Disclaimer: Nada de Harry Potter ni las imágenes que uso para inspirarme me pertenecen.

Sumario: Harry tuvo una genial idea en un momento de aburrimiento. Abrumado por la posibilidad de contactar con una persona desconocida envía a Hedwig con su carta a por alguien especial sin darse cuenta que una cosa tan insignificante como esa abrirá las puertas a un amor que arrasará con todo, incluso con Voldemort.

NOTA: En mi perfil tenéis el link para ver las imágenes en photobucket, en el álbum "Una Carta de Amor".


10

Manejando los hilos

"¿Tienes frío?", preguntó él cuando vio a Gabrielle arrimarse al fuego aun con sus manos entrelazadas.

"Un poco", dijo ella y maldijo momentáneamente haberse puesto un vestido para estar atractiva y haber obviado las medias. De repente sintió un hechizo tocarla y el frío se desvaneció. Con una sonrisa en la cara se recostó en su novio. "Gracias".

Harry besó la nariz de Gabrielle al mismo tiempo que la abrazaba, viendo como Sirius y Remus peleaban amigablemente. "¡Pero quiero dárselo ahora!"

"¡Sirius! Todavía no puedes darle los regalos".

"¡Tengo más regalos! No los va a abrir todos", refutó Lord Black con una mirada triunfal y Remus sonrió con un gran suspiro, levantando las manos del aburrimiento. "¡Lo sabía!"

Sirius se acercó rápidamente al sofá donde, como no, vio a Harrison con su novia en brazos. Con una sensación algo nostálgica en su pecho, recordando a sus queridos amigos muertos, le entregó el gran sobre a su ahijado e hijo y observó, acompañado de los Delacour y Remus, como Harry lo abría con una clara curiosidad en el rostro. Remus tuvo que sujetarle para que se pusiera a botar cuando vio la expresión estupefacta de Harrison al ver los certificados y demás documentos que acreditaban que, desde hacía un par de días, era dueño de 7 propiedades más a lo largo del mundo.

"¿Sirius? ¡Qué demonios!", exclamó finalmente, con Gabrielle mirando con la boca abierta los documentos y observando las fotografías de cada propiedad. "¿Kenya?"

"¿Te gusta?", preguntó finalmente con una amplia sonrisa.

"¿Qué si me gusta? ¿Estás loco? ¡Espera! No me contestes a eso", le dijo cuando vio que estaba a punto de asentir. Jean Delacour soltó un sonido ahogado divertido al ver el rostro de Sirius. "Sirius esto es… es… ¡genial! ¡Gracias!"

Sirius asintió satisfecho al ver como su hijo y su novia miraban y hablaban animadamente de las propiedades y fantaseaban sobre los viajes que iban a hacer. No obstante, el rostro severo de Remus hizo que Harry se levantara y les acompañara, junto con Jean, al estudio de la Mansión Delacour. Ni siquiera les dio tiempo a observar el estudio o las fotografías que cubrían parte de la mesa y las paredes; aun así Harry se dio cuenta que ese era el estudio privado de Jean lo que significa que solo los de confianza entraban allí para discutir lo que fuera con Lord Delacour.

"Harry, no daré rodeos al asunto: ¿recuerdas cuándo los comentaste lo del diario de Tom Riddle y el espectro que salió de tu cicatriz al ponerte el anillo de Lord?", dijo Remus que era quien había estado a cargo de la investigación con la ayuda de Sirius y, en menor parte, de Jean. "Ambos eran algo llamados horrocrux; son como un ancla del alma, en este caso de Voldemort".

Sirius asintió con aspecto asqueado. "Mi familia tenía libros sobre ello, para crear un horrocrux es necesario la muerte de un inocente y la partición del alma, algo extremadamente doloroso y horripilante".

Jean cabeceó con expresión amargada, siendo parte del Departamento de Defensa sabía de lo que hablaban, "Un horrocrux es una aberración pero Voldemort parece haber creado varios, si el diario y tu cicatriz son un indicio".

