Disclaimer: Nada de Harry Potter ni las imágenes que uso para inspirarme me pertenecen.

Sumario: Harry tuvo una genial idea en un momento de aburrimiento. Abrumado por la posibilidad de contactar con una persona desconocida envía a Hedwig con su carta a por alguien especial sin darse cuenta que una cosa tan insignificante como esa abrirá las puertas a un amor que arrasará con todo, incluso con Voldemort.

NOTA: En mi perfil tenéis el link para ver las imágenes en photobucket, en el álbum "Una Carta de Amor".


Epílogo

Las 30 cartas de amor

Lady Gabrielle Potter-Black, extraoficialmente Lady Gryffindor-Slytherin-Peverell también, contempló el fuego que ardía en su chimenea. Tenía delante de sí un bonito baúl del tesoro que le había regalado su esposo hacía años y que aún conservaba ese aspecto prístino y elegante del que se enamoró. Se dijo, ahí debía guardar sus cartas más especiales. La cosa más increíble que nunca hubiera leído provenía de la mano de su marido que, tal y como prometió, le escribía año tras año sin falta su carta de amor. Y ella, fielmente, las leía y las guardaba para recordar sin perder una sola memoria las declaraciones románticas de su esposo.

Acarició la caja octogonal de nácar árabe y tallada a mano que debía haber costado una pequeña fortuna y la abrió con una gota de sangre. Se abrió, sin hacer el menor ruido, y pasó su mano ligeramente por el fino papel de cada una de las cartas dobladas, todavía poseedoras del sello rojo con el escudo Potter grabado, y sacó la primera. Tardaría varias horas en leer las 30 cartas que había recopilado a lo largo de los años pero no tenía prisa. Mañana volvería a ver a su marido y volverían a renovar sus votos matrimoniales después de 25 años casados felizmente.

Sí, tenía razón cuando dijo que discutirían, que pelearían, pero también había ella mantenido su promesa. Si algo tenían claro sus hijos era que, cuando sus padres se discutían, su madre se encerraba en su salón privado que su esposo había construido únicamente para esa función, y sacaba su preciosa caja y todas las memorias que contenía. Leía cada carta y se daba cuenta que no podía vivir sin su esposo. Reflexionaba sobre aquello que habían discutido y, cuando su marido ya se hubiera calmado después de varias horas en su pensadera, se encontraban como niños arrepentidos en su dormitorio, ambos sintiéndose de lo más estúpidos por haber discutido para empezar.

Sin embargo las cartas de San Valentín no eran lo único que se había convertido en tradición. Todavía se acordaba del día en que su primogénito y Heredero Potter les observó con algo de vergüenza y sorpresa, viendo la caja de porcelana azul marino francesa con un precioso grabado y bordes dorados.

"¿Qué es esto?", preguntó Eridanus, cogiendo el paquete con cuidado y lo abrió sin comprender por qué le entregaban una caja tan femenina y para colmo vacía.

"Es tradición en nuestra familia regalar una caja como ésta a los varones al cumplir su mayoría de edad", les informó Harry aguantando la risa. Era la primera vez pero por alguna parte empezaban las tradiciones.

Los hermanos de Eridanus se cernieron entorno a la caja, mirándola ellas con ojos maravillados y ellos con algo de horror.

"¿Para qué sirve?", preguntó el benjamín y Heredero Peverell, Pictor, que todavía tenía 12 años y acaba de terminar su primer curso en Hogwarts.

"Es para que se la regaléis a la mujer a la que améis, para que pueda guardar sus cartas", dijo ella, intercambiando una mirada romántica con Harrison. "Cada San Valentín es costumbre entre los Potter enviar una carta a sus novias, prometidas y esposas".

"¿Una carta de qué?", preguntó Perseus, el Heredero Delacour, y Carina, la Heredera de Slytherin, le azotó la cabeza.

"Una carta de amor, ¿verdad?", preguntó Lacerta, quien se quedaría con la herencia Gryffindor, con aspecto enamorado mirando con envidia la caja en manos de su hermano.

Harry asintió, abrazando a su esposa, y observando cómo sus 6 hijos discutían la nueva, e insospechada, instaurada tradición. Gabrielle contempló a sus hijos y de repente tuvo una sensación de felicidad. Todos sus hijos estaban sanos y seguros, eran felices y tenían el futuro asegurado.

"¿Y bien? ¿Para qué quiere la caja Eridanus si no tiene novia?", preguntó Leo, el Heredero Black, y tanto Gabrielle como Harry aguantaron una carcajada al darse cuenta de la ironía.

Los demás niños se olvidaron de la tradición para ponerse a discutir, como hermanos que eran, a la vez que sus padres se marchaban a su salón privado, a pasar una cena romántica a solas. Gabrielle se sonrojó cuando Harry la apretó contra sí con la misma pasión que hacía décadas, sintiendo todos sus músculos bien definidos contra su espalda, y se dijo que sí que habían sido afortunados, ambos, al encontrarse mediante una carta. Quizás el primer par que intercambiaron, sin darse cuenta, habían sido unas insospechadas cartas de amor.


¡He aquí el epílogo! La semana siguiente actualizaré el capítulo extra.

R&R.

Blackcirce.