Disclaimer: Nada de Harry Potter ni las imágenes que uso para inspirarme me pertenecen.

Sumario: Harry tuvo una genial idea en un momento de aburrimiento. Abrumado por la posibilidad de contactar con una persona desconocida envía a Hedwig con su carta a por alguien especial sin darse cuenta que una cosa tan insignificante como esa abrirá las puertas a un amor que arrasará con todo, incluso con Voldemort.

NOTA: En mi perfil tenéis el link para ver las imágenes en photobucket, en el álbum "Una Carta de Amor".


Advertencia: este capítulo tiene tortura (para aquellos que no se hayan dado cuenta que la historia tiene rating M).


12

Una venganza servida fría

Harry sintió a alguien golpear su hombro con otro hombro. Se giró a mirar y vio que era Malfoy, que le lanzó una mirada significativa. Algo dentro de sí se revolvió de triunfo, ¡Malfoy lo había conseguido! Absorto, siguió caminando hasta el compartimento que habían guardado Neville y Luna, andando junto a Hermione que estaba saltando de la curiosidad. Nada más sentarse Hermione agitó su varita.

"¿Qué ha sido eso?", preguntó Hermione, sentándose al lado de Neville; Luna conseguía sacarla de quicio a menudo.

"En cuanto lleguemos os lo contaré", dijo, mirando de forma sospechosa el tren desprotegido.

Ni de coña se iba a poner hablar de horrocruxes donde cualquiera podía escucharles. Aunque sabía que Hermione se moría de ganas por saber qué estaba pasando el viaje fue pasado en silencio. Se le hizo relativamente corto mientras pensaba y planeaba qué hacer con Voldemort ahora que era mortal. Sin duda tarde o temprano se daría cuenta que Nagini estaba muerta, si no es que lo sabía ya. Harry solo podía imaginar qué haría entonces Voldemort. ¿Buscaría en los demás escondrijos para ver si sus trozos partidos de alma estaban seguros? De ser así, ¿qué haría al darse cuenta que él lo había descubierto y saber que era ahora vulnerable como los demás mortales?

Lo que tenía claro era una cosa. Voldemort tenía ventaja porque a pesar de que el Ministerio sabía que había vuelto a su forma corpórea no habían tomado ningún tipo de medida para alertar a la población de forma oficial y, peor aún, no estaban haciendo nada para protegerla. Ahora seguramente Voldemort estaría reuniendo sus ejércitos, haciéndose fuerte mientras pudiera en el anonimato. A ciencia cierta debería estar riéndose al ver la estupidez de la sociedad inglesa que, a pesar de saber que estaba vivo y que pensaba continuar con sus planes, no movían ni un dedo por impedirlo. Bien podrían ser todos sus fieles siervos.

"¿Qué ha sido eso?", preguntó de nuevo Hermione, una vez se reunieron en la Sala de los Menesteres después de cenar.

"Malfoy ha conseguido algo muy importante por la causa. Veréis, hace un tiempo hice un trato con Draco: él mataría a la serpiente de Voldemort, Nagini, y yo protegería a su madre, Narcisa", comentó y Neville, Hermione y Ron le miraron fijamente.

"¿Para qué demonios querías matar a la serpiente?", preguntó Ron, con expresión incrédula. Malfoy, a pesar de haber superado su anterior enemistad con el mencionado, seguía cayéndole gordo.

Él suspiró y se inclinó en su asiento mullido, "¿Sabéis algo de una magia llamada horrocrux?"

Durante los próximos 20 minutos estuvo explicándoles a sus amigos, con pelos y señales, qué eran y para qué servían. Decir que estaban horrorizados hubiera sido quedarse corto, no obstante, tal y como dijo Ron, deshacerse de las anclas de Voldemort había sido relativamente fácil y rápido. Curiosamente, 3 de ellos habían perecido de forma indirecta gracias a la cooperación de los duendes de Gringotts; otros 2 los había destruido él mismo; y, por último, uno cayó a manos de Dumbledore y otro a manos de Draco.

"Podría haber sido mucho peor, tío", le comentó Ron, con las manos apretando el reposabrazos de su asiento, su piel pálida como la leche contrastando con sus múltiples pecas, "tenemos suerte de que no tengamos que estar buscando más trozos de alma por terreno inglés, durmiendo en una tienda de campaña".

Hermione rodó los ojos al ver el estremecimiento de Ron, quien seguramente se estaba imaginando las penurias que habrían tenido que pasar para comer un plato que él considerara decente. Neville, más callado de lo normal, tenía el rostro pensativo.