"¿Cómo pude haber sido yo, una persona, un horrocrux?", preguntó pálido y algo incrédulo Harry, sentado en una de las butacas de cuero.

"Creemos que fue un error: el alma de Voldemort, al salir despedida al tocarle la maldición mortal se unió a aquello que tenía más cerca, tú en este caso", explicó Remus poniéndole una mano reconfortante en su hombro.

"¿Quiere eso decir que cualquier ser vivo puede ser un horrocrux?", preguntó con curiosidad una vez se dijo a sí mismo que ya no tenía parte del alma de Voldemort en su cicatriz. Tenía que centrarse en lo importante.

Sirius, Jean y Remus dieron un respingo. Al parecer no se lo habían planteado. Remus sacudió la cabeza, "¿Por qué iba Voldemort a crear un horrocrux humano o animal? Los animales tienen una corta vida y los humanos pueden traicionarle pero aun así…".

"Pero estamos hablando de Voldemort, está desesperado. Yo descartaría a los humanos, Harry fue una anomalía pero si Voldemort tuviera un familiar cerca, que no pudiera traicionarle… Sería perfecto para él: un horrocrux que nadie sospecha y siempre con él, a salvo".

"Y más si puede hablar con el animal", musitó Harry que había soñado varias veces con una serpiente llamada Nagini.

Sirius y Remus intercambiaron miradas al recordar los sueños de Harry que habían visto gracias a la pensadera que Sirius le había regalado a Harry. Después tendrían que contárselo a Jean.

"De cualquier modo eso no es todo. ¿Te acuerdas que hice un contrato con los duendes para que me quemaran Grimmauld Place y lo reconstruyeran?", Harry asintió. Había ayudado a Sirius a mover todo lo importante a las cámaras de Gringotts. "En el fuego destruyeron un horrocrux, no había duda; los duendes saben qué son. Le pregunté a Kreacher y, aunque quiso, no pudo evitar contarme cómo mi hermano Regulus robó uno de los horrocrux de Voldemort. Era un guardapelo, el de Slytherin, para ser exactos".

"¿Cuántos trozos de alma hay por ahí tirados?", preguntó Harry, que estaba empezando a pensar que Voldemort que era inmortal. ¿Cómo iba a luchar contra alguien que no puede morir?

"No lo sabemos pero ya han sido destruidos al menos 4 de ellos", suspiró Remus retomando la historia. "Los duendes, inquietos, hicieron hace poco una revisión de todas las cámaras de Gringotts y encontraron un horrocrux, la copa de Helga Hufflepuff, en la cámara de los Lestrange. Muy a su pesar tuvieron que destruir la copa".

"Lo mejor ha sido que, estando los Lestrange en la cárcel, yo soy el beneficiario al ser Lord Black. Todo lo que les pertenecía es ahora mío y gracias a la ayuda de los duendes", rio con un ladrido Sirius.

"Eso hacen 4 horrocrux…", pensó en voz alta Harry y Jean asintió.

"Como antiguo auror sé que los criminales normalmente guardan aquello que puede incriminarles o acabar con ellos en lugares con relación personal. Si os fijáis el diario lo tenía Lucius Malfoy y Abraxas Malfoy era la mano derecha de Voldemort en la primera guerra", dijo con rostro serio Lord Delacour y los demás le miraron, dándole toda su atención. "Después está la copa, en manos de su nueva mano derecha, Bellatrix Lestrange que lo guardó en uno de los lugares más seguros (o eso dicen) del Reino Unido. Cabe esperar que uno de sus horrocruxes, si tiene más, esté en Hogwarts, el otro lugar más seguro de Reino Unido y, según la investigación de Remus sobre Tom Riddle, su primer hogar".

Harry miró a Remus, queriendo saber más de Voldemort o quién hubiera sido antes de convertirse en un monstruo. Remus sacó una carpeta y le pasó varias fotografías antiguas y supo en seguida que era Tom Riddle, con ropa de calle, y con su antigua apariencia humana. Sin duda era una imagen de los años cuarenta o cincuenta. ¿Cómo alguien de aspecto tan normal había podido hacer semejantes aberraciones?

