tenía un plan. "Obviamente no puedes decir la verdad sin poner en marcha una situación que no quieres. Dumbledore estaría soplando en tu nuca en menos de lo que se dice 'Quidditch'".
"¡Tampoco podemos dejar a Viktor y a Cedric en peligro!", gritó Hermione y Ron le envió una mirada asesina al escuchar el nombre de pila de Krum.
"Claro que no. Lo único que tiene que hacer Harry es dejarlos inconscientes. Si no pueden participar no podrán coger la copa".
"¿Te refieres a eliminarlos de la ecuación directamente?", preguntó Hermione con una cara pensativa y aliviada.
"¿Entonces no ganaría nadie?", preguntó Fleur, mirándoles a todos.
Los demás se encogieron de hombros y se acordó que ninguno de ellos quería que Harry participase, ni siquiera él mismo. Veía que no les importaba mucho ganar sino seguir con vida, y evitar que Voldemort recuperara su cuerpo.
La siguiente semana, cuando llegó el momento de la verdad, Fleur estaba algo nerviosa. Desde el momento en que pisara el laberinto se quedaría sola enfrentada a múltiples bestias de Hagrid. Reprimió un escalofrío. Si veía a Cedric o a Viktor tendría que dejarles inconscientes pero por suerte los jueces habían sido lo suficientemente precavidos como para darles medios para ser rescatados. Solo tenía que usar un Stupefy y luego enviar una señal de color.
"El primero en entrar en el laberinto será el señor Potter, con 80 puntos. Luego el señor Diggory con 77 puntos, después el señor Krum con 68 puntos y, finalmente, la señorita Delacour con 65 puntos", les informó Ludo Bagman.
Harry se dio cuenta que parecía estar evitando la mirada inquisidora de los gemelos Weasley. Sonrió acordándose de la apuesta que habían ganado contra él. Si Bagman no les daba el dinero él les daría mil galeones para que iniciaran su empresa con tal de ser propietario de un tercio de ésta. Sirius ladraría de contento. Cuando sonó el cañón Harry dio un bote y entró caminando al laberinto. Observó cómo se cerraban los abetos y luego sacó una hoja de papel. Él había entrado por el primer camino, eso significaba que Cedric iba a cruzarse en su camino en 5 calles.
Pasó por un campo de gravedad, una ilusión, y luego peleó con un boggart que, curiosamente, se convirtió en Gabrielle sin vida. Con su estómago revuelto, pasó por una Spinx y luego caminó sin problemas hasta que escuchó los pasos de alguien. Se escondió. Sin que Cedric se diera cuenta apuntó a su espalda y le dejó inconsciente. Envió la señal y continuó andando. Varios segundos más tarde escuchó un grito. ¡Era Fleur! Sacó su mapa y siguió la voz femenina. Cuando llegó allí vio a Krum con un rostro en blanco y ojos brillantes, apuntando con firmeza a Fleur.
"¡Stupefy!", Krum cayó al suelo redondo y Fleur dejó de gritar. Miró su reloj y vio que solo había pasado una hora desde el inicio. "¿Estás bien?"
"Oui…"
Fleur y él apuntaron sus varitas al cielo oscuro y enviaron varias señales. Lo que no quería era quedarse solo en el laberinto y que apareciera Crouch. Sin embargo, no tuvo que preocuparse porque apareció McGonagall, Flitwick y Snape. Pararon a mirar a Fleur, que temblaba dolorosamente, a Viktor en el suelo y a él soportando el peso de su amiga.
"¿Qué ha pasado aquí?", preguntó con sorpresa McGonagall, su varita en mano.
"Fleur ha sido atacada por Viktor pero creo que él estaba hechizado. Sus ojos estaban en blanco y no parecía él", respondió y vio como Snape daba un pequeño brinco posando su mirada en Krum.
"La maldición Imperius".
Los otros Profesores jadearon del horror. La Subdirectora se giró, rostro preocupado. "¿Estás seguro Severus?"
"Parece que no hay duda", miró a Fleur con ojo crítico y luego habló. "¿Le dio con una maldición Cruciatus?"
La Profesora McGonagall se giró tan deprisa que Harry temió que se partiera el cuello. Fleur asintió sin decir nada.
"Debemos llevarlos a la enfermería".
Salieron todos del laberinto usando su mapa. Snape alzó una ceja pero no dijo nada mientras que McGonagall sacudió la cabeza rodando los ojos. El único que sonrió fue el Profesor de Encantamientos. Cuando salieron del laberinto se encontraron con una conmoción. Todos gritaban y apuntaban en una dirección; los otros Profesores tenían las varitas desenfundadas y apuntando a un cuerpo tendido en el suelo. Era Crouch Jr. y al parecer estaba inconsciente; y lo había estado un buen rato porque la poción Multijugos había dejado de hacer efecto.
¡Espero que os guste! Dumbledore de momento no tiene porqué pensar que Harry se le está escapando de las manos; ni siquiera sabe que ya no vive con los Dursley y que Harry tenga novia no es algo preocupante para él; de momento...
R&R.
Blackcirce.