"¿No creéis que Voldemort tiene un pánico anormal a morir? Es decir, claro, todos tememos a la muerte en mayor o menor grado pero… 4 de los 6 horrocrux, sin contar a Harry que fue una anomalía, fueron creados poco antes de su muerte. Es como si… como si Voldemort lo hubiera presentido…", Neville frunció el ceño y Hermione le miró también ceñuda.

"¿Cómo si Voldemort hubiera sabido de su inminente muerte?", preguntó incrédula Hermione, quien más detestaba la Adivinación.

Harry, que había olvidado totalmente la profecía, por muy extraño que pudiera sonar, palideció de la ira al recordar de nuevo la profecía y, por supuesto, a Snape. Ron lo notó al instante y alzó una ceja.

"¿Qué pasa?"

"Me temo que Voldemort que sabía de su muerte… Existe una profecía que habla de un niño nacido al morir el séptimo mes", empezó Harry y los demás callaron. Neville, comprendiendo al instante las repercusiones de sus palabras, empezó a hiperventilar.

"No… ¡No! ¡NO!", gritó finalmente, poniéndose las manos en las orejas, como si no quisiera escucharle, apunto de romper a llorar. Realmente parecía muy perturbado.

Los demás le miraron y desviaron las miradas, incapaces de comprender cómo debía sentirse Neville que, después de 14 años empezaba a entender por qué su familia, y no otra, fue atacada aquella noche. No hizo falta que le contara el resto del escrito de la profecía, aunque Hermione la apuntó pulcramente en sus hechizadísimos apuntes secretos.

"¿Cómo lo supo?", preguntó finalmente, con un hilo iracundo de voz. "¿Cómo supo Voldemort de la profecía? ¿¡Quién la dio!?"

"La dio Trelawney", las bocas de Ron y Hermione se descolgaron de la incredulidad mientras que Neville parecía haber recuperado algo de su habitual control sobre sí mismo al escuchar la ridícula noticia. "La hizo en una taberna en Hogsmeade delante de Dumbledore pero fue espiada por alguien más… un mortífago".

"¿Quién?"

Harry observó cómo Neville temblaba y supo que no era de miedo. Sus cortas uñas, perfectas para trabajar con las plantas, estaban tan ceñidas a la tela de sus pantalones que, sin darse cuenta, los estaba rompiendo. Cerró los ojos porque sabía que, aunque no podía negarle la información a su amigo, saberlo le destrozaría igual que a él. ¿Cuántos días tardaría en volver a la normalidad? Él había estado callado, apenas abriendo la boca para comer y saludar a su nueva inquilina, durante todas las vacaciones. Planeando. Miró de nuevo los ojos pardos y ardientes de Neville y pronunció un solo nombre que lo cambiaría todo.

"Snape".

….

"Querida Gabrielle,

Tengo noticias y no son todas buenas. Existe una profecía que trata sobre mí y Voldemort… Podrás imaginar qué dice, ¿no? Fue Trelawney quien la recitó en una taberna en Hogsmeade pero eso no es lo peor; me he enterado de quién la espió y la llevó a Voldemort. Snape.

…Y cambiando de tema. El tema de los paquetes está finalmente zanjado; por fin ha vuelto a la normalidad. Ahora me pregunto cómo actuar, ¿te acuerdas de la Orden? Está a manos de Moody ahora pero me preocupa Snape. Ya no me fío de él, es más, estoy mordiéndome los dedos de la ira para no ir a acabar con él. Aunque, tarde o temprano… tengo que hacer algo pero todavía no se me ocurre el qué.

Lo peor de todo es que creo que Voldemort se está infiltrando en el Ministerio; algo se mueve allí abajo y no creo que sea bueno para Hogwarts. La escuela siempre ha sido una fijación para él y, por mucho que odie decirlo, sin Dumbledore aquí Hogwarts está al alcance figurativo, y literal, de cualquiera. Nada le impide ahora intentar hacerse con el colegio. No creo que lo ataque, sobre todo con los niños de sus seguidores dentro y reuniendo fuerzas por el momento. No, Voldemort será mucho más sutil esta vez.

El otro día fui a Hogsmeade con mis amigos y no te creerás que pasó. De repente aparecieron un par de dementores en mitad del camino de vuelta al castillo. Los pudimos ahuyentar con el Patronus pero tengo la sensación que no aparecieron de la nada para dar un paseíllo. Creo que alguien los envió y solo estábamos Ginny, Ron, Hermione, Neville, Luna y yo allí. Tengo la ligera sospecha que alguien esperaba que me besaran.