"Tom Marvolo Riddle Jr., nacido de Merope Gaunt, una squib, y Tom Riddle Sr., un muggle. Fue dejado al nacer en un orfanato, pocas horas después de la muerte de su madre. Su padre los abandonó a ambos; creo que Merope usó pociones para enamorarlo puesto que su comportamiento no fue normal. Supongo que Merope dejó de administrarle pociones de amor estando embarazada, pensando que seguirían juntos, pero Riddle los abandonó", comentó Remus pasándole imágenes del orfanato de Riddle Jr. y de la familia Riddle. "Riddle creció en el orfanato, según el testimonio de la matrona y los adultos que vivían con él, odiado por todos debido a su comportamiento y a sus robos. Según palabras exactas de un testigo 'Riddle era un extraño entre nosotros, él no era normal. Hacía cosas que nunca me pude explicar, nos aterrorizaba, nos robaba los juguetes… Le gustaba reírse cuando otros se sentían mal, nos hacía daño'".

Harry escuchó en silencio, con los bellos de punta al escuchar el relato, cómo Remus le recitaba toda la información de Riddle, creándose una imagen en mente de la persona que hoy se había vuelto Voldemort pero, en lo más profundo de su ser, se preguntó si Riddle no hubiera sido de nacimiento un monstruo. Quizá creado por la violación de su madre y por las circunstancias.

"El guardapelo estaba en un acantilado cerca del orfanato; otro lugar personal. Riddle creó su primer horrocrux en quinto, en Hogwarts, y cuando salió y trabajó en Borgins compró el guardapelo que Borgin tenía y no sabía de su valor; luego robó la copa matando a Hepzibah Smith. Entre tanto mató a sus parientes y culpó falsamente a su abuelo y a su tío, condenándolos a Azkaban", dijo Jean ojeando por encima los informes de Remus que eran de lo más completos. "Después de eso volvió a Hogwarts, con 20 años, a por la plaza de Profesor de Defensa pero no la consiguió. Fue la primera y última vez que entró en la escuela desde que salió de ella como alumno; antes de poseer a Quirrell, claro está".

"El momento perfecto para dejar en Hogwarts un horrocrux", comentó Harry, sabedor de lo que sugería Jean.

"Exacto. Otro lugar especial para Riddle. El orfanato no lo fue, pero sí el acantilado; seguramente pasaba mucho tiempo fuera del edificio donde era odiado, lo que no le trae buenos recuerdos. Por otro lado, para él matar a su familia paterna, y condenar a su familia materna, seguramente fue un momento de regocijo. Es posible que la Mansión Riddle o la chabola Gaunt contengan un horrocrux, sino uno cada uno".

"Eso harían 3 horrocruxes más y la serpiente", dijo Sirius y luego sacudió la cabeza, imitando a su hijo. "La chabola Gaunt y la Mansión Riddle están muy cerca; Riddle no pondría 2 horrocruxes en el mismo lugar".

"Es decir, o la chabola Gaunt o la Mansión Riddle, 2 horrocruxes más y la serpiente, unos 3".

Harry suspiró pero asintió con determinación. Voldemort tenía que morir; era Voldemort o él y no pensaba rendirse.

…..

"Querida Gabrielle,

¿Qué tal las clases de nuevo? Espero que te guste mi regalo. ¡Feliz cumpleaños! El próximo fin de semana visitaré Beauxbatons, ¿te gustaría? Espero que las idiotas de tu clase no te estén dando mucho la vara, si es necesario díselo a Fleur o dímelo a mí, ya sabes que puedo estar ahí en un momento.

Yo estoy buscando aquello que te comenté, ya sabes, el paquete. Hogwarts es muy grande pero tengo la ayuda de los elfos domésticos y de Ron, Neville y Hermione. Piensan que estoy buscando un tesoro misterioso, y en parte lo es. Todavía no saben lo suficiente de Occlumancia así que no les he dicho nada, al contrario que a ti. Sirius me ha comentado que han ido a Little W. pero al parecer alguien ha estado allí recientemente; Remus parecía muy preocupado porque alguien debe saber sobre esto.

Ayer mismo me 'llamó' Dumbledore a su despacho (más bien McGonagall me llamó a su despacho y me hizo hablar con Dumbledore a través de unos espejos - ¿cómo demonios lo habrá hecho para hacerse con uno ahí dentro?), parecía interesado en enseñarme algo, aun estando en Azkaban, pero lo primero que vi fue su mano. Un par de dedos de su mano derecha estaban negros, como podridos, sin duda era una maldición oscura y lo más curioso era el anillo que llevaba puesto en esa misma mano. Parecía antiguo y tenía una piedra de color topacio. Nunca le había visto uno igual puesto, y es que he sido visitado por Dumbledore a menudo. No creo que fuera un regalo de Azkaban, eso seguro. Me preguntó por qué los guardas le han dejado quedarse con el anillo…

¿Te acuerdas que te comenté lo que pasó en Hogsmeade hace semanas? Creo que es Malfoy pero todavía no puedo probarlo. Zabini, uno de los Slytherin con los que me hablo a escondidas (va a mi clase de Runas), me comentó que Malfoy quiso colarse en la cena de Yule de Slughorn y que Filch le pilló intentándolo. No creo que fuera cierto, Malfoy no parece alguien capaz de arrastrarse de esa forma por una mera invitación de cena de un Profesor. No sé, creo que Filch le pilló por los pasillos y Malfoy dio esa escusa, suena mucho más plausible. Pero entonces, ¿qué estaría haciendo Malfoy, solo, por los pasillos de Hogwarts esa noche?

Tengo que dejarte, los Profesores nos han puesto demasiadas tareas. Ahora estoy aliviado de no haberme saltado quinto curso.

Con amor y algo cansado,

Harry

Pd. Se llama Topkapi, el arma".

Gabrielle suspiró y miró la daga, la preciosa daga de rituales, que había le había regalado. No era ni pequeña ni grande y estaba hecha de titanio plateado, diamantes y esmeraldas. Si se acercaba la hoja podía ver las miles de diminutas runas que recubrían el arma. La empuñadura tenía toques dorados y hacía juego con la funda llena de diamantes, rodeando un sello. Debía haberla mandado hacer puesto que ninguna otra daga hubiera tenido un jaguar negro y un cisne blanco grabados, de lo contrario. A pesar de que Gabrielle ya tenía una daga ritual se encontró de lo más contenta; ¡esa se la había regalado Harrison!

Rápidamente sacó un pergamino y se dispuso a contestarle. Aunque apenas habían pasado 3 semanas desde que se vieron Gabrielle estaba ansiosa por volver a ver a su novio; en un par de semanas llegaría San Valentín y el año pasado no le regaló nada a Harrison, pensó con horror.

"Querido Harry,

Mis clases van bien, como siempre, aunque te hecho mucho de menos. El año pasado fue maravilloso; tenerte a ti y a Fleur a la vez fue de lo más divertido y especial. ¡Y aprendí mucho!

Ahora tengo que entrenar por las tardes, ya que las mañanas las tengo ocupadas, si quiero seguir en el club de gimnasia. La entrenadora dice que es un requerimiento para- ¡un momento! ¡ESO ES! ¡La Sala de los Requerimientos! ¿No estará allí el paquete? Si la Sala de los Menesteres puede transformarse en cualquier cosa, ¿por qué no un lugar para esconder algo? ¿Cómo no se me ocurrió antes? ¡Tiene que estar ahí!

¡Oh, Harry! Cada noche me acuesto deseando que todo esto pase y pueda verte sin miedo a que Voldemort pueda acabar contigo, o con nuestros seres queridos. No sabes cuánto rezo para que alguien acabe con él lo antes posible. Ahora mismo me siento tan desesperada que no sé qué más escribirte, deseo que Hedwig te lleve mi carta cuanto antes si eso supone que estás un paso más cerca de conseguirlo.