Por lo demás, sigo teniendo bastante lío con las tareas y los estudios para los OWLs pero Hermione está contenta, dice que es imposible que, después de tanto estudio, saquemos un solo suspenso. Y viniendo de Hermione es mucho, la cara de Ron era como si le hubieran entregado ya las notas. No sabes lo que me reí al ver su alivio. Te dejo que hoy vuelve a haber entrenamiento con la Asociación de Defensa. Es increíble como progresan todos.

Con amor y exhausto,

Harry".

Gabrielle rizó los labios de la ira cuando comprendió que alguien había querido matar a su novio. Cogió aire profundamente y guardó la arrugada carta en su compartimento secreto. Las dos cartas de San Valentín estaban escondidas en un fondo falso de su joyero. Con un suspiro cansado miró sentada en su asiento los regalos de Harrison que colgaban en el busto de terciopelo negro del joyero.

Se tumbó en su cama de Beauxbatons, cavilando. Ahora entendía por qué Dumbledore había estado tan interesado en Harry; siendo el niño de la profecía significaba que la victoria contra Voldemort estaba en sus manos pero aun así… ¿Por qué el Director no había entrenado a Harry? ¿Por qué no había investigado a Voldemort? ¿Lo habría hecho? Y, de haberlo hecho, ¿por qué no le pasó toda su información relevante a Harry? ¿Por qué habría esperado hasta morir? Dumbledore había redactado su testamento en Azkaban, de eso no cabía duda, así que podía deducir que había sido espontaneo y no premeditado. De haber sido las cosas distintas, ¿habría abierto la boca Dumbledore alguna vez para informar a su novio de la verdad?

De momento Harry estaba a salvo dentro de Hogwarts pero se preguntaba qué pensaba hacer ahora. Con Voldemort siendo mortal significaba que cualquiera podía matarle pero con la profecía pendiendo de la cabeza de Harry sabía que intentaría buscar la forma de matarle él. Gabrielle soltó un bufido despectivo, incluso sin una profecía estaba segura que todos los ciudadanos ingleses hubieran soltado a su novio contra los leones por el simple hecho de ser el chico que sobrevivió. Holgazanes e hipócritas, cretinos mediocres… ¡Corruptos! Tomó aire cuando notó sus uñas alargarse.

Sabía que en este mismo momento Harry debía estar planeando una forma de hacer salir a Voldemort de su escondrijo antes de que se enterase de la pérdida de su serpiente, preferiblemente. Si Voldemort creía que era inmortal no sería tan precavido con su propia vida, por muy idiota que eso sonase. ¿Qué debía hacer ella? Lo que tenía claro es que no podía quedarse sentada sin hacer nada. Su novio iba a luchar una inminente guerra y ella no iba a dejarle solo. ¿Qué podía hacer? ¿Qué?

De repente algo se iluminó en su mente. ¡Lo tenía! Se levantó de un salto y sacó los catálogos que tenía guardados en el escritorio. Quizá no podía luchar ahora pero sí que podía prepararse por si Harry tenía que huir en un momento dado. Cogió una de las hojas muggles en blanco, que usaba para hacer los borradores de sus tareas, y su estilográfica favorita. Antes que nada tendría que pensar en qué iba a necesitar su novio en la intemperie, de tener que huir.

"Una mochila sin fondo, eso seguro. Veamos… Necesitará comida y ropa, accesorios variados", Gabrielle frunció el ceño mientras pensaba cómo guardar todas esas cosas. "¡Lo tengo! Un baúl mágico".

Gabrielle sacó un pergamino con la intención de escribir una carta. Ahora mismo había alguien que sería capaz de proporcionarle lo que necesitaba.

"Querido Sirius,

Te escribo para saber si me podrías acabar de llenar este baúl con las cosas citadas más abajo. Comprenderás para qué es. Por favor, cuando acabes vuelve a enviármelo con Dobby. Gracias por todo.

Gaby".

Sirius contempló con la mente en blanco el baúl mágico de 7 niveles que Gabrielle le había comprado a su novio. ¡Maldita sea, se le habían adelantado! Con un suspiro cogió el papel que Gabrielle le había enviado y sonrió al ver lo bien pensado que estaba todo; sin duda habría pasado días confeccionando la lista.