¿Nos veremos para este San Valentín? Quiero por lo menos escuchar tu voz, no sabes cuánto te echo de menos.

Con amor y algo desesperada,

Gabrielle.

Pd. ¡Me encantó el regalo!"

Gabrielle suspiró de forma entrecortada, secando las lágrimas que habían caído sin querer en su pergamino y le entregó la correspondencia a la fiel e inteligente lechuza de Harrison. Sabía, en el fondo de su corazón, que mientras Voldemort estuviera vivo nunca podría tener del todo a su novio. Y Gabrielle quería ser feliz, quería que Harry fuera feliz y no podía quedarse llorando de brazos cruzados como si nada. Jadeó con frustración y, sintiendo algo dentro de sí despertar, se dijo que cuanto antes mataran a Voldemort antes podría estar con Harry; lo único que tenía que hacer era poner de su parte.

"Veamos… Contando que Harry descubre ese en Hogwarts quedarían 2, ahora, ¿cómo matar a Nagini?", pensó en un susurro en la oscuridad de su habitación. No podría averiguar nada del misterioso horcrux restante con sus limitados recursos pero sí que podía pensar como eliminar a la dichosa serpiente.

Cuando volviera a ver a su novio esperaba poder decirle cómo hacerlo.

Harry estaba tumbado, sobre su cama en Hogwarts, intentando inducirse el sueño pero por más que lo intentaba su mente no paraba de recordar las palabras de Remus sobre Tom Riddle.

"Riddle era un extraño entre nosotros, él no era normal", escuchó en un susurro horripilante en su mente y vio nada más que oscuridad llena de recuerdos terroríficos, los gritos de su madre y las súplicas. Los ojos rojos en la cabeza de Quirrell, la voz siseante… "Nos aterrorizaba… Nos hacía daño".

Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo entero y se tapó con las mantas, como si fuera un niño temeroso por lo que pudiera haber bajo la oscuridad de la cama. En cierto modo así era como se sentía a pesar de saber que el monstruo que quería matarle era real, muy real. Hasta ahora nadie, salvo él, se había enfrentado cara a cara a Voldemort y de repente uno de sus amigos y conocidos, Katie, había sido maldecida. Sin duda había sido cosa de Draco Malfoy y, aunque no tenía pruebas, no las necesitaba. El rostro pálido y culpable, el remordimiento que leyó en sus ojos, fue suficiente.

Sin embargo Harry había comprendido algo. Quizá Draco estuviera enfadado puesto que su padre estaba en Azkaban pero quien le mandaba ahora, como si fuera un perro fiel, era Voldemort. ¿Cómo debía ser, cargar con semejante peso? Saber que, de fallar, quizá su familia podría ser asesinada por el mismo hombre al que estaba sirviendo. Draco no intentaba matarle por venganza, intentaba matar a alguien, a quién no lo sabía, porque se lo había ordenado Voldemort, porque estaba aterrorizado. Por fin Harry había comprendido porqué las manos de Malfoy temblaban cada vez que recibía un paquete o porque parecía mucho más pálido y desaliñado, por qué no comía o por qué a veces incluso parecía suplicarle, sin saberlo, con la mirada.

Quería que le ayudase, que le pillara. Cuando tuvo esa epifanía Harry, al borde del quinto sueño, despertó. No solo el lado de la luz estaba sufriendo. Pero, ¿qué podía hacer él? Se levantó, puesto que iba a ser imposible dormir, y cogió su mapa. Quizá pudiera ir a dar una vuelta mientras pensaba.

"Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas", el mapa empezó a dibujar líneas y más líneas. Se puso la capa de invisibilidad y bajó las escaleras. "Un momento…"

Miró el castillo y vio que la única persona despierta, al igual que él, a las 3 de la madrugada, era precisamente Draco Malfoy. ¿Sería eso una señal? Salió de la sala común en dirección a los baños, ¿hablaba con Malfoy o no? ¿Le decía algo? ¿Le decía que lo sabía? Pero antes de poder tomar una decisión se encontró frente al baño, en el segundo piso, de mujeres. Mirando la puerta cerrada se preguntó qué clase de persona sería si, aun sabiendo lo que era justo y correcto, no lo hacía. ¿Podría vivir con el remordimiento de saber que quizás pudo ayudar a alguien como Malfoy y no lo hizo?

Con un suspiro entrecortado, cansado pero con determinación, abrió la puerta. Vio en seguida a su rival de la escuela, vestido con un pijama negro de seda que hacía parecerle aún más nervioso y quebradizo de por sí. Observó invisible cómo Malfoy se miraba en el espejo, con expresión de asco, y supo que había hecho bien al decidir ayudarle. La respiración entrecortada de su primo lejano le despertó de la ensoñación y vio como no podía contener las lágrimas, amargas, que recorrían su rostro. Supo, en ese momento, que Draco no era tan diferente a él como había creído. Lloraba y sangraba como él.

"Malfoy", dijo y Draco se giró de repente, sacando su varita y apuntando a la nada, con los ojos brillantes todavía por las lágrimas. "Soy yo, Potter".

"¡Potter! ¿Cómo será que siempre logras inmiscuirte en mis asuntos?", siseó Malfoy algo irritado. Potter le había visto llorar como una niña y, lo peor de todo, no sabía dónde estaba.

"No voy a hacerte nada, baja la varita".

La voz de Potter estaba totalmente libre de ambigüedades y hablaba de forma tan… compasiva que Draco no pudo evitar bajar su brazo y la cabeza, empezando a llorar de nuevo delante de su mayor rival a los pocos segundos en silencio. Sintió unos pasos y de repente unos pies aparecieron frente a él. Potter le tocó el hombro pero, aunque se la habría quitado de encima, molesto, ahora no podía evitar sentir un confort en presencia del otro. Lo quisiera o no ser rivales había hecho que ambos notaran del otro cosas que nadie más veía.

Draco, mientras se secaba las lágrimas con la manga del pijama como un plebeyo, dio las gracias a Merlín porque Potter le entendiera lo suficiente como para no decir algo tan vano como 'ya está' o 'todo va a salir bien'. Ambos sabían que las cosas no iban a ir bien; estaba jodido, ambos lo estaban. Sin darse cuenta se sintió aliviado cuando paró de llorar, como si se hubiera quitado un peso de encima.

"Ven, vamos a las cocinas", le dijo Potter y él asintió.

Ni siquiera se preguntó cómo Potter conocía el camino secreto a las afamadas cocinas o porqué le había hecho caso y había acompañado a Potter en un ridículo y extraño paseo nocturno. Cuando se sentó, cogiendo entre las manos como una tabla de salvación su té caliente, miró a Potter sentado frente a él. Ya no era el chiquillo con gafas, mala ropa y de baja estatura. Ahora ambos medían lo mismo y, curiosamente, sus facciones eran de lo más parecidas aunque eran diferentes como el día y la noche, a la vez. Draco recordó como su madre le había dicho que la abuela de Potter había sido una Black.

"¿A quién te dijo que mataras?", preguntó sin más Potter y él sintió un escalofrío al ver lo frívolo que parecía Potter, como si hablara del tiempo.

"A Dumbledore".

Harry asintió, comprendiendo en seguida todo. "Dumbledore se muere, no tienes porqué matarlo tú".

Draco alzó la cabeza, incrédulo, y observó que Potter decía la verdad. ¿Dumbledore se estaba muriendo? ¿Lo sabría el Señor Tenebroso? Y, de ser así, ¿por qué le había mandado a matarle cuando el Director se moría igualmente? Tuvo una sensación horripilante al darse cuenta que, quizás, el Señor Tenebroso esperaba que fallara igualmente. ¿Por qué sino entregarle semejante tarea?

"Está en tu casa, ¿no?", le preguntó finalmente, con el rostro pensativo. Draco asintió, de nada le iba a servir mentir a esas alturas. "Bien… ¡Perfecto!"