Abrió el baúl y vio que el primer nivel era un almacén de comida. Examinó los hechizos y observó que, una vez se sacara un alimento del baúl perdería el hechizo conservador. El segundo nivel era un apartamento con un baño, 3 dormitorios y un salón con cocina-comedor adjunto. El tercer nivel era una librería con unas mesas de estudio que Gabrielle había llenado con copias de libros de la biblioteca Delacour y que él tendría que acabar de rellenar. El cuarto nivel era una sala dividida, a mano derecha había un laboratorio mientras que, a mano izquierda, había un almacén lleno de ingredientes; tendría que acabar de llenarlo también, se dijo, había ingredientes caros y difíciles de encontrar que Gabrielle no había tenido en cuenta. El quinto nivel era un almacén, también dividido: dinero (muggle y mágico) a mano derecha y armas y cosas materiales a mano izquierda. También había un cofre, en una mesa en el centro, que Sirius reconoció como identidades muggle falsas.

Sin duda Jean había ayudado a su hija puesto que él era el único, de todos los conocidos de Harry, que conocía el mundo muggle tan bien y sabía cómo falsificar documentos. Había pasaportes, licencias de conducir, documentos identificatorios… Sirius estaba impresionado y algo decepcionado de que no se le hubiera ocurrido a él, sin embargo… ver el pasaporte de Hermione, Neville y Ron le había dado una idea. Ahora podría reemplazar el regalo que Gabrielle le había quitado de las manos sin saberlo.

Observó el sexto nivel, que era una enfermería completísima, y se dio cuenta que había varios niveles interconectados. El almacén de alimentos estaba conectado directamente con la cocina mientras que la enfermería estaba conectada con el laboratorio. Harry se lo pasaría en grande descubriendo los secretos del baúl, pensó con una sonrisa. El último nivel era un lugar de entrenamiento, espacioso con diversas trampas y muñecos mágicos para el combate. Gabrielle se había empleado realmente a fondo.

"¿Sirius?", preguntó una voz y se giró a mirar a Narcisa, que observaba con curiosidad y algo de tristeza del baúl abierto. Sus ojos mostraron comprensión al ver la comida. "Oh…¡Oh! Deja que te ayude, primo".

Sirius observó con reticencia a su prima pero suspiró. Esas últimas semanas había llegado a un acuerdo y a un entendimiento con Narcisa. Asintió y le pasó la lista. Se sentía más confiado después de haberle hecho jurar a su prima todo bajo secreto.

"¿Me podrías prestar a Dobby unas horas?", le preguntó con una sonrisa maliciosa ella y luego contestó a su pregunta silenciosa. "Él está en la Mansión Malfoy, ¿no te parece cauteloso que Harry tenga los mismos libros que Voldemort ha podido consultar durante todo este tiempo?"

Sirius miró fijamente a Narcisa y luego ambos empezaron a reír histéricamente al pensar, a la misma vez, en la cara de Voldemort. Así fue como les encontró Remus, que venía de una reunión en casa de los Weasley.

"¿Qué está pasando?"

"Nada, Moony, luego te pongo al tanto", le contestó Sirius y luego olvidó totalmente la presencia de Narcisa. "¿Estaba Snape allí?"

"¿Severus?", preguntó su prima, otra vez perpleja y luego entendió que Severus, el padrino de su hijo, debía ser un espía. "¡No!"

Narcisa estaba horrorizada, creía que Lucius era la única persona en peligro pero ahora Severus… Aun así había algo que no encajaba, ¿a qué venían esas caras ensombrecidas de Sirius y Remus? Sabía que se detestaban mutuamente pero no había visto semejante odio antes por la mera mención de su amigo Severus Snape.

"Un momento, ¿qué pasa? ¿A qué vienen esas caras?", preguntó finalmente, mirando de uno a otro pero ninguno quiso darle una respuesta. Estaban demasiado furiosos.

"Ven, Cisy, voy a enseñarte una memoria de Dumbledore", le dijo Remus, por fin, cuando Sirius asintió con el rostro prieto de la ira.

Narcisa no supo qué tenía que ver Dumbledore con Severus, a no ser que Severus fuera espía de Dumbledore. ¿Quería eso decir que Severus no era siervo de Voldemort? Narcisa sintió algo en su interior removerse del miedo, no sabía por qué pero tenía un terrible presentimiento.

Harry y Neville se pusieron en cuclillas a las afueras de Cokeworth a pesar de no ser necesario. La calle de Spinner's End estaba a varias decenas de metros. Snape no sabría que estaban cerca de su propiedad hasta que no tocaran al timbre. Aquí todas las casas eran iguales, tan faltas de imaginación como en Privet Drive. Sin embargo había una amplia diferencia entre ambas urbanizaciones: Cokeworth era un barrio de clase media-baja y obrera. En el horizonte, como en una pesadilla, se erguían varias fábricas abandonadas de aspecto imponente y sombrío. Harry se preguntó si Snape se había mudado a una ciudad así porque el ambiente era parecido a su personalidad o si había crecido en Cokeworth y por eso era así de agrío.

Llovía, había una fina niebla perceptible que nublaba las calles. Apenas sabían dónde estaban; tenían que acercarse a menos de 2 metros de las señales para poder leerlas. Aun así… nadie podría verlos ahora con un par de hechizos invisibles. Las calles eran estrechas y algo claustrofóbicas; las paredes de las casas eran altas y no dejaban pasar la luz del sol. Todas las residencias eran de tocho oscuro, marrón, y tenían puertas idénticas de madera con un par de cristales gruesos y verticalmente rectangulares, cubiertos por cortinas blancas u oscuras.

"Hay más vida en un cementerio", le comentó en un susurro sardónico Neville viendo cómo, a pesar de poder darle un poco de vida a las casas cambiando las simples cortinas blancas por unas de colores, nadie se había molestado.

"No hay una sola cortina abierta", dijo él, viendo que las 4 ventanas de la fachada de cada casa estaban cerradas, "aunque claro… ¿qué iban a ver?"

Tenía que ser horrible, que el dormitorio tuviera una sola ventana y que ésta diera a la callejuela. Realmente estaba mal pensada la construcción de Cokeworth. Cuando llegaron, en silencio, a Spinner's End, vieron que entre la casa de Snape y la casa siguiente había una callejuela donde se asomaba, a lo lejos, una gran columna de piedra. Era una chimenea negra difuminada por la niebla. Neville y él habían planeado durante semanas cómo hacerlo, cómo llevar a cabo la venganza conjunta contra Snape pero lo cierto es que lo primero en lo que se habían puesto de acuerdo era que el antiguo Profesor de Pociones iba a morir.

Después habían decidido que antes de morir iban a interrogarle; durante unas horas habían discutido sobre si torturarle pero Neville quería saber lo que pasaba por la mente del hombre que llevo a la ruina a un par de familias prestigiosas como los Longbottom y los Potter. Pensar que todo hubiera sido distinto si Snape no hubiera abierto la boca… la sangre les hervía en las venas. No, con interrogatorio o sin, Snape moriría después de sufrir una verdadera tortura. No importaba que estuviera arrepentido o no, ese hombre había provocado la muerte de sus familias, no sabían si era consciente de quién iba a morir o no, pero lo cierto es que bien podría haber salvado a cualquier familia en el punto de mira de Voldemort. ¿Por qué si no habría ido a Voldemort con la información? ¿Qué idiota era tan necio como para pensar que el Señor Tenebroso iba a dejar con vida a alguien que pudiera matarle en el futuro? No, no,… Snape sabía lo que se hacía cuando le habló sobre la profecía a Tom Riddle y ahora recibiría su merecido.

"¿Pensáis ir a su casa? Así, ¿sin más?", preguntó Hermione cuando todos se recuperaron del espanto. También fue ella quien les obligó a pensarlo bien, a planearlo.

Durante casi un mes estuvieron reuniéndose, confabulando para matar a Snape con la ayuda más que dispuesta de Ron y la cautelosa de Hermione. Sobre todo no quería que sus amigos pudieran ser acusados de nada. Primero se informaron del lugar de residencia gracias a un par de amenazas a Petunia, confirmaron su dirección enviando a Dobby, e investigaron el lugar. ¿Vivía allí Snape durante todo el año? Había sido fácil hacer que Narcisa les explicara por carta las idas y venidas del traidor. Con triunfo comprobaron que Snape vivía todo el tiempo en Spinner's End, prefiriendo no dormir con Voldemort bajo el mismo techo.

Lo más difícil era pillarle desprevenido, después de todo, Snape era un mortífago y tenía más experiencia que ambos. Sin embargo, Harry tenía acceso a algo que Snape no había visto ni tenido jamás: la librería Black. Miles de tomos de magia negra recolectada durante casi un milenio, muchos escritos íntegramente por miembros de la familia. Su abuela y su padre, habían estudiado esos tomos. Su padrino, la bisabuela de Neville, Callidora, también había tenido acceso a éstos. Todos ellos pero nunca Snape. Tardaron meses pero por fin encontraron un hechizo capaz de atrapar a Snape en su casa; era como el que usaban los aurores pero ilegal y de magia negra.