Draco miró a Potter con expresión incrédula. ¿Perfecto? No sabía si Potter estaba en sus cabales o realmente era demasiado valiente por su propio bien. ¿Es que quería morir? Quizá lo que estaba pensando se reflejó en su cara porque Potter le sonrió de forma maliciosa y de repente Draco tuvo la sensación que estaba planeando algo. ¿Cuántas veces no habría visto ese rostro en los 5 años que le conocía? Incontables.

"¿Qué estás tramando?", preguntó él, con suspicacia.

Harry sonrió alegremente, con algo de sorpresa. "Veo que me conoces bien para ser rivales. Mira, Voldemort es predecible. Con sus mortifagos en Azkaban no tardará mucho en ir a por ellos; los necesita. Su brazo derecho e izquierdo están allí; irá a por los Lestrange, y a por tu padre".

Las palabras casi proféticas de Potter hicieron que sintiera frío de nuevo; no recordaba cómo era entrar en calor desde que aceptó la marca. Sin duda alguna Potter tenía razón, ahora que lo pensaba, y el Señor Tenebroso actuaría tal y como le había descrito pero, ¿qué hacer? ¿Qué había planeado Potter? Sintió horror al pensar en todos los mortífagos, sedientos de sangre y venganza, residiendo en su casa con su madre y el Señor Tenebroso.

"Escúchame, tengo un plan", miró a ambos lados y luego se inclinó por encima de la mesa. Draco, que de repente se sintió más vivo que desde hace meses, se inclinó también para escuchar a Potter. "¿No habrás visto por casualidad a una serpiente en tu casa que acompaña siempre a Voldemort, no?"

Draco alzó una ceja. ¿Para qué quería Potter la serpiente del Señor Oscuro? De cualquier modo, asintió. "¿Nagini?"

Los ojos esmeralda de Potter se iluminaron, entrecerrándose de regocijo, con una luz triunfal y Draco sintió que podía salir de esa con la ayuda, irónicamente, de su único rival en la escuela.

….

"Querido Padfoot,

Tengo noticias para ti. Espérame en la cueva al medio día este sábado. Ven solo.

Fiera".

Sirius leyó la breve nota de su hijo y observó cómo había evitado usar sus nombres, usando sus motes de animago. Alzó una ceja sabedor que, fuera lo que fuera, Harrison tenía que decirle algo muy importante que no podía decirle ni en carta ni por los espejos. Se arregló, viendo a Remus leyendo varios apuntes y libros encima de la mesa, y se desapareció dejándole la nota a su estudioso y empanado amigo. Ya se daría cuenta horas más tarde que había salido.

Nada más llegar a las afueras de Hogsmeade se transformó, yendo al trote a su antigua cueva. A juzgar por el olor Harrison ya debía estar esperándole. Cuando llegó allí se encontró con el enorme jaguar negro tumbado en el suelo. Se transformó de nuevo y guardó la cueva a pesar de que estaba seguro que su hijo ya lo había hecho con antelación.

"¡Harry!", cogió en un abrazo Sirius y Harrison rio. En cuanto lo dejó en el suelo le preguntó. "¿Y bien? ¿Qué pasa?"

"Voldemort está residiendo en la Mansión Malfoy y ha mandado una misión a Draco: matar a Dumbledore", dijo él y vio como Sirius se ponía serio de repente. "De momento lo ha probado una vez pero maldijo sin querer a Katie Bell, quien tenía que enviarle el regalo a Dumbledore. Creo que lo volverá a intentar de nuevo para San Valentín".

"Eso es dentro de 3 días", pensó en voz alta. Harrison asintió. "¡Un momento! ¿Cómo sabes tú eso?"

"Hablé con Malfoy, claro, y llegamos a un acuerdo", sonrió maliciosamente Harry y luego sacó una carta de su bolsillo; era de Gabrielle. "¿A qué no sabes qué me ha comentado mi maravillosa novia?"