Así pues, con una cosa más descartada, solo quedaba cómo acorralar a Snape para poder darle veritaserum, que habían robado del propio Snape gracias a Dobby. Al final habían decidido que iba a ser mejor hacer las cosas lo más simples posibles. Intentarían desarmarlo estando ellos bajo un hechizo de invisibilidad. Harry alzó su mano; su varita había sido dejada en Hogwarts por si acaso, y gracias a su anillo lanzó el hechizo de magia negra.

"Tenebrae circumdant".

Ambos vieron una energía negra recorrer la propiedad, como si de un escáner muggle se tratara, antes de volver a su mano. Neville asintió y, con un silencioso alohomora, abrieron la puerta después de silenciarla. Si todo iba bien Snape debía estar durmiendo, sin enterarse de nada; sin saber que sus guardas mágicas habían sido congeladas mientras la magia negra actuaba como candado. Escudriñaron la casa pero cuando llegaron al dormitorio éste estaba vacío. Harry tocó las sábanas y observó que estaban calientes. Snape debía haberse enterado. ¿Dónde estaría?

Con una tremenda ira porque Snape, el traidor que condenó a sus padres, se les había escapado, Harry tuvo una idea de genio pero tremendamente idiota. Sin pensarlo, deshizo el hechizo que le mantenía invisible. Esperaba que Neville comprendiera qué quería, si tenía que hablar echaría por tierra el intento.

"Potter… Debía imaginar que serías tú", susurró con desdén una voz apareciendo desde una de las esquinas del dormitorio, con la varita alzada, escondido maravillosamente entre las sombras. "Debo decir que me sorprende que alguien como tú sea capaz de entrar en mi casa, desafortunadamente eso quiere decir que necesito aumentar el poder de éstas".

Harry se giró a mirarle con un brillo triunfal en los ojos que no pudo esconder. No sabía cómo debió haber visto su rostro Snape antes de caer inconsciente gracias al stupefy de Neville pero suponía que debió haber sentido un escalofrío de terror, si sus ojos brillando con malicia en el espejo de la pared eran prueba suficiente.

"¡Perfecto!", murmuró él evitando reír.

"Demonios Harry, casi me da un ataque", le dijo Neville atando a Snape en una silla de pies y manos.

Él se encogió de hombros. "De alguna forma tenía que hacerle salir".

Neville le miró significativamente pero en silencio antes sacar la poción de su bolsillo. Le puso 3 gotas en la lengua a Snape antes de revivirlo. Harry no cabía en sí de la emoción. No sabía si era excitación o ira contenida pero estaba vibrando en su asiento conjurado.

"¿Cuál es tu nombre?"

"Severus Tobias Snape".

"¿Cuál es la fecha de tu cumpleaños?"

"9 de Enero de 1960".

"¿Fuiste alguna vez un mortífago?"

"Sí".

"¿Eres espía de la Orden del Fénix?"

"Sí".

"¿Eres leal a Voldemort?"

"No".

"¿Escuchaste hace años una profecía en Hogshead que hablaba de un niño capaz de derrotar a Voldemort?"

"Sí".

Neville no pudo callarse, después de mirarle a él que había estado conduciendo el interrogatorio.

"¿Se la entregaste a Voldemort?"

"Sí".

Harry miró el reloj y vio que habían pasado apenas 5 minutos. Tenían unos 50 minutos más para que la poción dejara de hacer efecto y ya eran las 3 de la madrugada. Durante todo ese rato estuvieron preguntando, sin cesar, a Snape y Harry comprendió bastantes cosas que antes le sacaban de quicio. Cómo Snape y su padre se odiaban porque ambos amaban a su madre, cómo despreció a su madre a pesar de que ella fue su mejor amiga y su confidente durante casi una década, cómo quiso arruinar las vidas de Sirius y su padre solamente porque ellos tenían algo que él no tenía, cómo no sabía que los Potter y los Longbottom estaban implicados en la profecía, o cómo no le importaba una mierda que éstos murieran cuando lo supo salvo Lily porque la quería para él, cómo había suplicado a Voldemort para que la dejara vivir para quedarse con ella después de deshacerse de su familia… O cómo le odiaba a él por parecerse tanto a su padre, por recordarle que él estaba vivo y su madre no.

Dejó que Neville preguntara los últimos 10 minutos ya que él no se atrevía a abrir la boca. Quiso, más que nunca, matarle. Se esperó en un silencio tenso a que dejara de hacer efecto el veritaserum. Quería que Snape fuera consciente de todo cuando empezara a torturarle. Cuando volvió en sí, y recobró la memoria del interrogatorio, les miró con el rostro libre de color. Estaba más pálido que la muerte. Harry sabía que Snape se había dado cuenta de que esa noche iba a ser su último día con vida.

"Así que lo sabéis…"

"Dumbledore tuvo la decencia de informarnos de los detalles", le siseó Harry y cuando vio una pequeña sonrisa en su rostro le abofeteó con todas sus ganas.

Snape empezó a sangrar, su mejilla había sido desgarrada con el anillo Potter. Harry no supo si fue coincidencia o no, pero la marca estaba grabada ahora en su mejilla. Hicieran lo que hicieran con el cuerpo tendría que arrancarle parte de la cara; no le gustaría que nadie viera el escudo Potter en la mejilla de un traidor.

"No pensaba que fueras capaz de ser tan violento, Potter", le dijo Snape, cuando volvió su cabeza a mirarle, con los ojos negros brillando en la penumbra.

Neville alzó el puño y con un gruñido le partió de un puñetazo la nariz. Snape aulló de dolor y Neville y Harry observaron la nariz partida en varios trozos, era grotesco.

"Por tu culpa nuestros familias están rotas", siseó de nuevo él, andando de un lado a otro con una ira y una frustración que le impedían hablar con claridad. "Tú no deberías haber nacido, no eres más que una peste: heriste a mi madre, la rechazaste y escupiste en ella como si fuera basura y deseaste la muerte de mi padre y la de mi padrino por ser mejores que tú: ellos nunca intentaron matar a nadie. Realmente me das asco".

"No eres más que un abusador", le gruñó Neville que tenía el rostro rojo del enfado. "¿Qué hicieron mis padres que merecían morir? Podrías haberles enviado una nota, podrías haberles dicho que estaban en peligro mucho antes y que Voldemort seguía buscándoles pero no… Tú solo querías a Lily Potter, ¿no? La mujer que nunca te quiso y que estaba fuera de tu alcance".

"¡Vosotros deberías haber muerto! ¡Potter debería haber muerto! Nunca Lily", dijo Snape, con sus ojos radiando odio al mirar a Lord Potter.

"¿Pues sabes qué? Gracias a ti la mujer a la que amaste está muerta y no volverá jamás, ella no te amaba ni te amó nunca. Mi madre pudo dejar que Voldemort me matara cuando él le dijo que se apartara pero no lo hizo; ella me quería, yo soy su hijo", le informó con seriedad pero con crueldad Harry, viendo como el rostro del traidor se contraía de ira y pesar.

"Vas a morir hoy", le dijo Neville, con la voz temblorosa, quería matarle ya, quería hacerle sufrir ya. "Menos charla y más sangre".

Harry bufó divertido pero consintió empezar con la tortura. Silenció las paredes de forma concienzuda, no quería que nadie escuchara los gritos de Snape y acabara con su juego antes de tiempo. Cuando asintió al ver la mirada de Neville éste no se contuvo y, haciendo girar todo su cuerpo para darse impulso, le propinó otro puñetazo a Snape que le hizo caer llevándose la silla consigo. Observó cómo su amigo le daba una paliza a Snape, apoyado en la pared como si nada.

Pasaron casi 20 minutos y Snape tenía el rostro morado, algunos dientes partidos y otros sueltos y un tobillo roto. Neville, que estaba cogiendo aliento después de desfogarse, le miró y asintió. Ambos empezaron a sanarle de nuevo. No querían que Snape muriera antes de tiempo. Escucharon una risa, cuando Snape volvía a estar curado, y Harry, sin pensarlo, le propinó una patada en los pulmones con todas sus ganas.

"Cállate basura", le dijo, con voz monótona, sus barreras mentales más fuertes que nunca.

Alzó su mano con su anillo foco e invocó sus uñas. Éstas salieron disparadas con un chillido de dolor que les estremeció. Neville apartó la mirada al ver las manos sangrantes de Snape pero Harry cogió uno de los libros de pociones que tenía Snape en su mesita de noche y le azotó las manos, atadas en el reposabrazos, hasta que Snape estaba ronco de tanto gritar.

"¿Quién se ríe ahora, eh?"

Neville, quién había ido al laboratorio de Snape, trajo en sus brazos un montón de viales y Harry supo, con una risa, qué pensaba hacer Neville.