Sirius alzó una ceja frente al cambio de tema. "No creas que te vas a librar de hablar de Malfoy, Harry".

El nombrado rodó los ojos. "Malfoy no quiere hacerlo, y yo lo vi, hablamos ayer y me dijo que, si no hacía lo que Voldemort le pide matará a su madre. No quiere hacerlo pero, ¿qué remedio le queda?"

"Pero Dumbledore está muriendo", musitó en voz alta Sirius, que había visto el recuerdo de Harrison en la pensadera. La mano de Dumbledore era otra de las cosas que Remus estaba investigando.

"Exacto. Ahora cree que Voldemort pensó, desde el principio, que no podría con él y quizás tiene razón", comentó Harry y meneó la mano, usando su anillo, para crear unas sillas y una mesa. Cogió la cesta que Winky le había preparado. "¿Té o café?"

"Café con leche y una de azúcar, gracias". Harry rodó los ojos y le pasó también el plato de galletas. "¿Qué decías de Narcisa?"

"Que vamos a sacarla de la Mansión Malfoy. En cuanto Voldemort saque a los mortífagos de Azkaban, incluido Lucius Malfoy, Narcisa vendrá a vivir con nosotros. Draco, mientras tanto, se encargará de Nagini".

Sirius dejó de beber y miró fijamente a su hijo y Heredero. Lo que le estaba comentando era muy serio. "Sabes que si Draco mata a Nagini y hacemos que Narcisa desaparezca Voldemort se volverá contra Lucius, ¿no?"

"Draco lo sabe", le informó, moviendo con rostro pensativo y nostálgico el té con una cucharita de café. Posó los ojos con firmeza, sin levantar la cabeza, en su padre adoptivo y primo lejano, "pero también sabe que fue Lucius quien ofreció la Mansión a Voldemort y el que le recomendó para ser un siervo más de Voldemort".

Sirius hizo un ruido mordaz, seguido de un silbido divertido. "Así que Draco está furioso con papi, ¿eh? Entiendo, pues, que no le importa que su padre muera".

Harry asintió, confirmando sus palabras. "Lo mejor de todo es que, una vez caiga Lucius, Draco será Lord Malfoy".

Sirius sonrió de forma cruel, pareciéndose muchísimo a Harrison la noche anterior en las cocinas. "Y Draco tendrá el poder de cerrar la Mansión a Voldemort y a sus mortífagos".

Harry sonrió con un deje triunfal. "Exacto. Mientras Voldemort no se dé cuenta de quién ha planeado la muerte de Lucius, aunque sea indirectamente, Draco no será observado y podrá hacer lo que le plazca, incluyendo matar a Nagini con una daga cubierta de veneno de basilisco que yo le daré".

"Siempre y cuando mate a Dumbledore".

"Siempre y cuando mate a un hombre que ya está muriendo", Harry sonrió bebiendo de su taza.

Sirius, minutos más tarde, se desapareció de nuevo a Godric's Hollow. Una de las dos habitaciones de invitados iba a ser limpiada para la inminente visita de Narcisa. Sabían que Voldemort no iba a esperar mucho para sacar a Bellatrix y a los demás de Azkaban; cada día que pasaba era tiempo perdido para él.

"¿Qué tal ha ido?", preguntó Remus, asomando la cabeza por el marco de la habitación con rostro repleto de curiosidad. "¿Esperamos invitados?"

"Algo así", dijo él reprimiendo una sonrisa. "¿Sabes que Harry ha encontrado otro horrocrux? ¡La tiara de Ravenclaw!"

"¿Cómo lo ha conseguido?", preguntó con una sonrisa excitada Remus, volviendo a sacar su fiel libreta de apuntes que llevaba consigo a todas partes.

"Tiene una novia muy inteligente y astuta".

Remus tachó algo de su libreta antes de alzar una ceja. ¿Qué tendría que ver Gabrielle con todo eso?


Siento haber tardado una semana más pero he estado muy, muy liada. Al final he tenido algo de tiempo para dedicarle a la historia. Que os guste.

R&R.

Blackcirce.