"Las dejaré para el final", le comentó él, viendo como Harry reía.

Harry desnudó con un movimiento de manos a Snape y se apartó con una mueca de desdén al ver su antebrazo marcado. Conjuró un cuchillo de pociones y, con malicia, se lo clavó varias veces en el tatuaje de Voldemort. Ese hombre había sido la causa de la muerte de sus padres, iba a pagarlo muy caro.

"Déjame un momento", le dijo Neville, conjurando sal y limón. Los ojos de Snape se abrieron al verlo. "Estoy seguro que Voldemort nunca a torturado a uno de sus seguidores con cosas muggle".

Harry exprimió el zumo por las uñas de Snape y vio como éste se removía, intentando desatarse de las cuerdas, mientras se mordía el labio para no gritar y complacerles. Aun así las lágrimas eran suficientes. Durante horas estuvieron turnándose, torturando al hombre que les había humillado durante años en clase, y el mismo que había condenado a sus familias sin piedad. Harry usó todo tipo de hechizos legales para hacerle daño: bombarda en sus rodillas, accio en sus uñas, diffindo en su pene, aguamenti para mojar un cojín encima de su rostro… incluso usó fuego para grabarle la palabra traidor en su pecho.

Sin hablar, observó cómo Neville paraba las hemorragias pero dejaba a Snape con sus heridas, poniendo sal en éstas. Cuando empezó a amanecer Snape parecía un poema. Había sangre por todos lados. Tenía la mayor parte del cuerpo morado y cubierto de sangre seca. Neville cogió las pociones y, dándole una bofetada a Snape para que volviera en sí, le abrió la boca y le dio a beber una tras otra. Empezó a convulsionar y de su nariz salió sangre a borbotones. La piel se le levantaba como si estuviera hirviendo.

Harry y Neville miraron, con un horror fascinado, como Snape se retorcía y sus extremidades se rompían del esfuerzo de liberarse. Escucharon en silencio los gritos inhumanos de Severus Snape hasta que murió una hora más tarde, sufriendo y chillando hasta el final.

Antes de dejar Spinner's End detrás, Harry prendió fuego a la habitación y ambos vieron como Snape era envuelto en llamas y poco a poco se iba calcinando. Los libros que tenía Snape en su biblioteca los cogieron y también el material de pociones y los ingredientes. Llegaron a Hogwarts en silencio con la ayuda de Dobby. En la Sala de los Menesteres investigaron todo lo que se habían llevado de Snape y dejaron que Dobby se lo llevara a la librería en Godric's Hollow; Sirius, Remus y Narcisa por lo menos sabían qué planeaba hacer Harry con el traidor, Augusta Longbottom no tanto…

"Hoy hemos matado a alguien", dijo Neville, sentado totalmente despierto, en la sala vacía.

"Sí".

Neville le miró con el rostro pálido. "¿Te arrepientes?"

Harry le devolvió la mirada incrédulo. "¿Arrepentirme? ¿De qué? ¿De haber matado a alguien sin escrúpulos? ¿De haber vengado a mi familia? ¿De haber dejado a Voldemort sin un mortífago más? No".

Sin embargo Neville se mostraba pensativo. Harry le dejó cavilar en silencio sabedor que su amigo tenía algo en mente. "Harry… ¿qué te parecería ir tras los mortífagos?"

"…¿Nosotros?"

"El Ministerio no está haciendo nada y Azkaban no es un lugar seguro para los mortífagos. Si nadie hace nada, ¿por qué no nosotros?"

Harry contempló a su amigo en silencio. Tenía razón pero lo que Neville le estaba proponiendo era tomarse la justicia por su mano. Tendrían que pensarlo a fondo, con Hermione y Ron a su lado, pero sabía que era una buena idea. Caminaron de vuelta a Gryffindor cuando ya era la hora de levantarse. No lo sabían pero en ese mismo momento Voldemort estaba planeando hacerse con Hogwarts pronto, muy pronto, a la vez que Sirius acababa de preparar, sin saberlo, lo que serían las provisiones más importantes de su hijo para luchar contra el Señor Oscuro.


Sí, hay cosas que no las he explicado. Por eso, al acabar la historia que se centra en la perspectiva de Harry y Gabrielle (y la información que saben ellos es finita), pondré un capítulo extra con varios trozos de situaciones importantes que no han salido. De hecho ya tengo varios de ellos escritos e incluso el epílogo.

R&R.

Blackcirce.